De graduarse en Educación Primaria a sacar la plaza en Asturias en un año: «Obtener plaza o no es cuestión de centésimas»
Educación
Desde su infancia, Jesús Vera tuvo claro que su carrera profesional estaría enfocada a «crear aulas en las que se pueda aprender sin miedo, donde los niños y niñas puedan aprender con confianza»
15 Aug 2026. Actualizado a las 05:00 h.
Desde pequeño, Jesús Vera supo que su futuro profesional estaba dentro de las aulas. Descubrió su vocación con tan solo 10 años y, desde entonces, no ha parado de trabajar para lograr su objetivo. Ahora, con 23 años, este asturiano ha conseguido una plaza como maestro de Educación Primaria tan solo un año después de finalizar sus estudios.
De madre maestra, Jesús Vera siempre tuvo claro su futuro profesional: «Quizá viene de familia», apunta. Desde niño «soñaba con ser maestro; tenía claro, además, que quería ser tutor». Su paso por el instituto siempre estuvo enfocado en un objetivo claro: lograr entrar en el grado de Educación Primaria. Y así lo hizo.
Tras comenzar su etapa universitaria, Jesús reafirmó lo que ya sabía: «La docencia era mi gran pasión». Una vocación que creció aún más cuando realizó sus primeras prácticas en un centro escolar. «Durante el segundo curso realizamos nuestras primeras prácticas. Fue el momento en el que confirmé que esto me encantaba. Tuve muy buena suerte: me tocó un buen grupo y una tutora que ya tenía experiencia tutorizando a otros alumnos de prácticas. Recuerdo aquella época con mucho cariño y mucha nostalgia».
Y es que, para Jesús, este periodo de formación es decisivo para saber si el camino que has elegido es el correcto. «Igual que a mí me encantó, tuve compañeros que en las prácticas descubrieron que ese no era el rumbo que querían tomar». Durante el grado, señala, «tuve la oportunidad de compartir espacio con muy buenos profesores, que nos prepararon para lo que venía después»: las temidas oposiciones. Vera obtuvo su título hace apenas un año y, desde ese momento, tuvo claro que el siguiente paso «sería opositar».
Su proceso de oposición comenzó con «una mezcla de ilusión e incertidumbre», pero siempre con la meta de sacar la plaza lo más pronto posible. Para ello, Jesús decidió contar con el apoyo de la academia Oposita, donde Juan Molinero fue su preparador. Aunque el centro de formación ayudó al maestro asturiano a preparar los temas que posteriormente debería plasmar en el examen, para Jesús la clave «es hacerlos tuyos; lo que de verdad importa es demostrar en ese proceso de oposición quién eres. Al final, quienes te evalúan son tus propios compañeros de profesión».
Opositar no es sencillo. Conlleva mucho esfuerzo y requiere, en ocasiones, renunciar a algunas cosas. En el caso de Jesús, sobre todo, «a muchas horas de sueño», comenta entre risas. Tras más de un año de preparación llegó el 20 de junio, fecha de la primera prueba escrita. La sensación después de redactar el tema fue positiva, pero el supuesto práctico generó más dificultades. «El ejercicio resultó especialmente extenso para las dos horas disponibles; era prácticamente inabarcable. Creo que muchos de nosotros, a día de hoy, seguiríamos escribiendo para terminarlo».
Una semana después llegaron las primeras calificaciones. En algunos tribunales se produjeron numerosos suspensos, una situación que alimentó el debate sobre el desarrollo de las oposiciones. Para el opositor, más allá de aprobar o suspender, existe una reivindicación fundamental: «Creo que sería interesante que nos permitieran saber en qué hemos fallado».
En su caso, los resultados fueron positivos. De los algo más de 60 aspirantes de su tribunal, alrededor de 20 pasaron a la segunda fase. Él había obtenido la mejor calificación de su tribunal en la prueba escrita y afrontaba entonces la defensa oral de la programación didáctica.
Los nervios volvieron a estar a flor de piel con la defensa de la programación, pero desde el primer momento «las sensaciones fueron buenas». Vera volvió a obtener una calificación más que positiva. Ahora solo quedaba conocer el baremo del concurso de méritos. «Fueron unas semanas de muchos nervios, de hacer muchos cálculos, porque en mi caso no tenía experiencia docente y podía ser un factor decisivo. Obtener plaza o no es cuestión de décimas o centésimas».
Las buenas noticias no tardaron en llegar. Tras más de un año de esfuerzo, Jesús Vera obtenía su plaza como maestro de Educación Primaria en el Principado de Asturias. A la espera de saber cuál será el centro en el que se incorporará el próximo curso como maestro en prácticas, Jesús sueña con crear aulas en las que «se pueda aprender sin miedo, donde los niños y niñas puedan aprender con confianza» y aportar, añade, «ese granito de arena a la sociedad con vocación de servicio público para contribuir al aprendizaje de esos niños en una etapa tan decisiva como son los 6 a los 12 años», concluye Vera.