La Voz de Asturias

María Fernández, directora de ALECA: «No podemos exigir al ganadero un modelo de producción diferenciado y después no reconocer económicamente ese esfuerzo»

Asturias

Marcos G. García Redacción
María Fernández, directora de la Asociación Leche Ecológica Certificada

La portavoz de ALECA, entidad cuyo objetivo es fomentar la comunicación y profesionalizar la producción ecológica de leche en el Principado, explica algunas de las ventajas de este segmento de actividad, así como sus retos de futuro, entre ellos, el relevo generacional

25 Aug 2026. Actualizado a las 05:00 h.

María Fernández, además de dirigir ALECA desde 2018, es veterinaria clínica y profesional en el ámbito del manejo integral de ganadería. Explica que, según los últimos datos disponibles, en 2025 Asturias contaba con 42 ganaderías de leche ecológica, que producen 6.260 toneladas. A su juicio, el reto de futuro para el sector es conseguir que el potencial que tiene la comunidad autónoma «se traduzca también en explotaciones rentables, permanencia de productores y entrada de nuevas generaciones»

—¿Qué es y por qué nace ALECA?

—ALECA es la Asociación de Leche Ecológica Certificada de Asturias. Es una red que nace de los propios ganaderos y elaboradores ecológicos, ya en el 2015, fruto de las necesidades que en ese momento tenía el sector ,con el objetivo de unir, apoyar, fomentar y representar al sector lácteo ecológico asturiano. Nos dimos cuenta de que, especialmente al comenzar en producción ecológica, muchos nos encontrábamos prácticamente con los mismos problemas: alimentación, sanidad, rutas de recogida, contacto con empresas o, en general, cualquier dificultad que pudiera surgir en el día a día de una explotación. Compartiendo conocimientos y experiencias era mucho más fácil encontrar soluciones. En 2017 esa colaboración empezó a tomar forma como un proyecto común y, después de diferentes reuniones con productores y elaboradores, en 2018 se constituyó legalmente ALECA.

—¿Cuántos socios y colaboradores tiene actualmente ALECA?

—Actualmente ALECA cuenta con 18 socios, repartidos por toda la orografía asturiana desde Occidente hasta Oriente. En un sector tan atomizado, poder compartir información, experiencias, dificultades y soluciones es especialmente importante. Esa red permite que cada ganadero no tenga que recorrer solo el mismo camino y, al mismo tiempo, nos da la posibilidad de defender conjuntamente las necesidades específicas de la producción ecológica de leche en Asturias.

—¿Qué objetivos tiene la asociación?

—Nuestro principal objetivo es fomentar la comunicación y profesionalizar la producción ecológica de leche en Asturias, apoyando y formando a las personas que trabajan en ella y defendiendo los intereses y necesidades específicas del sector. Para nosotros, profesionalizar no significa intensificar, sino aprovechar eficientemente los recursos de cada explotación, gestionar adecuadamente las praderas y la alimentación, trabajar de forma preventiva sobre la salud y el bienestar de los animales e incorporar conocimiento y herramientas que permitan mejorar la eficiencia y la rentabilidad.

Por eso damos mucha importancia al intercambio de experiencias entre productores, a la formación y al acceso a información veraz y contrastada. Y hay una idea que defendemos desde el nacimiento de ALECA: tradición e innovación no son incompatibles. Podemos mantener un modelo ganadero muy ligado a la tierra y a los pastos y, al mismo tiempo, incorporar investigación, digitalización y nuevas tecnologías que mejoren el manejo, la sanidad, el bienestar animal y la calidad de vida del ganadero. Tenemos además otro objetivo estratégico: que Asturias no sea únicamente productora de una excelente materia prima ecológica, sino que sea capaz de generar valor a partir de ella. Somos una tierra con una enorme tradición láctea, quesera y gastronómica. Tenemos que favorecer que nuestra leche se transforme también aquí en quesos, yogures y otros productos diferenciados, vinculando la certificación ecológica con su origen asturiano. Porque para que este modelo tenga futuro, debe funcionar cada eslabón de la cadena: ganadero, elaborador, industria, distribución y consumidor. En definitiva, queremos que producir en ecológico sea bueno para el animal, rentable para el ganadero, beneficioso para el territorio y para el consumidor.

