Nuria Vega, experta en duelo perinatal: «Es importante dar a la familia la oportunidad de ver a su bebé muerto»
Asturias
La psicóloga aborda el impacto de perder a un hijo durante el embarazo o las primeras semanas de vida y ofrece las claves para comprender y acompañar mejor este proceso
06 May 2026. Actualizado a las 08:34 h.
El proceso emocional, psicológico y también físico que atraviesa una persona tras una pérdida significativa se denomina duelo. Existen distintos tipos en función de las circunstancias en las que se produce. Uno de ellos es el duelo perinatal, que aparece cuando el bebé fallece durante el embarazo, el parto o en los primeros días de vida. Según datos del Ministerio de Sanidad, en España se registran cada año más de 2.000 fallecimientos en torno al nacimiento, tanto fetales como neonatales. A pesar de su alta incidencia, esta realidad tiende a invisibilizarse y a minimizarse socialmente, lo que genera soledad en muchas de las familias. La psicóloga canaria Nuria Vega analiza las particularidades de este proceso y sus necesidades de acompañamiento. La experta impartirá además este sábado, 9 de mayo, en el salón de actos del Colegio Profesional de Psicólogos de Asturias, un taller sobre cómo intervenir en estas situaciones, en las que la red de apoyo resulta fundamental.
—¿Por qué sigue siendo tabú hablar de la muerte de un bebé?
—Porque no estamos acostumbrados a afrontar esta realidad. Hablar del dolor y de la muerte sigue siendo, a día de hoy, un tabú. Es cierto que cada vez se habla un poco más, pero cuando se trata de la muerte de un bebé o de una madre, se percibe como antinatural, como si no pudiera suceder. Dentro del ciclo de la vida, parece que el ser humano y, en particular, el cerebro, no es capaz de procesarlo. Lo rechaza, como si fuera algo que no debería existir. Por eso, este tipo de duelos suelen estar invisibilizados y desautorizados. A nivel cultural, aunque en los últimos años se han generado más espacios, todavía son insuficientes para acoger este tipo de pérdidas. Es fundamental validar cómo se sienten estas madres y estas familias. No solo se trata del duelo por el bebé, sino también del que atraviesa la propia madre, algo que es importante subrayar, puesto que es en su cuerpo en el lugar donde ocurre todo. Además, este duelo también afecta a la familia y a las personas del entorno. En el caso del padre o la madre no gestante, su dolor suele quedar doblemente invalidado y desautorizado, ya que se tiende a pensar que es un duelo exclusivo de la madre, como si él lo viviera de forma más indirecta. A la sociedad, en general, le cuesta mucho sostener este tipo de situaciones.
—¿Qué le gustaría que la sociedad entendiera del duelo perinatal?
—Que esta familia ya son papá y mamá de un bebé, aunque físicamente no estén con ellos. Es importante validar ese estatus de padre y madre, así como generar esa visión de familias completas. Hay que hacer bien las matemáticas de las familias. Hay familias en las que vemos tres miembros, pero en realidad son cuatro o cinco. Y esto es importante, porque determina la forma en que se configura el árbol genealógico, así como las relaciones y la manera en que la familia se transforma. Esto deja una impronta en quiénes somos, en cómo entendemos a nuestra familia y en cómo nos proyectamos hacia el futuro como personas. Todo hijo cuenta y tiene un lugar dentro de ese árbol genealógico y dentro de las relaciones familiares.
—¿Qué sienten habitualmente las madres y los padres en las primeras semanas tras la pérdida? ¿Existen diferencias en cómo viven los duelos?
