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Panadería La Vienesa, 105 años amasando tradición y futuro en Mieres

Asturias

Carmen Liedo Redacción
La Vienesa

Desde su fundación en 1920, el obrador ha crecido sin perder su alma artesanal. Ángel Luque, tercera generación al frente del negocio familiar, impulsa una nueva etapa de expansión con la misma receta de siempre: trabajo, innovación y pasión por el buen pan

10 Nov 2025. Actualizado a las 05:00 h.

Pocos negocios de Mieres han resistido el paso de los años, el declive industrial y la despoblación, no sólo del municipio, sino también de la comarca del Caudal. Pues bien, uno de sus negocios más queridos y emblemáticos celebra este año el 105 aniversario: la Panadería La Vienesa, una empresa que ha sabido combinar el sabor de la tradición con la fuerza de la innovación. 

Fundada en 1920 por Isidoro de la Fuente en La Rebollada, la panadería ha sido testigo de los cambios sociales, económicos y tecnológicos de un siglo, sin perder nunca su esencia artesanal. Ni siquiera cuando llegó la jubilación de su fundador y un grupo de 6 empleados se unen en cooperativa para comprar la empresa. Tras varias décadas de esfuerzo y crecimiento, la empresa fue adquirida en 2002 en su totalidad por Felipe Luque Burón y sus hijos, Miryam y Ángel Luque, que apostaron por convertirla en una compañía familiar moderna, con una visión empresarial sólida y un fuerte arraigo local. Desde entonces, La Vienesa ha vivido una auténtica transformación. «Nuestro objetivo fue modernizar el negocio sin perder la esencia. Pasamos de ser una panadería de toda la vida a una empresa diversificada, con tiendas propias y una oferta mucho más amplia», explica Ángel Luque, actual responsable de Desarrollo de Producto y Comercialización. 

La estrategia de abrir puntos de venta propios —primero en Turón y luego en Pola de Lena— marcó un antes y un después. Pero el verdadero salto llegó con la diversificación de productos: a los clásicos panes y bollos se sumaron pastelería, bollería y alguna propuesta gourmet. «Empezamos haciendo solo pan, hoy elaboramos más de cien referencias distintas. Desde bases de pizza hasta panes con tomate seco o chocolate con orejones», comenta Luque con orgullo. 

Productos de La Vienesa

En los últimos quince años, La Vienesa ha crecido de forma sostenida hasta alcanzar una facturación cercana al millón y medio de euros anuales, con un equipo de 17 trabajadores, que es el máximo que ha tenido la panadería a lo largo de su historia. Buena parte de ese éxito se debe a una inversión constante: «En la última década habremos invertido cerca de tres millones de euros en maquinaria e instalaciones. Sin modernización, este oficio no sería viable», afirma. 

La apuesta tecnológica ha permitido a la empresa mantener su producción artesanal, pero con procesos más eficientes. Luque lo tiene claro: «hay que combinar el pan tradicional con la innovación. No puedes competir con los supermercados en precio, pero sí en calidad y autenticidad». De hecho, La Vienesa fue pionera en Asturias en introducir masas madre y fermentaciones largas, mucho antes de que estos términos se popularizaran. «Al principio costaba que la gente entendiera que un pan de fermentación lenta es más saludable. Hoy, ese conocimiento se valora y nos diferencia», dice con satisfacción. 

Bolas de chorizo, uno de los productos estrella 

Uno de los productos estrella de la casa son, sin duda, las bolas de chorizo, una delicia típicamente asturiana que se ha convertido en el estandarte de la expansión de la empresa fuera del Principado. «Llevamos dos años vendiendo en 5 provincias, como son Madrid, León, Cantabria, Lugo o A Coruña. Todo lo hacemos en formato precocido, para mantener la calidad y garantizar el envío», señala. Sin embargo, el crecimiento ha traído consigo nuevos retos. «Nos hemos quedado sin espacio. Por eso hemos comprado una nave que queremos dedicar exclusivamente a la producción y exportación de productos asturianos. Es nuestro proyecto a dos años vista», adelanta Ángel Luque, ilusionado con el nuevo proyecto de La Vienesa. 

El plan de expansión pasa por mecanizar de una forma más lineal el proceso de las bolas de chorizo, que hoy se fabrican a menor escala por falta de espacio. «Queremos multiplicar la capacidad, pasar de 1.600 a 4.000 unidades por hora, pero sin perder el alma del producto. La idea es incorporar tecnología que nos permita trabajar mejor, no sustituir lo artesanal», subraya el mismo. 

Pese al crecimiento, el empresario insiste en mantener una filosofía de trabajo basada en la calidad y el compromiso con su equipo. «Nunca nos movió vender más, sino hacerlo mejor. Este oficio es vocacional. Hay que amar lo que se hace para levantarse cada noche a cocer el pan», confiesa. La Vienesa hornea de madrugada, tras largas fermentaciones que garantizan un pan más digestible y sabroso. «Entramos a la una de la mañana. Es duro, pero cuando sacas el primer pan del horno y el obrador se llena de ese olor, entiendes por qué merece la pena», ensalza con pasión por el trabajo que desarrollan en este obrador centenario. 

El caso es que, a sus 105 años, La Vienesa se mantiene fiel a su esencia, pero con la mirada puesta en el futuro. «No hay éxito sin formación ni sin riesgo», sostiene Ángel, quien además es miembro del Club Richemont, una asociación internacional que reúne a maestros panaderos y pasteleros de todo el mundo. «Desde joven he invertido en formarme, viajar, conocer otras formas de trabajar. El éxito llega cuando te arriesgas, cuando sales del confort y ensayas hasta acertar», asevera el responsable de Desarrollo de Producto y Comercialización. 

«La panadería tradicional no va a desaparecer, pero será un lujo» 

Su visión combina pragmatismo y pasión. «Yo no sé lo que es un coche de 80.000 euros, ni me lo propongo, pero sé lo que es invertir 80.000 euros en un horno. Todo lo reinvertimos en la panadería, porque es la única manera de crecer y de garantizar el futuro», dice con convencimiento. Y ese futuro, según confiesa, pasa por seguir adaptándose a los nuevos tiempos sin perder la raíz artesana. «La panadería tradicional no va a desaparecer, pero será un lujo. Por eso hay que hacerla atractiva, apostar por la calidad y por horarios más humanos. Si logramos eso, el oficio tendrá relevo», vaticina. 

Y lo dice desde la perspectiva de que La Vienesa de Mieres es hoy un símbolo de continuidad, esfuerzo y adaptación. Un negocio centenario que ha sabido amasar, con paciencia y visión, el pan del mañana. «Me siento un privilegiado por poder vivir de lo que me gusta, mantener vivo el legado familiar y seguir creciendo con ilusión. Ese es, sin duda, el mejor premio», concluye Ángel Luque. 

 


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