Marta Villamil es una de las mayores coleccionistas de bebés reborn de Asturias: «Tengo 100 muñecos»
La Voz de Oviedo
Esta ovetense afincada en Avilés cuenta también con más de 70 carritos, con los que saca a pasear a estos «niños renacidos» cada fin de semana
19 Nov 2025. Actualizado a las 05:00 h.
La popularidad de los bebés reborn despertó en Marta Villamil la curiosidad por estos muñecos que parecen de carne y hueso. Aunque le gustaban y deseaba tener uno, esta ovetense no creía que mereciera la pena pagar tanto dinero por ellos. Sin embargo, un buen día cambió de opinión. Al ver que otras mujeres los sacaban a la calle, y recordando lo mucho que le encantaba pasear a sus hijas cuando eran pequeñas, decidió adquirir un ejemplar para revivir esos momentos. Compró una réplica «a buen precio», sin imaginar que acabaría formando una de las colecciones de «niños renacidos» más grandes de Asturias.
Corría el año 2019 cuando tuvo por primera vez en sus brazos una muñeca con la misma apariencia, tacto y peso que un recién nacido. A esta niña la llamó Cayetana, con el objetivo de intensificar la sensación de realismo y definir su personalidad. Como los bebés reborn son delicados y necesitan un entorno seguro, Marta transformó una habitación de su casa en un cuarto infantil. Equipó el espacio con una cuna, un cambiador y un armario donde poder guardar sus accesorios y ropa. Decoró además las paredes y las estanterías con motivos y elementos lúdicos para generar un ambiente más acogedor.
La llegada de Cayetana a su vida le generó tal sensación de bienestar que quiso tener otro bebé reborn. Como «siempre» le habían gustado las niñas —de hecho, es madre de dos jóvenes— compró otra muñeca a la que, esta vez, bautizó con Carlota. Para equilibrar, de algún modo, la pequeña familia que había formado, la ovetense adquirió un varón al que llamó César. A partir de ahí, poco a poco, fue sumando más «niños renacidos» a su colección. «Me fui haciendo con unos y con otros para completarla y ahora tengo unos 100. Ya ni me entran en la habitación», asegura, antes de señalar que todos ellos están hechos artesanalmente.
Ninguno de los bebés reborn que tiene Marta se parecen entre sí, salvo los que son gemelos. Cada uno tiene sus características físicas y particularidades, aunque es cierto que muchos de ellos comparten rasgos. «Los que compré en un primer momento tienen los ojos cerrados y el pelo es pintado. En cambio, los más recientes tienen los ojos abiertos —algunos de cristal— y el pelo, aunque artificial, está cuidadosamente insertado para que parezca verdadero. Los de ahora también tienen efecto piel», detalla. «En realidad, los fui perfeccionando cada vez más», añade.
Fabricados de manera completamente artesanal, los bebés reborn imitan a la perfección a recién nacidos. Su coste varía según el nivel de detalle y personalización, llegando a superar los miles de euros. «El precio también depende mucho de si se trata de un kit original o de una copia y también, por supuesto, del renombre que tenga el artista. El material con el que está hecho también influye. Los de silicona —simulan a la perfección la suavidad, flexibilidad y textura de la piel de un recién nacido— son mucho más caros que los de vinilo», asegura la ovetense, que llegó a pagar «700 euros» por un muñeco hiperrealista.
Los bebés reborn reproducen con tanta fidelidad a un recién nacido que llegan a impresionar. De hecho, tiene uno que es «como si lo hubieran sacado hace un instante» del útero de su madre «Es como si lo acabaras de parir. Tiene la grasa en el pelo, la cara… y hasta fontanela», precisa. Otros muñecos presentan pequeños granitos asociados a la lactancia, mientras que alguno conservan la marca del pinchazo en el talón o tienen las venas ligeramente marcadas. «Tengo muchos que son súper reales», dice la ovetense, que posee un bebé reborn de piel oscura, tan auténtico que parece respirar. «Lo vi y me enamoré de él», confiesa.
Ya de por sí estos muñecos parecen de carne y hueso, pero como además están vestidos con prendas infantiles su realismo es más auténtico. «Los visto igual que vestía a mis hijas de pequeña. A mí me gusta mucho la ropa con puntillas, lazos y detalles delicados, así que suelo pedir que me los confeccionen. Tengo muchos conjuntos hechos por una señora del sur que teje», dice Marta, quien tiene varios burros repletos de indumentaria infantil. «Los trajes más especiales como los vestidos de bautizo los tengo guardados en el armario para que no se estropeen», señala.
A diferencia de otras mujeres con bebés reborn, la ovetense no se comporta como una madre con estos muñecos. «No juego con ellos, ni les doy de comer ni les cambio de ropa, ni nada», asegura. La única atención que les dedica es para sacarlos a pasear. «Los sábados suelo quedar con mis amigas para dar una vuelta por el Campo San Francisco y ahí sí que los visto como vestía a mis hijas cuando era pequeñas y preparo el carrito con todo lo necesario», precisa. Esta, aunque parezca que sí, no es una tarea sencilla: solo decidir qué bebé y qué carrito sacar a la calle le lleva un buen rato, ya que tiene mucho donde elegir.
Cuenta con un centenar de bebés reborn y posee más de 70 carritos, desde modelos ingleses hasta franceses, pasando por los belgas. «Los tengo de todos los lugares y con muchos años», confiesa. Esta colección de coches y sillas de paseo la tiene guardada en el garaje de su vivienda. «Antes cabían cuatro vehículos, y ahora apenas entra el de mi marido», reconoce esta ovetense afincada en Avilés, que no solo conserva estos artículos, sino que además los restaura y los vende en las distintas ferias de antigüedades y objetos de colección. Participa también en eventos en los que los muñecos hiperrealistas copan todo el protagonismo.
Cuando asiste a este tipo de encuentros como la quedada reborn en Alcalá de Henares, en Madrid, o la que se celebra en la localidad vitoriana de La Monjía, Marta viste atuendos inspirados en principios del siglo XX. De igual forma, cuando en Oviedo se celebran fiestas tradicionales como El Desarme o el Día de América en Asturias, también luce trajes de época, adaptándose al espíritu de la celebración. A los bebés también los acicala para la ocasión, al igual que los prepara para cada celebración: disfraces para Halloween o Carnaval, y trajes festivos durante la Navidad. «Disfruto mucho vistiéndolos y preparando los carros», confiesa.
Lo que, por tanto, comenzó como un simple interés por los bebés reborn terminó convirtiéndose en una pasión que llena gran parte de su vida. Aunque eso sí, no ha condicionado su rutina. «Sigo trabajando, haciendo las tareas del hogar, dedicando tiempo a mis hijas y a mis amigas, continúo también yendo a ver el Real Oviedo...», explica Marta, quien sin quererlo se ha convertido en una referente de los bebés reborn. Poco a poco completa su colección de muñecos con la misma apariencia, tacto y peso que un recién nacido, mientras la consolida como una de las más importantes de Asturias.