Cremela: cuando un helado sabe a mucho más que verano
Sabe bien
La empresa fundada por José Salas combina tradición, creatividad e ingredientes de proximidad para elaborar propuestas que rompen con los sabores convencionales
17 Jul 2026. Actualizado a las 05:00 h.
José Salas es el dueño y fundador de Cremela, una cadena de helados artesanales con varios locales a lo largo de todo Asturias. Lo que hace tan distintiva a esta empresa es que sus helados se lanzan de lleno a la vanguardia y a la experimentación y fusión de sabores, mezclando tradición con innovación.
En palabras del empresario, «resulta difícil decir qué sabores tenemos ya que cada semana cambian. Estamos constantemente explorando nuevas creaciones». Y es que no sólo tienen sabores típicos como la fresa o la vainilla, sino que las mezclan con influencias gastronómicas procedentes de todo el mundo, buscando ofrecer al paladar nuevos sabores que pueden parecer lejanos o incompatibles a priori. Por ejemplo, algunos de los helados que crearon incluían sabores tan innovadores como la berenjena asada, el mismo o el pomelo.
Helados con sabores salados. Platos típicos de restaurante en un cucurucho. La empresa de José busca aprovechar la riqueza alimentaria de Asturias, de donde obtienen parte de los alimentos gracias a la colaboración con productoras locales, además de importar materias primas de todo el mundo. Por ejemplo, este año han estado muy enfocados en explorar diferentes posibilidades con el chocolate, desarrollando el concepto «bean to bar», mediante el cual obtienen los granos de cacao para crear su propio chocolate y después servirlo en la heladería. En concreto, este año habrían obtenido cacao procedente de lugares como Tanzania, Madagascar o México.
Sin embargo, la labor de Cremela no se queda ahí, y es que también buscan cuidar la alimentación, intentando controlar las cantidades de azúcar en sus productos, así como garantizar un buen aporte de proteínas y otros nutrientes. Además, consideran que sus helados con «cálidos», es decir, no se centran tanto en congelar el hielo para elaborarlos, sino que dirigen completamente su enfoque hacia los ingredientes.
Natural de Salas, José inició sus pasos por el mundo de la gastronomía a los 15 años como camarero, pasando después por varios restaurantes. Siempre mostró un gran interés por el dulce y los postres, los cuales considera que tienden a dejarse en el último plano en muchos restaurantes. Sería en una de estas experiencias en la restauración cuando comienza a explorar la creación de helados: «Teníamos una máquina de hacer helados en el restaurante, pero no conocía mucho sobre el tema. Me formé y viajé para aprender lo máximo posible de otros lugares».
A partir de ese momento, logró rodearse de un equipo que compartía la misma ambición por seguir creciendo y aprendiendo más sobre esta labor hasta poder ponerla en práctica, abriendo el primer local en Cangas de Onís. Un proceso que recuerda por el esfuerzo y la atención al detalle.«No abrimos una heladería al azar», explica. Y así, progresivamente, fueron creciendo hasta llegar a tener varios locales a lo largo de todo Asturias.
En el caso de José, la transición del mundo hostelero hacia el mundo empresarial fue bastante orgánica: «Yo creo que siempre estamos emprendiendo de una forma u otra, pero el secreto no es el simple hecho de emprender, sino encontrar la felicidad con lo que se hace. En cualquier labor, lo más importante es querer evolucionar y no conformarse y parar».
Con esa apuesta por la innovación constante, el producto de proximidad y la formación continua, Cremela ha conseguido hacerse un hueco en el panorama gastronómico asturiano. Para José Salas, el objetivo sigue siendo el mismo que cuando abrió su primer local: sorprender al cliente con sabores diferentes sin renunciar a la calidad, demostrando que un helado también puede convertirse en una experiencia gastronómica.