La Voz de Asturias

Teresa Pérez-Espinosa, psiquiatra: «Sin una buena salud mental no es posible tener una salud integral»

Asturias

María S. Condado Redacción
Teresa Perez-Espinosa, médico psiquiatra y directora del Grupo Perez-Espinosa

La profesional participará este viernes 19 de junio en la II Edición de Historias Vivas en Cowper Hall

16 Jun 2026. Actualizado a las 08:33 h.

La salud mental se ha convertido en uno de los grandes retos sanitarios y sociales de nuestro tiempo. Se estima que alrededor de un 25% de la población padece o padecerá algún problema de salud mental a lo largo de su vida, lo que da cuenta de la magnitud del fenómeno y de su impacto social.

En este contexto, la trayectoria de la psiquiatra Teresa Pérez-Espinosa está profundamente ligada a esa evolución de la salud mental como disciplina y como realidad social. Desde muy pequeña tuvo claro que quería ser médico, una convicción temprana que con los años se derivó en una vocación específica por la psiquiatría. Su formación la llevó a desarrollar parte de su carrera en el extranjero, en Estados Unidos y Venezuela, antes de regresar a Gijón, donde completó su especialidad en un momento de transición para la atención psiquiátrica en Asturias, aun con el modelo del antiguo hospital psiquiátrico como referencia.

Pérez-Espinosa pertenece a la última generación de profesionales que trabajó en aquel sistema, antes de la implantación de las unidades de salud mental en el hospital general. Tras años de experiencia en la red pública, marcados por el contacto directo con los pacientes y una visión cada vez más centrada en el acompañamiento integral, dio forma a un proyecto propio: el Grupo Pérez-Espinosa, que hoy cuenta con tres centros terapéuticos en el Principado de Asturias. Con esta trayectoria como base, Teresa Pérez-Espinosa reflexiona sobre la evolución de la psiquiatría, los desafíos actuales de la salud mental y la importancia de ofrecer una atención cercana y continuada a quienes la necesitan.

Además, Teresa Pérez-Espinosa participará este viernes 19 de junio en la II Edición de Historias Vivas en Cowper Hall, una iniciativa impulsada desde esta tienda de ropa gijonesa que organiza encuentros en formato reducido, en los que se reúnen personas con trayectorias vitales y profesionales diversas para compartir sus experiencias. 

—Desde su experiencia, ¿cómo ha evolucionado la psiquiatría en los últimos años?

—En los últimos años, hemos pasado de una psiquiatría recluida en espacios como los hospitales psiquiátricos o los antiguos manicomios a una psiquiatría integrada en los hospitales generales. Además, el sistema MIR ha permitido que la especialidad forme parte de las estructuras sanitarias normalizadas. Los residentes realizan sus rotaciones muy vinculadas al resto de especialidades, lo que favorece una visión más integral de la salud. Por otro lado, desde que yo empecé, ha cambiado mucho el conocimiento que tenemos sobre el cerebro. Antes las enfermedades mentales estaban, en cierto modo, dentro de una caja negra. Hoy disponemos de mucha más información sobre cómo funcionan estos trastornos. Nos apoyamos en técnicas de neuroimagen y contamos con herramientas diagnósticas mucho más objetivas. También ha evolucionado el abordaje profesional y, por supuesto, la percepción social. La sociedad tiene hoy una visión muy diferente de lo que significa la salud mental. Hemos pasado de ocultarla a normalizarla y a hablar de ella con mayor naturalidad. Ya no existe ese componente de vergüenza que durante muchos años estuvo asociado a los problemas de salud mental.

—¿Cuál es la importancia de la salud mental en términos generales?

—La salud mental es un pilar fundamental de la salud. Sin una buena salud mental no es posible tener una salud integral, porque de ella depende cómo pensamos, cómo sentimos y cómo nos relacionamos con los demás. Muchas veces observamos cambios de conducta en las personas de nuestro entorno: una amiga que deja de contestar los mensajes, que ya no quiere salir, que se aísla o que va posponiendo constantemente sus actividades. Debemos tener la sensibilidad necesaria para entender que quizá algo está ocurriendo. Tenemos que cuidar nuestra salud mental, pero también la de quienes nos rodean, porque todos somos responsables, en cierta medida, del bienestar de las personas con las que convivimos.

—¿Cuáles considera que han sido los avances más importantes en psiquiatría en los últimos tiempos?

Uno de los avances más importantes ha sido el desarrollo de tratamientos para las depresiones resistentes. Los fármacos actuales ofrecen mejores resultados gracias a una comprensión mucho más profunda de la biología del cerebro. También se han incorporado nuevas técnicas, como la estimulación magnética transcraneal, que están ofreciendo resultados muy prometedores en determinados pacientes. Además, ha habido un avance fundamental: el abordaje integral de la salud mental. Antes existía una mayor separación entre la labor del psicólogo y la del psiquiatra. Hoy sabemos que el tratamiento debe combinar diferentes herramientas: la atención psiquiátrica, la psicoterapia, la farmacología y también el apoyo de la familia y del entorno cercano. Otro de los grandes avances tiene que ver con la detección precoz. Identificar los problemas de salud mental en sus primeras fases permite intervenir antes y mejorar significativamente el pronóstico. Durante años, muchas enfermedades pasaban desapercibidas y se atribuían simplemente a rasgos de personalidad o a comportamientos peculiares. Por eso es tan importante que los psiquiatras estemos en formación continua y compartamos nuestro conocimiento con otros profesionales sanitarios.

—¿Cómo afectan los trastornos de salud mental a la vida cotidiana de quienes los padecen?

