La Voz de Asturias

De tocar fondo a volar en las montañas: la historia de superación del corredor ruso que se abre paso en el trail running asturiano

Asturias

Esther Rodríguez Redacción
A sus 27 años, este joven deportista atesora un palmarés de lo más envidiable. La imagen ha sido tomada por @_dansolmar

El joven Vladimir Averianov se ha consolidado como uno de los deportistas más destacados del Principado en esta modalidad, tras superar un pasado complicado.

15 May 2026. Actualizado a las 05:00 h.

La resiliencia es la capacidad de una persona para sobreponerse a las dificultades, adaptarse a las situaciones más adversas y salir fortalecida de ellas, incluso cuando todo parece ponerse cuesta arriba. Si hubiera que ponerle nombre y apellidos a esta habilidad humana, esos serían los de Vladimir Averianov. Ruso de nacimiento y asturiano de adopción, ha conseguido salir de un mundo del que a muchos les resulta imposible escapar: el de las drogas. Con un coraje inquebrantable, un inmenso sacrificio y una extraordinaria fuerza de voluntad, logró dejar de fumar y, por ende, de consumir marihuana. Hoy, a sus 27 años, no solo ha recuperado las riendas de su vida, sino que además ha conseguido hacerse un hueco entre los corredores de trail running más destacados de la región. Con un envidiable palmarés deportivo, este joven deja ahora tras de sí una historia de superación que inspira.

Para empezar, su infancia no ha sido nada fácil. Con tan solo siete años se vio obligado a abandonar su tierra natal, lo que implicó dejar atrás a gran parte de su familia y de sus amistades. Ante la falta de oportunidades en el humilde pueblo de Shatki, en Nizhni Nóvgorod donde vivían hasta entonces, su progenitora tomó la decisión de emigrar a España en busca de un futuro mejor para él y, de paso, alejarlo de la mala vida que llevaba su padre, adicto al alcohol. En un caluroso día de verano, llegaron a León, lugar en el que se asentaron en un primer momento. Las primeras semanas en esta provincia fueron, para madre e hijo, «muy complicadas». «Aparte de que yo no sabía hacer nada, es que no entendía a la gente porque no conocía el idioma», asegura, antes de recordar que el primer día de colegio salió corriendo, llorando detrás de la mujer de su vida, porque «no quería» quedarse allí «solo».

Su madre es y siempre será su mayor apoyo

Pasaron varios años hasta que su vida se equilibró en cierta medida, ya que tuvo que cambiar de hogar en varias ocasiones. «Nos mudamos unas cuantas veces de casa», recuerda, al tiempo que rememora los largos periodos en los que la soledad fue su única compañía, puesto que su madre debía trabajar muchas horas para que ambos pudieran salir adelante. «Pasé mucho tiempo solo en casa. Mi madre apenas venía a cenar y a dormir. Alguna vez a comer, pero pronto se tenía que ir», detalla. La falta de tiempo de calidad con su su principal referente, sumada a las sucesivas mudanzas y cambios de centro escolar, hicieron que Vladi —así lo conoce cariñosamente su entorno—, aunque tuviera libertad para hacer lo que quisiera, creciera «inseguro». «Siempre sentía miedo y también vergüenza. Me costaba mucho contar lo que me pasaba y lo que pensaba», confiesa.

Con 11 años tuvo que volver a hacer las maletas, pero, por suerte, esta fue la última vez en décadas que lo hizo. Vinimos a vivir a Asturias y aquí, por fin, conseguimos estabilizarnos. «Como nos gustó tanto decidimos que ya no nos íbamos a mover más», cuenta este joven ruso, quien se afincó con su madre en Santa Eulalia, tras un breve periodo de tiempo viviendo en Oviedo. En este pequeño pueblo del concejo asturiano de Morcín pudo comenzar a construir su proyecto de vida. No obstante, sin ser plenamente consciente, el camino que eligió para dar sentido a su día a día no fue el más adecuado. Es más, era todo lo contrario. Lejos de ayudarle, acabaría marcando una nueva etapa complicada en su vida.

Con solo 11 años, Vladi llegó a Asturias

«Al comenzar el instituto empecé a tener mi propio círculo de amigos, que no eran los que me convenían, aunque yo pensaba que sí», explica para contextualizar. Influenciado por estas personas, comenzó a consumir tabaco. Lo hizo no porque le gustase la sensación que le quedó en su cuerpo tras echar el primer cigarro sino para sentirse integrado en su grupo de iguales. «Al principio solo fumaba cuando salía de fiesta y cada vez que iba a ver a mi familia a Rusia», detalla el joven, quien, con 16 años y para su desgracia, entró en contacto con el mundo de las drogas. Sin dudarlo ni un segundo, probó la marihuana, sin saber que este desafortunado acto marcaría el inicio de su adicción a esta sustancia ilegal.

«Empecé a fumar porros por diversión, cuando salía de juerga, pero, poco a poco, me fui enganchado y ya empecé a consumir por semana. Primero lo hice para pasar un rato de risas hasta que me vi fumando marihuana todos los días», cuenta. Pasados dos años con este hábito, Vladi se percató que esta conducta le generaba más perjuicios que beneficios. «Aunque me hacía sentirme bien, me di cuenta que ese estilo de vida no era el más adecuado. Además, me suponía un gran desembolso económico», dice, antes de admitir que «siempre» supo que lo de fumar «no estaba bien». «De hecho, me ocultaba para hacerlo y nunca se lo llegué a comentar a mi madre», destaca.