—En las primeras semanas hay un shock tremendo. Existe un concepto llamado «matrescencia», que hace referencia a cómo el cuerpo de la madre, a nivel neurológico y fisiológico, comienza a transformarse para gestar al bebé, darle a luz y después criarlo. Por eso, cuando se produce una pérdida de estas características, el impacto es brutal. Los cambios que se originan en la madre son muy profundos. Y esto es lo que vamos a analizar estos días en las jornadas de psicología perinatal que organiza el COPPA, el cómo impacta en el cerebro de la madre esta pérdida y cómo se produce una transformación tan intensa ante una situación de emergencia o crisis de este tipo. Esto no ocurre igual en todas las personas, ya que hay diferencias entre quien ha gestado y quien no. Aun así, ambos procesos de duelo son válidos y deben ser reconocidos. Como comentaba, la madre, desde el inicio, ya genera un vínculo a través de esta «matrescencia» que se va desarrollando, mientras que con el padre o la madre no gestante el vínculo se construye de manera progresiva a través de lo que la madre vive y transmite y se intensifica cuando el bebé ya ha nacido. Y aquí no se distingue si ha nacido vivo o sin vida, porque, y esto es importante subrayarlo, todos los bebés nacen. Algunos nacen vivos y otros nacen en silencio.
«El fallecimiento de un bebé deja una huella pequeña muy profunda en su entorno cercano»
—¿Cómo puede impactar el duelo en la pareja?
—Depende mucho del vínculo de la pareja. Si existen antecedentes o factores predisponentes como, por ejemplo, situaciones difíciles no resueltas o falta de comunicación, cohesión o cuidado mutuo—, esto puede influir de forma importante. Es un factor a tener en cuenta y puede considerarse incluso un factor de riesgo. En consulta, se observa que aquellas parejas que afrontan una experiencia de pérdida tan impactante pueden sobrellevarla mejor cuando logran mantenerse unidas. No porque vivan el mismo duelo, ya que no es igual para cada uno, sino porque se apoyan mutuamente. Cada persona vive su propio proceso, a su ritmo y de su manera, condicionado por su historia de vida y sus estilos de afrontamiento aprendidos. Lo importante es cómo se cohesionan entre ambos, cómo logran hacer equipo y cómo encuentran formas comunes de sostener una situación de tanto sufrimiento y dolor. Además, este impacto no afecta solo a la pareja, sino también al resto de la familia: abuelos, otros hijos, tíos, amigos… El fallecimiento de un bebé deja una huella pequeña pero muy profunda en su entorno cercano. Impactar también en la sociedad, por eso se tiende a rechazar. eso también cuesta tanto asumirlo socialmente y, en muchos casos, se tiende a rechazarlo.
—Hay duelos que implican a los niños. ¿Cómo se les puede explicar la muerte del hermanito o la hermanita que esperaban?
—Depende de la edad y de la etapa de desarrollo del menor. También influye cómo se hablan estas cosas en casa, si se ha involucrado o no a los niños en el proceso, y si este niño sabía que iba a tener un hermanito y había compartido la ilusión por su llegada. En estos casos, cuando saben que la madre o el padre tienen que ir al hospital pero ve que cuando vuelven lo hacen con los brazos vacíos, muchos niños, incluso muy pequeños, pueden percibir que algo falta. Pueden preguntar qué ha pasado con la barriga, por qué ya no está tan grande o dónde está ese hermanito que esperaban. Lo importante es que los adultos, a veces, sentimos más ansiedad que los propios niños ante cómo responderles. Nos preocupa cómo explicarles la situación y sentimos una gran responsabilidad. Sin embargo, más que dar explicaciones extensas, es importante acoger lo que sienten y explorar lo que ellos creen o perciben. Cómo se sienten, qué piensan que ha ocurrido, qué saben del tema. Es mejor responder a sus preguntas cuando aparecen, en lugar de dar demasiada información como si fueran adultos. También es válido reconocer que, como adultos, no siempre tenemos todas las respuestas, y expresar con naturalidad que estamos tristes o que también echamos de menos al bebé.A veces, lo más importante es acercarnos desde la emoción compartida. No se trata de que los adultos estén desbordados emocionalmente, sino de que puedan mostrar sus emociones de forma regulada, para favorecer la co-regulación con el niño o la niña. Para el menor, las figuras de seguridad son su padre, su madre o sus cuidadores principales. Por eso, unos adultos presentes, regulados y cuidados ayudan a que el niño viva esta experiencia desde la seguridad del vínculo familiar, aprendiendo cómo nos sostenemos y nos cuidamos mutuamente en situaciones difíciles.
