La diplomática más joven de Asturias se llama Carmen y tiene 28 años: «He cumplido un sueño»
Asturias
La mierense es una de las pocas personas de nuestro país que acaba de aprobar una de las pruebas públicas más complicadas de España
19 Sep 2025. Actualizado a las 05:00 h.
El nombre de Carmen Salvo figura entre el de las dieciséis mujeres que el pasado mes de julio han conseguido superar con éxito la última oposición para el ingreso en la Carrera Diplomática. A sus 28 años, esta mierense ha hecho historia. Y es que no solo ha aprobado una de las pruebas públicas más complicadas de España sino que además se ha convertido en la diplomática más joven de Asturias. Todo un hito que todavía trata de asimilar.
«No termino de creerlo. Al final, después de estar tantos años estudiando, he cumplido un sueño, por lo que resulta un poco difícil asumirlo. Evidentemente, estoy contentísima, pero hasta que no me ponga a trabajar no voy a ser capaz de asimilar lo que he conseguido», confiesa al otro lado del teléfono. Es normal que esta asturiana tenga sentimientos encontrados, puesto que acaba de hacer realidad su deseo de ser diplomática.
Sus circunstancias personales fueron las que la llevaron a orientar su carrera profesional por este camino. A diferencia de otros aspirantes, Carmen no tuvo ninguna influencia, ya que nadie de su familia ni de su entorno más cercano había tenido nunca contacto con el mundo de la diplomacia. «En realidad, ha sido lo ocurrido en mi vida y mis intereses los que me han llevado hasta aquí. Ha sido un poco mezcla de todo», reconoce.
Sí que desde bien pequeña ya tenía interés por saber lo que pasaba más allá de nuestras fronteras. «Siempre me ha gustado viajar, aprender idiomas y conocer otras culturas», admite. Es por estar razones, principalmente, por las que se matriculó en el grado de Lenguas Modernas y Literatura en la Universidad de Oviedo. «Aparte de estudiar el idioma en sí también estudié la cultura, la gastronomía y la historia de los países», precisa.
Se especializó en francés como primera lengua y portugués como segunda. Después cursó el máster de relaciones internacionales en la Universidad CEU San Pablo, en Madrid. «Tenía interés en saber cómo funciona nuestro mundo hoy en día y por qué ocurren las cosas que ocurren», asegura y afirma que estos estudios de posgrado marcaron «el punto de inflexión» en el inicio de su carrera diplomática.
«En el máster fue cuando me di cuenta que me podía dedicar a esto. Hasta entonces no sabía muy bien cómo funcionaba el mundo de la diplomacia, solo sabía que había una oposición y nada más. Así que investigando un poco por mi cuenta y con la ayuda de mis profesores, que me indicaron los pasos a seguir, empecé a preparar el proceso de selección para ingresar en la carrera diplomática», explica.
Aunque cada vez tenía más claro que quería ser diplomática, no le resultó nada fácil decidirse a preparar la prueba que le abriría las puertas de este puesto. «Fue una decisión complica porque en ese momento estaba haciendo las prácticas del máster y me ofrecieron quedarme a trabajar. Con lo cual tenía que soltar un trabajo seguro y arriesgarme a preparar una oposición que no sabía si iba a salirme bien», cuenta.
Pero, sin pensarlo ni un segundo más, tomó la decisión que, sin saberlo, cambiaría para siempre el rumbo de su vida. «Decidí lanzarme. Tenía claro que a mí me gusta la diplomacia y pensé: “ahora o nunca”, porque no me veía trabajando unos años y luego dejarlo para ponerme a opositar», reconoce la joven, quien ve la diplomacia como una profesión clave, ya que gracias a ella se «brinda ayuda a los españoles que están en el extranjero».
«A mí me ha pasado en mis viajes, sobre todo cuando viajo sola: siempre me siento más vulnerable estando fuera de casa. Por eso pienso que las embajadas y los consulados son como ese pequeño pedacito de hogar para todos los españoles, un lugar al que siempre puedes acudir y donde sabes que estarás seguro si surge cualquier problema», resalta. Este pensamiento fue el que la empujó a dar el paso y enfrentarse a la oposición.
La oposición para el ingreso en la Carrera Diplomática es de las pruebas públicas más complicadas de toda España. «Consiste en cuatro exámenes eliminatorio. El primero es un test que abarca todo el temario y también cultura general. El segundo evalúa los conocimientos de idiomas, tanto de manera oral como escrita. El tercero consiste en redactar un ensayo sobre un tema concreto. Por último, el examen final es oral. De un total de 200 temas, se extraen cuatro al azar, que como nosotros decimos debemos “cantar”», explica.
