Italia dice adiós a Berlusconi, el magnate que cambió el modo de hacer política

Valentina Saini VENECIA / E. LA VOZ

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Berlusconi, en agosto del 2010.
Berlusconi, en agosto del 2010. Remo Casilli | REUTERS

Mañana, día de luto nacional, el ex-Cavaliere será enterrado en un funeral de Estado

13 jun 2023 . Actualizado a las 08:15 h.

Italia dice adiós al tres veces primer ministro italiano Silvio Berlusconi, y con él a una época de la historia del país transalpino. Para bien y para mal. Odiado y admirado a la vez, el magnate fue el precursor de una forma de hacer política durante las cuatro décadas en las que fue protagonista indiscutible de la vida pública y empresarial italiana. 

Tras su fallecimiento este lunes a los 86 años en un hospital de Milán debido a la leucemia que padecía -además de problemas cardíacos-, será despedido en un funeral de Estado el miércoles, día de luto nacional, en la catedral de Milán, su ciudad natal y donde forjó todos sus logros. Hasta ese día sus restos mortales permanecerán en su residencia de Arcore para ser velados solo por sus familiares y allegados.

Según Gian Arturo Ferrari, escritor y exdirector del gigante editorial Mondadori, que el ex primer ministro adquirió en 1991, el ex-Cavaliere (un título que perdió en el 2014 tras ser condenado por fraude fiscal), tenía su particular visión del mundo: en la cúspide estaban los fundadores, los artífices de las empresas, los motores de la sociedad; le seguían los empresarios, dispuestos a arriesgar su patrimonio y toda su energía para mantener en pie las empresas heredadas o adquiridas; los profesionales de todo tipo (actores, futbolistas, artistas, abogados, contables...), con un verdadero dominio de su oficio; por último, los directivos, incapaces de arriesgar y de crear, pero marcados por una sed desmesurada de poder.

Berlusconi se veía a sí mismo como un fundador, un constructor de imperios. Y de hecho lo fue. Nacido el 29 de septiembre de 1936, de joven trabajó como animador de cruceros (era un modesto cantante). Pero descubrió muy pronto su verdadera vocación: los negocios. Empezó en el sector de la construcción en la pujante Italia de los años sesenta. Su pasión por el ladrillo culminó con la construcción, entre los años 70 y principios de los 90, de Milán 2 y Milán 3, pequeñas «nuevas ciudades» con parques, senderos peatonales y carriles bici destinados a la burguesía cansada de la contaminación y el tráfico de esa rica ciudad del norte de Italia.

Pero su verdadera pasión era el espectáculo, ya desde niño adoraba las marionetas y soñaba con ser director de orquesta. En 1978, a raíz de una sentencia del Tribunal Constitucional que consideraba legítima la existencia de televisiones locales, compró TeleMilano, que en 1980 se convirtió en Canale 5. A esta se unieron posteriormente Italia 1 y Rete 4: lo que era una pequeña televisión regional se convirtió en la gran cadena nacional Mediaset.

Berlusconi revolucionó la pequeña pantalla italiana, no siempre para bien. Contraprogramó el rigor y la pedagogía de la cadena pública (la RAI) con programas de entretenimiento. Pese a las críticas de los intelectuales y parte del público por su mal gusto y la cosificación de las mujeres, la televisión al estilo Berlusconi fue un rotundo éxito. Uno de sus puntos fuertes era que parecía conocer a la perfección los gustos de millones de italianos, desde la ama de casa de Milán al trabajador de Nápoles.

También le resultó útil convertirse en 1986 en el presidente del club Milan, un equipo en declive que pronto volvió a ser una superpotencia futbolística, ganando en poco más de doce años seis títulos de la Liga, tres de la Champions, otras tantas supercopas de Europa, dos intercontinentales y cuatro supercopas de Liga.

A principios de los 90, era uno de los hombres más respetados y populares de Italia. Sabía hablar, tenía carisma, era un ganador. Sobre todo, era muy rico, como dueño de un imperio que iba de la construcción a la publicidad, de la televisión a la prensa, del deporte a los libros.

Cuando, con el proceso judicial de los fiscales de Milán conocido como Manos Limpias, se descubrió que la política italiana estaba plagada de corrupción y los dos principales partidos (Democracia Cristiana y Partido Socialista) entraron en una crisis que culminó con su desaparición, Berlusconi se preocupó, al igual que otros grandes empresarios italianos: había muchas probabilidades de que, dada la situación, el Partido Democrático de la Izquierda, heredero del Partido Comunista, tomaran el poder.

Así que decidió «saltar al campo». Creó un partido de la nada: Forza Italia, de orientación liberal, proeuropea y profundamente anticomunista. Se alió con fuerzas de derechas: la Liga Norte, que soñaba con la independencia de la Padania, y Alianza Nacional, un partido postfascista muy fuerte en el sur. En marzo de 1994 Berlusconi ganó las elecciones generales y sus adversarios le recriminaron que su victoria fuera gracias a su arsenal mediático. Sin embargo, su primer Gobierno duró poco: Berlusconi dimitió en diciembre.

Sin embargo, el multimillonario no se rindió, y en el 2001 volvió al poder con sus habituales aliados de la derecha. En el Parlamento contaba con una sólida mayoría y muchos en la izquierda temieron que Italia estuviera al borde de una dictadura populista, ya que ningún hombre había concentrado tanto poder en sus manos desde Mussolini. En el 2002, Berlusconi consiguió que dos periodistas y un cómico muy críticos con él fueran expulsados de la televisión pública con el llamado edicto búlgaro. Fue un escándalo, pero muchos votantes siguieron apoyándole, porque estaban convencidos de que él —un empresario de éxito— sería capaz de reactivar la economía italiana.

No fue así. El milagro que prometía nunca se materializó. De hecho, entre los años 2002 y 2005 la economía italiana creció de forma anémica: +0,3 %, +0,1 %, +1,4 % y +0,8 %. En el 2006, Berlusconi volvió a la oposición, pero debido a las disputas internas de la frágil coalición de centroizquierda, recuperó el poder dos años después. Pero a estas alturas su época política ya estaba en su ocaso: el nuevo Gobierno de centroderecha era débil y se derrumbó en el 2011 a golpe de escándalos y de una devastadora crisis financiera que llevó al país al borde de la quiebra.

Pronto surgieron los nuevos líderes de la extrema derecha populista: Matteo Salvini y Giorgia Meloni (que fue ministra de Juventud en el último Gobierno) , que este lunes lo recordó en sus redes sociales, definiéndole como «un gran italiano». Orros como el ex primer ministro Matteo Renzi, reconocía que Berlusconi «ha hecho historia», al margen de los sentimientos que generó —«muchos lo amaron, muchos lo odiaron»—.

El primero en lamentar su muerte fue el húngaro Viktor Orbán. Poco después Vladimir Putin recordaba a un «auténtico patriota» y a «un verdadero amigo». Menos afectuosos fueron en Bruselas y Washington.