—¿Cuántas ganaderías producen leche ecológica en Asturias?

—Según los últimos datos disponibles, en 2025 Asturias cuenta con 42 ganaderías de leche ecológica, que producen 6.260 toneladas. Si miramos la evolución de los últimos años encontramos un dato que merece atención. En 2021 había 54 ganaderías y se producían 7.141 toneladas; en 2022, 47 explotaciones y 7.470 toneladas; en 2023, 43 y 5.941 toneladas; en 2024, 42 y 6.042 toneladas; y en 2025 se mantienen esas 42 explotaciones, mientras la producción aumenta hasta las 6.260 toneladas.

Es decir, desde 2021 hemos pasado de 54 a 42 ganaderías pero la producción no ha disminuido en la misma proporción y en los dos últimos años vuelve a crecer. Menos explotaciones están sosteniendo una cantidad importante de leche ecológica. Además, Asturias se sitúa en el eje principal en España como privilegiada para producir leche ecológica. Hace años ya advertíamos de la importancia del relevo generacional ,como pasa en otros sectores y los datos actuales hacen que esa cuestión siga siendo fundamental. Asturias tiene unas condiciones extraordinarias para producir leche ecológica; el desafío ahora es conseguir que ese potencial se traduzca también en explotaciones rentables, permanencia de productores y entrada de nuevas generaciones.

—¿Qué oportunidades y ventajas ofrece la producción ecológica de leche?

—Asturias tiene una ventaja de partida extraordinaria: nuestro territorio. Disponemos de pastos, agua, clima y una tradición ganadera que permiten desarrollar sistemas muy vinculados al aprovechamiento de los recursos naturales. Es un modelo de producción animal en el que todos ganan: el productor, porque puede obtener un retorno económico de un sistema basado en sus propios recursos, el medio ambiente, por un aprovechamiento más sostenible y respetuoso del territorio y los animales, por las oportunidades que ofrece en términos de bienestar y salud y al consumidor por tener un producto el mercado más diferenciado acorde a sus principios.

Y hay algo que quizá no valoramos suficientemente: la tierra. Para una ganadería ecológica disponer de superficie accesible alrededor de la explotación es fundamental. En determinadas zonas de Europa, el precio de la tierra, la concentración ganadera, la fragmentación de las parcelas o simplemente la falta de superficie próxima dificultan que los animales puedan salir y pastorear. En muchas zonas de Asturias tenemos unas condiciones naturales que lo permiten y esa es una ventaja que debemos conservar. Para mí, la tierra debe considerarse parte de la infraestructura productiva de una ganadería ecológica. Conservar superficie agraria útil y facilitar que las explotaciones puedan acceder a ella es también apostar por el futuro del sector. El pastoreo, además, no es simplemente la imagen bonita de una vaca en un prado. Desde el punto de vista del bienestar animal permite movimiento, ejercicio, exploración, interacción social y la expresión de comportamientos propios de la especie. Una vaca no necesita solamente una ración nutricionalmente correcta; necesita también unas condiciones de vida adecuadas a su biología.

Asociación Leche Ecológica CertificadaCedida

—¿Ofrece también ventajas desde el ámbito veterinario?

—En este aspecto, un buen manejo de la alimentación y las praderas, unido al ejercicio, unas buenas condiciones ambientales y una estrategia sanitaria preventiva, puede ayudar a mantener animales sanos y funcionales durante más tiempo. Esto tiene también una repercusión económica. La rentabilidad no está solamente en cuánto me pagan el litro; también está en cuánto me cuesta producirlo y en cómo gestiono la salud y la longevidad de mis animales. Una vaca que permanece sana y productiva durante más tiempo permite amortizar mejor los costes de recría y reducir las necesidades de reposición. Por supuesto, esto no sucede automáticamente por tener una explotación ecológica. El resultado depende de un buen manejo.

