El arte que obliga a mirar lo que no queremos ver: así son los impactantes dibujos a bolígrafo de esta asturiana
Asturias
Cada creación en un mensaje directo y contundente sobre la urgencia de cuidar nuestro planeta
26 Jan 2026. Actualizado a las 05:00 h.
Hay numerosos artistas que, a través de sus dibujos, denuncian las injusticias del mundo actual. Sin ningún tipo de filtro, utilizan esta forma de expresión para abordar cuestiones sociales y políticas. Con una mirada crítica y comprometida, visibilizan problemas que afectan a nuestro entorno, no solo para generar debate, sino para crear conciencia e inspirar cambios. Entre estas personas capaces de transmitir tanto con pocos trazos se encuentra Cassandra. Esta asturiana, que adopta el nombre de la princesa troyana de la mitología griega por motivos de seguridad, centra su obra en las acciones que contribuyen al cambio climático y sus consecuencias, convirtiendo cada creación en un mensaje directo y contundente sobre la urgencia de cuidar nuestro planeta.
Como es consciente de que no hay nada «más poderoso» en este mundo que una imagen impactante, Cassandra utiliza su talento, principalmente, para mostrar la «verdadera» naturaleza del automóvil. Con él aborda el problema de las emisiones de carbono y, sobre todo, el uso «masivo e indiscriminado» de los coches, porque «hoy en día, aunque la gente no lo quiera admitir, es uno de los mayores asesinos de la humanidad y del planeta». «Se nos ha obligado a depender del petróleo para todo. Estamos rodeados de productos derivados y relacionados con él, tanto que están formando ya parte de nuestro cuerpo», apunta la artista asturiana.
Precisamente por esto, una de sus creaciones más impactantes sobre la quema desmedida de combustibles fósiles y sus consecuencias está protagonizada por una mujer embarazada, desnuda entre el tráfico. «Está completamente expuesta a los efectos fatales de esta dependencia», asegura. «La mascarilla que lleva no es por el coronavirus, sino por el aire lleno de CO2», añade, explicando que forma parte de una serie de dibujos climáticos realizados entre 2004 y 2006. Otra de sus obras destacadas es la ilustración de la garra de un águila gigantesca exprimiendo un coche. «Representa la entropía climática destruyendo nuestro fetiche: el motor de combustión», aclara.
Con cada uno de sus trabajos, incluido el de la mujer en medio de una inundación arrastrando coches, premonitoria de la Dana de Valencia, la artista asturiana busca «obligar a la gente a mirar lo que no quiere ver y a tomar conciencia de manera urgente, porque ya no hay tiempo». «Con mis dibujos trato que las personas se vean reflejadas, como si fuera un espejo, para que reaccionen y, sobre todo, piensen en el peligro que corremos y al que nos empuja esta desbocada y fosilista sociedad», advierte con la firme idea de que su obra impulse una reacción inmediata.
A renglón seguido manifiesta que los vehículos de motor son «un ejército atronador que nos envenena lenta e inexorablemente, a nosotros y a nuestro hijos bajo una falsa sensación de libertad». «Se han convertido en un “tótem” y es un “tabú” mostrar lo que son y lo que producen: un caos climático. Son destructores de la atmósfera, del clima del planeta tanto por las emisiones de CO2, como por su dependencia del petróleo y por la implacable y bárbara destrucción que implica obtener todos sus componentes, incluidos los de los eléctricos», alerta la artista, dejando claro que estas amenazas requieren nuestra atención y acción de manera instantánea.
El proceso de creación
Para hacer activismo a través de sus obras, la artista asturiana visualiza primero los mensajes que quiere transmitir y se comprenden mejor con una imagen. «Hago fotos y busco técnicas expresivas, sobre todo en libros o cómics de los años 70», precisa. A partir de ahí, coge un bolígrafo BIC y dibuja directamente a mano alzada sobre materiales reciclados. «No hago bocetos previos», reconoce. Todas sus obras nacen de la improvisación y con cada trazo busca capturar la intensidad del mensaje. «Me gusta usar fuertes contrastes, tanto en la línea como en el color negro, para crear una atmósfera dramática. Pienso que es la manera más adecuada de mostrar que el futuro que nos espera ya ha comenzado y que sus consecuencias son inminentes», confiesa.