—Hay que recordar que los trastornos depresivos son una de las principales causas de discapacidad en el mundo, junto con los trastornos de ansiedad y los trastornos relacionados con el estrés y el trauma. Una depresión no consiste simplemente en tener un mal día. Es una enfermedad que debe diagnosticarse correctamente para poder tratarse adecuadamente. Cuanto más tiempo pase sin atención, mayor es el riesgo de que se cronifique. Cuando una persona presenta un estado de ánimo bajo de forma persistente, alteraciones del sueño, tendencia al aislamiento, ausencia en el trabajo, podemos estar ante síntomas de una depresión. La prevención es fundamental, porque los problemas de salud mental tienen importantes consecuencias personales, familiares y económicas. La depresión, por ejemplo, es una de las principales causas de absentismo laboral. Además, genera un enorme aislamiento y afecta gravemente a la funcionalidad tanto de la persona que la padece como de su entorno más cercano.

—¿Considera que los trastornos mentales deberían abordarse social y sanitariamente del mismo modo que las enfermedades físicas?

—Absolutamente. Los trastornos mentales deben ser atendidos con la misma prioridad que cualquier otra enfermedad. Hay que tener en cuenta que muchos problemas de salud mental se expresan a través del cuerpo. A veces, lo que no se verbaliza emocionalmente termina manifestándose mediante síntomas físicos. Existe un gran número de personas que acuden al médico de atención primaria porque se sienten mal, tienen dolores de cabeza, taquicardias, molestias digestivas o dolores generalizados. En muchos casos, estos síntomas pueden ser la expresión de un sufrimiento emocional que requiere una valoración especializada en salud mental. Por eso es fundamental que los médicos de atención primaria puedan detectar estas situaciones y derivarlas cuando sea necesario. También es esencial el papel de las familias y del entorno. Todos debemos ejercer de grúa y de apoyo para quienes atraviesan dificultades. Si tienes una amiga que no está bien y observas cambios en su comportamiento, no basta con decirle: “Ve al médico” o “Ponte en tratamiento”. También hay que acompañarla y ayudarla. No debemos olvidar que una de cada cuatro personas sufrirá algún problema de salud mental a lo largo de su vida.

—¿Esas cifras han aumentado en los últimos años?

Sí, han aumentado de forma muy significativa y por diferentes motivos. Han crecido especialmente los casos de depresión y trastornos de ansiedad. También han aumentado los trastornos de la conducta alimentaria, que afectan sobre todo a adolescentes y adultos jóvenes. Asimismo, se observa un incremento de los trastornos relacionados con el consumo de sustancias, tanto de alcohol como de cannabis. Este último supone un problema importante porque puede desencadenar o precipitar episodios psicóticos en personas con predisposición. También han aumentado los problemas relacionados con el uso inadecuado de las nuevas tecnologías. Además, hoy detectamos mucho antes los trastornos del neurodesarrollo, como los trastornos del espectro autista o el trastorno por déficit de atención e hiperactividad.

—¿Qué medidas pueden ayudar a prevenir los problemas de salud mental?

—Es fundamental mantener hábitos de vida saludables: llevar una vida activa, seguir una alimentación equilibrada, cuidar la calidad del sueño y fomentar las relaciones sociales. Los vínculos afectivos son esenciales para una buena salud mental. Tenemos que cuidar y dedicar tiempo a las personas importantes de nuestra vida. No basta con quererlas; también hay que demostrarlo. Llamar a un familiar o a un amigo, quedar con ellos, dar un abrazo, interesarse por cómo están o acompañar a nuestros mayores son gestos sencillos que tienen un enorme valor para el bienestar emocional. La prevención de los problemas de salud mental también pasa por fortalecer nuestras relaciones humanas y mantenernos conectados con quienes forman parte de nuestra vida.

—A pesar de los avances, ¿sigue existiendo un estigma asociado a las enfermedades mentales? ¿Por qué?

—Sí, especialmente cuando hablamos de trastornos mentales graves como la esquizofrenia. Aunque la sociedad ha avanzado mucho en la comprensión de la salud mental, estas patologías siguen arrastrando una importante carga de estigma. Las familias que han convivido con casos de esquizofrenia suelen hablar de ello con cautela, porque históricamente esta enfermedad ha estado asociada a prejuicios muy profundos. Durante décadas, las personas con trastornos mentales graves eran ingresadas en instituciones psiquiátricas y, en muchos casos, quedaban aisladas de la sociedad. Esa realidad ha dejado una huella que todavía persiste en el imaginario colectivo. En la consulta es frecuente que, al preguntar por antecedentes familiares de enfermedad mental, las personas respondan con cierto reparo. Esto refleja que aún existe una percepción negativa asociada a determinados diagnósticos, especialmente los más graves. No obstante, también es cierto que se han producido avances muy importantes. La salud mental ocupa hoy un lugar mucho más visible en el debate público y social. Que los medios de comunicación dediquen espacio a hablar de estos temas, como estamos haciendo en esta entrevista, contribuye a normalizar la conversación, reducir prejuicios y dar visibilidad a una realidad que afecta a muchas personas y familias. En ese sentido, la labor divulgativa de la prensa y de los profesionales de la comunicación es fundamental.

—¿Qué supone para usted participar en un espacio de divulgación y diálogo como los encuentros organizados por Cowper Hall?

—Compartir mi experiencia como profesional y como emprendedora con otras personas que también tienen esa vocación es un lujo, y lo agradezco enormemente. Son iniciativas realmente enriquecedoras para todos, y le agradezco mucho a Ichi que haya contado conmigo. En mi caso, formo parte de la FEDA, y siempre que nos reunimos y compartimos experiencias, es algo muy enriquecedor para todos.

 

 


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