Las críticas más airadas de turistas en Gijón: «¿Y el padre del emigrante no tiene monumento?»
Gijón
Pese a que la capital turística de la Costa Verde se ha asentado especialmente en el último lustro como un destino muy codiciado, no faltan los visitantes que le sacan punta a cada uno de sus atractivos. Desde los que califican La Laboral como «El templo de los franquistas» a los que proponen reemplazar el Elogio del Horizonte por un hotel o poner en su lugar «un águila gigante (sic)»
28 Aug 2025. Actualizado a las 05:00 h.
Gijón es una ciudad acogedora, coqueta y abarcable, cuya oferta hostelera, sus arenales, gastronomía y clima suave han hecho que, especialmente tras la pandemia, su atractivo turístico se haya disparado. Solamente hay que darse un paseo por sus calles entre finales de junio y principios de septiembre para comprobar la variedad de acentos que se escuchan por sus barrios.
También se puede percibir ese repunte turístico en la dificultad para encontrar un hueco donde estacionar, reservar en un restaurante o caminar por ciertas aceras con prisa. Asimismo, la misión casi imposible en la que se ha convertido encontrar un piso en alquiler o en venta a precio razonable es un indicativo del atractivo de la ciudad para los visitantes de fuera. No obstante, esta historia de amor de los turistas con la Villa de Jovellanos no impide que, en ocasiones, sus ojos foráneos vean los atractivos de la ciudad con recelo e, incluso, los critiquen por razones muchas veces peregrinas, siendo eufemísticos.
«El templo de los franquistas»
Es el caso del complejo de La Laboral. Conviene indicar que van a aparecer muchos testimonios procedentes de la capital de España en este compendio de indignaciones, también por el hecho de que es uno de los principales focos emisores de visitantes en la ciudad. Hecha esta aclaración, un turista madrileño se refiere en Tripadvisor a la «decepción de la visita guiada», ya que «la mayor parte del edificio no está disponible». «Un poco timo lo de la visita interior, ya que esto no te lo advierten antes», concluye.
Otro visitante, en la misma plataforma, critica el edificio, pero en este caso por razones más bien ideológicas y a causa de su pasado. Lo califica como «el templo de los franquistas», además de «deleznable, asqueroso y fascista», explica. De opinión parecida es un turista que lo define como un «monumento a una época nefasta, con regusto a ínfulas neoimperialistas de quiero y no puedo», en el que «sólo entrar da malas vibraciones». Eso sí, esta persona, también procedente de Madrid, «salvaría las vistas desde la torre», aunque se queda «1.000 veces con El Escorial».
«Los perros son los dueños»
La playa de San Lorenzo tampoco se libra de los furibundos ataques de visitantes que, especialmente, se niegan a compartir su espacio con los mejores amigos del hombre. «Hasta mayo, la playa está tomada por los perros y sus dueños, que campan a sus anchas», indica una persona de fuera, pero que pasa largas temporadas en Asturias. A su juicio, los canes y sus propietarios «son los dueños, amos y señores de la playa», lo que da «una imagen de país tercermundista».
Otro turista madrileño lamenta el «aire muy contaminado» que se respira en el arenal gijonés.
Cimavilla, el barrio alto de la ciudad, es uno de los más visitados, si bien hay gente a la que su estampa no le termina de llenar. Y es que decía el poeta Félix Grande aquello de que «donde fuiste feliz alguna vez, no debieras volver jamás». Esa parece ser la opinión de un decepcionado turista murciano, que apunta en las reseñas de Google que estuvo en Cimavilla «hace ya unos años y era lo mejor de Gijón», con sus «sidrerías de barrio». A su juicio, «ahora hay menos, más modernas y con menús más elaborados», algo que «está bien, pero para los que vimos lo anterior ha cambiado un poco», en el sentido de que «ha perdido su encanto».
Las termas romanas de Campo Valdés tampoco le entraron por el ojo a un visitante vitoriano que, en Tripadvisor, relata como «la recepción y el local donde te ponen el video es mas grande que los restos», así como que «la foto promocional, que muestra unas columnas iluminadas, se corresponde a columnas de 25 centímetros que se ven por un orificio». Por lo demás, «los restos son pobres y no se exponen piezas representativas», al tiempo que la visita «se realiza sobre pasarelas, con techo que obliga a ir agachado», además de que «no son gratuitas, que sería lo adecuado».
¿Y el padre del emigrante «no tiene monumento?»
El cuñadismo en este tipo de opiniones tiende a hacerse fuerte en muchas ocasiones. Como en el caso de un turista que, respecto al homenaje a la Madre del Emigrante de El Rinconín, no puede evitar preguntarse «¿Y el padre no tiene monumento?». Otro visitante, de Valencia en este caso, detalla su odisea para buscar (y finalmente no encontrar) la obra de Ramón Muriedas. «Fuimos en coche y muy, muy, muy difícil de encontrar y localizar, no está bien señalizado, así que me di la media vuelta y me fui», remarca.