Cassandra centra ahora su trabajo de estilo neo-expresionista en la amenaza creciente de los super incendios. «Como apunta el científico del CSIC, Fernando Valladares, “solo se detienen cuando no queda nada que quemar”», explica. La artista destaca que los medios de extinción resultan «insuficientes» y que estos fuegos forestales se han convertido, por tanto, en fenómenos «aterradores». Pone de manifiesto los incendios que tuvieron lugar en California en enero del año pasado y que causaron 400 víctimas. «Mientras seguimos quemando petróleo sin medida, los ecosistemas que sostienen la vida de personas y animales corren grave peligro, y se requieren actuaciones urgentes», añade.
Aunque tuviera el superpoder de cambiar el mundo solo con sus dibujos, la artista asturiana sabe que sería muy difícil lograrlo. «Es casi imposible revertir la situación ahora, porque hemos entrado en una etapa de consecuencias», lamenta. «Vamos en un tren sin frenos que descarriló varias estaciones atrás y ahora cae por un precipicio sin haber tocado fondo aún. La humanidad tiene un problema de tiempo de reacción. Estamos totalmente desconectados de las leyes geofísicas que nos van a aplastar, no percibimos el peligro y solo lo haremos demasiado tarde, cuando ya empiecen los gritos y los llantos», lamenta.
De todas formas, «esto ya ha comenzado». «Hemos superado siete de los nueve limites planetarios y hemos cruzado la línea roja del 1,5 grados global, cuando, según un estudio de la Industria del Seguro Británico, en colaboración la Universidad de Exeter, a los 2 grados Globales, a los cuales vamos de cabeza y antes de lo esperado, morirán 2.000 millones de personas; y a los tres, 4.000 millones. Eso sin hablar de guerras por recursos básicos como agua y alimentos por quiebra de las cosechas y sin contar las migraciones masivas», subraya.
Lo «único» que puede hacer ahora es usar su arte para denunciar lo que está ocurriendo. Por eso, con sus dibujos trata de que generar «miedo y conmoción» en quienes se detienen antes ellos para «que aprendan a ver, y sobre todo que se pregunten sobre el sentido de todo lo que están haciendo día a día, sobre el tipo de “no futuro” que les espera a sus hijos». «Ese sería el primer paso para que dejen de desplazarse de una manera que destruye la vida y su propia existencia», clama.
«El arte tiene que agitar conciencias, desafiar el poder, desobedecer y decir la verdad»
Si tuviera que dar un consejo a quienes quieren unir arte y activismo en su trabajo creativo, Cassandra lo tiene claro: no tener miedo y olvidarse de las censura. «La sociedad necesita artistas comprometidos y no tanta basura que se hace hoy pasar por arte. Que se decidan a crear y denunciar todo aquello que la gente no se atreve a decir. El arte tiene que agitar conciencias, desafiar el poder, desobedecer y decir la verdad. El mundo muere por la mentira, y la mayor verdad con la que estamos viviendo ahora y por la que vamos a colapsar y extinguirnos es el caos climático antropogénico», advierte.
«En todas las etapas de la historia, los artistas dejaron buena muestra de lo que era la sociedad y la naturaleza en su tiempo. Algunos llegaron a la humanidad obras magistrales, otros obras más discretas; algunos fueron censurados e incluso castigados por lo que los gobernantes calificaron como un atrevimiento imperdonable. A través del tiempo han llegado hasta nosotros, y hoy, que nuestra supervivencia como especie está tan pendiente de un hilo y podemos arrastrar a todas las formas de vida hacia nuestro omnicidio, ¿Por qué no empezamos a expresarlo y a hablar de ello por todos los medios posibles?», prosigue, no sin antes avisar de que: «nos queda poco tiempo».
Así es como esta asturiana transforma el arte en una herramienta de confrontación y reflexión inmediata. Con sus pequeñas creaciones, que expone públicamente a través de pegatinas colocadas por distintos puntos del Principado, busca despertar conciencia y confrontar al espectador con la realidad que habitualmente elige ignorar. «No trato de que se profetice el futuro, simplemente obligo a las personas a ver aquello que no quieren ver, porque, por desgracia, las cegueras colectivas conducen a un futuro siniestro», sentencia, confiando en que se actúe cuanto antes para proteger lo que todavía no hemos destruido y sentar así las bases de un planeta habitable para las generaciones futuras.