Desconocimiento general
Opinión
02 Jan 2026. Actualizado a las 05:00 h.
La duda más típica en estos momentos es la de no saber hasta cuándo hay que decir ‘feliz año nuevo’ cada vez que te encuentres con alguien que no habías visto desde, al menos, Nochevieja (hay opiniones para todos los gustos). España cumple cuarenta años como país miembro de pleno derecho de la Unión Europea y el regalo estrella de l’Anguleru en muchas casas ha sido la baliza V16 que sustituye a la colocación de los triángulos cuando tengamos una avería con el coche. Por lo demás, hemos iniciado el 2026 con las noticias más típicas: subida de precios (entre otros, el peaje del Huerna/Güerna), los primeros nacimientos en nuestro país y de las emisiones del concierto de la Fimarmónica de Viena y de los saltos de esquí en Garmisch-Partenkirchen.
A falta de que tras la cabalgata de los Reyes Magos se repartan los últimos regalos, el periodo navideño encara su recta final. Desde hace tiempo el día de la Constitución está señalado para hacer el encendido de la iluminación de las calles (a mi entender se abusa de la decoración y no me gusta que se haya convertido en una carrera entre los diferentes municipios a ver qué sitio pone más iluminación por las calles), aunque también los supermercados contribuyen con la venta de turrones y otros productos a que ya en octubre empecemos a sentir la llegada de estas fechas. Al final se está alterando el calendario que socialmente nos habíamos marcado para reunirnos con familiares, amistades y compañeras y compañeros del trabajo.
El punto de inicio se establecía tradicionalmente con el sorteo de la Lotería de Navidad, que puede dar muchas alegrías o todo lo contrario viendo la fractura de una localidad como es Villamanín (León/Llión) a cuenta de que se vendieron más participaciones de las debidas. Yo no tengo más información que la que han transmitido los medios de comunicación, que unos casos se han posicionado del lado de las y los jóvenes que hicieron posible la venta del número 79.432 (atribuyendo a un error la existencia de un talonario de más), pero está otra teoría de que tienen razón esas personas que reclaman el premio íntegro por participación sin tener que someterse a una quita (y que no ven ningún fallo involuntario, sino una supuesta estafa). Yo personalmente, y reitero que sin más datos ni conocimiento del tema que lo que he visto publicado, quiero creer que la inexperiencia y quizás la falta de comprobar bien lo que se estaba vendiendo esté detrás del problema, y sinceramente no estoy entre las y los agraciados, pero si lo estuviera creo que antes de arruinar la vida de nadie y con la voluntad de cobrar un dinero que no tenía, aceptaría la solución más viable de llegar a un acuerdo (en la que todo el mundo va a perder algo [se estima en alrededor de 5.000 euros], pero la alternativa es judicializar un asunto que puede llevar años en dictaminarse).
De todas maneras sí que quiero decir una cosa. Mi principal gasto en lotería cada año la destino precisamente a comprar participaciones de partidos políticos, sindicatos, asociaciones vecinales, clubes deportivos… (y lo hago con el ánimo de ayudar a esas entidades a que recauden para luego invertirlo en lo que consideren, e incluso si llegado el caso ha tocado el reintegro, yo soy de los que lo dono), pero hay un descontrol que hasta que no llega un caso como el de Villamanín nadie le da importancia: he leído que se calcula que hasta un 80% de las papeletas están mal hechas (sobre todo en lo referente a la falta de información exigida que no aparece en el papel). Además, el mayor quebradero de cabeza que puede originar conflictos es el relativo al donativo o recargo que se lleva esa entidad por cada participación vendida. Hay un desconocimiento general de que está prohibido que supere el 20% del valor de la participación (es decir, si juegas cuatro euros, el máximo serían ochenta céntimos, cuando de manera habitual figura un coste de un euro, lo que supera el 20% máximo fijado por ley). Nunca pasa nada hasta que ocurre un caso como el de Villamanín, así que yo soy de los que advierto para que se corrija y se eviten disgustos posteriores.
Para terminar no me quiero olvidar de un clásico que corre como la pólvora por las redes sociales al mismo tiempo que las presidentas y los presidentes de las diferentes comunidades autónomas difunden sus mensajes de final de año. Ninguno superará jamás aquella grabación en diciembre de 1992 de Manuel Fraga: «Como cada ano por estas entrañables datas de Nadal e Aninovo. ¿Por qué me mueve la cámara? ¡Esto es intolerable! ¡Quiere usted estarse quieta! Una vez que empiezo a leer, la cámara no la mueve nadie; si no, yo me levanto y me voy a mi casa». Lamento el mal trago que tuvieron que pasar las trabajadoras y los trabajadores con sus riñas y desprecios (curiosamente en castellano mientras el teleprompter lo leía en gallego), pero es un documento muy valioso para que quede constancia de la catadura moral que tenía este personaje. Afortunadamente hay personas que sí merecen nuestro eterno reconocimiento, entre otros José Antonio Labordeta, que estoy seguro que estaría muy contento de ver su ‘albada’ (o alborada, canto de Aragón que se entona tradicionalmente antes del amanecer) como protagonista de un anuncio comercial navideño que demuestra que España es un país maravilloso, plural y del que me enerva que la derecha intente patrimonializarlo.