La Voz de Asturias

El ingeniero asturiano que participó en la exitosa misión a la Luna: «Un viaje de ida y vuelta con astronautas a Marte llevaría tres años»

La Voz de Oviedo

Esther Rodríguez Redacción
El ingeniero ovetense Arturo Fernández, en la sala de control de la NASA

El ovetense Arturo Fernández ha sido testigo directo de la última expidición de la NASA. Cuenta cómo se gestó todo y explica los beneficios que reportará a la sociedad llegar hasta el planeta rojo

18 Apr 2026. Actualizado a las 05:00 h.

El ser humano siente una gran necesidad de explorar lo desconocido. Este impulso innato explica el afán por llegar a Marte y descubrir in situ todo lo que aún queda por saber de él. Sin embargo, antes de intentar alcanzar el cuarto planeta del Sistema Solar, es necesario probar diversas tecnologías y desarrollar nuevas formas de vida que permitan minimizar los riesgos de ese gran salto. Y aquí es donde la Luna entra en juego. Por su cercanía a la Tierra y sus características, este cuerpo rocoso sin aire ni agua es uno de los lugares ideales para llevar a cabo estos ensayos. En este camino hacia un futuro alunizaje, hace apenas unas semanas tuvo lugar la misión Artemis II, que ha permitido a cuatro astronautas sobrevolar por primera vez la cara oculta de nuestro satélite y, a su vez, confirmar el regreso a este astro. Una expedición de la NASA en el que ha participado el ingeniero industrial asturiano Arturo Fernández (Oviedo, 1972), de la Agencia Espacial Europea, quien fue testigo directo de «todo lo que pasó» durantes los diez días que duró la travesía.  

—Felicidades por el éxito de Artemis II. ¿Qué significa haber formado parte de un proyecto histórico?

—Muchas gracias. Es curioso porque estamos acostumbrados a oír a los deportistas de élite decir que en el momento de conseguir algo importante no son conscientes de ello y que van a necesitar tiempo para digerirlo y, en mi caso, me ocurre lo mismo. Han sido unos cuantos días de trabajo intenso, con horarios no habituales, en los que está totalmente concentrado en lo que estás haciendo. No eres muy consciente de lo que pasa alrededor. Cuando al volver al trabajo ves que la mayoría de los colegas están siguiendo las retransmisiones y te hacen un montón de preguntas, es ahí donde empiezas a darte cuenta de que es una misión realmente histórica después de más de 50 años sin humanos en la órbita de la luna. A nivel personal, me siento muy agradecido de haber tenido la oportunidad de participar en Artemis.

—¿Cómo vivió los diez días que duró la misión?

—Son diez días muy intensos, de trabajo constante y poco descanso. Sobre todo, mentalmente es agotador. Trabajas en horarios no habituales, con periodos de mucha concentración y atendiendo a varias cosas a la vez, por lo que te sientes bastante agotado. Pero, por otra parte, es realmente atractivo estar participando en esto. Cada día ves a los astronautas en directo, participas en las operaciones, eres testigo directo de todo lo que pasa. Como ingeniero es muy emocionante. Es curioso, es una mezcla de mucho esfuerzo y de satisfacción.

«A pesar de la cantidad de gente que hay en la sala de control, durante el regreso a la Tierra no se oía ni un ruido»

—¿Cómo recuerda el momento en el que dejaron de tener contacto con la tripulación de la nave Orión?

—La verdad es que ese momento es muy espectacular para el público porque es como muy dramático. Puede que la gente tuviera la sensación de que era algo crítico y que fuera un momento de nervios, pero, en realidad, es algo perfectamente planeado y que se conoce de antemano. La Luna queda justo en medio de la línea directa con la Tierra y es imposible comunicarse. Pero, Orión entró en esa ventana en perfecto estado, sin ninguna alarma activa, y no había ninguna razón por la que no saliese de la ventana de no-comunicación en el mismo estado en el que entró. Para nosotros era completamente normal. La situación hubiera sido distinta si se pierde la comunicación por razones desconocidas debidas a algún fallo. En ese caso, hubiese sido mucho más complicado.

La cara oculta de la LunaCedida

—¿Y el regreso a la Tierra? ¿Cómo fue realmente la entrada en la atmósfera terrestre y su amerizaje en el océano Pacífico?

