La Voz de Asturias

Edita Menéndez, una de las alumnas más veteranas de la Universidad de Oviedo: «Tengo un montón de libretas con apuntes»

Avilés

Esther Rodríguez Redacción
Edita tiene más de 80 años y aún no se ha cansado de aprender

Esta octogenaria forma parte del programa para personas mayores de la institución académica asturiana. Gracias a esta iniciativa educativa, ha podido adquirir nuevos conocimientos y establecer nuevas relaciones sociales

20 Mar 2026. Actualizado a las 05:00 h.

A muchos adultos les incomoda hablar de su edad por todos los estigmas asociados a envejecer. Aunque puede que no sea este el motivo, lo cierto es que a Edita Menéndez no le gusta, «para nada», decir los años que tiene. «Ochenta y muchos. Y ya te digo bastante», asegura. Lo dice a regañadientes, a pesar de ser plenamente consciente de que la edad es solo un número. «Lo más importante es tener salud», dice y lo demuestra. Con la misma energía que siempre la ha caracterizado, esta vecina de Avilés coge casi todos los días su mochila, cargada de experiencia de vida, y asiste a las clases del programa PUMUO de la Universidad de Oviedo, porque le «encanta» aprender.

Ese afán por descubrir el entorno que nos rodea y adquirir nuevos conocimientos lo heredó de su progenitor, tipógrafo de profesión. «Era un hombre al que le gustaba mucho leer, y yo leía mucho con él. Buscaba sobre todo palabras en el diccionario para conocer su significado y también para saber cómo se escribían correctamente, porque a mi padre no le gustaba que tuviera faltas de ortografía», recuerda con cierta nostalgia. Aunque en su época de su niñez los niveles de analfabetismo eran muy elevados, Edita sabía interpretar textos, escribir y también sumar, restar y multiplicar porque, además de lo que le enseñaba su mejor maestro, iba a la escuela.

«Fui al colegio hasta los 12 años porque tuve que ponerme a coser y bordar con mi madre. Después me preparé para ser taquígrafa y mecanógrafa. Estudié también contabilidad y cuando terminé, con 15 años, empecé a trabajar en la oficina de una empresa», relata. Durante diez largos años se empleó en una compañía de su localidad natal, donde adquirió una gran experiencia en gestión administrativa y consolidó las habilidades que había aprendido desde niña. Aunque le gustaba la profesión, en el momento que se casó y formó una familia decidió dedicarse en cuerpo y alma en el cuidado de sus cuatro hijos.

Desde que era una niña, a Edita siempre le gustó mucho leer

Cuando vio que los amores de su vida estaban ya encaminados, con 50 años, decidió retomar los estudios para ampliar sus conocimientos y crecer así personalmente. «Mis hijos fueron todos a la universidad y yo siempre tuve esa cosa de no haber estudiado. Así que primero me apunté para sacar el Graduado Escolar porque no lo tenía y al poco de obtenerlo vi en el periódico que la Universidad de Oviedo ponía en marcha en Avilés el programa PUMUO. Cuando empezó en Oviedo me planteé hacerlo allí, así que en cuanto se abrió la matricula me inscribí y hasta hoy», cuenta.

Aunque tenía ya cierta edad y llevaba tiempo sin ejercitar la menta, no le costó «nada» volver a engancharse a los libros. «Me fue muy fácil porque me gustaban todas las materias», confiesa. Se sacó el graduado escolar casi con la gorra, y lo mismo sucedió con los cinco cursos del programa educativo de la institución académica asturiana, diseñado para ofrecer una formación universitaria general a quienes, por circunstancias de la vida, no han podido estudiar, al tiempo que fomenta el interés por el conocimiento y la cultura, favorece la interacción social y proporciona recursos que permiten mejorar la calidad de vida de las personas con más de medio siglo.

