La Voz de Asturias

Envejecer con calidad de vida: así adapta Asturias sus servicios para mejorar el día a día de las personas mayores

Derechos Sociales

Esther Rodríguez Redacción

Derechos Sociales potencia el envejecimiento activo con más de 400 actividades en las que participarán más de 30.000 personas este año

18 May 2026. Actualizado a las 05:00 h.

Vivir más tiempo carece de sentido si esos años adicionales no se disfrutan con calidad, autonomía y bienestar. El ejercicio regular, una alimentación equilibrada, la estimulación cognitiva y el mantenimiento de relaciones sociales son pilares esenciales para un envejecimiento activo y saludable. Consciente de ello, el Gobierno del Principado ha impulsado la estrategia CuidAs, un plan orientado a garantizar que las personas mayores mantengan el control de sus vidas, aunque necesiten apoyos, y puedan seguir vinculadas a su comunidad. Para perseguir este objetivo, desde la Consejería de Derechos Sociales se promueven actividades y espacios de encuentro que fortalecen el cuerpo, estimulan la mente y refuerzan los vínculos sociales.

Actualmente, en cerca de una treintena de centros sociales que conforman la extensa red pública se llevan a cabo más de 400 actividades orientadas a fomentar una vejez autónoma y con propósito. De esta oferta se benefician unas 30.000 personas mayores de 64 años, en una iniciativa que busca también combatir la soledad no deseada. Calificada como una «pandemia silenciosa», esta situación genera graves efectos en la salud pública y en el tejido social cuando se vuelve crónica, por lo que su prevención resulta clave si lo que se pretende es garantizar el bienestar físico, emocional y mental de las personas mayores, además de reforzar su papel protagonista en una sociedad que les debe gran parte de lo que hoy es.

«Los centros sociales que tenemos repartidos por toda Asturias cumplen una función clara: lograr que la comunidad de personas mayores sea activa, dinámica y cohesionada», destaca Enrique Rodríguez Nuño. El director general de Promoción de la Autonomía Personal y Mayores señala que, para cumplir este objetivo, es necesario fomentar acciones que refuercen la motivación y la convivencia. «Se trata de que las personas acudan al centro y socialicen. Al realizar actividades que las estimulan cognitiva y emocionalmente, prevenimos el deterioro físico y reducimos el consumo de fármacos, generando así un impacto positivo en toda la sociedad», explica, y recuerda que esto solo es posible con centros accesibles, algo con lo que el Gobierno autonómico está plenamente comprometido.

Uno de los centros en los que se ofrece una atención integral a las personas mayores durante todo el día y en el que, además, se llevan a cabo actividades que permiten mejorar su autonomía personal y su calidad de vida se encuentra en Pumarín. Para buena parte de la población de edad avanzada que reside en dicho barrio de Oviedo, este recurso sociosanitario se ha convertido en su segunda residencia, puesto que en él encuentran la compañía y el apoyo que necesitan en el día a día. En este espacio público tienen también la oportunidad de conservar sus capacidades cognitivas y físicas, ya que se llevan a cabo talleres que estimulan cuerpo y mente, además de contribuir a que sus participantes se sientan plenos y activos.

En su mayoría impartidos por personas voluntarias comprometidas con el bienestar de los más mayores, estos talleres se organizan en torno a diferentes áreas de aprendizaje para responder así a diversas necesidades e intereses. Con una duración máxima de una hora y media, con el fin de evitar la fatiga de los asistentes y garantizar una implicación activa durante toda la sesión, incluyen propuestas muy variadas que abarcan desde la lectura y la escritura hasta el manejo de las nuevas tecnologías o la elaboración de piezas artesanales. Unas actividades que convierten a este centro de día, situado en la calle Palmira Villa, en un lugar de participación, aprendizaje y, por supuesto, convivencia. Son muchos los vecinos que encuentran en este espacio su punto habitual de reunión.