—Esta si que es una fase crítica, quizá la más crítica, y estábamos todos con el corazón en un puño. La nave vuelve de la Luna a velocidades altísimas, que son necesarias para cubrir distancias tan grandes como esta. Cuando empieza a rozar la atmósfera, como el rozamiento con el aire es enorme, la temperatura sube a casi 3.000 grados. Se forma un plasma alrededor de la nave y se pierden las comunicaciones durante seis o siete minutos. Ese momento si que es tremendo. En Artemis I se detectó que el escudo térmico se había degradado más de lo esperado y se tardó bastante entender por qué, ya que es algo que realmente no se puede probar en tierra y todo depende de análisis, test locales, etc. Si hubiese un fallo en el escudo, podría ser fatal para los astronautas. Así que cuando volvimos a oírlos por la radio fue un alivio tremendo. Desde ese momento hasta el amerizaje, todavía hay otros dos momentos complicados, con el despliegue de los paracaídas. Cada uno de ellos los vivimos con mucha tensión. A pesar de la cantidad de gente que hay en la sala, no se oye ni un ruido. Cuando por fin amerizaron sanos y salvos, fue una alegría enorme. Aplausos y gritos sin parar.

«Es increíble ver a los astronautas trabajar. Son personas realmente increíbles con capacidades muy especiales»

—¿Ha tenido oportunidad de hablar con los cuatro astronautas que viajaron en la nave Orión? ¿Qué impresiones o comentarios compartieron con usted?

—Solo con el comandante Reid Wiseman. Unos días antes del lanzamiento se pasó por la sala de control y estuvo en mi consola. Simplemente nos dijo que estaba muy agradecido por todo el trabajo que hacíamos detrás de las cámaras. Me dio la impresión de ser una persona muy agradable y muy simpático. A nivel más coral, la tripulación completa se pasó otro día por la sala de control para decirle al equipo que sabían que estábamos trabajando duro para apoyarlos en la misión y quería agradecerlo. También dijeron que ellos eran conscientes del riesgo que corrían y que es algo que aceptaban como parte del trabajo. Ese comentario fue impresionante.

—Ahora que ya se ha completado la misión, ¿cuáles han sido las mayores lecciones de esta exploración espacial?

—A nivel técnico, en cada misión descubres que hay cosas que no funcionan exactamente como esperas que lo hagan. Como todos los sistemas van duplicados o triplicados, no es grave y no hay consecuencias. Pero es una llamada de atención muy seria que te recuerda que es importante que las fiabilidad sea lo más alta posible, que duplicar los sistemas es fundamental y que, si no fuese así, los riesgos sería enormes. Cuando todo funciona bien, tienes la tentación de pensar que quizá toda esa seguridad adicional no es necesaria. Pero cuando ves que hay cosas que fallan, se te quita de inmediato. A nivel humano, es increíble ver a los astronautas trabajar. Son personas realmente increíbles con capacidades muy especiales.

El ovetense Arturo Fernández ha participado en la misión Artemis II

—Ya había participado en la misión Artemis I, por lo que contaba con cierta experiencia. Pero, ¿cuál fue el desafío más importante al que se enfrentó como ingeniero en esta misión a la Luna?

—El hecho de que haya cuatro personas a bordo cambia completamente la percepción de la misión. Sientes una responsabilidad mucho más alta y mucha más presión. Técnicamente fue similar. De hecho, en mi caso el subsistema de potencia, que es del que yo me ocupo, funciono incluso mejor que en Artemis I. Así que en ese aspecto al menos, fue más tranquilo.

«Va a haber que desarrollar un montón de tecnología para montar una base en la Luna»

—¿Qué parte del trabajo de una misión de este tipo permanece más invisible para el público, pero es clave para que todo funcione?

—Todo el trabajo que hay detrás y el tamaño del equipo que trabaja en el desarrollo. Este tipo de misiones tardan más de 10 años en desarrollarse. Son años de trabajo de diseño, montaje y pruebas. Sólo la etapa de pruebas de la nave completamente ensamblada lleva alrededor de un año y medio. El equipo que hay detrás, con especialistas de todo tipo, es enorme. En la parte europea creo que somos más de 400 personas y en la americana varios miles. Son años de trabajo intenso, cientos de reuniones, viajes, discusiones, rediseños, etc. Es un trabajo inmenso que lógicamente, no es visible para el público.

—El objetivo es crear una estación lunar para que sirva de puente a Marte. ¿Cuáles son los principales desafíos a los que hay que hacer frente para poder hacer una base permanente en el satélite de la Tierra?

