La Voz de Asturias

Garzón y Mario

Opinión

Jesús Soberón
El ministro de Consumo, Alberto Garzón, en una imagen de archivo.

17 Jan 2022. Actualizado a las 21:57 h.

Alberto Garzón es la prueba de que cuando te conviertes en el payaso de las bofetadas da igual lo que digas o hagas. En cuanto asoma la cabeza le caen a dolor, a diestra y siniestra. Todo el mundo se apresura a la cuchillada para cobrarse un trofeo del pelele caído. Empezó las navidades con polémica por una inocente campaña a favor de los juguetes no sexistas y las termina con unas declaraciones sobre la ganadería de carne que han provocado críticas airadas en todas partes, Asturias incluida.

Es verdad que su actitud, pelín altiva y docente casi siempre, no ayuda mucho. Tampoco la portavoz de las sonrisas y del gobierno, Isabel Rodríguez, arrojándolo a los leones al afirmar que el ministro hablaba a título personal. Pero luego lees sus declaraciones y no encuentras nada ofensivo para Asturias ni sus ganaderos, al contrario: «Aquí hay que diferenciar entre la ganadería industrial y la ganadería extensiva. Esta es una ganadería ecológicamente sostenible y que tiene mucho peso en determinadas regiones de España, como puede ser Asturias, parte de Castilla y León, incluso de Andalucía y Extremadura».

El ministro Garzón cita expresamente a Asturias (la comunidad entera, no solo una parte como matiza para el resto) como modelo de ganadería de carne ecológicamente sostenible y de calidad, frente a la ganadería industrial y las macrogranjas. Lejos de agradecerle al ministro la publicidad en The Guardian, asociando la marca Asturias a valores de sostenibilidad y calidad, nos hemos unido con entusiasmo a la lapidación, provocando incluso la baja, con insultos incluidos (babayu), de un ex alcalde de su propio partido.

Por fortuna Asturias no solo produce disparates. De vez en cuando alumbran luces en la oscuridad, como Mario Coviella, un crío de cinco años de Lieres, de familia ganadera, que en su carta a los Reyes Magos pidió «una xatina pinta negra que sea de verdad guapina y cariñosa, si no la podéis traer no traer nada. Muchos besos». El vídeo con los gritos de alegría del pequeño ganadero al ver cumplido su deseo, abrazado a su xatina Campera la mañana de Reyes, fueron, con mucho, lo mejor de las navidades en Asturias.

A diferencia del vídeo, la carta no ha recibido la atención que merece. En solo dos líneas, a sus cinco años, Mario nos ofrece una lección del arte de pedir. No pide una xatina cualquiera, la quiere «pinta negra« y también «guapina y cariñosa». Consciente ya a tan temprana edad de las limitaciones de los deseos humanos, intuye sencillo encontrar una xatina pinta negra, pero más complicado que sea guapina y cariñosa, reservando por ello el recordatorio expreso que sea de verdad solo para esos caprichosos intangibles de la belleza y el cariño.

Para evitar equívocos, termina la carta con una última muestra de sensatez y reproche velado frente al disparatado consumismo de estos tiempos: «Si no la podéis traer, no traer nada». Harto de juguetes convertidos en trastes olvidados en la cuadra a los tres días, Mario les dice a los Reyes Magos que si la xatina no pudiera ser, y tuvieran pensado traerle otro coche eléctrico, nave espacial o casco de superhéroe, ya pueden ir metiéndolo en culo. A poco atento que esté el ministro Garzón, tiene hecha la campaña de juguetes socialmente responsables de la Navidad de 2022.


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