Para superar con éxito cada uno de los exámenes, lo primero que hizo fue, con la ayuda de varios preparadores, quienes «me guiaron de manera maravillosa», elaboró el temario a estudiar en base a los títulos publicados en el Boletín Oficial del Estado. A partir de ahí, realizaba «cada semana» simulacros del examen oral y avanzaba poco a poco en la elaboración de los ensayos. «Lo más importante para preparar un ensayo es leer prensa y todo tipo de libros, no solo de relaciones internacionales o política», aconseja. Para los exámenes de inglés y francés contó, además, con la ayuda de hablantes nativos.
Tardó en total tres años y medio en preparar la oposición, cuando por lo general los aspirantes tardan «unos cinco años» en aprobar. Si consiguió tal hazaña es porque estudiaba todos los días, «salvo el sábado» entre ocho y diez horas diarias. «Para preparar el último examen, que es el más duro, sí que estudié durante todo el día. Me levantaba a las seis de la mañana y me acostaba casi a las doce de la noche», recuerda.
Eso sí, estas intensas jornadas de estudio solo las hizo en los días previos a un examen. «Mantener ese ritmo de estudio durante toda la oposición no es nada viable. Al final, si lo haces, te acabas quemando; resulta perjudicial para la salud mental. Como se dice siempre, esto es una carrera de fondo, y hay que saber gestionar muy bien tanto los tiempos como el esfuerzo», manifiesta.
El verdadero secreto del éxito
Para Carmen, la clave para haber superado la oposición, aparte de estudiar, por supuesto, ha sido la disciplina. «Cada día te tienes que levantar sabiendo que tienes que cumplir unos objetivos. En mi caso, me sirvió mucho tomármelo como un trabajo y que mi jornada laborar era de ocho o diez horas», reconoce. Considera también fundamental «buscar el equilibrio» y «saber soltar».
«Es muy importante, durante este proceso, mantener una vida más allá de la oposición: pasar tiempo con los amigos, hacer deporte o irse de vacaciones. De lo contrario, es muy fácil quemarse. Además, nuestro trabajo es principalmente intelectual, por lo que la ansiedad, el estrés o la falta de sueño repercuten directamente en el estudio y, al mismo tiempo, retrasan el progreso y afectan el cumplimiento de los objetivos», advierte.
El siguiente paso en su carrera
Aunque en algún momento llegó a plantearse si merecía la pena seguir preparando esta oposición, con perseverancia, trabajo y mucho esfuerzo logró superar cada uno de los exámenes que conforman esta prueba. Por tanto, pasó a formar parte del grupo de 29 personas —16 mujeres y 13 hombres— que el pasado 1 de septiembre ingresaron en la Escuela de la Carrera Diplomática, situada en Madrid.
«Ahora estamos en la segunda parte de la oposición. Tenemos que hacer un curso selectivo que dura hasta febrero y en el que nos explican los aspectos más prácticos de este trabajo», detalla. Una vez superada esta fase, Carmen se incorporará junto con el resto de sus compañeros al Ministerio de Exteriores, en Madrid. Una vez ahí le adjudicarán un departamento. «Lo bueno de esta carrera es que ofrece una gran diversidad de funciones, por lo que podría dedicarme a la asesoría jurídica, la diplomacia económica…», dice.
Si pudiese elegir, sin duda alguna, la joven elegiría lo que estuviese relacionado con asuntos consulares. «Me llama mucho la atención», confiesa. Aunque realmente lo que más le gustaría es «estar destinada en una embajada o un consulado en un país extranjero». «No tendría ningún problema en irme a ninguna parte del mundo», reconoce la mierense, quien ya ha comenzado a estudiar árabe y se plantea, en un futuro, cursar Derecho para abrir así más puertas.
«Me encantaría seguir formándome, porque creo que la formación, sea del tipo que sea, es muy importante para este trabajo. Esta carrera profesional es muy enriquecedora: cualquier conocimiento que adquieras puede ponerse en práctica», resalta Carmen, quien también tiene claro que, siempre que pueda, se escapará a la tierrina para reencontrarse con los suyos. «Cumplí un sueño, pero en Asturias es donde están mi familia, mis amigos y mi casa».