La Voz de Asturias

Las holandesas afincadas en Asturias que dan una segunda vida a los burros: «Son animales muy especiales»

Asturias

Esther Rodríguez Redacción
Eva y Lonneke posan para la foto con los dos burros que cuidan

Eva y Lonneke han creado un pequeño santuario donde velan por el bienestar de esta especie. Les brindan todos los cuidados hasta que encuentran un hogar donde pasar el resto de sus días

30 Jun 2025. Actualizado a las 09:35 h.

Los burros fueron domesticados hace siglos para ayudar a los humanos en las labores del campo. Durante cientos de años sirvieron también como medio de transporte. Sin embargo, con el paso del tiempo y debido a la mecanización de muchas actividades, estos animales dejaron de ser útiles para la sociedad. En algunas regiones aún se utilizan para realizar trabajos pero, por desgracia, en ciertos casos son víctimas de explotación. No obstante, en la mayoría de los lugares, al no ser requeridos como antes, su supervivencia se ve amenazada y están en peligro de extinción. Para proteger a la especie, en distintas partes del país han surgido asociaciones dedicadas a su bienestar. Una de las que se han creado recientemente en Asturias es El Rebuzno Feliz.

Detrás de esta pequeña protectora se encuentran las holandesas Eva Dekker y Lonneke Lodder. Estas dos mujeres fueron voluntarias durante varios años de El Paraíso del Burro. Cuando el santuario dedicado al cuidado de animales enfermos, ancianos, abandonados o víctimas de maltrato dejó de operar en Parres después de años en funcionamiento, las oriundas de Ámsterdam buscaron una solución para los equinos que aún permanecían en el refugio. Debido al éxito de su misión, decidieron continuar con esta labor, pero «a menor escala y con un enfoque ligeramente diferente». Así, en enero de 2024, fundaron El Rebuzno Feliz.

Desde entonces, se encargan de dar una segunda vida a los burros en Asturias. Una vez que rescatan a estos animales los llevan a la finca privada que Lonneke tiene en Cangas de Onís, donde tratan los problemas físicos que puedan padecer, como problemas en las pezuñas. «La mayoría tienen abandonados los cascos, cuando realmente necesitan un mantenimiento constante de los mismos, especialmente porque el clima de Asturias no es el más adecuado para ellos. Lo ideal sería un clima más seco y rocoso, con menos praderas de hierba fresca y menor humedad», aseguran. Para llevar a cabo esta labor, cuentan con el apoyo de un podólogo especializado.

Otra tarea que siempre realizan es la de castrar a los burros, porque no quieren que sus futuros dueños se dediquen a la cría de estos animales sino más bien a ofrecerles una vida tranquila, centrada en su bienestar. «Además para ellos es mejor porque así se pelean mucho menos», apuntan. Por supuesto, se encargan de tratar cualquier afección que puedan tener. En este sentido, ponen como ejemplo el caso de Marlon: «Cuando lo rescatamos tenía un tumor benigno pero enorme en el pene y una herida muy descuidada en la pierna. Para la operación vinieron cuatro veterinarios, que realizaron una cirugía simultánea de tres horas. A día de hoy seguimos tratando la herida de la pierna, que resultó especialmente complicada», explican.

Abordan además los problemas de conductas que estos animales puedan padecer. «La mayoría llegan con mucho miedo debido a las malas experiencias que han vivido», confiesan. Muchos burros necesitan, por tanto, tiempo para acostumbrarse al contacto humano, especialmente cuando se trata de manipulaciones necesarias para el cuidado de sus cascos y la aplicación de tratamientos médicos. Como la confianza es la base de todo el proceso, Eva y Lonneke centran su trabajo en «la paciencia y la constancia». «Son las claves», aseguran.

El Rebuzno Feliz es un pequeño santuario para burros viejos, abandonados, enfermos o maltratados

Mientras que brindan los cuidados necesarios a esta especie de equinos, las holandesas también se esfuerzan por encontrarles un hogar donde puedan pasar el resto de sus vidas. Una tarea exigente que, además, deben compaginar con su vida personal. «Hacemos lo que podemos, al final solo somos dos personas y también tenemos nuestro trabajo. Por suerte, nos empleamos remotamente desde casa, y eso nos da algo de flexibilidad para, por ejemplo, recibir veterinarios y herradores», dicen.

