Marina González, carpintera de 27 años: «El que más cosas me enseñó de este oficio fue mi abuelo»
Asturias
Esta joven asturiana ha elegido continuar con un oficio que forma parte de la herencia de su familia desde hace generaciones
26 Jun 2026. Actualizado a las 10:26 h.
La carpintería es una profesión que exige destreza, creatividad y dedicación para poder transformar la madera en piezas útiles, duraderas y únicas. A diferentes de otros trabajos manuales, este ancestral oficio artesanal consigue resistir al paso del tiempo gracias a aquellas personas que deciden hacer del arte de tallar el material procedente de los árboles en su forma de vida. Es el caso de Marina González. Esta joven asturiana de 27 años ha apostado por seguir los pasos de sus antepasados y mantener viva una tradición familiar que ha pasado de generación en generación.
La madera ha formado parte de la vida de esta vecina de Nava desde que era niña. «Me crié prácticamente entre virutas. Desde bien pequeña visitaba el taller de mi familia para entretenerme. En vez de jugar con las muñecas, prefería encolar tablas porque me lo pasaba muy bien», asegura. La pasión que siente por este oficio lo lleva en la sangre. «Mi bisabuelo ya trabajaba talando árboles en el monte y mi abuelo trabajó siempre como carpintero. Mi padre, en cambio, tardó en adentrarse en este mundo, pero en el momento que tuvo unos ahorros puso en marcha un taller junto con mi abuelo», cuenta.
Al crecer rodeada de tablones, serruchos y demás herramientas, siempre tuvo claro que quería dedicarse profesionalmente a trabajar la madera. En su entorno más cercano, sin embargo, había ciertas discrepancias sobre su intención de ejercer como carpintera. «El que más me apoyó fue mi abuelo. Quería que siguiese para adelante con el negocio porque era una mantener esa herencia familia. Por el contrario, mi padre, quería que estudiase. Lo típico, vaya», dice. Pero, por mucho que le dijeran unos u otros, hizo caso omiso de aquellos mensajes que sus oídos no quería escuchar y se mantuvo fiel a su elección.
«A mi lo que me gustaba era esto, así que cuando terminé la ESO me fui con mi abuelo a buscar sitios donde poder hacer un curso oficial. Me apunté al Ciclo Formativo de Grado Medio en Carpintería y Mueble que imparten en el CIFP La Laboral, en Gijón, porque de todos los FP que ofertaban me parecía de los más completos. Una vez matriculada ya fue cuando se lo conté a mi padre», detalla, satisfecha por haber tomado esa decisión. Más pronto que tarde se dio cuenta de que el camino elegido había sido el correcto, puesto que a los meses participó en la competición autonómica de «Skills», donde, contra todo pronóstico, consiguió sellar su pase a la final de Madrid.
Mientras adquiría conocimientos sobre cómo trabajar la madera en las aulas del centro gijonés, Marina fue perfeccionando la técnica en el taller de su familia. «El que más me enseñó de este oficio, sin duda, fue mi abuelo. Me enseñó a tallar, a afilar los formones… y, sobre todo, a ser muy prudente con las máquinas», admite la joven, quien, evidentemente, también recibió pequeños trucos y grandes consejos de su progenitor. «Es verdad que mi padre al tener mucho trabajo, apenas tenía tiempo para explicarme las cosas, pero siempre estuvo dispuesto a echarme una mano», confiesa.
Algunos de los trabajos realizados por la joven carpintera
Después de finalizar sus estudios, con 18 años, a Marina le llegó el momento de adentrarse en el mundo laboral. Se puso, por tanto, a buscar trabajo en negocios de carpintería de la zona, puesto que su padre deseaba que primero trabajase por cuenta ajena para curtirse profesionalmente antes de incorporarse al taller familiar. «Quería que realmente conociese el oficio y estuviese segura de que me gustaba», explica. Aunque tenía muchas ganas de ponerse manos a la obra, para su sorpresa terminó empleándose en grandes almacenes de proveedores de construcción, ya que no había empresas del sector interesadas en contratarla, porque, según afirma, «lo de ser mujer y carpintera no está muy bien visto».
