Alfonso, de 78 años, el alumno más veterano de la Universidad de Oviedo: «Si todo va bien, este año me gradúo en mi cuarta carrera»
LA VOZ DE OVIEDO
Movido por su gran curiosidad intelectual, este salmantino todavía se sigue formando académicamente. Aprovecha el tiempo que le brinda la jubilación para satisfacer su deseo de adquirir nuevos conocimientos
12 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.No busca ser ejemplo de nadie. Pero, quiera o no, Alfonso Santos inspira y despierta admiración. Este salmantino es un espejo en el que muchos pueden mirarse. A sus 78 años, todavía mantiene un profundo interés por comprender y descubrir el entorno que nos rodea. Su curiosidad intelectual parece inagotable, razón por la cual no se cansa de aprender. Ya tiene tres títulos universitarios y está apunto de obtener el cuarto. «Si todo va bien, este año me gradúo», asegura el alumno más veterano de la Universidad de Oviedo.
Mientras busca un hueco en su agenda para hacerse la foto de la orla, reflexiona sobre el próximo grado universitario que cursará, con el objetivo de mantener su mente activa y ampliar al máximo sus conocimientos para fortalecer su pensamiento crítico. Aunque, a decir verdad, si todavía sigue formándose es porque, desde que se jubiló, no tiene en qué ocupar su tiempo libre. «No tengo nada mejor que hacer, así que prefiero estudiar para no aburrirme, porque soy una persona a la que no le gusta pasear, frecuentar bares ni viajar», reconoce.
Son muchos los motivos por los que sigue yendo a la Universidad, a pesar de su avanzada edad. Pero, en última instancia, lo que queda claro es que le complace hacerlo. «A mí me gusta mucho estudiar. Creo que uno debe ser curioso. Me gustaría aprender muchas cosas que aún desconozco, pero, lógicamente, el tiempo es limitado», reconoce este salmantino, quien agradece que su buen estado de salud le permita seguir formándose académicamente. «En ese sentido, me considero un afortunado», comenta.
Criado en el seno de una humilde familia de la sierra de Salamanca, Alfonso heredó ese interés por comprender mejor el mundo que nos rodea de su abuela. «Era una persona muy curiosa», recuerda. Como, a diferencia de sus padres, lo de trabajar en el campo no le llamaba mucho la atención, quiso también formarse académicamente para tener así mejores oportunidades laborales. Su intención era estudiar filosofía, pero, como por aquel entonces se decía que «las ciencias eran el futuro», cambió de parecer.
Su primera titulación universitaria
«Las opciones en la Universidad de Salamanca no eran muchas: biología o química, así que aposté por la segunda. No sé decirte el motivo porque la biología también me gusta mucho», dice el pequeño de los siete hermanos y el único que cursó estudios secundarios. Como los recursos económicos de la familia eran más bien escasos, no todos tuvieron el privilegio de poder tener una mejor formación académica. «Para mis padres suponía un gran esfuerzo», añade, agradecido por todo lo que hicieron por él.
Una vez que se convirtió en químico, preparó las oposiciones para ser docente de secundaria. Durante nueve años trabajó como profesor de Ciencias Naturales y, aunque le gustaba lo que hacía, no le acababa de llenar. Decidió, por tanto, estudiar Farmacia y, tras licenciarse, comenzó a ejercer en una botica de un «pequeño» pueblo de Zamora. Por cuestiones del amor, que todo lo gobierna, se vio obligado a hacer una breve pausa profesional para poder preparar las maletas y trasladarse a Asturias, tierra que siente como suya.
Ya afincado en la capital y familiarizado con la cultura y las costumbres de la región, aprovechó una oportunidad laboral que no podía dejar pasar: asumió el traspaso de una farmacia en la plaza de La Paz, donde trabajó hasta poner fin a su carrera profesional a los 70 años. «No quería jubilarme antes, así que lo hice en la fecha tope», reconoce. Pasó a tener todo el tiempo del mundo. Pero, como no sabía en qué ocuparlo y aún conservaba su curiosidad por comprender el mundo, decidió retomar sus estudios.