El director general de Promoción de la Autonomía Personal y Mayores, Enrique Rodríguez Nuño, conversa con tres de las participantes del taller de lecturaHéctor Herrería

Cada semana, sin faltar a la cita, salvo por una causa de fuerza mayor, cerca de una veintena de mujeres, se dan cita en una de las amplias salas situada en la segunda planta de este centro de día para comentar la novela o la poesía que están leyendo. Intercambian opiniones, hablan de los protagonistas y comparten también impresiones sobre la trama y los temas que aborda la obra. «Analizamos las 100 o 100 y algo páginas que leemos cada semana en nuestra casa», precisa Inés Suárez, quien es la encargada de impartir este taller de lectura, al que precede una introducción en la que esta profesora de Lengua y Literatura contextualiza la obra, acerca la figura del autor o la autora y ofrece las claves literarias necesarias para comprender mejor el libro.

Debido a la implicación de esta docente ya jubilada, aquellas personas mayores que participan semanalmente en este taller, impulsado por el fallecido profesor José Luis Cano, se adentran en el mundo de la creación artística basada en el lenguaje con mayor profundidad. «Vemos los distintos autores de las distintas etapas de la literatura, leemos obras de géneros muy variados desde poesía hasta teatro, pasando por ensayo y novela», señala. La elección de los títulos recae en Inés, puesto que cuenta con una amplia experiencia en este ámbito, mientras que otra socia del centro, también miembro del club de lectura, se ocupa de acudir a la Biblioteca Ramón Pérez de Ayala para retirar en préstamo los ejemplares y así favorecer el acceso de todas las participantes a las lecturas programadas.

Además de aumentar sus conocimientos y enriquecer su experiencia lectora, las mujeres —aún no hay hombres que participen en este taller— que forman parte de este club de lectura disfrutan de un espacio de socialización y convivencia. «Somos un grupo muy contacto, en el que todas congeniamos muy bien, por eso tenemos tan buena relación», asegura, antes de señalar que «como es una actividad que nos gusta y es un sitio en el que nos encontramos muy a gusto, venimos y marchamos siempre muy contentas». Esta sensación de bienestar ya se refleja en el nombre del taller: «Simplemente leemos, pero leemos para saber que no estamos solos», una frase de C.S. Lewis, autor de la saga Las crónicas de Narnia, que resume el espíritu del grupo y el valor de la lectura compartida.

Héctor Herrería

Mientras que este grupo de mujeres, que ya se consideran como «una pequeña familia», habla largo y tendido sobre la obra que están leyendo, en una de las salas más próximas a la entrada del centro de día de Pumarín varias personas mayores intercambian sus conocimientos. En este taller de «tú me enseñas, yo te enseño», cada participante comparte sus habilidades y saberes con el resto. Unos enseñan a encuadernar libros de forma artesanal, cuidando cada detalle del proceso. Otros muestran técnicas de tejido o elaboran piezas de patchwork con distintos diseños y colores. También hay quienes comparten trucos de cocina o pequeñas técnicas de artesanía tradicional. De este modo, el aprendizaje se construye de manera colectiva, a partir de la experiencia y la habilidad de cada uno.

Suelen ser unas 15 personas las que se reúnen cada martes por la tarde para demostrar que compartir es vivir. Allí intercambian conocimientos y técnicas que les permiten mantenerse activos, algo fundamental para sentirse vitales en esta etapa de la vida. Una de las participantes de este taller, que combina distintas disciplinas artesanales, es Sol Pérez, quien aterrizó en este grupo de la forma más inesperada. «Vine a una charla completamente distinta a esto y terminé haciéndome socia. Fui a un taller de patchwork, donde conocí a Tere —una de las mujeres que participan en “Tú me enseñas, yo te enseño”— y decidí apuntarme con una amiga. Empecé con muy poca experiencia en esto, pero me adapté muy bien», asegura.

