La Voz de Asturias

El hombre que estranguló a Karla, culpable de asesinato

Oviedo

Efe Redacción

El jurado considera a Abdelwahid A. culpable de un delito de asesinato por matar a su pareja en Melilla

06 Jun 2018. Actualizado a las 21:46 h.

El acusado de estrangular a su expareja en Melilla en julio de 2016, que responde a las iniciales A.A., ha sido declarado hoy culpable de un delito de asesinato con los agravantes de género, parentesco y aprovechamiento de circunstancias, por el que será condenado a una pena de entre 15 y 25 años de cárcel.

El jurado popular que ha emitido este veredicto por unanimidad ha estimado todas las tesis planteadas por el Ministerio Fiscal, acusación particular y acusaciones populares, y no ha admitido ninguna de las planteadas por la defensa.

El magistrado que ha presidido el proceso durante los cuatro días que ha durado el juicio en Oviedo decidirá ahora la condena final en la horquilla establecida por el jurado, después de escuchar las peticiones de las acusaciones, que interesan la pena más alta, y de la defensa, que solicita que se condene a su cliente a 15 años y medio de prisión.

En su veredicto, el jurado popular ha considerado probado que el acusado conocía bien el terreno, ya que llevó a la víctima a una zona de la playa aislada, oscura y sin tránsito de personas.

Asimismo, ha relatado que atacó por sorpresa a la víctima, sin que ésta tuviese alguna posibilidad de defensa, como evidencia el hecho de que el autor no presentase lesión alguna y de que la víctima no tuviese ADN del mismo en sus uñas.

El jurado ha declarado que A.A. era consciente de lo que hacía, ya que no sufría ningún tipo de trastorno, como manifestó el perito forense que realizó un análisis psíquico del acusado.

El Ministerio Público, la acusación particular y las acusaciones populares sostenían que A.A. debía ser condenado como autor de un delito de asesinato, con las agravantes de género, parentesco y aprovechamiento de circunstancias, e interesaban una pena de prisión de 26 años.

Por su parte, la defensa del acusado consideraba que A.A. era autor de un delito de homicidio con imprudencia, alegando las atenuantes de drogadicción y confesión, cuya pena de prisión oscilaría entre 1 y 4 años.

Durante las cuatro sesiones que ha durado el proceso, las acusaciones han tratado de demostrar al jurado de que A.A. urdió un plan para evitar que su expareja se fuese a Ecuador con su hijo, y que la llevó a una zona apartada de la playa de Melilla, con escasa iluminación y sin tráfico de gente, para que nadie pudiese auxiliarla y acabar con su vida.

Han insistido en que trató de huir con el bebé tras haberla matado, ya que vendió su móvil para conseguir dinero y escapar, pero que al verse acorralado acabó entregándose a la Policía y trató de hacerles creer que no sabía que la había matado.

En este sentido, han recordado que A.A. había sido condenado por maltratar de manera continuada a la víctima, hasta el punto de haberle extraditado a Marruecos, desde donde accedió a Melilla, con documentación falsa, para verse con ella y acabar con su vida.

Además, han hecho hincapié en su carácter controlador, que le llevó a realizar más de cien llamadas a K.P.M. durante los tres días previos a su encuentro, y se han apoyado en los testimonios de familiares y amigos, que han reconocido que la alejó de su círculo más cercano.

Sin embargo, la defensa ha argumentado que el acusado no pudo controlar a la víctima a tantos kilómetros de distancia, ya que ella podía haber cortado la comunicación fácilmente, por lo que el hecho de que siguiese en contacto y fuese a Melilla demuestra que lo hizo por voluntad propia.

Respecto a la noche de los hechos, ha tratado de convencer al jurado de que la muerte de la expareja de su cliente fue un accidente, asegurando que no tenía intención de matarla.

Sobre este asunto, ha aludido al miedo a ser descubierto en España tras la expulsión y junto a una mujer sobre la que tenía una orden de alejamiento, tras las amenazas que ella le lanzó durante una fuerte discusión, para justificar su actuación.

El acusado ha mantenido que sólo quería taparle la boca y que fruto de ese forcejeo acabó agarrándole el cuello, aunque a día de hoy sigue sin saber cómo pudo ocurrir.


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