La Voz de Asturias

Miguel Gabarri, el músico callejero de Oviedo que revoluciona las redes a ritmo de flamenco: «Lo llevo en la sangre»

La Voz de Oviedo

Esther Rodríguez Redacción
Miguel Gabarri, de 41 años, es un músico callejero de Oviedo que hasta hace bien poco pasaba desapercibido entre la multitud

Sus pequeñas actuaciones acumulan miles de visualizaciones en sus respectivos perfiles de Instagram y Tik Tok. Ha recibido ya ofertas laborales y también alguna que otra colaboración con grupos de nuestra región. Unas «oportunidades» que de hacerse realidad cambiarán para siempre la vida de este artista que pide en la calle para sacar adelante a su familia

23 Apr 2024. Actualizado a las 09:33 h.

Admiración y respeto es lo que uno siente cuando conoce la historia de Miguel Gabarri. Este músico callejero asturiano lleva más de media vida regalando su arte a cambio de pequeñas limosnas. Asiduo a la calle San Francisco de Oviedo, hace sonar a diario una vieja guitarra que le regaló Manolo, «un gran amigo» suyo, para poder conseguir alguna que otra moneda con la que poder sacar adelante a su mujer y sus dos hijos. Con sus curtidas manos versiona al flamenco cualquier canción. Unas majestuosas interpretaciones que solían pasar desapercibidas entre la multitud hasta que llamaron la atención de Pablo Blanco. Este ovetense decidió tender, de forma altruista, su ayuda a este artista y ahora sus pequeñas actuaciones acumulan miles de visualizaciones en redes sociales. Se ha vuelto, sin ni siquiera imaginárselo, famoso.

«Me llegó por WhatsApp un vídeo de él tocando la guitarra y dije "hostia, qué arte". Pensé: "tiene talento y nadie lo conoce. Seguro que no tiene ni idea de que puede vivir de las redes sociales"», asegura Pablo Blanco, quien sin perder ni un solo segundo decidió ponerse manos a la obra. Se puso en contacto con Miguel, «a quien ya conocía desde hacía muchos años, pero no sabía que tocaba la guitarra» y le explicó que quería brindarle su ayuda. «Le dije que me gustaría grabarle tocando y así poder sacar el contenido en redes sociales para monetizar su talento», cuenta el experto en negocios digitales.

Sin pensárselo ni un instante, Miguel aceptó la propuesta. Ante el visto bueno, Pablo se acercó a una tienda de informática para adquirir el material necesario con el que poder grabar la manera tan impresionante que tiene de tocar la guitarra este músico callejero. «Le compré un móvil, un trípode y un altavoz y ahora estamos en la fase de utilizar las redes sociales. De que aprenda a grabar vídeos y los suba. Y que también haga algún que otro directo mientras pide en la calle», señala el ovetense que pretende «cambiar por completo» la vida de Gabarri dando a conocer ese talento innato que tiene.

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A diferencia de otros muchos artistas, este músico callejero aprendió a tocar la guitarra de manera autodidacta. Siendo un crío se pasaba horas y horas viendo como sus abuelos y tíos sacaban el sonido de las entrañas de este instrumento. Escuchaba también discos de Paco de Lucía, José Mercé, Camarón de la Isla, Enrique Morente...«mis referentes» Y a base de ensayo y error, sin que nadie corrigiese sus pasos, fue dominando la técnica. A día de hoy no sabe ni siquiera leer una partitura pero con tan solo afinar el oído y escuchar detenidamente una canción, Miguel ya sabe replicarla. «Es algo que llevo en la sangre», asegura a sus 41 años.

Todo lo que interpreta es «de oído» y además es «pura improvisación». No tiene ningún repertorio preparado, actúa más bien «sobre la marcha». Se le ocurren canciones y las toca para amenizar a diario la calle San Francisco, a la que lleva acudiendo más de dos décadas en compañía de su mujer Mimi con el objeto de poder ganarse la vida. «Llueva o haga mal tiempo tengo que venir aquí y tocar. Es duro sí, pero ¿qué vamos hacer?», confiesa este artista asturiano, quien hasta hace bien poco era un auténtico desconocido para la sociedad.

«Prefiero subir a un escenario que hacer directos en internet»

Después de años tocando por la caridad, Gabarri ya se ha hecho un nombre. Cuenta con más de 30.000 seguidores y si hablamos de reproducciones acumula millones de visualizaciones. Pero, todavía no acaba de acostumbrarse a la fama que se ha ganado tras compartir en redes sociales sus mini actuaciones. Eso sí, digiere el éxito «tranquilo y con mucha mira». También le cuesta mucho tocar ante una cámara. Le da vergüenza hacerlo y eso que no tiene ningún tipo de reparo en tocar ante el público. «Prefiero subir a un escenario que hacer directos en internet. Lo llevo mucho mejor porque tengo experiencia en ello. Yo de pequeño ya he actuado sobre las tablas», cuenta.