Vuelta al aula
Se matriculó en el grado en Historia y Ciencias de la Música de la Universidad de Oviedo. «Siempre quise estudios musicología porque, para mí, una partitura era un secreto. Al desentrañarla y lograr que el receptor perciba mis emociones y sentimientos, me resulta algo increíble», confiesa. Tras superar con éxito cada una de las asignaturas que conforman el currículo y, como no se cansa de aprender, comenzó la carrera de Historia del Arte. «Es una disciplina que también siempre me gustó», admite.
Fue su esposa quien, en realidad, despertó su interés por las manifestaciones artísticas. «A ella siempre le ha gustado mucho el arte. De hecho, regenta una galería aquí en Oviedo, en la que le ayudo en todo lo que puedo. Como no podía ser de otra manera, también tenemos en Salamanca una galería de arte con residencia para artistas», cuenta Alfonso, quien ya se encuentra en el último curso de la formación universitaria que ofrece una formación integral sobre la evolución del arte, abarcando el análisis de obras, estilos, movimientos artísticos y su contexto histórico.
«Si todo va bien, como hasta ahora, me gradúo este año», asegura Alfonso, quien no falta ni un solo día a clase. Para él es sagrado cumplir con sus obligaciones académicas. Con la prudencia y modestia que le caracterizan, todas las mañanas participa en las actividades educativas con total naturalidad, como un alumno más. Aunque triplica la edad a la mayoría de sus compañeros, su presencia en el aula pasa desapercibida. «Al principio sí que me sentía observado, pero luego ya no, porque profesores y alumnos le dieron normalidad», dice.
Estar rodeado de gente joven le resulta de lo más enriquecedor. «Es todo positivo. Mis compañeros son excelentes personas. Por eso, aunque parezca que sí, nunca me siento excluido. Es verdad que no tengo una gran comunicación con ellos, pero cuando interactúo lo hago con la mayor naturalidad y, al revés, también», confiesa el salmantino, que considera innecesario que sus condiscípulos pasen todo el tiempo posible con él para nutrirse de su experiencia.
El mayor desafío de estudiar a su edad
«No creo que puedan aprender de mí. Ni siquiera les puedo dar un consejo, porque no estoy para dar muchos consejos», dice Alfonso, quien, eso sí, cuenta con la ventaja de sus años de sabiduría. Pero, aunque la experiencia es un grado, no todo le resulta sencillo: las nuevas tecnologías se han convertido en su mayor obstáculo. «Me cuesta muchísimo tener que hacer trabajos con el ordenador. Es lo peor, porque además no me gusta la tecnología. Por suerte, cuento con la ayuda inestimable y certera de mi mujer», confiesa, agradecido por el apoyo de su compañera de vida.
Su larga trayectoria como estudiante le ha permitido, además de adquirir nuevos conocimientos, comprobar de primera mano cómo ha evolucionado el sistema educativo en España a lo largo de los años. «Siempre está el debate de que la formación es mejor o peor. A mí me parece que la actual es más variada y completa. Los jóvenes de hoy en día saben mucho más que lo que yo sabía a su edad, no tanto en ámbitos específicos, pero sí en temas generales. Sus estudios les permiten interpretar mejor lo que observan», precisa el salmantino, quien por esta y otras muchas razones tiene una envidia sana de sus compañeros.
Actualmente, Alfonso se encuentra en la recta final del primer cuatrimestre de su curso universitario. Pero no piensa detenerse ahí. Si la salud se lo permite, seguirá estudiando y asistiendo a la universidad como cualquier otro joven. Incluso baraja la posibilidad de estudiar filosofía o teología una vez se gradúe en Historia del Arte. «Ambas carreras me llaman la atención, pero no sé por cuál de las dos me decantaré», dice este asturiano de «convicción».
«Nunca es tarde para estudiar»
Seguirá hincando codos y demostrando al mismo tiempo que «nunca es tarde para estudiar». «Otra cosa es tener tiempo para hacerlo, aunque en verdad en esta vida es cuestión de tomar decisiones. Probablemente mi elección no sea la mejor, pero para mí es la más satisfactoria», reconoce. Deja así claro que la edad no define lo que uno puede hacer y que la determinación es lo que realmente cuenta. Él, con 78 años, continuará sentado en el aula, atendiendo a las explicaciones del profesor con la misma curiosidad y entusiasmo que cualquier otro joven.