Reconocen, no obstante, que sin la ayuda de colaboradores y donantes no podrían asumir las labores y los elevados costes que implica el cuidado y mantenimiento de estos burros. «Estamos muy agradecidas a las casas de acogida con las que colaboramos, una ubicada en Cangas de Onís y otra en Piloña. También valoramos mucho la ayuda de las personas que, de vez en cuando, vienen a echarnos una mano y las que nos hacen donaciones», señalan orgullosas.

Desde que abrieron las puertas de El Rebuzno Feliz ,hace un año y medio, Eva y Lonneke han logrado cambiar la vida de siete burros. Por el momento, cuidan de dos asnos en la finca privada que poseen en Cangas de Onís, mientras que otros tres están en una casa de acogida. A los que están a su cargo, bien temprano por la mañana les limpian el establo y les dan paja y pienso para que puedan recuperar peso.

«Un burro joven y sano no necesita mucho más que paja y un poco de hierba, pero muchos burros que rescatamos están demasiado delgados», reconocen. Durante el día aprovechan para limpiarles los cascos, tratar sus heridas y realizar ejercicios para que mantengan la forma física. Una vez que cae la noche les vuelven a dar de comer y los llevan al establo.

El poder sanador de los burros

Aunque a penas tienen tiempo para desconectar, porque además deben de cumplir con sus obligaciones laborales, estas dos mujeres no se pueden sentir más llenas con la labor que hacen. «Trabajar con burros es muy gratificante. Son animales muy especiales. Sobre todo cuando necesitan mucho tratamiento, el vínculo que se establece con un burro puede ser muy fuerte», confiesan. Les llena también observar el cambio que experimentan estos animales una vez que posan una pata en su pequeño santuario.

«Nos encanta también ver cómo se desarrollan los burros, no solo física sino también mentalmente. Suelen llegar muy tranquilos y reacios, pero una vez que reciben los cuidados necesarios y se dan cuenta de que están en un entorno seguro, su carácter realmente empieza a brillar», explican. Comentan que uno de los momentos más especiales es cuando un burro rescatado rebuzna por primera vez, algo que puede tardar días, e incluso semanas. De ahí el nombre de su proyecto.

Pero, sin duda alguna, lo que más les enorgullece es visitar a burros que han sido adoptados. «Es la parte final de nuestro trabajo. Sabiendo el estado en el que los rescatamos, es un placer enorme ver a burros felices en sus nuevos hogares», destacan. Y si, además, el animal tiene compañía la alegría es aún mayor. «Los burros son animales de manada, así que un burro solo es un burro triste», aseguran y resaltan que han logrado vincular a dos pares de asnos que vivían solos. Ambas reuniones fueron emocionantes. Parecieron mejores amigos desde el momento en que se conocieron», cuentan.

Por estas razones, las holandesas seguirán sumando esfuerzos para dar a muchos más burros el final feliz que se merecen. Entre tanto, buscarán crear «más conciencia» sobre el bienestar de estos animales. Se servirán para ello de sus redes sociales para dar a conocer las necesidades y los beneficios que reportan a la humanidad esta especie de equinos. Quieren además «conectar y colaborar» con las autoridades como los ayuntamientos y el Seprona, así como con otros santuarios y protectoras del norte de España, porque «siempre se puede lograr mucho más trabajando en equipo».

Y mientras continúan cumpliendo con sus propósitos, buscan también una nueva forma de gestionar la protectora. Eva se ha mudado recientemente a una casa con terreno y establo en la provincia de Lugo, en Galicia, por lo que gran parte del trabajo recae ahora en Lonneke. Aun así, la holandesa desea que su nuevo hogar también pueda acoger burros, aunque todavía queda mucho por preparar antes de que esté listo para recibirlos.«Así podemos ayudar a burros en casi todo el norte de España», comenta con alegría.


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