«Aprobé además todo con muy buena nota», destaca sobre su historial académico. Y está muy orgullosa de ello. No es para menos, porque no todo el mundo puede presumir de haber retomado los estudios en la etapa adulta y, menos aún, de jactarse de lograr buenos resultados tras haber dejado de lado durante años los hábitos de aprendizaje. De acuerdo con diversas investigaciones científicas, aunque el cerebro adulto mantiene la capacidad de aprender, el proceso se vuelve más complejo debido a factores biológicos, cognitivos y de estilo de vida. Pero si tiene interés y es constante, como Edita, puede adquirir nuevos conocimientos al igual que un niño.

Edita Menéndez, junto con sus compañeras, el día que se graduó en PUMUO

En estos 20 años que lleva yendo a las clases del programa para mayores de la Universidad de Oviedo, la avilesina ha recibido formación sobre áreas de humanidades, ciencias sociales, salud y tecnología. De todas las materias que ha impartido las que más le interesan son las relacionadas con el estudio del ser humano, la sociedad y la cultura. «Me gusta también mucho la asignatura de botánica», asegura, antes de señalar que el taller de cine es su favorito. Tal es así que, este año, es al único que asiste.

Al haber cursado ya 10 asignaturas de cada área de conocimiento y haber asistido a 20 talleres, Edita ya se ha graduado en PUMUO. Esto quiere decir que ha completado con éxito este ciclo formativo que está dividido en cinco cursos académicos. Pero como no se cansa de aprender, aunque cuente con el título, sigue asistiendo a aquellas clases que le resultan más interesantes. «Ahora solo voy al taller de cine, que es el que más me gusta, y cuando me apetece asisto como oyente a las materias que me interesan», detalla.

Además de haberle brindado la oportunidad de adquirir nuevos conocimientos, este proyecto educativo le ha permitido también poner en práctica lo aprendido, además de descubrir de primera mano cómo se desarrollan ciertos trabajos a los que, «de no ser por la universidad» no hubiese nunca tenido la ocasión de conocer la importante labor que desempeñan para la sociedad. «Nos llevaron a ver cómo se hacía una película y aquello fue una maravilla. También visitamos la sede de la Comunidad Europea, donde se hacen los tratados, y un laboratorio en Oviedo, donde nos enseñaron cómo se analizaba el ADN», señala como ejemplo de «esas cosas que no hubiera pensado nunca que las iba a disfrutar».

Aprende y crea vínculos personales

Valora también positivamente que PUMUO sea un espacio de interacción social. «Hay una convivencia muy buena», destaca Edita, quien incluso ha hecho amistades. «Tengo unas amigas de clase estupendas», reconoce. Con ellas y junto con el resto de compañeros participa en las excursiones que se organizan dentro de este proyecto educativo a otros puntos de la región e incluso a otras comunidades. «Hemos ido a León, a Santander y a muchísimos sitos más», destaca, no sin antes agradecer la implicación de los profesores que hacen posible estos viajes. «Son los que lo organizan y una vez en el lugar nos explican todo», pone de relieve.

Por su cuenta, con sus compañeros, organiza comidas para celebrar el fin de curso y durante todo el año mantienen encuentros, más allá de las aulas, para fomentar esos vínculos. «Como no tenemos deberes, nada más salir de clase, muchos nos vamos a tomar un café», dice Edita, quien, una vez en casa, aprovecha para darle un repaso a lo aprendido. «Antes anotaba toda. Tengo un montón de libretas con apuntes. Pero, ahora, como ya es todo tecnológico pues no me hace falta. La universidad tiene una página web donde están subidas las clases y yo aquellas que me gustan las tengo guardadas y si quiero las vuelvo a mirar», admite.

Haber tomado hace ya 20 años la decisión de formar parte del programa para personas mayores de la Universidad de Oviedo ha sido una de las mejores elecciones de su vida. «PUMUO está muy, muy, pero que muy bien. Más no se puede pedir. Yo lo recomiendo siempre a todo el mundo», concluye la avilesina, quien, aunque baraja que este será su último año, lo más seguro es que, si su salud se lo permite, se matricule en el próximo curso en al menos una asignatura, porque «no quiero perder el contacto». Para ella, formar parte del programa no solo ha sido una oportunidad de aprendizaje, sino también de mantenerse activa y conectada con nuevas personas y experiencias. 


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