De hacer malabares en los semáforos de Gijón a conquistar el mundo con su magia: «La pasión hace que las cosas sean diferentes»
Asturias
Oriundo de Buenos Aires y afincado en Gijón, Adrián Conde triunfa con su espectáculo de magia familiar «Le Petite Caravane», una propuesta artística que se desarrolla dentro de una pequeña caravana y que sigue conquistando al público tras más de una década
18 Mar 2026. Actualizado a las 05:00 h.
Adrián Conde encontró en el arte la manera de canalizar los sentimientos que de pequeño no sabía expresar. Su historia comienza en Buenos Aires, su ciudad natal, aunque el argentino y su magia encontraron su lugar hace más de veinte años en Asturias. Y es que lo que comenzó con espectáculos de malabares frente a los semáforos de Gijón para conseguir algo de dinero ha terminado llegando a teatros de todo el mundo.
En su Argentina natal, Adrián Conde se formó en teatro, música y magia. Comenzó allí, en Buenos Aires, a hacer sus primeros espectáculos en la calle, pero con veinticuatro años le surgió la oportunidad de continuar desarrollando su arte en España. Por aquel entonces, «en Argentina la cosa no iba del todo bien, era la época del corralito. Mi hermano vivía en Tenerife y me comentó que allí había un montón de artistas». Con una maleta cargada de sueños, Conde decidió trasladarse hasta la isla, donde comenzó a trabajar haciendo espectáculos para turistas.
Pero Tenerife no sería su lugar definitivo; Tras un año en el archipiélago canario, Conde decidió trasladarse a Asturias. Lejos del bucólico paisaje que uno espera encontrar cuando llega a la región, las primeras horas del argentino en el Principado fueron algo diferentes. «El primer día fue raro. Llegué en tren desde Madrid. Recuerdo que me desperté en Mieres, todo estaba oscuro y llovía mucho; era un día horrible». Pero su primera impresión sobre Asturias no tardó en cambiar. «Ahora me encanta Asturias, llevo veinticinco años en Gijón y no hay forma de echarme de aquí; ya me siento mitad argentino, mitad asturiano» .
Adrián Conde lo tenía claro: quería vivir del espectáculo. A su llegada a la villa marinera, el argentino comenzó a hacer malabares en los semáforos de la ciudad. «Trabajaba pasando la gorra para ganar unas monedas». A pesar de las dificultades, continuó apostando por el espectáculo. «Cuando tienes claro a qué te quieres dedicar desde pequeño, no existe otra opción». Para Adrián, el arte es la forma de «expresar y canalizar» todo lo que siente. «Desde pequeño lo usé para eso: cuando mis amigos salían de fiesta, yo escribía poemas. Aprendí a canalizar así las emociones y, poco a poco, fui creando algo muy grande».
La constancia y la dedicación del argentino hicieron que el arte de Adrián Conde comenzara a llenar teatros y que su magia empezara a traspasar fronteras. «Tener claro lo que te gusta, el esfuerzo y la pasión hacen que las cosas sean diferentes». Así, el espectáculo de magia de este argentino asentado en Asturias ha recorrido ya varias partes del mundo. Adrián ha tenido la oportunidad de llevar su magia a teatros de Taiwán, Singapur o Dubái; sin embargo, hay un teatro que aún se le resiste, y es que, a pesar de estar tan cerca, Conde aún no ha tenido la oportunidad de subirse al Teatro Jovellanos. «A veces lo pienso. ¿Cómo es posible que haya actuado en la otra punta del mundo y no haya actuado en un lugar que me queda tan cerca? Me encantaría actuar en muchas localidades de Asturias a las que aún no he tenido la oportunidad de llevar mi magia».
Le Petite Caravane
Uno de los espectáculos más característicos de la compañía de teatro de Adrián Conde es Le Petite Caravane. Se trata de un espectáculo de magia que se desarrolla de manera íntegra dentro de una pequeña caravana y que está orquestado por un pequeño mago interpretado por el propio argentino. Todo surgió en Cantabria: «Mientras paseaba con un amigo, vimos cómo alguien estaba haciendo un espectáculo de títeres dentro de un remolque. Ahí me vino la idea de hacer un espectáculo de magia dentro de una caravana». Lo que en un principio fue una idea al aire terminó por convertirse en realidad. «Mi amigo me mandó un anuncio de una caravana que se vendía en Asturias; me dijo que fuera a verla y la compré». Surgió así Le Petite Caravane, un espectáculo que catorce años después continúa conquistando al público asturiano.
El secreto de su éxito, confiesa Adrián, es que Le Petite Caravane está pensada para hacer disfrutar a todo el mundo: «entretiene y sorprende a todo el mundo por igual, tanto a niños como a adultos y porque, aunque ya ha pasado más de una década, la gente lo sigue viendo como algo novedoso». El espectáculo comienza fuera de la caravana, momento en el que Félix Corcuera da la bienvenida a los espectadores. «Él es el espíritu del espectáculo; hay gente que se acerca solo para verle a él. Con su presentación, Félix hace que el espectáculo ya esté servido desde antes de entrar a la caravana». Además, cuando los espectadores cruzan el umbral de la puerta del vehículo, «se trasladan a otra atmósfera, entrar en un teatro único».
Tras treinta años dedicados al público familiar, Adrián y su equipo, formado por Carolina Bello, Félix Corcuera y Arturo Saavedra, se enfrentan a su mayor reto: un espectáculo dedicado en exclusiva al público adulto. Se trata de la obra Memoria de la Nisal , que estará presentada en el Teatro Filarmónica de Oviedo el próximo 24 de abril. Además, será la primera vez que el argentino no esté sobre el escenario en una de sus obras; en esta ocasión, Adrián estará tras el telón ejerciendo sus labores como coproductor.