La Voz de Asturias

La huella invisible de la preeclampsia: el síndrome multiorgánico que amenaza la salud materna incluso tras el parto

Asturias

Esther Rodríguez Redacción
Una mujer embarazada.

Este problema de salud «va mucho más allá de tener la tensión alta». Si no se trata a tiempo, puede provocar complicaciones graves que afecten a distintos órganos e incluso poner en riesgo la vida de la madre y del bebé

14 May 2026. Actualizado a las 05:00 h.

Hay muchas mujeres que sufren problemas de salud durante el embarazo. En algunos casos ese malestar es debido a trastornos menores como pueden ser náuseas, cansancio o dolor muscular. Pero, en otros, la situación se agrava hasta el punto de que la vida de la madre o el bebé, incluso de ambos, corre serio peligro. Una de las complicaciones durante el periodo gestacional que puede tener consecuencias muy graves es la preeclampsia. Aunque suele ser relativamente común, afecta entre el 2% y el 5% de quienes dan a luz, si no se diagnostica y trata adecuadamente, puede llegar a ser potencialmente letal. «Es, junto con las hemorragias, la principal causa de muerte materna en el mundo», advierte Carmen Sánchez, ginecóloga del Hospital San Agustín, de Avilés, uno de los pocos centros sanitarios de nuestro país que lleva a cabo cribados y, además, realiza un seguimiento médico tras el parto para minimizar riesgos.

«Aunque se crea lo contrario, la preeclampsia deja huella a largo plazo. Las mujeres que la han sufrido tienen el doble de riesgo de hipertensión crónica, el cuádruple de riesgo de ictus y tres veces más riesgo de cardiopatía isquémica a lo largo de su vida. Por eso, el seguimiento tras el embarazo también forma parte de nuestra responsabilidad como médicos», asegura la obstreticia, quien señala que este problema de salud «va mucho más allá de tener la tensión alta». «Se trata de un síndrome multiorgánico en el que la placenta no funciona correctamente y desencadena una respuesta en el organismo materno que puede afectar simultáneamente a órganos como los riñones, el hígado, el cerebro, los pulmones y el sistema de coagulación», explica.

A partir de la semana 20 de embarazo se puede dar esta complicación grave, que incluso puede debutar en los primeros días después del nacimiento. No obstante, «lo más habitual» es que aparezca en el tercer trimestre como posible consecuencia de «una adaptación cardiovascular materna subóptima, que puede provocar una perfusión insuficiente de la placenta, dando lugar, de forma secundaria, a una disfunción placentaria». Esto quiere decir que, en algunos embarazos, el cuerpo de la madre no se adapta del todo bien a los cambios que exige la gestación. Como resultado, la sangre no llega a la placenta en la cantidad adecuada. Al no recibir suficiente riego sanguíneo, la placenta no puede funcionar correctamente. Esta alteración provoca después una reacción en el organismo materno que puede afectar a varios órganos y dar lugar a la preeclampsia.

Factores de riesgo

Quienes han tenido preeclampsia en un embarazo previo, así como las personas con hipertensión crónica, obesidad, diabetes, lupus o síndrome antifosfolípido, presentan un mayor riesgo de desarrollar esta complicación, al igual que quienes cursan gestaciones múltiples o han concebido mediante fecundación in vitro. «Influye también el origen étnico. Las mujeres de raza negra tienen mayor riesgo y suelen presentar formas más graves», apunta la ginecóloga sobre este trastorno que, en muchos casos, evoluciona de manera «completamente silenciosa». «La mayoría de las pacientes no notan nada», asegura. Es por esta razón que resulta «fundamental» el control médico estrecho durante el embarazo, ya que permite identificar cualquier alteración y, en ese caso, intervenir a tiempo para evitar complicaciones.

Consecuencias de este trastorno

«Es muy importante detectar precozmente la preeclampsia porque de no ser tratada puede causar la muerte en horas», advierte la médica especializada en la salud del sistema reproductor femenino. Y es que este trastorno puede evolucionar hacia eclampsia —caracterizada por convulsiones que pueden dejar secuelas neurológicas graves o incluso provocar la muerte—, síndrome HELLP —una emergencia que afecta simultáneamente a la coagulación, el hígado y los glóbulos rojos—, accidente cerebrovascular, insuficiencia renal aguda o desprendimiento de placenta. En cuanto al bebé, puede provocar un crecimiento limitado, un parto muy prematuro o, en los casos más graves, la muerte fetal.

Para evitar que esto ocurra, en el Hospital Universitario San Agustín de Avilés se sigue un protocolo «integral y multidisciplinar» que abarca desde la valoración inicial hasta el seguimiento posterior. «En el primer trimestre se calcula el riesgo de preeclampsia en cada gestante mediante la combinación de varios parámetros: antecedentes y características maternas, presión arterial media, flujo de las arterias uterinas en la ecografía y una proteína placentaria (PlGF)», explica. Si detectan casos de alto riesgo, antes de la semana 16, prescriben a las madres ácido acetilsalicílico porque «la aspirina reduce la preeclampsia pretérmino en más de un 60%» y se refuerza la vigilancia materno-fetal.

