¿Cómo afecta el calor a nuestra rutina del sueño? Estas son las claves para mantener una buena higiene del sueño durante el verano
Asturias
La neuróloga experta en sueño Celia García Malo explica cómo afectan las altas temperaturas a las rutinas de descanso y cuáles pueden ser sus consecuencias en el día a día
05 Jul 2026. Actualizado a las 05:00 h.
Las altas temperaturas registradas en los últimos días en Asturias hacen que, inevitablemente, cambiemos nuestra rutina. Los abanicos se agitan más que nunca, los ventiladores se encienden a máxima potencia y hay quienes evitan salir a la calle en las horas punta. Lo que también se ve afectado durante estas olas de calor es nuestra rutina de sueño. Pero ¿realmente se duerme peor en verano? ¿Cómo podemos mantener una buena higiene del sueño a pesar de las altas temperaturas?
«En verano se duerme peor», asegura Celia García Malo, neuróloga experta en medicina del sueño. Y son varios los factores que influyen. Por un lado, es más fácil dormir con frío que con calor. «Una cosa muy importante que debe ocurrir en nuestro cuerpo para que podamos conciliar el sueño y dormir de una manera normal y reparadora es que nuestra temperatura corporal debe bajar. Cuando las temperaturas son más altas, nuestro cuerpo tiene más dificultades para regular la temperatura corporal», explica.
Por otro lado, las altas temperaturas hacen que abramos las ventanas para dormir, lo que puede suponer una mayor exposición al ruido. Además, el aumento de las horas de luz hace que nos acostemos más tarde de lo habitual. «En verano tenemos más vida social y retrasamos los horarios. Esto hace que nos acostemos más tarde o que, si nos metemos en la cama cuando aún hay luz, nos cueste más conciliar el sueño», señala García.
Todo ello repercute, además, en el desarrollo de nuestra vida diaria. El calor nos lleva a un estado de privación de sueño, lo que puede provocar que durante el día «estemos más bajos de ánimo, con más dificultad para desarrollar nuestras tareas, con una peor concentración e incluso con falta de energía».
El calor puede ser, además, un indicador de la brecha social y económica en el descanso. Las personas con una renta más elevada pueden acceder con mayor facilidad a sistemas de climatización, como el aire acondicionado, «y pueden mantenerlo encendido durante todo el día, mientras que la gente que vive en viviendas más precarias o que no tiene esa posibilidad se ve obligada a dormir con las ventanas abiertas».
Entre los más afectados por las altas temperaturas a la hora de dormir se encuentran aquellas personas que ya padecen trastornos del sueño. Por ejemplo, «la gente que tiene apnea del sueño es mucho más vulnerable a que esto le afecte». Por otro lado, la alteración de los ciclos del sueño también puede favorecer el desarrollo o la cronificación de estos trastornos. «Dormir mal y dormir poco puede actuar como un desencadenante de un trastorno crónico del sueño. Uno puede empezar a dormir mal por una ola de calor y esto puede llegar a cronificarse y desarrollar ciertos mecanismos, como la ansiedad anticipatoria o el miedo a irse a dormir». En estos casos, asegura García, lo primordial es que la persona acuda cuanto antes al médico.
Pero ¿cómo podemos mantener una buena higiene del sueño durante las olas de calor? Para la neuróloga García son cuatro las claves fundamentales para lograr un buen descanso. En primer lugar, es primordial evitar la privación de sueño, es decir, «intentar respetar el número de horas que nos corresponde dormir para encontrarnos bien». Por otro lado, es esencial mantener una rutina y «no modificar en más de una o dos horas la hora a la que nos acostamos y nos levantamos». Además, «debemos intentar adecuar la temperatura del dormitorio antes de irnos a dormir». Por último, es importante llevar una dieta más ligera, «comiendo más vegetales, bebiendo agua y manteniéndonos hidratados».