—¿Cuándo y cómo se debe comunicar la pérdida al resto del entorno más cercano?
—Esto muchas veces ocurre de manera inmediata, aunque depende de la madre, del padre o de la persona no gestante el querer comunicarlo. En la mayoría de las situaciones que he acompañado en consulta, cuando se espera un bebé, muchas veces, los padres no han comunicado aún el embarazo. En ocasiones esperan hasta alrededor de la semana 20, cuando se realizan determinadas pruebas y se confirma que el bebé viene bien. En este periodo se producen muchas pérdidas. Cuando el embarazo no ha sido comunicado, algunas familias viven esta pérdida en silencio, desde el tabú y el aislamiento. En estos casos, la pareja suele hacer equipo entre sí, pero se aísla del entorno y no comparte lo que está ocurriendo. Sin embargo, cuando el embarazo sí ha sido compartido con la familia y el entorno, y se han vivido juntos ciertos momentos o rituales de este proceso, muchas veces la familia necesita comunicar la pérdida de forma inmediata. Lo hacen para que los demás sepan cómo acompañarles. Necesitan que su entorno entienda qué necesitan en ese momento: si prefieren quedarse en casa, evitar visitas o, por el contrario, contar con alguien con quien hablar, salir a pasear o incluso que les ayude con tareas cotidianas. En situaciones así, cosas tan básicas como tener un plato de comida caliente, poder hacer gestiones como ir al registro o recoger a otros hijos del colegio, o simplemente recibir apoyo en lo cotidiano, se vuelven fundamentales. Por eso, la red de apoyo es clave. Somos seres sociales, necesitamos cuidado, afecto y ser vistos. Y, a la vez, también necesitamos poder cuidar, amar y estar presentes para los demás.
«Comentarios del tipo "no te preocupes, ya tendrás otro", "eres joven, podrás ser madre de nuevo" o "mejor ahora que más adelante" no ayudan. Al contrario, añaden más dolor y más sufrimiento al proceso»
—¿Qué errores más comunes se cometen a la hora de tratar de consolar a esos padres que han perdido un bebé?
—El no estar disponible como red de apoyo y, es por tanto, muy importante expresar cuando no es posible. Por ejemplo, una amiga que también está embarazada puede sentirse en una situación emocional compleja al acompañar a alguien que ha sufrido una pérdida. En estos casos, hablarlo de forma honesta puede ser lo más adecuado, para que la persona que ha perdido a su bebé entienda que no es que la otra persona no quiera estar, sino que no puede en ese momento. Otro de los errores habituales son los comentarios como «no te preocupes, ya tendrás otro», «eres joven, podrás ser madre de nuevo», «mejor ahora que más adelante»… Este tipo de comentarios no ayudan. Al contrario, añaden más dolor al dolor y más sufrimiento al proceso. Estas personas están en un momento de impacto emocional muy intenso, y lo que más necesitan es silencio, escucha y presencia. Un «estoy aquí para ti», un «no sé qué decirte ni cómo ayudarte, pero quiero hacerlo», o un «si necesitas algo, dímelo, voy a estar contigo». Los duelos no son algo que se supera, sino algo que se integra, se elabora y se vuelve respirable. Es decir, que con el tiempo deja de ser un dolor tan intenso como en los primeros momentos, deja de paralizar, y se convierte en un camino más llevadero, acompañándonos a lo largo de la vida, porque lo que no se pierde es ese vínculo con el bebé, porque se mantiene desde el amor.
—¿Cuando hay que recurrir a un profesional? ¿Qué señales nos indicarían que esa madre o ese padre necesitan ayuda urgente?