También existe una conexión muy interesante entre territorio, alimentación y producto final. La literatura científica ha descrito diferencias en determinados componentes de la leche asociadas a sistemas con mayor presencia de pasto y forrajes, especialmente en el perfil de algunos ácidos grasos y compuestos liposolubles. Incluso investigaciones recientes están estudiando determinados componentes de leche y queso como posibles marcadores del pastoreo. Y esto coincide con algo que nos trasladan los propios artesanos que trabajan con nuestra leche: encuentran un rendimiento quesero mayor, una sensación especialmente cremosa y una tonalidad más crema que resulta incluso reconocible. En este caso hablamos de su experiencia práctica como elaboradores, pero resulta muy interesante que la alimentación y el manejo puedan dejar también una huella en las características de la materia prima. Por eso nuestros socios han defendido una economía circular ligada al territorio: producir aquí, aprovechar nuestros recursos, transformar aquí en la medida de lo posible y conseguir que una parte importante del valor generado permanezca en el medio rural.

—¿Qué requisitos debe cumplir una leche para ser ecológica?

—Es importante aclarar una cosa: no se certifica simplemente una leche como ecológica; detrás hay todo un sistema de producción que debe cumplir unas normas y estar sometido a control y certificación. La producción ecológica está regulada en Europa por el Reglamento (UE) 2018/848 y su normativa de desarrollo. Los requisitos afectan al conjunto de la explotación: alimentación eco y manejo de los animales sin estabular , condiciones de alojamiento con espacio suficiente y confortables, bienestar animal, prevención sanitaria, tratamientos veterinarios, gestión de las tierras y trazabilidad, entre otros aspectos.

La alimentación debe ajustarse también a las normas de producción ecológica y no se permite el uso de organismos modificados genéticamente (OMG) ,ni está tratada con herbicidas ni sustancias de síntesis .Además, se concede una importancia especial al aprovechamiento de pastos y forrajes y a la vinculación entre los animales y la tierra. Esa relación con la superficie es importante. En ecológico existe un límite de 170 kg de nitrógeno orgánico por hectárea y año, lo que ayuda a evitar una sobrecarga de nutrientes y obliga a mantener un equilibrio entre la ganadería y la capacidad de la tierra que la sustenta. Y esto tiene una aplicación práctica. Una fertilización nitrogenada excesiva puede alterar la composición de las praderas y, en determinadas especies y circunstancias, favorecer una acumulación de nitratos indeseable para los rumiantes. Cuidar el suelo es también cuidar la alimentación del animal. Con las malas hierbas ocurre algo parecido. Producción ecológica no significa abandonar una finca y dejar crecer todo. Se trabaja primero desde el manejo: siegas en el momento adecuado, pastoreo dirigido, mantener una cubierta vegetal competitiva, resiembras cuando sean necesarias y control mecánico. La normativa restringe el empleo de productos fitosanitarios y únicamente permite determinadas sustancias autorizadas para producción ecológica. Ecológico no significa no intervenir; significa intervenir de otra manera y utilizar primero el conocimiento y el manejo.

—¿Y en lo que respecta a la salud de los animales?

—En sanidad animal existe también una filosofía fundamentalmente preventiva. Una buena alimentación, unas condiciones ambientales adecuadas, higiene, ejercicio, pastoreo y un correcto manejo sanitario pueden ayudar a reducir parte de la casuística que posteriormente necesita tratamiento. También se usan tratamientos naturales reglados sin residuos en el animal ni en sus producciones. Esto tiene además una dimensión One Health. Reducir el uso de antimicrobianos contribuye a disminuir la presión que favorece la aparición y propagación de resistencias a los antibióticos. Además, medicamentos veterinarios y sus metabolitos pueden llegar a estiércoles y purines y posteriormente al suelo y al agua.

