La Voz de Asturias

El joven de 14 años que deslumbra al bailar sobre patines: así es el talento de este asturiano

La Voz de Oviedo

Esther Rodríguez Redacción
A Daniel Bermúdez lo que más le gusta de esta disciplina es hacer piruetas

Daniel Bermúdez lleva media vida dedicándose al patinaje artístico. Forma parte del Club Ovetus y cuenta con un palmarés envidiable

24 Jun 2025. Actualizado a las 09:34 h.

La familia de Daniel Bermúdez no sabe de quién heredó el talento que demuestra a la hora de patinar. Ni su padre ni su madre son capaces de desplazarse sobre ruedas con la rapidez que él lo hace, y mucho menos de buscar la armonía entre el movimiento y la interpretación al ritmo de una banda sonora . Sin embargo, desde bien pequeño, este riosano ha demostrado una destacada capacidad artística, que lo ha llevado a cosechar éxitos a nivel mundial. A pesar de su corta edad, el joven de 14 años cuenta con un palmarés envidiable, en el que figuran dos medallas internacionales.

Esa pasión que hoy siente por el patinaje artístico nació en él de forma casual. Como la mayoría de niños de su edad, se adentró en el mundo del deporte a través del fútbol. Comenzó a entrenar con la intención de que el día de mañana fuese su padre quien lo instruyese, sin embargo, dar patadas y toques a un balón no era lo suyo. «La preparación física le gustaba pero la parte táctica no», recuerda su madre. Unos meses más tarde, su colegio puso en marcha una actividad extraescolar de patinaje, y él se inscribió con el objetivo de iniciarse en el hockey, sin imaginar que sería en ese momento cuando descubriría su verdadero talento.

Daniel Bermúdez es una de las jóvenes promeses del patinaje artístico

Se enfundó los patines y empezó a andar sobre cuatro ruedas. Se le daba tan bien desplazarse así que su profesor le animó a hacer hockey. Pero, para sorpresa de todos, Daniel rechazó la propuesta. El hecho de ser un deporte de contacto no le llamaba la atención, así que prefirió perfeccionar su técnica. Mientras tanto, seguía jugando al fútbol. En una de esas tardes en las que iba camino al entrenamiento, junto con su progenitor, el destino lo llevó a encontrarse con unas chicas que se preparaban para ensayar patinaje artístico. Quiso entrar al polideportivo para ver cómo se ejercitaban y, acto seguido, le dijo a su padre que quería probar esa disciplina.

Con el apoyo incondicional que siempre le han brindado, Francisco y Sara no dudaron en inscribir a su hijo, que por aquel entonces tenía siete años, en el Club Patín Mieres. Durante una temporada y media, el pequeño riosano perfeccionó la técnica con los patines, exploró el ritmo y la expresión corporal, hasta que el entrenador del Club Ovetus se interesó por él. Desde entonces, Daniel forma parte de esta escuela ovetense de patinaje artístico, que tiene su sede en el pabellón de Olloniego, donde siempre entrena al compás de la música.

Desde que se inició en este deporte, el joven tiene que hacer un importante sacrificio para poder deslizarse y bailar sobre ruedas. Al tratarse de una disciplina «muy técnica y muy exigente» tiene que invertir muchas horas al día para pulir cada movimiento. Además, como todavía está en edad escolar, debe equilibrar sus entrenamientos con sus responsabilidades académicas. Para no descuidar sus estudios, al salir del instituto se monta en el coche de sus padres y, durante el trayecto hacia sus sesiones de instrucción, aprovecha para comer y avanzar con sus tareas escolares.

En aproximadamente dos horas y media de práctica, Daniel se centra en desarrollar su técnica, mejorar su condición física y potenciar su expresividad artística. Cuando se quita los patines, sale corriendo a cambiarse porque sabe que todavía tiene que llegar a casa y terminar de hacer los deberes o de estudiar, antes de ponerse cenar. «Intentamos que se acueste temprano pero es que es imposible», reconoce su madre, quien es consciente de todo el esfuerzo que hace. Y es que esta rutina se repite a diario, incluso los sábados, ya que también entrena ese día. Por no hablar cuando se aproxima una competición, que las sesiones se intensifican aún más.

El joven asturiano en una de sus competiciones

A pesar de llevar una vida tan ajetreada y contar con muy poco tiempo para desconectar, el adolescente mantiene un excelente rendimiento académico. «Este curso sacó todo notables y sobresalientes», comenta con orgullo su familia. Todo el esfuerzo y sacrificio que está realizando también comienza a dar sus frutos y el joven riosano ya destaca por los éxitos que ha cosechado en el mundo del patinaje artístico, aunque su trayectoria es corta en comparación con otros profesionales.

A lo largo de sus siete años de trayectoria competitiva, Daniel ha conseguido proclamarse campeón de Asturias en siete ocasiones y subcampeón de España en dos. También ha logrado colgarse la medalla de plata dos veces en la Copa de Europa y alcanzar el segundo puesto en el podio de la Copa del Mundo. Además, suma múltiples títulos en campeonatos interautonómicos y diversos torneos de clubes. Y, por si fuera poco, la Selección Española lo ha convocado en varias ocasiones para entrenar, dos veces al año, en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Cataluña.

Él mismo reconoce que la clave de sus logros está en la constancia y en el esfuerzo diario que dedica al patinaje artístico. Al fin y al cabo, se trata de un deporte extremadamente meticuloso en el momento de ser valorado. «Cualquier mínimo error —un pie mal colocado al ejecutar un salto o una ligera pérdida de equilibrio— resta puntos», explica su madre, quien subraya que todo el trabajo de un año se resume en los tres o cuatro minutos que dura una actuación. «Es un deporte muy ingrato, porque no da segundas oportunidades», añade con firmeza.

Pese a dedicarse a una disciplina en la que predominan las mujeres, Daniel asegura no haber experimentado ningún tipo de rechazo por ser un chico que baila sobre patines. «Afortunadamente no ha sufrido discriminación alguna», dice su madre, quien aprovecha la ocasión para defender que, tanto en el deporte como en la vida, no debería haber distinción de géneros. Aplaude además que cada vez sean más los hombres que se inician en el patinaje artístico. «En Asturias todavía no, pero en Cataluña y Galicia ya hay alguno más», afirma con la esperanza de que en el futuro se logre una verdadera equidad.

A Daniel le gustaría que más niños se animaran a competir, para poder tener rivales con quienes disputar las medallas. Actualmente, es el único representante de Asturias en los campeonatos, por lo que siempre termina en lo más alto del podio. Pero eso no le resta mérito, ya que para clasificar a los certámenes nacionales debe obtener una puntuación sobresaliente. Además, las medallas internacionales que ha ganado han sido peleadas contra «lo mejor de lo mejor». Su palmarés, a buen seguro, seguirá creciendo, mientras continúa maravillando a todos con el talento que despliega sobre los patines.  


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