La ilustradora italiana que encontró en Asturias su fuente de inspiración: «Me gusta representar la cultura asturiana en mi arte»
Asturias
Las obras de Andrea Verónica Franceschi destacan por su estilo «surrealista e introspectivo», en el que el orden de las perfectas figuras geométricas se mezcla con el caos de sus pinceladas
03 Jul 2026. Actualizado a las 05:00 h.
Hace ya once años que Andrea Verónica Franceschi dejó atrás su Italia natal para recorrer el mundo. Allí creció en el campo, un lugar al que, asegura, «siempre sintió que no pertenecía». Rodeada de su familia, Andrea se crio en Creta escuchando las historias de su abuelo. «Él había emigrado a Brasil y siempre me contaba sus aventuras». Aquello despertó la inquietud de Franceschi, quien asegura que «de pequeña solo tenía dos cosas en la cabeza: la primera, dibujar y, la segunda, viajar».
Durante su juventud, se pasaba el día encerrada en su cuarto dibujando. «Por aquel entonces no había redes sociales, así que pasaba horas creando, trabajando en mis cuadros y mis proyectos». Fue gracias a una amiga como Franceschi descubrió su primer libro de ilustración contemporánea. «Todo lo que conocía hasta ese momento era la pintura. Nunca había visto ese tipo de arte y me enamoré totalmente». Por ello, a los 18 años, tras finalizar sus estudios en el colegio, decidió buscar una academia donde ampliar sus conocimientos sobre ilustración. Terminó matriculándose en la Academia Internazionale Comics, en Reggio Emilia. Allí tuvo su primer contacto con ilustradores profesionales, sus profesores, quienes serían clave para su desarrollo como artista.
Tras graduarse en la academia, Andrea comenzó a desarrollar un estilo artístico propio que no ha dejado de evolucionar con los años. Fue allí, en Italia, donde Franceschi vendió sus primeras obras «a un señor que coleccionaba arte». En ese momento se dio cuenta de que aquello podía convertirse en un trabajo real y de que podía llegar a ganarse la vida con sus ilustraciones.
Aunque su vida en Italia le gustaba, la inquietud de Andrea por descubrir mundo no desaparecía. En 2017, tras finalizar sus estudios, se propuso buscar trabajo «de lo que fuera, en cualquier sitio del mundo». Le surgió una oferta en un restaurante de Costa Rica, pero, justo antes de empezar a organizarlo todo, apareció una oportunidad mejor en una pequeña isla del Caribe. «Allí me fui a trabajar como tatuadora. Siempre digo que soy una afortunada porque desde el principio me he podido dedicar a lo que estudié. Siempre he trabajado como tatuadora y como ilustradora».
En aquella isla caribeña, Andrea conoció a Raúl, su marido, natural de Barcelona. Juntos permanecieron allí durante siete años, pero el matrimonio volvió a sentir la necesidad de cambiar de ambiente. «La isla se nos empezaba a hacer pequeña y queríamos descubrir mundo, viajar y explorar». La idea de ambos era mudarse a un lugar completamente diferente de aquella pequeña isla. Sobre la mesa estuvieron destinos como Costa Rica o incluso Asia, pero finalmente Raúl propuso Asturias. «Él ya había estado allí y me contaba maravillas de aquel sitio, así que pensé: “¿Por qué no?”».
Así comenzaron un largo viaje junto a su perro desde el Caribe hasta Asturias. Desde Miami recorrieron la costa este de Estados Unidos hasta llegar a Salem, conocida como la Ciudad de las Brujas. Desde allí viajaron a Canadá, donde tomaron un vuelo con destino a Italia para visitar a la familia de Andrea. Sin embargo, su viaje no había hecho más que empezar. «Alquilamos una furgoneta y cruzamos Europa hasta llegar a Asturias», un momento que Franceschi recuerda como algo mágico. «Era como si estuviera entrando en Narnia, en un micromundo maravilloso donde todo es increíble. Las montañas son altísimas; el mar y las playas parecen sacados de un cuento de hadas. Es como estar en una burbuja».
El Principado ha servido, además, a esta ilustradora italiana como fuente de inspiración para sus últimos diseños. «Me gusta representar la cultura asturiana y los elementos regionales en mi arte», explica sobre unas ilustraciones que han tenido muy buena acogida entre los asturianos. «Aquí, en Asturias y en España en general, hay una cultura de la ilustración fortísima», asegura Franceschi. Desde su llegada, la italiana no ha parado de trabajar. «He trabajado con eventos, con hoteles, he ilustrado algunos libros y he podido vender mi arte en distintas tiendas de la región».
Y es que los trazos de Andrea son únicos y reconocibles. La italiana define su arte como «surrealista e introspectivo», en el que el orden de las perfectas figuras geométricas se mezcla con el caos de sus pinceladas. «Creo que en mi estilo hay una mezcla entre algo muy ordenado, que son las formas, las figuras, los personajes y los elementos, muy cuadrados y rígidos, y unos colores que son totalmente lo contrario: muy desordenados, un poco sucios, como un niño que coge un lápiz y empieza a colorear muy rápido sin fijarse en la dirección de los trazos».
Mientras Andrea continúa desarrollándose como artista en tierras asturianas, la italiana ya empieza a trazar sus planes de futuro. «Me gustaría crear un grupo de artistas en el que cada uno esté especializado en una disciplina». Además, sueña con exportar sus ilustraciones a otros lugares del mundo. Por ahora, su arte también se vende en Barcelona, Zaragoza y Galicia. Asimismo, confiesa: «Me gustaría dar clases. Quiero ser generosa con mi trabajo y ayudar a la gente que está empezando y que quiere hacer lo mismo que yo. Quiero ser esa ayuda que yo no tuve cuando empecé».