Pablo Blanco ofrece desinterasadamente su ayuda a Miguel para poder mejorar la vida de este músico callejero

Poco a poco Miguel va perdiendo esa timidez a mostrarse y expresarse delante de una cámara, saliendo de esa zona de confort y aprendiendo a gestionar las redes sociales. «Da pasos cortos porque para él es un cambio muy grande» pero, dentro de lo que cabe, ya se las apaña. «Al principio apretaba un botón y salía una cosa y luego apretaba otro y salía otra. Me costaba mucho», asegura entre risas. «Va teniendo más confianza con el mundo digital», apunta Pablo, quien por el momento le está ayudando a grabar y publicar los vídeos tocando la guitarra, además de responder todos los mensajes que le llegan.

Profesionalizar el contenido para poder monetizarlo

Y mientras que este artista asturiano va dominando el mundo de las nuevas tecnologías para poder «a corto y medio plazo» monetizar sus directos en redes sociales, con la ayuda del experto en negocio digitales va perfeccionado el contenido que publica en sus perfiles de Instagram y de TikTok. «Ahora estamos buscando un local donde poder grabar y así hacerlo todo un poco más profesional. Pero bueno vamos poco a poco porque hay que respetar la forma de ser de Miguel, que en verdad es bastante tímido», señala su mentor.

Gracias a estos vídeos, a Miguel Gabarri le están saliendo «oportunidades» para mejorar su vida. Ha recibido ya una oferta para ir a tocar a la «cuna del flamenco». Nos han contactado del mejor complejo turístico y hotelero de Cádiz para ver si Miguel podía ir actuar en Semana Santa pero como no pudo ser, irá por el verano. Esto será un cambio radical para ellos —haciendo referencia también a la mujer de este artista callejero— porque van a cambiar de residencia, tener otro estilo de vida, conocer a nueva gente… Es un avance para bien», asegura Pablo, antes de dejar bien claro que los «apoyará y acompañará» en todo el proceso.

«Las dos primeras semanas serán complicadas pero luego ya no y en verdad es un cambio de vida para bien. Pero yo lo que digo siempre es que salir de la zona de confort no es fácil para todo el mundo. Soy de los que piensa que no se puede exigir nada a nadie, si quiere que vaya, pruebe y si está a gusto bien y sino que vuelva», revela el ovetense. Miguel tiene «bien claro» que se va a embarcar en esta aventura. «Ir voy a ir. Es la cuna del flamenco y hay mucha gente de la que puedo aprender mucho más. Los músicos al final aprendemos unos de otros», confiesa antes de señalar que en la provincia andaluza estará en su «salsa».

Está además dispuesto a colaborar con cualquier artista flamenco. «Si quieren hacer un grupo conmigo yo encantado», revela. Por el momento, el Grupo Tekila planea tocar alguna que otra canción con él. «Estamos a la espera de si va a ir a Cádiz o no y de cuándo sería», aclara Pablo. También quiere grabar algún tema con su sobrina Marlén, quien «estuvo en La Voz Kids y llegó hasta las actuaciones finales» de este talent show. Pero, «le cuesta también dar el paso». «Es muy vergonzosa», asegura su tío.

A la espera de un nuevo instrumento

Además de proponerle colaboraciones, a Miguel le hacen también regalos para que se profesionalice. «Nos contactaron porque quieren enviarle una guitarra acústica desde México. Iban también a mandarle una guitarra Alhambra C3 que se la regala uno de Canarias pero llevamos esperando unas cuantas semanas por ella. Dice que sí que nos las envían pero no termina de llegar», dice Pablo.

«Toda colaboración» que sea «útil» para que este músico callejero asturiano pueda avanzar en su carrera es «bienvenida». Y mientras que van surgiendo oportunidades, a Miguel no le queda más remedio que vencer el miedo escénico y superar el pudor de ponerse delante de una cámara, porque realmente gracias a las redes sociales la gente conoce y demanda su talento. Espera y ansía con todas sus fuerzas que alguien «llame para grabar o que hagan realidad lo que prometen». Pero, mientras tanto, no le queda más remedio que seguir tocando en la calle, en compañía de su mujer Mimi, a cambio de pequeñas limosnas.  


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