—Ante una pérdida gestacional, perinatal o neonatal, la intervención tiene que ser inmediata. Incluso antes, en situaciones de interrupción legal del embarazo por causas médicas, es importante que la figura del psicólogo o la psicóloga perinatal o especialista en duelo esté presente para acompañar el proceso de toma de decisiones y el impacto de la noticia. En estos casos, existe un duelo por el bebé esperado que no va a llegar de la manera prevista, lo que implica una decisión muy difícil y de gran impacto, que debe tomarse junto al equipo sanitario y la familia.También es cierto que no siempre se cuenta con esta posibilidad. En cualquier caso, considero que debe ser la propia familia, especialmente la madre o el padre, quien indique cuándo siente que necesita ese acompañamiento. No todos los duelos requieren intervención psicológica, pero sí pienso que este tipo de pérdidas de alto impacto deben ser acompañadas. Ese acompañamiento inicial no tiene por qué hacerlo únicamente un psicólogo o psicóloga, sino que también puede hacerlo el personal sanitario —enfermería, medicina u otros profesionales—. Desde esa presencia y ese acompañamiento ya se está ofreciendo un apoyo fundamental en un momento muy delicado, y es importante que todos los profesionales sanitarios aprendamos cómo acompañar adecuadamente. Luego ya vemos cómo tenemos que intervenir.
«Es importante dar a la familia la oportunidad de ver a su hijo o hija si así lo desea, sin prisas»
—¿Cuáles son las mejores técnicas para acompañar ese duelo?
—Si nos planteamos una guía rápida de intervención en emergencia perinatal, es fundamental priorizar la presencia y la calma. Se trata de acompañar sin prisa, con empatía y comprensión. Es importante validar lo que está ocurriendo, sin minimizarlo, al igual que es fundamental normalizar la reacción emocional. Se trata de ir poco a poco hablando para así poder dar pautas y orientar a la familia según sus necesidades. Otro aspecto clave es el vínculo y los recuerdos. Si ya se había elegido un nombre para el bebé, es muy importante llamarlo por ese nombre. Si es posible, ver y abrazar al bebé también puede ser importante. En estos casos, me gusta decir que no solo hablamos de una despedida, sino también de una bienvenida. Se dice hola y adiós al mismo tiempo. Por ello, el equipo sanitario debe preparar al bebé con cuidado, vestirlo si la familia ha traído ropa o si el hospital dispone de ella, y presentarlo como se presentaría a cualquier recién nacido. Es importante dar a la familia la oportunidad de ver a su hijo o hija si así lo desea, sin prisas. Este tiempo permite además generar recuerdos tanto tangibles como intangibles. Los recuerdos tangibles pueden incluir huellas, un mechón de pelo, parte del cordón umbilical o la impronta de la placenta. También pueden realizarse fotografías post mortem, siempre con mucho cuidado y sensibilidad. Muchas familias tienen miedo a ver al bebé, pensando que se encontrarán con una imagen muy dolorosa. Sin embargo, en muchas ocasiones, cuando se les da el tiempo necesario, pueden reconocer a su hijo o hija como propio y percibirlo con mucha paz, incluso como un bebé que parece estar dormido.
—¿Es posible reconstruirse de una pérdida así?
—Es posible, desde ese acompañamiento y dándose el tiempo necesario. Muchas familias o personas, cuando acuden a consulta, no solo en este tipo de pérdidas, quieren «estar bien ya». Sin embargo, tras el fallecimiento de una persona tan importante como un hijo o una hija, aunque se trate de una pérdida gestacional o perinatal, se produce un cambio profundo. La realidad deja de ser la que conocíamos. La identidad, quiénes somos o quiénes esperábamos ser, se transforma. En muchos casos, se altera incluso nuestra estructura de valores y prioridades. Es un cambio profundo en la persona. Por ello, es fundamental acompañar este proceso sin prisa. A mis pacientes les digo que dejen el calendario y el reloj en la puerta, y que iremos acompañando desde donde cada persona pueda, a su ritmo, ayudándoles a hacer más respirable este proceso.