Del Calero que acompañó a Hierro en 2016 al que vuelve en 2026: cuatro jugadores para explicar la década del nuevo entrenador del Real Oviedo
Azul Carbayón
Héctor Nespral, Saúl Berjón, Alfredo Ortuño y José Luis Morales repasan con La Voz de Asturias el 'método Calero' que se vio en el Oviedo, Burgos, Cartagena y Levante
12 Jun 2026. Actualizado a las 11:25 h.
Diez años, ese es el tiempo que ha pasado desde que Julián Calero aterrizó en Oviedo acompañando a Fernando Hierro en 2016 hasta que ahora, en 2026, regresa como líder del proyecto azul tras el descenso a Segunda División. Una década en la que al madrileño le dio tiempo a ir a todo un Mundial acompañando de nuevo a Hierro, hacerse cargo de cinco proyectos en solitario, evolucionar como entrenador y, sobre todo, asentarse como uno de los técnicos más fiables del fútbol profesional español. Y eso último, más que los años, lo avala su trabajo. LA VOZ DE ASTURIAS charla con cuatro jugadores que coincidieron con Julián Calero en cuatro etapas clave de su carrera y repasan 'el método Calero' que ahora volverá a verse en El Requexón.
El segundo con alma de primero
8 de junio de 2016. El fútbol español reaccionaba sorprendido a la contratación de Fernando Hierro como entrenador del Real Oviedo. El malagueño, leyenda como jugador, debutaba en los banquillos y a la capital del Principado llegó con un tal Julián Calero como mano derecha. Muchos de los jugadores azules que se pusieron a sus órdenes aquella temporada no sabían que el madrileño iba a ser tan mano derecha, claro. «Al principio era llamativo, también por lo que suponía la figura de Hierro. Era todo como un club inglés, con Calero ganando mucho peso en el día a día y Hierro gestionando un poco todo por encima. Incluso las sesiones de vídeo y tal eran cosa de Calero, aunque luego las decisiones importantes sí las tomaba el míster», recuerda Héctor Nespral. El ovetense, canterano, afrontaba su primera temporada -y única- como jugador de pleno derecho del primer equipo tras toda una vida en El Requexón.
«Tenía mucho peso en el día a día. A nivel de estudios, técnica, táctica y vídeos se veía una persona muy preparada y con un discurso que convencía», explica un Nespral que no vivió un año sencillo. El centrocampista fue víctima de una plantilla muy larga que también se reforzó en el mercado invernal y no debutó hasta la última jornada de liga, en Elche. Eso sí, pocos como él pueden hablar de la figura de Calero como gestor, ya vivió de primera mano como el madrileño trata a los que menos juegan. «Era bastante cercano con el futbolista, asumió también ese papel habitual en el segundo entrenador. Aquella era una plantilla de pesos pesados, con mucho veterano que llevaban tiempo en Oviedo y había que tener mano izquierda y ser inteligente para gestionarlo», dice Nespral. Esto de los pesos pesados que llevaban mucho tiempo en el club puede ser algo que se vuelva a encontrar Calero diez años después.
Burgos, donde la carrera despegó
Precisamente, en el mercado invernal de aquella 16/17, un tal Saúl Berjón regresó al Real Oviedo. El canterano llegó y fue titular casi desde el primer momento, ocupando una banda izquierda donde Miguel Linares jugó muchísimos partidos durante la primera vuelta precisamente por su sacrificio defensivo. «Tuve de todo tipo a lo largo de mi carrera y tampoco me sorprendió tanto, pero evidentemente en Julián veías un segundo con la mente ya de ser primero en un futuro», recuerda Saúl Berjón. Pero donde el ovetense y el técnico se conocieron de verdad fue en Burgos. El que era capitán azul no contaba para el Real Oviedo en 2020 y Michu, director deportivo en El Plantío, descolgó el teléfono. Allí ya le esperaba Julián Calero con el claro objetivo de ascender a Segunda. «Desde el primer día nuestra relación fue de confianza y supo cuidarme. Me dio cariño y eso se transmitió en el campo», comenta.
Berjón volvió a ver en Burgos muchas de las cosas que conoció en Oviedo tres años antes. El cuadrado seguía estando ahí, vaya. «Trabaja unos automatismos para que calen en todos los jugadores, nos decía que el cuadrado tenía que ser como cuando subías al coche, que lo primero que haces al sentarte es poner el cinturón. Juntar líneas, incluso corriendo para atrás, cuadrado y evitar que entren. Pasaban los meses y ya éramos nosotros los que hablábamos del cuadrado. Lo machacaba mucho día a día y te aseguro que me sé la charla que va a dar en El Requexón en las primeras semanas de la pretemporada», dice Berjón. Quédense con el cuadrado, esa forma de juntar líneas que tiene Calero en la que delanteros y doble pivote o el doble pivote y los centrales tapan el juego interior del rival. Se vio en Oviedo, en Burgos, en Cartagena y en el Levante, independientemente de que las apuestas ofensivas fuesen diferentes.