—La lista de desafíos es enorme. El nivel de dificultad es altísimo y va a haber que desarrollar un montón de tecnología que no tenemos. Casi no se ni por donde empezar. Para montar una base en la luna necesitas un sistema de transporte que sea capaz de llevar un montón de material a la superficie lunar. Hemos visto lo complicado que es hacerlo con una nave pequeña con cuatro personas. Para montar una base lunar vamos a tener que hacer viajes frecuentes y bajar a la superficie módulos bastante grandes. Ya solo esto es equivalente a Artemis. Una vez depositados en la superficie, se necesita un sistema robótico capaz de ensamblar todas esos módulos con gran precisión. Esto es algo que no tenemos y que va a costar lo suyo desarrollarlo. Un tema que me toca de cerca es el sistema de suministro eléctrico. Estamos hablando de bastante potencia y además tiene que suministrarse de forma ininterrumpida, sin posibilidad de fallo. Dado que las noches lunares son muy largas, de unos 14 días, el único sistema viable es tener un pequeño reactor nuclear. Desarrollar este equipo para que trabaje de forma fiable en la luna va ser también extremadamente complejo. Y, por supuesto, todos los sistemas de soporte vital, como el oxígeno y el agua. Se necesitan sistemas de reciclado de aire y de orina para que no sea necesario estar llevando grandes cantidades de ambas cosas de forma permanente, lo cual sería una pesadilla logística. Y luego está el tema de la radiación. La luna no tiene campo magnético que proteja a los astronautas de la radiación. Una exposición de larga duración aumentaría enormemente la posibilidad de desarrollar tumores. Por tanto, es necesario pensar la manera de evitar esto. Se está hablando por ejemplo de montar la base lunar dentro de cuevas naturales que podamos encontrar en la luna. En resumen, la lista es casi interminable y casi todos los elementos que se necesitan son de alta complejidad. Se va a necesitar mucho tiempo y dinero para llevar esto a cabo.

Foto de la Tierra tomada desde la cara oculta de la LunaCedida

—¿Qué avances cree que son los más urgentes para poder aterrizar en el planeta rojo?

—Ir a Marte tiene todos los desafíos que he mencionado para la Luna, pero amplificados. El factor que lo hace muchísimo más complejo es la distancia. La Luna está a unos 400.000 kilómetros de la Tierra. La distancia a Marte cambia según el punto de la órbita en el que ambos planetas estén, pero oscila entre un mínimo de 55 millones de kilómetros y un máximo de 400 millones de kilómetros. Un viaje de ida y vuelta con astronautas a Marte llevaría del orden de tres años. Solo ir y volver. Si echas las cuentas de la cantidad de comida, agua y oxígeno que necesitaría una tripulación de cuatro o cinco personas, simplemente pensar en llevar todo ese peso en una nave te deja anonadado. Si entrar en la atmósfera terrestre con una pequeña capsula es muy complicado, pensar en hacer lo mismo en Marte, es exponencialmente más complejo. Si tuviese que decir la tecnología más importante que habría que desarrollar, desde mi punto de vista, sería el sistema de propulsión. Con la tecnología que tenemos ahora mismo, las velocidades que conseguimos alcanzar se quedan muy cortas para viajar distancias tan grandes. Si fuésemos capaces de ir en unas pocas semanas, en vez de meses, el reto sería más asequible. También querría decir que podríamos tener sistemas de descenso a la superficie mucho mejores. Un salto tecnológico en este campo sería fundamental para acercar el sueño de ir a Marte. Ahora mismo todavía nos falta mucho para poder intentarlo de manera segura.

—¿Qué beneficios reportará a la sociedad si se consigue explorar Marte?

—Es una pregunta muy difícil. El desarrollo científico y tecnológico siempre aporta intangibles que no te esperas y también puede que aporte mejoras técnicas que ni siquiera viste venir. Por un lado, es importante entender por qué Marte perdió toda el agua que hoy pensamos que tuvo hace millones de años. Es importante entenderlo, por si acaso tuviésemos que aplicar alguna lección para intentar prevenir que le ocurra lo mismo a nuestra querida Tierra. Aunque difícil, nunca se sabe. Tener más conocimiento de otro planeta nos va a ayudar a entender mejor como se formó el sistema solar o incluso el universo, así que desde el punto de vista científico, podría ser muy relevante. Desde el punto de vista tecnológico, se me ocurren varias cosas. Un sistema de reciclado de orina en agua potable con rendimientos del orden del 99% podría ser muy útil en la Tierra, en todos aquellos lugares donde haya escasez de agua. Un salto tecnológico en los sistemas de propulsión podría facilitar que se use también en la Tierra y acortar los viajes intercontinentales de manera muy significativa. Podríamos llegar a poder viajar al otro lado del planeta en menos de una hora. Imagínese de Asturias a Australia en 50 minutos… En cualquier caso, todos los avances tecnológicos aportan beneficios a la sociedad. Cuando te enfrentas a retos tan enormes como ir a Marte, hay un montón de tecnologías que tienen que mejorarse enormemente o desarrollarse por completo, y eso siempre es bueno.


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