La Voz de Asturias

María Dolores Quiñones, alergóloga: «No existe la alergia al aire acondicionado»

Asturias

Esther Rodríguez Redacción
María Dolores Quiñones es la jefa de la Sección de Alergología del HUCA

La jefa de la Sección de Alergología del HUCA explica cuáles son los principales desencadenantes de alergias durante el verano, desmonta algunos de los mitos más extendidos y ofrece consejos para prevenir complicaciones

07 Jul 2026. Actualizado a las 05:00 h.

La alergia es una respuesta exagerada del sistema inmunitario ante sustancias que, para la mayoría de las personas, son inofensivas, como el polen, los ácaros o determinados alimentos. Esta reacción puede provocar síntomas como estornudos, congestión nasal, picor de ojos o dificultades respiratorias. Aunque este problema suele asociarse a la primavera, lo cierto es que durante el verano también sigue presente y puede afectar a la calidad de vida de quienes lo padecen. La jefa de la Sección de Alergología del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), María Dolores Quiñones, explica cuáles son los procesos alérgicos más frecuentes durante el verano, desmonta algunos de los mitos más habituales y ofrece una serie de recomendaciones para prevenir complicaciones y disfrutar de las vacaciones con seguridad.

—¿Cuáles son las alergias más habituales durante el verano? ¿Hay algunas especialmente relacionadas con esta época del año?

—En verano sigue habiendo polen, especialmente de malezas, hierbas…, y como se hace más vida al aire libre, las personas alérgicas están más expuestas. Los himenópteros, como las abejas y las avispas, son más propios de esta época del año, ya que es cuando están más activos y existe un mayor riesgo de sufrir picaduras. También es habitual que durante las vacaciones se realicen más excursiones y se coma con mayor frecuencia fuera de casa, por lo que las personas con alergias alimentarias también afrontan un mayor riesgo de exposición. A ello se suman otras patologías, como la urticaria o las dermatitis inducidas por la exposición solar, más frecuentes en esta época debido al aumento de las horas de sol. En cuanto a los ácaros, aunque en general el verano suele ser la mejor época del año para quienes son alérgicos a ellos, existen excepciones. Es el caso de quienes pasan las vacaciones en segundas residencias o casas que han permanecido cerradas durante meses. En estas viviendas suele acumularse una mayor cantidad de polvo y humedad por la falta de ventilación, lo que puede favorecer la presencia de ácaros y provocar un empeoramiento de los síntomas.

«El calor y las altas temperaturas agravan los síntomas de las personas alérgicas»

—¿Qué síntomas suelen presentar los pacientes en verano y cómo pueden distinguirlos de un resfriado o una infección respiratoria?

—Los síntomas respiratorios de la alergia son muy parecidos a los de un resfriado. Sin embargo, en el caso de la alergia no suelen ir acompañados de fiebre. Además, cuando existe mucosidad nasal, esta suele ser transparente y acuosa, en lugar de espesa o verdosa, como ocurre habitualmente en los procesos infecciosos. En muchos casos, las alergias también se acompañan de síntomas oculares, como picor, lagrimeo o enrojecimiento, algo menos frecuente en los resfriados. Por eso, el tratamiento se centra en aliviar los síntomas mediante antihistamínicos, espráis nasales o colirios. En las alergias, los síntomas suelen remitir mucho antes con la medicación que en un catarro o una infección respiratoria, cuyo curso habitual se prolonga entre siete y diez días.

—¿El calor y las altas temperaturas pueden empeorar los síntomas de las personas alérgicas? 

—Sí, pueden empeorar los síntomas. El calor y las altas temperaturas favorecen la contaminación ambiental y, junto con ella, pueden agravar los síntomas del asma. Además, el aumento de las temperaturas está modificando los ciclos de las plantas, lo que altera el inicio de la polinización, su duración y los picos de concentración de polen, incrementando la exposición de las personas alérgicas. En cuanto a las patologías cutáneas, la mayoría de las personas con dermatitis atópica suele experimentar una mejoría durante el verano. El hecho de pasar más tiempo al aire libre, el agua del mar y, en muchos casos, una menor carga de estrés contribuyen a aliviar los síntomas. Sin embargo, la sudoración puede intensificar el picor y agravar algunas lesiones cutáneas. Además, en determinados pacientes o en otros tipos de dermatitis distintos de la dermatitis atópica, el calor sí puede provocar un empeoramiento de los síntomas.