Finalmente, todo esto tiene que ser comprobable. En Asturias contamos con COPAE, que desarrolla una labor fundamental en el control y certificación de la producción ecológica. Esa supervisión es precisamente la que aporta confianza al consumidor. Por eso, cuando encontramos el logotipo ecológico europeo y la identificación correspondiente del organismo de control, no estamos ante una simple declaración comercial. Detrás existe un sistema regulado, certificado y sometido a controles desde el origen hasta que el producto llega al consumidor.

—¿Empieza el consumidor a valorar más que antes la producción ecológica?

—Sí, creo que existe mucha más conciencia que hace unos años sobre cómo se producen los alimentos y qué hay detrás de ellos. Y no es solamente una percepción nuestra. Sucesivos Eurobarómetros vienen mostrando una preocupación muy elevada de los ciudadanos europeos por cuestiones relacionadas con la forma de producir: bienestar animal, medio ambiente, sostenibilidad y calidad de los alimentos.

Los datos son bastante claros. Eurobarómetros sobre bienestar animal ya nos hablan de que el 84% de los europeos considera que el bienestar de los animales de granja debería estar mejor protegido y alrededor del 90% considera importantes unas prácticas ganaderas y de cría que respondan a determinados requisitos éticos. También ha aumentado considerablemente el conocimiento de la producción ecológica y de su identificación. El reconocimiento del logotipo ecológico europeo ha crecido de forma importante durante los últimos años.

En este cambio de percepción también han tenido un papel muy relevante las redes sociales y los nuevos canales de comunicación. Hoy el consumidor no solo recibe información a través de los medios tradicionales, sino que puede acercarse mucho más a la realidad del campo, conocer cómo se trabaja en las explotaciones y entender qué hay detrás de los alimentos que consume. Los datos de consumo muestran igualmente una evolución. En España, desde 2012 el gasto en productos ecológicos ha aumentado de forma muy importante y actualmente representan una parte mayor de la cesta alimentaria que hace una década. Creo que esto refleja un cambio interesante: el consumidor ya no mira solamente el producto final; cada vez quiere saber más sobre cómo se ha producido, de dónde procede y qué existe detrás de ese alimento.

—¿En la compra de leche ecológica entran en juego otros parámetros?

—En ese sentido, cuando alguien compra leche ecológica no está comprando solamente leche. Está eligiendo también una determinada forma de producir: un sistema certificado que incorpora requisitos relacionados con la alimentación, el bienestar animal, el aprovechamiento de los recursos naturales, la biodiversidad y el medio ambiente. Ahora bien, también tenemos que ser realistas. La situación económica de las familias condiciona inevitablemente la cesta de la compra. Una cosa es valorar estos atributos y otra poder asumir siempre el diferencial de precio.

Por eso creo que también sería interesante plantear una reducción del IVA de los productos ecológicos, que ayudase a fomentar su consumo y a hacerlos accesibles a una mayor parte de la población. Si estamos pidiendo sistemas de producción que incorporen mayores exigencias ambientales, de bienestar animal y de sostenibilidad, tiene sentido estudiar también medidas que faciliten al consumidor elegir esos productos sin que el precio se convierta en una barrera. Cuidar el territorio, cuidar a los animales y cuidarnos a través de la alimentación debería ser más accesible para todos.

En Asturias contamos además con un tejido comercial ecológico muy ligado a la proximidad y al territorio, lo cual es una fortaleza. Los datos del MAPA reflejan un peso especialmente importante de los operadores minoristas ecológicos en nuestra comunidad. Pero tenemos que desarrollar también el otro extremo de la cadena: una mayor capacidad mayorista, logística y de distribución, que permita que nuestros productos alcancen mercados de mayor dimensión dentro y fuera de Asturias. El comercio de proximidad aporta identidad y conexión con el consumidor; una buena distribución aporta volumen y nuevos mercados. Necesitamos ambas cosas. El producto ecológico asturiano tiene que poder salir de Asturias, llevando Asturias en la etiqueta.

—¿Hay en el mundo ecológico mucha lucha por el precio del litro de leche?

