Asturias encabeza la tasa española de personas con ideas de suicidio
Asturias
Un informe revela que el aislamiento y el conflicto social son los factores de riesgo más determinantes para la salud mental
23 Jul 2026. Actualizado a las 05:00 h.
Asturias se cuenta desde hace décadas como el territorio en el que se da una mayor tasa de suicidios pero es que además es donde más se rumian esos pensamientos negativos. Un estudio reciente, y elaborado además desde el Principado, revela que la comunidad lidera también el índice nacional de ideación suicida, la etapa inicial del fenómeno, en la que se engloban los pensamientos, ideas o reflexiones mediante los cuales una persona contempla la posibilidad de quitarse la vida. El análisis de esta fase previa resulta clave para la salud pública, al tratarse de un estadio detectable a tiempo para la prevención antes de que se produzca una tentativa o el desenlace fatal.
Así lo recoge el estudio titulado Una mirada a la salud mental y la ideación suicida en los procesos de exclusión, coordinado por los investigadores Beatriz Oliveros, José Antonio Llosa y Sara Menéndez-Espina, de la Facultad Padre Ossó, en colaboración con Esteban Agulló, de la Universidad de Oviedo. La investigación confirma la existencia de una correspondencia directa entre la presencia de pensamientos suicidas y las muertes consumadas. En el caso del Principado, además de registrar la tasa más alta del país en ideación, las estadísticas oficiales reflejan la mayor tasa de suicidios consumados de España, alcanzando las 12,53 muertes por cada 100.000 habitantes, según los datos del INE.
Pese a todo, la situación de Asturias ha experimentado cambios en el tiempo, y de forma reciente. El informe constata una mejoría general tras la pandemia, reduciéndose los diagnósticos activos en España. Sin embargo, la prevalencia de problemas de salud mental continúa estando estrechamente ligada al gradiente de exclusión social: a mayor intensidad de la exclusión (problemas económicos, dificultades de vivienda o aislamiento), mayor es la presencia de patologías diagnosticadas. En esta variable, Asturias también presenta registros elevados: en 2021 encabezó el porcentaje autonómico con un 14,4% de población diagnosticada y, aunque en 2024 la cifra descendió al 8,8%, el Principado se mantiene entre las tres comunidades autónomas con mayor porcentaje de diagnósticos de salud mental, situándose solo por detrás de Galicia y Extremadura.
En el conjunto del país, el estudio establece por primera vez con una muestra representativa que la tasa media de ideación suicida se sitúa en el 5,46% de la población. La cifra de Asturias (9,97%) casi duplica la media nacional y se posiciona holgadamente por encima de otras comunidades con valores altos como Navarra (8,48%) o la Comunidad Valenciana (8,01%), al tiempo que dista notablemente de los registros más bajos observados en La Rioja (2,30%), Castilla-La Mancha (2,49%) o Cataluña (3,39%). Ante este escenario, el informe de la Fundación FOESSA plantea recomendaciones orientadas al diseño de políticas públicas integrales. Entre las medidas propuestas destacan el refuerzo de los ingresos mínimos en hogares vulnerables, el impulso de programas públicos de empleabilidad que eviten el trabajo precario y, de manera prioritaria, la articulación de intervenciones sociales comunitarias dirigidas a combatir el aislamiento social y apoyar a las familias en situaciones de mayor exclusión.
El estudio detalla de forma exhaustiva cómo influyen el género, la edad y las condiciones socioeconómicas en el comportamiento de la salud mental y el fenómeno suicida en España. En lo referente a la patología diagnosticada, el informe señala que, con la única excepción de la infancia y la adolescencia (donde la prevalencia es mayor en varones), las mujeres presentan a partir de la mayoría de edad tasas de diagnósticos en salud mental que casi duplican a las de los hombres. Esta brecha se acentúa notablemente durante los procesos de envejecimiento avanzado: en el grupo de mayores de 75 años, tres de cada cuatro personas con un diagnóstico activo de enfermedad mental (el 74,9%) son mujeres. Los autores vinculan esta situación a factores de protección deteriorados, como la soledad no deseada y el impacto acumulado de la pobreza en edades avanzadas.
En cuanto a la ideación suicida y las muertes consumadas, la investigación constata una marcada relación cruzada entre sexos. Las mujeres refieren una mayor frecuencia de pensamientos suicidas (5,9%) en comparación con los hombres (4,8%). Sin embargo, esta tendencia se invierte de manera drástica al analizar las muertes por suicidio consumado registradas por el INE, donde la tasa masculina (13,34 por cada 100.000 habitantes) casi triplica la femenina (4,52 por cada 100.000). El estudio explica que esta disparidad suele asociarse en la literatura científica a los roles tradicionales de género y de cuidados asignados históricamente a las mujeres, los cuales actúan como un factor de contención frente a la ejecución del acto suicida a pesar de experimentar elevados niveles de sufrimiento emocional.
Por otra parte, la variable de la edad refleja un comportamiento plenamente inverso entre la ideación y el suicidio consumado. Los pensamientos suicidas alcanzan su cota más elevada en la población joven (menores de 30 años, con un 7,9%) y disminuyen progresivamente a lo largo de las etapas vitales hasta situarse en su nivel más bajo en los mayores de 65 años (3,4%). En cambio, las muertes por suicidio aumentan de forma correlativa con el envejecimiento, registrando sus picos máximos en las franjas de edad más avanzadas. Finalmente, la intersección entre la exclusión social y la demografía resulta determinante: las personas que sufren exclusión registran un 14,6% de ideación suicida (frente al 3,5% en la población integrada), alcanzando su máximo absoluto en las mujeres de entre 45 y 64 años situadas en exclusión severa, donde el índice de pensamientos suicidas se dispara hasta el 22,2%.