Consciente de que el consumo de tabaco y, mucho menos, el de marihuana, no le repercutía positivamente, se propuso dejar este hábito. «Aproveché para ello los viajes que hacía Rusia porque allí no tenía esta sustancia y, por tanto, me pasaba dos o tres meses sin fumar. El problema estaba cuando volvía. Y es que al juntarme con mis amigos, aunque trataba de aguantar, al mes recaía y volví a fumar diariamente una cantidad bastante grande de porros», cuenta. Tras caer y levantarse varias veces, con esa fuerza interior que le caracteriza, a los 22 años dejó por completo de fumar, ya que encontró además en el deporte su tabla de salvación. Aunque la actividad física había formado siempre parte de su rutina, le apasionaba jugar al fútbol, nunca se imaginó que el deporte acabaría siendo lo que le permitiría tomar las riendas de su vida.

Vladi, durante su participación en la carrera de montaña de ReinoAstur, en Nembra

El punto de inflexión tuvo lugar cuando un amigo suyo lo animó a participar en la San Silvestre de su pueblo. Como sabía que no estaba en buena forma física para afrontar esta prueba de atletismo que se celebra cada 31 de diciembre para despedir el año, comenzó a prepararse para la cita. «Empecé a correr y, como cada vez que salía estaba más motivado que el día anterior, intensifiqué los entrenos», cuenta. Al volver a casa después de trotar varios minutos, el hijo de su padrastro analizaba los datos que su reloj deportivo recogía cuando estaba en movimiento. «Me dijo que tenía unos ritmos muy buenos, para llevar tiempo sin hacer deporte de manera continua. Me instó a correr por el monte y se ofreció a entrenarme, como siempre me gustó la naturaleza, le dije que sí», relata sobre sus inicios en el trail running.

A los pocos meses de practicar esta modalidad deportiva, que no deja de ganar adeptos, Vladi se inscribió en su primera carrera: el Trail Picu Llosorio, en Mieres, donde, para su sorpresa, logró un segundo puesto. «Ni me lo creía, la verdad. Pero ahí fue cuando me di cuenta totalmente de que yo valía para esto y quería dar todo mi 100% para ello», dice el joven, antes de admitir que ese fue el empujón que necesitaba y que le abrió las puertas a una vida completamente distinta. «A partir de ahí, empecé a entrenar a diario. Estaba tan motivado que ni se me pasaba por la cabeza volver a fumar porque, quieras o no, aunque tengas fuerza de voluntad, cuando lo dejas se pasa también muy mal, ya que el cuerpo muchas veces te lo pide», precisa.

Vladi también ha participado en el Trail de UbiñaJosé Ramón

Continuó entrenando y participó en un par de carreras más, hasta que una lesión le obligó a parar durante tres largos meses. Lejos de regresar a su vida anterior, que habría sido lo más sencillo, decidió mantener el rumbo, con el deporte como principal apoyo. En ese periodo encontró en el ciclismo su refugio. «Todo el tiempo que no pude correr, me dediqué a la bicicleta», señala, antes de poner en valor la enorme fuerza de voluntad que tuvo para no recaer en el consumo de tabaco. «Y eso que estaba muy, muy desanimado», subraya, evidenciando así la valentía con la que hizo, en esta ocasión, frente a la adversidad.

Una vez recuperado volvió a los entrenamientos y, por supuesto, a la competición. Mientras que perfeccionaba la técnica de correr por las montañas asturianas, poco a poco fue aumentando su palmarés. «Al principio quedaba entre los cinco primeros puestos, pero, luego llegó un momento en el que todas las carreras empezaron a ser pódium», dice con orgullo. Este crecimiento deportivo le permitió situarse entre los mejores corredores de trail running, algo de lo que todavía no es plenamente consciente, y le abrió las puertas a competir en la Copa de Asturias, donde ocupó el segundo puesto. «Esto sí que es algo que todavía no me creo porque era la primera meta que me marqué cuando empecé a correr y al año ya la había alcanzado», admite. 

Son ya casi 50 las pruebas deportivas en las que Vladi ha participado, dejando el listón muy alto. «Al menos hago una carrera de 20 o 30 kilómetros al mes», dice. Para tener buenos tiempos en cada una de estas competiciones de alto rendimiento, este joven de 27 años se ejercita diariamente. «Como mínimo dedico unas 10 horas a la semana a entrenar. Eso salen entre 60 y 90 kilómetros semanales», precisa el atleta ruso, que suele ejercitarse en las laderas del emblemático monte Naranco. «Los fines de semana, como tengo más tiempo, salgo al Monsacro, que es mi zona favorita», añade.

Ahora tiene puesto el foco en el Trail Alto Aller, que se celebrará a finales de este mes de mayo y que será su primera toma de contacto con esta cita deportiva, que aglutina a decenas de atletas de montaña de distintos niveles y que supone uno de los retos más exigentes del calendario autonómico. Una vez cruzada la línea de meta, su siguiente objetivo será el Campeonato de España de trail running, que este año se celebra en Asturias. De cara al año que viene, su principal propósito es disputar la Traveserina, una de las pruebas más emblemáticas de esta modalidad, que discurre por los imponentes Picos de Europa.

Mientras sigue sumando pruebas y ampliando su palmarés, mantiene la mirada puesta en convertir su pasión por correr entre montañas en su forma de vida. «La verdad es que me encantaría poder dedicarme profesionalmente a esto. Viendo los buenos resultados que estoy consiguiendo, si las lesiones me respetan, quizá con el tiempo tenga la opción de lograrlo», reconoce el joven, consciente de que el camino no será sencillo. Aun así, no deja de soñar ni de esforzarse al máximo en cada entrenamiento. Sabe que, para dar ese salto definitivo, necesita el apoyo de patrocinadores y colaboradores que le permitan seguir creciendo, por lo que no descarta abrirse a nuevas oportunidades que le ayuden a continuar escribiendo su historia entre montañas.


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