El Burgos regresó 19 años después al fútbol profesional con Calero liderando desde el banquillo y Saúl Berjón desde el terreno de juego. Ya en Segunda, los blanquinegros dieron guerra y siempre estuvieron más cerca del playoff que del descenso: «no cambiamos mucho futbolísticamente, seguíamos siendo un equipo muy junto, arropado tanto con como sin balón. Cuando robábamos pasaban cosas y teníamos claro lo que hacer, y eso no se ve en todos los equipos y menos en los considerados ultradefensivos». Eso sí, el rol del ovetense fue cambiando y pasó de tener mucho protagonismo a jugador de rotación, hasta que en enero de 2023 se fue del Burgos. «Son situaciones que se dan en el fútbol y lo llevamos ambos con normalidad. Gaspar metía goles, Valcarce metía goles y tocaba esperar la oportunidad y sumar como se podía. Tuve la lesión en el último año y hubo que colgar las botas. Calero siempre me trató de la misma forma», concluye un Saúl que ya le ha dado la bienvenida a la capital del Principado.
Cartagena: llegar, salvarse y marchar
Julián Calero no renovó con el Burgos al término de la 22/23, salió al mercado y no consiguió ningún banquillo durante aquel verano. En septiembre sonó el teléfono y era el Cartagena, así que el madrileño hizo las maletas y para allá que se fue. Por poner en contexto, el Efesé había rozado el playoff en las dos temporadas anteriores a las órdenes de Luis Carrión y en las primeras siete jornadas de esa 23/24 sumó un triunfo y seis derrotas con Víctor Sánchez del Amo. El Cartagena era colista a cuatro puntos de la permanencia y en esa plantilla el delantero era el exoviedista Alfredo Ortuño. «El estado anímico del equipo era nulo, no había. Cuando llegó Calero, el suyo pasó a ser el estado anímico del equipo, directamente. Aun así, el comienzo fue muy duro, porque con Julián mejoramos, pero los resultados no llegaban», explica el atacante.
El proyecto seguramente no era el que Calero esperaba cuando decidió no seguir en Burgos, pero se puso manos a la obra. «El punto de inflexión fue el último partido antes de irnos de vacaciones de Navidad. Perdimos 3-0 en Huesca y nos fuimos a casa a 8 puntos de la permanencia, que es una barbaridad. Cuando volvimos, tras dos semanas sin competir, nos mirábamos y no sabíamos que hacer. Calero llegó y nos sorprendió hablando del torneo Clausura, nos dijo que teníamos que salir campeones de la segunda vuelta, nos lo metió en la cabeza», recuerda Ortuño. No fueron campeones, pero casi, ya que el Cartagena fue quinto en esa clasificación parcial y se salvó de forma holgada. «Hicimos 36 puntos, muchísimos. Habíamos hecho 15 en la primera vuelta. Nos vendió lo del Clausura y se lo compramos. Desde el primer día nos ponía en el vestuario la clasificación de la segunda vuelta y no bajábamos del tercer puesto, nos agarramos a eso y resultó ser una gran idea».
En cuanto al estilo de juego, Ortuño da las claves de aquel Cartagena. «Sabía lo que era el Calero del Burgos, pero reconozco que en Cartagena ya vi que tenía mucho más fútbol del que yo había visto por la televisión», explica el exoviedista. Y sí, también habla de lo que ustedes ya están pensando. «El cuadrado, el famoso cuadrado. En Cartagena también supimos lo que era. Los jugadores queremos resultados y a mí me resultó lo que Calero me decía, porque metí goles y valían puntos. Nos sacó un dato tremendo, que metimos un gol o dos más que en la primera vuelta pero hicimos más del doble de los puntos, una barbaridad. Le sacamos mucho rendimiento a los goles y en eso siempre fue buenísimo, algo clave en Segunda». Diez goles metió en aquella temporada Ortuño.
El Levante, su obra cumbre
Llegamos a la temporada que hizo que mucha gente en el fútbol español pasase hablar de Calero como un entrenador sólido y válido para lograr permanencias en Segunda División a un técnico con capacidad para crear equipos ricos en la parcela ofensiva y capaces de crear muchas ocasiones de gol. Porque eso fue su Levante 24/25. Pocos mejores que José Luis Morales, capitán de aquel equipo, para explicar el trabajo del madrileño en el Ciutat de Valencia. «Desde el primer día la relación fue muy buena, de ayuda y respeto mutuo. Mi situación no era la ideal y conmigo tenía una papeleta difícil, porque había aficionados que no estaban muy de acuerdo con mi regreso por lo de irme al Villarreal años antes. Volvía y Calero sabía que yo iba a estar en el foco, pero a personalidad pocos le ganan y me dio mucha importancia durante la temporada», recuerda Morales.