Imagen de archivo de una ecografía a una mujer embarazada.ANGEL MANSO

Ahora bien, cuando la preeclampsia se manifiesta en el último trimestre del embarazo, el objetivo es prolongar la gestación el máximo tiempo posible sin comprometer la salud materna. «En este periodo de manejo expectante utilizamos antihipertensivos, sulfato de magnesio para prevenir convulsiones y corticoides para acelerar la maduración pulmonar del feto», precisa la ginecóloga, antes de señalar que si el problema no se resuelve con medicamentos, en algunos casos, se decide provocar el parto porque es la única forma de evitar que la situación empeore y ponga en riesgo la vida de la madre o del bebé. «Esta es una de las decisiones más difíciles de la obstetricia, porque estamos equilibrando dos riesgos: el de la prematuridad del bebé si adelantamos el parto, y el del deterioro materno o fetal si esperamos», confiesa. Si el embarazo supera la semana 34, la decisión se individualiza hasta la semana 37. A partir de ese momento, «la balanza se inclina hacia el parto».

El parto no es la solución

De todas formas, aunque la preeclampsia clínica suele desaparecer tras el parto, ya que es cuando se retira la placenta, esto no siempre implica la resolución inmediata del problema. De hecho, es «bastante frecuente» que aparezcan complicaciones en el posparto, por lo que se requiere una vigilancia estrecha también en esta etapa. De acuerdo con José Luis Pérez, nefrólogo del HUCA, que hasta hace bien poco ejerció en el HUSA, este periodo posparto, conocido también como «cuarto trimestre», es una «oportunidad muy buena» para el seguimiento tanto de mujeres que han presentado complicaciones como de aquellas con embarazos normales, ya que se estima que un 10% de estas últimas puede desarrollar trastornos hipertensivos o problemas cardiovasculares en esta fase.

«Es importante hacer una evaluación al final del cuarto trimestre para verificar que no hay ningún daño orgánico y una posterior a los seis meses, ya que antes de ese plazo cualquier alteración puede ser todavía secundaria al embarazo», asegura el especialista, quien explica que estas revisiones se realizan de forma conjunta nefrología y obstetricia puesto que el riñón suele ser «el órgano más afectado» por la preeclampsia. Por el momento, en Asturias, esta atención compartida en ambas especialidades solo se lleva a cabo en el HUSA, que «tiene su antecedente directo en la Unidad de Hipertensión y Gestación que el doctor Rafael Martín coordinó durante décadas en el HUCA». «Refleja una forma de trabajo colaborativa y una visión integral de estas pacientes que seguimos manteniendo y desarrollando en la actualidad», apunta la ginecóloga Carmen Suárez.

De derecha a izquierda: Dr.Marín, Dr. Pérez Canga, Dra. Duplá, Dra. Sánchez Blanco, Dr. Emilio Sánchez, en la reunión multidisciplinar organizada por AGIPA y SANEFRO sobre la importancia del cribado en el cuarto trimestre

Una vez superados los seis meses tras el parto, el equipo médico realiza una evaluación integral del riesgo cardiovascular futuro, entendiendo que el embarazo funciona como «una prueba de esfuerzo del sistema cardiovascular». En esta revisión, explica, se analizan factores como el colesterol, la glucosa y el sobrepeso para implementar medidas preventivas en pacientes aún jóvenes. El nefrólogo advierte de que los trastornos hipertensivos del embarazo se consideran ya un «agravante o modificador del riesgo» de ictus o infarto a largo plazo. Por ello, se insiste en «hacer recomendaciones sobre cambios en el estilo de vida» y en ajustar tratamientos de forma precoz para reducir al máximo estas patologías.

A partir de aproximadamente el año, las pacientes pasan a seguimiento en atención primaria para continuar con estas revisiones. «No obstante, las mujeres deben acudir a su médico de atención primaria cuando hayan tenido una preeclampsia o hipertensión en el embarazo, para que les evalúe mediante analítica e historia clínica el riesgo cardiovascular y establezca medidas de prevención tanto cardiovascular como renal», advierte el experto, que impulsa la creación de una unidad de alto riesgo obstétrico en el HUCA, para que colaboren de manera conjunta en este tipo de situaciones ginecólogos y nefrólogos.

En definitiva, la detección precoz y el control integral durante todo el embarazo, incluido el «cuarto trimestre», no solo salvan vidas sino que actúan como un escudo protector para la salud de la madre. Entender además que el cuidado materno trasciende el paritorio es el primer paso para garantizar que la huella de la preeclampsia no condicione el futuro de las mujeres.


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