La 'generación perdida' de Mareo y su influencia en el Sporting Atlético
Sporting 1905
Situación de la cantera rojiblanca
05 Jun 2025. Actualizado a las 11:30 h.
La llegada del Grupo Orlegi supuso una apertura internacional en la cantera del Real Sporting de Gijón tan acelerada como inusual. Si bien ya habíamos conocido etapas anteriores con una fuerte presencia de jugadores de fuera de Asturias en el filial rojiblanco -como aquel recordado Sporting B de José Alberto que rozó un ascenso a Segunda División inviable por cuestiones administrativas-, resultó especialmente chocante para la afición sportinguista comprobar que, en apenas tres años, habían pasado por el filial hasta quince futbolistas extranjeros de nueve nacionalidades distintas, con una clara influencia para ello de la nueva propiedad, con múltiples apuestas llegadas desde México.
Con los resultados, las dudas no tardaron en aflorar: ¿Qué ocurrió con aquella generación que, por edad, debería estar compitiendo ahora en el segundo equipo? ¿Era necesario incorporar tantos refuerzos si el objetivo deportivo de ascender no se viene consiguiendo? En relación con lo segundo, el propio David Guerra, presidente ejecutivo del club, ha admitido que no se ha sabido integrar bien ese talento foráneo con el ya existente en la Escuela. Aun así, la explicación oficial de este aperturismo apela a la competencia interna, un argumento que, al menos en la teoría, tiene un sentido. Pero para responder a la primera cuestión es necesario mirar atrás y entender cómo ciertas decisiones pasadas siguen teniendo hoy consecuencias visibles.
Retrocedamos hasta 2020, un año marcado de forma indeleble por la pandemia. Poco antes del confinamiento, en el mes de marzo, se disputaba un estimulante partido de categoría cadete entre el Gijón Industrial y el Real Sporting en el campo de Santa Cruz, a escasos metros de mi casa, perfecto para medir el nivel de esa camada. Ganaron los locales, dirigidos entonces por Marcos Landeira -hoy segundo entrenador del División de Honor- por 3-2. Al revisar aquella alineación sportinguista aparecen nombres que ahora resultan familiares: Jorge Montes, Aarón Quintana, Enol Prendes, Samu Montes, Marcos Fernández o Sergio Dacal, actualmente en el Almería B. En su mayoría, parte del núcleo 'veterano' del Sporting Atlético, con dos años compitiendo en el filial y en plena fase de maduración que ya les acerca, en algunos casos y con timidez, a llamar a la puerta del primer equipo.
No es casual. Tras la interrupción de las competiciones, la Federación organizó torneos cortos para salvar como se pudiera aquella atípica temporada 2020/21. Todos los clubes asturianos retomaron la actividad, salvo uno: el Sporting. En Mareo, la cantera quedó prácticamente paralizada, sólo con los equipos juveniles regresando a la competición al mismo tiempo que sus rivales. Aquella generación cadete que se quedaba sin dar el salto a juveniles se quedó sin jugar, al igual que aquellos que venían por detrás. Y el contraste con los que sí subieron -los nacidos en 2004- es hoy abismal.
De los del 2005, apenas tres han entrado en la dinámica del Sporting Atlético: Carlos Hernández, el citado Marcos Fernández y Borja Montes. Algo más de presencia de las generaciones 2005 y 2006 de Mareo hay en el Sporting C y el División de Honor, pero prácticamente basta una mano para contarlos. Un balance devastador de jugadores que ya deberían formar parte del segundo equipo o, en algunos casos, en su último año juvenil. Son precisamente los que lograron avanzar a la categoría juvenil quienes hoy forman buena parte de la columna vertebral del filial. Lógicamente, no todos llegan, y en el trayecto hasta el principal filial son varios los que se quedan por el camino, pero resulta evidente que el Sporting está pagando hoy el precio de aquella decisión de hace cinco años.
De aquellos barros estos lodos. No solo se perdió un año de formación clave en esa generación de futbolistas, sino que también se empujó a muchas familias a buscar alternativas en otros clubes, debilitando la estructura, y se interrumpió la captación de talento por debajo de la categoría juvenil. Ese agujero generacional era, y sigue siendo, difícil de cubrir.
La nueva dirección deportiva de Mareo, ya bajo el mando de Orlegi, se topó de frente con esta carencia en el verano del 22 justo cuando a esa generación le correspondía en general dar el salto al juvenil A. Mientras, recordemos, a ese grupo de juveniles la temporada anterior le había endosado un sonrojante 11-0 el Celta. Juntando ambas cosas, no era para ser especialmente optimista. La gran mayoría de jugadores de los grupos del 2005 y 2006 compiten hoy en equipos de categoría regional, por debajo de Tercera RFEF, o directamente ha abandonado la práctica del fútbol. Por tanto, aunque la gestión de Orlegi haya sido criticable en muchas decisiones -con una inversión que se mantiene lejos de la profesionalidad que aún hoy proclaman-, lo cierto es que se enfrentaron a un contexto de necesidades sin precedentes. Algo que explica -aunque no justifica toda decisión tomada- la avalancha de incorporaciones en el Sporting Atlético.
Es fácil llevarse las manos a la cabeza o poner el grito en el cielo cada vez que algo se sale de la norma en el Sporting, como si lo que pasa aquí no sucediera en ningún otro sitio. Spoiler: sí pasa. Pero este caso concreto es peculiar, y escarbar en sus causas no resulta sencillo. Sin embargo, casi todo tiene un porqué si se analiza con perspectiva, y las semillas plantadas hace 5 años apenas han dado sus frutos hoy.
Esa perspectiva apunta a cambiar, pasando este mal trago para la base rojiblanca. Hoy, con una nueva estructura al frente de Mareo, el club parece decidido a recuperar una filosofía más apegada a sus raíces, dando protagonismo al talento local y reduciendo la dependencia de refuerzos externos. El contexto también acompaña, con una generación juvenil muy bien valorada en Mareo. Un grupo de jugadores que, curiosamente, representa de hecho esa amplitud de miras que tanta falta hace al pensar en la cantera, y es que la mayoría de ellos llegaron a Mareo durante la etapa anterior, cuando Javier Fernández aún era el máximo accionista. Aun así, seguiremos escuchando hablar de «fracaso» si los resultados inmediatos no acompañan. Como si eso fuera lo importante.