Uno mira la plantilla del Levante que hace un año ascendía ganando en El Plantío y se fija en muchos futbolistas, pero en aquel verano pocos contaban con ellos. Los granotas, siendo recién descendidos desde Primera en la 22/23, rozaron el ascenso con Javi Calleja. Ya en la 23/24 el presupuesto bajó en picado y la temporada fue discreta, hasta llegar a esta 24/25 en la que el Levante de Calero no entraba en las apuestas como candidato al ascenso directo. Al playoff igual sí, pero como otros diez equipos de la categoría. Morales, que tenía referencias de Calero por compañeros del fútbol madrileño, define cómo era el día a día de aquel equipo. «Todos los días son muy intensos, Julián prefiere menos tiempo de trabajo pero a mucha intensidad. Hora y media o menos, incluso. No le hicieron falta dobles sesiones con nosotros, porque entrenábamos tan a full en una que no se podía hacer otra. Incluso en pretemporada, eh. Al menos fue así en el Levante y no le fue mal. Confía mucho en su método y va con ello a muerte porque les ha funcionado».
Y sí, otra vez el cuadrado. «Tiene su vocabulario y lo machaca y lo machaca. Tiene palabras clave y los jugadores saben lo que pide cuando las pronuncia. El cuadrado es una de ellas. No presionaba muy alto pero tampoco esperaba atrás, equipo junto, líneas juntas y ese cuadrado de x metros de ancho. Nos decía que en ese cuadrado estaba nuestra casa y quien quisiera entrar a robar lo teníamos que sacar de ahí. Conceptos muy suyos, graciosos y fáciles de entender. Claro, cuando jugamos contra el Burgos, si gritábamos algún concepto de los que teníamos trabajado el del Burgos que había coincidido con Julián lo entendía perfectamente». La historia se repite, aunque ese Levante dio un rendimiento ofensivo que no se vio en Burgos o Cartagena. «En el fútbol te etiquetan enseguida y a los entrenadores más. Calero es un técnico que se adapta muy bien a lo que tiene y en el Levante se encontró con jugadores que seguramente no le podían dar el rendimiento defensivo de Burgos o Cartagena, pero sí éramos capaces de hacer otras cosas a nivel ofensivo. Se adaptó a la perfección y eso es una cualidad buenísima de un entrenador», dice Morales.
Hay diferentes opiniones en cuanto a ese cambio de juego mostrado en el Levante. Saúl Berjón, por ejemplo, defiende que ese equipo jugaba mejor «porque también tenía jugadores muy buenos». Por su parte, Ortuño reconoce que le sorprendió «muchísimo», ya que «el Levante de Calero no tenía nada que ver con el Cartagena o el Burgos de Calero. Eso demuestra que es muy inteligente y que se sabe adaptar a lo que tiene. Muchos entrenadores hacen lo contrario». José Luis Morales zanja el tema dando las claves de lo que fue ese equipo que ascendió como campeón y cuyos 69 goles anotados solo fueron superados en la categoría por los 72 de un Almería que acabó mordiendo la lona ante el Oviedo en el playoff. «Tenía jugadores de ataque a los que darles de comer y lo hizo, el Levante era un equipo que en cualquier momento podía hacer gol. Quizá en algún momento sacrificó esa solidez que a él le gusta, pero en general encontró el equilibrio y formó un gran equipo», explica el que era capitán granota.
Morales, que como él mismo explicó arrancó el año siendo muy discutido, acabó el curso marcando 11 goles y dando 4 asistencias. Con 37 años, ojo. Y junto al madrileño los 11 goles de Brugué, los 7 de Carlos Álvarez o los 6 de Kocho, todos jugadores de segunda línea. «El juego colectivo potenció el rendimiento individual de muchísimos jugadores y eso no lo logra un entrenador defensivo», explica José Luis Morales. El curso siguiente fue diferente y tras un arranque dubitativo -victoria ante el Oviedo de Paunovic incluida-, Calero fue despedido en noviembre y Luis Castro logró salvar al Levante. Eso sí, Morales no duda: «No me sorprende la apuesta del Oviedo. Conoce la casa y creo que se puede adaptar a la perfección, más allá de que el fútbol es como es, claro. Si cala su mensaje y los jugadores confían Calero puede hacer grandes cosas en el Real Oviedo».