«Hay personas que son más sensibles a las picaduras de insectos pero eso no significa necesariamente que sean alérgicas»

—¿Las tormentas de verano pueden desencadenar o agravar las crisis alérgicas?

—Sí, las tormentas de verano se asocian, sobre todo, a una mayor presencia de hongos ambientales. Es cierto que, en el norte de España, este tipo de alergia no es de las más frecuentes. Es más habitual en zonas del Mediterráneo, en Castilla y, especialmente, en la mitad sur de la península. No obstante, las tormentas también pueden afectar a las personas alérgicas al polen. Tras episodios de lluvia intensa acompañados de viento y fuertes movimientos de aire, el polen y otras partículas que estaban depositadas en el suelo o suspendidas en el ambiente pueden volver a dispersarse, aumentando temporalmente la exposición y favoreciendo la aparición o el empeoramiento de los síntomas.

—En verano aumentan las picaduras de abejas, avispas y otros insectos. ¿Cómo puede saber una persona si está sufriendo una reacción alérgica y cuándo debe acudir a urgencias?

—Lo habitual es que una picadura produzca una reacción local debido a la saliva o al veneno que inyecta el propio insecto. En el caso de los mosquitos, la saliva contiene sustancias que pueden provocar inflamación, picor y enrojecimiento en la zona afectada. Lo mismo ocurre con el veneno de los himenópteros, como las abejas o las avispas. Si la reacción se limita exclusivamente al lugar de la picadura, se considera una respuesta normal. Hay personas más sensibles que otras, pero eso no significa necesariamente que sean alérgicas. Sin embargo, si comienzan a aparecer lesiones o síntomas en zonas alejadas de la picadura —por ejemplo, si la picadura está en el brazo y surgen ronchas en las piernas, el abdomen u otras partes del cuerpo—, o si aparecen síntomas generales como mareo, dolor abdominal, dificultad para respirar o sensación de que la garganta se está cerrando, podría tratarse de una reacción alérgica. En cualquiera de estos casos, es importante acudir a un servicio de urgencias lo antes posible, ya que, aunque finalmente no se confirme una alergia, se trata de una situación que puede complicarse y requiere una valoración médica inmediata. Durante el verano también aumenta la probabilidad de sufrir picaduras de medusas, ya que el agua más cálida favorece su presencia en algunas zonas. Sin embargo, estas picaduras no suelen corresponder a una reacción alérgica, sino a la acción tóxica del veneno que liberan las medusas. Aun así, conviene extremar las precauciones durante el baño, ya que pueden provocar un dolor intenso y dejar lesiones importantes en la piel.

«Muchas veces el paciente se encuentra mejor precisamente porque la medicación está controlando la enfermedad»

—¿Qué precauciones deberían tomar las personas alérgicas cuando van a la playa, la montaña o realizan actividades al aire libre?

—Si una persona ya conoce a qué es alérgica, lo principal es protegerse frente al desencadenante. Por ejemplo, si el problema es la exposición al sol, conviene utilizar protectores solares adecuados. Si la alergia está relacionada con los insectos, es recomendable llevar repelente y tomar precauciones para evitar las picaduras. En el caso de las alergias alimentarias, especialmente si se va a comer fuera de casa, es importante asegurarse de que los alimentos no contienen ningún ingrediente que pueda provocar una reacción. En cualquier caso, la recomendación más importante es llevar siempre la medicación prescrita, porque los imprevistos y los descuidos pueden ocurrir y hay que estar preparado.

—En verano hay ciertas alergias cuyos síntomas disminuyen. Algunos pacientes, al notar esa mejoría, tienden a dejar la medicación. ¿Es contraproducente o está permitido?

—En general, es contraproducente. Cuando un paciente puede reducir o suspender el tratamiento, es algo que se decide en consulta, tras las revisiones correspondientes. En esos casos, el especialista indica cómo hacerlo. Si debe descansar de la medicación durante una temporada, reducir la dosis o modificar la pauta. Si esa indicación no se ha dado expresamente, lo recomendable es mantener el tratamiento. Muchas veces el paciente se encuentra mejor precisamente porque la medicación está controlando la enfermedad. Si la suspende por iniciativa propia, es probable que los síntomas vuelvan a aparecer o incluso empeoren. Esto puede desencadenar una crisis de asma u otras situaciones que requieran atención médica y que, además, pueden arruinar las vacaciones al impedir que la persona disfrute con normalidad. Por ello, lo más aconsejable es seguir siempre las indicaciones del especialista. Si en consulta se ha pautado mantener la medicación, debe continuarse tal y como ha sido prescrita.