Mejor un hotel o un águila gigante que El Elogio del Horizonte
Al igual que en el caso de «La lloca del Rinconín», El Elogio del Horizonte de Chillida suscitó ciertas críticas en su momento, lo que no quita que haya ido ganándose el corazón de los gijoneses con el paso de los años, hasta ser asumida como parte esencial de la identidad visual de la ciudad.
En el lado crítico hacia la obra se sitúa un turista madrileño, que no duda en calificar de «feo y absurdo» el monumento, y abunda en que «cuando los privilegiados terrenos militares de Cimadevilla se entregaron al Ayuntamiento se optó por hacer lo progresista y políticamente correcto», es decir, «un enorme parque y una escultura de un autor, por entonces, de prestigio». «El resultado fue horrible», resalta.
A juicio de este turista, el parque «está en una península con unas rampas que hacen impracticable su disfrute» y la escultura «es una horrorosa mole de hormigón que si no hubiera sido firmada por Chillida nadie consideraría». Lo lógico en esa ubicación «privilegiada», a juicio de esta persona, hubiera sido «el hotel de cinco estrellas que Gijón necesita, con cafetería y restaurante que permitieran disfrutar de la panorámica».
Otro visitante define como «aberrante» la pieza, así como «una horrible mole de hormigón que habrá reportado seguramente pingües beneficios a su autor y a algún allegado más, pero que a algunos nos parece una monstruosidad que rompe con la armonía y excepcionalidad de un paisaje de por sí excelso». Otra turista madrileña va algo más lejos y se atreve a aportar sugerencias de lo que debería ubicarse en el emplazamiento donde se encuentra el Elogio. «Estas maravillosas vistas merecen una escultura que las identifique», indica, y propone «un águila gigante (sic), un precioso barco, un pescador... todo menos eso».
El Jardín Botánico Atlántico tampoco escapa de las iras de muchos turistas cuyas opiniones, seguramente, son esclavas de las altas expectativas generadas. En las reseñas de Google una visitante censura la mala conservación de sus instalaciones. «Lamentablemente, me encontré con un espacio que, si bien en el pasado debió de estar bien cuidado, hoy presenta un estado visible de abandono. Resulta triste ver que un lugar con tanto potencial para el disfrute y la educación ambiental no reciba la atención y el mantenimiento que merece».
Por otro lado, a esta persona le ha llamado la atención (y eso parece ser una constante en las críticas negativas del equipamiento) «la restricción que impide el acceso a perros, incluso cuando podrían ir con correa y bajo supervisión», cuando, en la actualidad, «muchos museos, parques y espacios culturales ya permiten la entrada de mascotas siguiendo ciertas normas, lo que demuestra que es posible compatibilizar su presencia con el cuidado de las instalaciones y la comodidad de todos los visitantes». Otro turista afirma que el equipamiento «está muy descuidado», con «plantas secas, enfermas, no cuidadas» y los caminos de tránsito «llenos de hojas, sin limpiar desde hace tiempo».
Más pequeño «que el acuario del zoo de Alcorcón»
El Bioparc Acuario de Gijón no parece haber impresionado a un turista de Arganda del Rey, que no duda en calificar de «estafa» la visita y los precios por recorrer un equipamiento que «no es más grande que el acuario del zoo de Alcorcón». Otro turista, cántabro en este caso, relata el calvario sufrido cuando él y su familia llegaron a las instalaciones tres minutos después de la hora de cierre y no les dejaron pasar. «Les hemos pedido por favor que los niños venían con mucha ilusión y han pasado», indica.
«Ahora soy del Real Oviedo»
El Molinón es otra estampa muy fotografiada de la ciudad que, sin embargo, no parece agradar a muchos visitantes en los últimos años, al menos en su exterior. En este sentido, un turista vigués califica el equipamiento donde juega el Real Sporting de Gijón como un «estadio feo por fuera», si bien por dentro no puede valorar «porque no pudimos entrar, en años anteriores dejaban entrar a los chavales». Insiste en que el estado del estadio es «lamentable». «Ahora soy del Real Oviedo», asegura.
Un visitante, en la misma línea, recalca que a él y a su grupo les «atendieron fatal» y no les dejaron sacarse una foto dentro, ya que el estadio le resultó «muy feo por fuera». En línea con el anterior visitante, su negativa experiencia ha hecho que sus afectos graviten hacia otro club a 30 kilómetros. «¡Que viva el Oviedo y Santi Cazorla!», concluye.