Cuando a su padre le llegó el momento de poner fin a su carrera profesional, sin pensarlo ni un segundo más, la joven decidió, con 24 años, coger las riendas del taller que su familia fundó en 1991. Tras ponerse al frente del negocio, la primera decisión que tomó fue la de adquirir una máquina láser para poder dar «una seña de identidad» al producto final. «Hay clientes que me piden grabar un triskel en la puerta de casa. Otros, en cambio, prefieren personalizarlas con nombres...», detalla sobre la forma en la que modernizó los acabados y, cuyo precio, resulta «más económico».
A través de técnicas tradicionales y maquinaria especializada, sirviéndose siempre de la mejor materia prima, convierte la madera en muebles, piezas decorativas y creaciones adaptadas a cada necesidad. «Normalmente, cuando alguien me hace un encargo ya tiene bastante claro lo que quiere, pero siempre intento orientarle para que el resultado final sea el mejor posible», dice la joven carpintera, quien suele tardar entre tres semanas y cinco semanas en realizar los pedidos. «Procuro que no me lleve más de dos meses porque no quiero que el cliente pase mucho tiempo esperando», apunta.
Los productos de madera que más disfruta fabricar son aquellos que tienen una utilidad real para las personas. «Ver cómo a partir de un tablón eres capaz de crear una puerta o una ventana que abres y cierras prácticamente todos los días, una escalera por la que subes varias veces al día es una sensación espectacular», admite. Su objetivo es crear piezas duraderas, pensadas para acompañar al cliente, tanto de Asturias como de fuera, durante años y que mantengan la esencia del trabajo artesanal.
Al ser un trabajo que funciona principalmente por el boca a boca, Marina acude a mercadillos y ferias artesanales para dar a conocer sus creaciones y llegar a un mayor número de clientes. Además de exponer fotográficamente sus trabajos, comercializa productos elaborados con madera maciza, como relojes, llaveros, cuelgallaves o pendientes. «Como bien decía mi abuelo, a casa nadie te trae el trabajo. Esta es una forma de que me conozcan y me hagan encargos», reconoce la joven, que forma parte de la nueva asociación nacida en Asturias para defender el oficio artesano. Próximamente estará presente en El Agostiellu, así como en el Festival de la Avellana y el de la Castaña, donde el año pasado logró el primer puesto en el concurso de oficios artesanos
Aunque ya son muchas las personas que confían en su buen hacer, esta joven carpintera de Nava no le resultó nada fácil hacerse un hueco en un sector tan masculinizado. En más de una ocasión ha tenido que demostrar que la madera y las herramientas no entienden de género. Más de una vez llegué a una obra y a la gente le chocaba que fuese yo la que iba a colocar la puerta porque el hecho de ser mujer y carpintera no es algo que esté muy visto. Pero, bueno, siempre depende mucho de la persona con la que te encuentre. Una de las peores experiencias que viví fue con una mujer. Al llegar a su casa para mirarle la escalera, me empezó a faltar el respeto de una manera, que me quedé alucinando», confiesa.
A base de esfuerzo y dedicación, Marina ha conseguido abrirse camino en esta profesión, que hace que se sienta plenamente satisfecha. «Estoy muy contenta. Hay días en los que prácticamente no puedo dormir de pensar en todo el trabajo que tengo, porque además quiero cumplir con todo el mundo. Es verdad que ser autónoma no es fácil; siempre está ahí la duda de si vas a llegar a fin de mes. Y no voy a negar que, cuando llega el momento de hacer la declaración o el trimestre, me pongo nerviosa. Pero, por lo demás, estoy muy feliz porque puedo trabajar en lo que realmente me apasiona», admite,convencida de que todo el esfuerzo ha merecido la pena y de que seguir creciendo en el oficio es ahora su principal objetivo.