«No todas las lesiones en la piel, urticarias o sarpullidos están causados por una alergia»

 

—¿Qué mitos sobre las alergias escucha con mayor frecuencia?

—Uno de los mitos más extendidos es pensar que las alergias solo aparecen en la infancia o en la juventud. No es así. Una alergia puede debutar a cualquier edad. Otro mito muy frecuente tiene que ver con las mascotas. Se suele hablar de animales «hipoalergénicos» o se piensa que los que tienen el pelo corto provocan menos alergias. Sin embargo, la alergia no depende, en la mayoría de los casos, de la longitud del pelo, sino de las proteínas presentes en la caspa, la saliva o la orina del animal. Por tanto, un animal puede provocar alergia tenga el pelo largo, corto o incluso sea considerado hipoalergénico. En verano también es habitual escuchar que el aire acondicionado produce alergia. En realidad, no existe una alergia al aire acondicionado. Lo que ocurre es que los cambios bruscos de temperatura pueden actuar como irritantes y provocar estornudos o molestias respiratorias. Además, si los filtros del aparato no se limpian con regularidad, pueden acumular polvo, hongos y otros contaminantes que sí desencadenen síntomas en personas alérgicas. En cambio, sí existe la alergia al frío, aunque es mucho menos frecuente. En estos casos, el problema no suele aparecer por el uso del aire acondicionado, aunque una temperatura muy baja puede favorecer los síntomas. Lo más habitual es que se manifieste tras una exposición intensa al frío, como un baño en el mar o en agua muy fría durante el verano.

—Si una persona no tiene diagnosticada ninguna alergia, ¿qué síntomas deberían hacerle sospechar que está sufriendo una reacción alérgica y cuándo debería acudir a Urgencias?

—Ante una posible reacción alérgica, ya sea respiratoria o cutánea, es importante tener en cuenta que no siempre se puede prever cómo va a evolucionar. Cada paciente es diferente y la gravedad de la reacción depende, entre otros factores, del desencadenante. Por ello, cualquier reacción que provoque dificultad para respirar o una afectación cutánea extensa debe ser valorada por un profesional sanitario. Siempre es preferible acudir a un servicio de urgencias y comprobar que se trata de una reacción leve que esperar a que los síntomas empeoren y la situación sea más difícil de controlar. También conviene recordar que no todas las lesiones en la piel, urticarias o sarpullidos están causados por una alergia. Existen irritaciones, infecciones y otras enfermedades dermatológicas que pueden producir manifestaciones similares. Es frecuente atribuir cualquier erupción cutánea a una alergia, pero no siempre es así. En cualquier caso, si la reacción afecta a una parte importante de la superficie corporal, aparece dificultad para respirar, un intenso malestar general o se acompaña de síntomas digestivos, como náuseas, vómitos o dolor abdominal, es fundamental acudir a Urgencias. Estos signos pueden indicar una reacción alérgica grave que requiere atención médica inmediata.

—¿Cuáles serían los consejos básicos que daría a una persona alérgica para que disfrute del verano con la mayor normalidad posible?

—En primer lugar, es importante seguir tomando las mismas precauciones que durante el resto del año en relación con la alergia. Es decir, no relajarse ni descuidar las medidas de prevención. También es fundamental mantener la pauta de medicación indicada por el especialista y no modificarla por iniciativa propia. Si en consulta se ha recomendado continuar con el tratamiento, debe seguirse tal y como ha sido prescrito. Además, conviene llevar siempre la medicación consigo, independientemente de los planes que se tengan. Es posible que una salida de unas horas termine prolongándose durante todo el día o que surja un imprevisto relacionado con la alergia. Y, sobre todo, es fundamental llevar siempre la medicación si se viaja fuera de España. En algunos países puede resultar difícil acceder a determinados medicamentos, ya sea porque se comercializan con otro nombre o porque la legislación no permite su dispensación sin receta médica. En el caso de las personas con alergias alimentarias, si se va a comer fuera de casa es recomendable comunicarlo con antelación al restaurante o al establecimiento. De este modo, el personal puede tenerlo en cuenta antes de preparar los platos, adoptar las precauciones necesarias para evitar contaminaciones cruzadas y elaborar la comida con las garantías adecuadas.


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