Gráficas Walfer, el comercio más antiguo de Valentín Masip, en Oviedo: «Trabajamos burradas, pero todo se acaba»
La Voz de Oviedo
Los hermanos Del Casar están al frente de esta imprenta con más de 60 años de historia y que llegó a tener nueve empleados en los años de bonanza. Desde la crisis del 2008 la digitalización ha hecho mella: «Todo el mundo habla de la construcción, pero en este sector se perdieron más del 50 por ciento de los puestos de trabajo»
19 Jan 2024. Actualizado a las 09:10 h.
Gráficas Walfer es el negocio más antiguo de la avenida Valentín Masip, en Oviedo. En el número 2 de esta vía comercial se instaló en 1960 Fernando del Casar, padre de los actuales propietarios, cuando tan solo había construidos «un convento y las casas de Hacienda». Lo demás «eran praos», dicen sus hijos. Hasta recuerdan que hubo vacas a la vuelta de la esquina en la actual Colón, a donde también da el local. En la imprenta familiar están actualmente al frente tres de sus hijos: María Fernanda, Fernando y Juan.
Crecieron entre papel y han sido testigos de la evolución del sector a lo largo de los años. Fernando recuerda todavía la primera máquina, que «fue de pedal» y guardan como una reliquia. Luego «alguien le puso un motor de lavadora» que funcionaba a la misma velocidad durante «horas y horas». «Antes era todo tipografía, había que componerlo todo a mano, ahora todo va por ordenador», subraya el ovetense.
En septiembre cumple 50 años «metido aquí», porque empezó con solo 14. Es más, recuerda «tener vacaciones y venir a pasar talonarios cuando todavía era más pequeño». Su padre combinaba la imprenta con su trabajo en el diario Región y la familia echaba una mano, incluida su madre. «Crecimos con ello», apoya María Fernanda. Han experimentado los años de bonanza, y también la decadencia del sector.
Antes de la crisis del 2008 llegaron a ser un equipo de nueve personas trabajando en el local. Y lo hacían a destajo. «Venías sábados, domingos, por las noches… Lo que hiciera falta», recuerda Fernando del Casar. «Nosotros aquí me acuerdo de estar trabajando horas, horas y horas y no poder coger más trabajo, porque no se daba abasto. Pero eso no va a volver, en la vida», lamenta.
Su hermana rememora algunos de los encargos que realizaron en la imprenta de Valentín Masip y llegaron «a hoteles de toda Europa». Desde folletos de torneos de golf en Sotogrande a memorias de calidad de grandes villas que se construyeron en esa zona de Cádiz durante aquella época. «Nuestros trabajos han llegado a todo el mundo, trabajamos burradas de papel, pero todo se acaba», explica mientras muestra algunos ejemplos que guarda con mimo en diferentes carpetas.
Hoy en día son los tres hermanos más un trabajador los que hacen todo tipo de trabajos de impresión: desde libros y revistas a cartas, sobres o facturas. La tecnología ha supuesto un avance en cuanto a velocidad, pero el proceso de digitalización ha ido mermando el negocio, tal y como reconocen. Los cambios de hábitos hicieron que descendieran los sobres en favor del correo electrónico y documentos como facturas son, cada vez más, digitales. Además, muchas empresas e incluso particulares tienen sus propias impresoras.
«Ha sido uno de los sectores más perjudicados por la digitalización. Se habla de la construcción y de otros, pero aquí se perdieron más del 50 por ciento de los puestos de trabajo desde la crisis de 2008. Nosotros teníamos gente que llevaba toda la vida trabajando aquí, pero tuvimos que ir quitando porque no cuadraban las cuentas. Uno detrás de otro, y todo el capital que teníamos marchó en indemnizaciones», lamenta Fernando del Casar.
El volumen de trabajo ha descendido, mientras que los costes se han disparado. Sobre todo, desde la pandemia. En Gráficas Walfer aseguran pagar un 80 por ciento más por el papel: «Antes del coronavirus un papel de A4 para fotocopias de 80 gramos costaba entre uno y dos euros, ahora no te baja de 5 o 6, subió muchísimo», lamenta. De hecho, recuerda que aquellos meses fueron «una locura»: «Hacías un pedido y volvías a llamar a los dos días y ya te había subido, entonces claro, te veías obligado a subir los precios y la gente se quejaba, pero no nos quedaba más remedio».
Además del papel, la principal inversión de esta imprenta son las máquinas. La última que adquirieron, en 2001, costó 40 millones de las antiguas pesetas. Puede imprimir hasta 15.000 sobres a la hora y es «de lo más moderno que hay ahora mismo». El precio de la maquinaria es muy elevado y «las reparaciones también», lamenta Fernando del Casar.
Pese a la mala situación por la que atraviesa el sector, sobreviven gracias, en parte, a clientes «de toda la vida», con los que llevan trabajando décadas. También llegan otros nuevos, porque cada vez son menos las imprentas que se mantienen abiertas en Oviedo, lamentan para dar fe de la coyuntura actual.
Tanto Fernando como María Fernanda dudan que haya relevo generacional y que Gráficas Walfer sobreviva en una tercera generación. Ellos cuentan los meses para jubilarse. Ella lo hará en un mes y él, el 14. Su hermano Juan, el pequeño, es el que más lejos está todavía de ese merecido descanso, pero «viendo como está todo» no saben hasta dónde se alargará la vida del establecimiento.
Por el momento, seguirán siendo el negocio más antiguo de la avenida Valentín Masip de Oviedo, una calle en la que se instaló su padre y de la que nunca salieron, «y menos mal», dice Fernando. Porque hubo un tiempo de bonanza en el que se plantearon mudarse a un local más grande, pero después sobrevino la crisis. En Gráficas Walfer han comprobado de primera mano el desarrollo de la calle: «Aquí no encuentras un local vacío, es raro. Cuando queda uno a los cuatro días abre un negocio. No falta de nada: supermercados, tiendas de ropa, bancos… Tienes de todo». Hasta una imprenta, que ha sido testigo de su historia y que guarda decenas de imágenes de antaño. En papel, claro.