Gracias a su participación en este taller, esta ovetense está confeccionando su propia bolsa de patchwork, algo que jamás habría imaginado ser capaz de hacer. Mientras perfecciona esta técnica artesanal, basada en unir retales de diversos colores, formas y texturas para crear piezas únicas, también comparte sus conocimientos y enseña a tejer a otras participantes. Les imparte pequeñas formaciones sobre las diferentes maneras de trabajar la lana, con el fin último de que aprendan a crear sus propias prendas, ya sea un jersey, una bufanda o unos calcetines. De esta manera, no solo pasa un rato entretenido —«es un taller en el que además te ríes mucho»— sino que encuentra un verdadero refugio social. «Aquí puedes hablar de lo que piensas, incluso de tus problemas, porque nos escuchamos mutuamente», asegura con convicción.

Imagen de archivo de una persona sujetando un teléfono móvil.

Otra de las actividades que se realizan en este centro social de Pumarín para fomentar ese envejecimiento activo y saludable está enfocada a reducir la brecha digital. «Lo que hacemos es que el teléfono, que muchos solo utilizan para llamar, pase a ser una herramienta útil. Les enseñamos a mandar mensajes de WhatsApp a la familia o a hacer fotografías. Después, de manera progresiva, les enseñamos a utilizar la banca digital para que eviten colas en los bancos y les ayudamos a instalar aquellas aplicaciones que más les interesan», detalla Guillermo Díaz, presidente de SECOT, entidad cuyos miembros imparten de manera voluntaria estos talleres, que tienen un enfoque eminentemente práctico.

El hecho de ver las nuevas tecnologías como un aliado y no como un enemigo hace que los participantes en estos talleres se sientan más jóvenes. «Lo que observamos es que, de alguna manera, rejuvenecen. Se sienten como sus hijos y sus nietos», asegura, y señala que muchos de ellos les piden que organicen más de una sesión para seguir descubriendo las ventajas que ofrecen estos dispositivos en su vida diaria. Cabe señalar que estas actividades, que facilitan a las personas mayores desenvolverse con seguridad en un entorno digital, no solo se desarrollan en el Centro Social de Pumarín, sino también en otros centros de Oviedo e incluso del resto de Asturias. «Ahora mismo estamos también en el Centro Social Villa Magdalena, en la avenida de Galicia, en Oviedo, y también en Sama de Langreo», precisa. Buscan ofrecer una atención completamente personalizada; por ello, siempre cuentan con dos monitoras en cada sesión.

El 95% de las personas que participan en estas actividades se sienten plenas

Al igual que los talleres tecnológicos, las clases de idiomas orientadas tanto al aprendizaje como a la conversación, impartidas en otros centros de la red pública asturiana, se han convertido en un importante reclamo para las personas mayores. Para medir el éxito de estas actividades, Enrique Rodríguez explica que se realiza una evaluación continua junto a la dirección de los centros, que incluye encuestas de satisfacción y la elaboración de una memoria anual con parámetros definidos.

«El impacto lo vemos en el funcionamiento. Analizamos la satisfacción de las personas usuarias y también la mejora que experimentan al participar, porque lo que fomentamos es su implicación activa en la comunidad», señala. Según los datos recogidos, la satisfacción supera el 95 % y se constata una mejora en la autoestima y en la percepción de utilidad social de los participantes, lo que confirma, añade, una evolución «muy positiva» del programa.

Actividades complementarias

Además de realizar estos talleres, desde la Consejería de Derechos Sociales y Bienestar se llevan a cabo más de 200 actividades financiadas íntegramente por el Principado, mientras que otras se desarrollan con la colaboración de entidades como la Fundación La Caixa, la Universidad de Oviedo, varias entidades culturales y la Plataforma del Voluntariado del Principado, con el objetivo de promover un envejecimiento activo y saludable de la población asturiana.

Todas estas iniciativas, enmarcadas en la estrategia CuidAs, tienen un doble enfoque: atender de forma personalizada a las personas mayores que requieren cuidados específicos y, al mismo tiempo, fomentar la autonomía antes de que aparezca una situación de dependencia o una necesidad concreta. «Lo que buscamos es potenciar la autonomía de nuestros mayores y crear una verdadera cohesión social para que la comunidad sea fuerte y podamos, entre todas y todos, salir adelante», concluye Enrique Rodríguez, poniendo en valor un modelo que apuesta por el acompañamiento, la prevención y la participación activa de las personas mayores en la vida comunitaria.


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