—Sí. La producción ecológica no está aislada de los problemas económicos que afectan al conjunto del sector lácteo. El ganadero ecológico también tiene costes de producción, como los asociados a la sequía, que encarecen los de alimentación de los pastizales; también necesita que su leche sea recogida y transformada y depende de que exista un mercado capaz de absorberla. Por tanto, necesita recibir un precio que permita mantener viable su explotación. En ecológico existe además una cuestión fundamental: no podemos exigir al ganadero un modelo de producción diferenciado y después no reconocer económicamente ese esfuerzo. Mantener tierras, cumplir los requisitos de certificación , gestionar el pastoreo, cuidar el bienestar animal y producir bajo unas condiciones determinadas tiene que ser compatible con que el productor pueda vivir dignamente de su trabajo. Porque la sostenibilidad tiene tres dimensiones: ambiental, social y económica.

En Asturias tenemos la suerte de contar, además, con iniciativas que ayudan a diversificar las salidas de nuestra leche. Campoastur, con su apuesta por la leche ecológica a través de CampoBio, desempeña un papel muy importante en la recogida, transformación y comercialización, ofreciendo una alternativa más a los productores, para aumentar su valor añadido y ser más competitivos. Un buen ejemplo es el desarrollo de productos como el queso azul ecológico CampoBio, que demuestra que nuestra leche puede convertirse aquí en productos de mayor valor añadido y abrir nuevas posibilidades comerciales. Igualmente bien lo hacen sociedades transformadoras como los Caserinos o como lo hizo en su día los pioneros Casería. Alto la Madera .

Asociación Leche Ecológica CertificadaCedida

—¿Qué futuro tiene la leche ecológica asturiana?

—Creo que tenemos muchas de las condiciones necesarias para que el sector tenga futuro y aprovecharlas. Asturias tiene territorio, pastos, conocimiento ganadero, una tradición láctea y quesera extraordinaria y un sistema de producción que encaja muy bien con muchos de nuestros recursos naturales. El reto es conseguir que todo eso se traduzca en explotaciones viables, como ya se ha demostrado, relevo generacional necesario y productos de valor añadido que dan oportunidades económicas para el medio rural. Y el futuro de la producción ecológica no está reñido con la modernización. Al contrario. Podemos utilizar GPS, digitalización, cercados inteligentes o maquinaria autónoma para gestionar mejor animales y parcelas.

Además, la sostenibilidad empieza a convertirse también en una oportunidad económica. La contratación pública y muchas cadenas privadas incorporan cada vez más criterios ambientales y de sostenibilidad en sus compras. Poder acreditar una producción certificada, trazable y con indicadores ambientales puede ayudar a diferenciar nuestros productos y abrir nuevas oportunidades de mercado. Y hay algo que me parece especialmente importante: cuando desaparece una ganadería no perdemos solamente litros de leche. Podemos perder también el uso ganadero de las tierras que mantenía y, con él, praderas, paisaje, biodiversidad, actividad económica y conocimiento acumulado durante generaciones. Mantener ganadería ligada a la tierra es también una forma de gestionar y conservar nuestro territorio.

—¿Qué desafíos se le presentan al sector en los próximos años?

—ALECA ha realizado durante estos años un trabajo importante de unión, formación, acompañamiento y defensa de los productores, pero este camino no se ha recorrido en solitario. El apoyo de Europa a través de los incentivos económicos a la ganadería ecológica y la apuesta del Gobierno del Principado de Asturias por este modelo sostenible y cooperativas como Campoastur han sido fundamentales para el desarrollo del sector. También contamos con la labor de COPAE, cuyo trabajo de control y certificación aporta confianza al consumidor y protege a los productores que cumplen las normas.

El desafío a futuro es conservar las explotaciones y las tierras, incorporar nuevos ganaderos, aprovechar la tecnología, transformar más producto aquí y conseguir que el valor generado llegue también al territorio que lo hace posible. Porque el futuro del ecológico no debería medirse solamente en la cantidad de litros que produce una vaca. Debería medirse también en animales sanos, productores lácteos que puedan vivir de su trabajo, tierras que continúen productivas, alimentos que generen confianza y pueblos que sigan teniendo actividad.

 

 


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