Pilar Sánchez Vicente, escritora: «Conocí la historia de "La Asturianita" a través de Rodrigo Cuevas»
Cultura
La autora gijonesa presenta su nueva novela en la que rescata del olvido la historia de Regina García, una mujer que pese a haber perdido ambos brazos siendo una niña consiguió consolidarse como artista
17 May 2025. Actualizado a las 05:00 h.
Hay personas cuyas vidas son dignas de admirar, como la de Regina García. Con apenas nueve años, esta valdesana perdió ambos brazos tras sufrir un accidente en el aserradero de su padre. Sin embargo, eso no le impidió desarrollarse plenamente y abrirse camino en el mundo. Aprendió a escribir a máquina, a tocar instrumentos, a tirar al blanco con una escopeta e incluso a conducir. Con la única ayuda de su boca y sus pies logró valerse por sí misma hasta que falleció tras caer enferma en un hospital psiquiátrico, donde ingresó después de haber sido acusada de espionaje por el bando nacional y el republicano. Una historia de superación que cobra vida en La Asturianita, la última novela de Pilar Sánchez Vicente (Gijón, 1961). Con esta obra, la autora busca rescatar del olvido la inspiradora figura de esta valiente mujer. El libro se presenta este sábado, 17 de mayo, en La Benéfica, el espacio cultural impulsado por Rodrigo Cuevas en Piloña.
—¿Cómo conoció la historia de La Asturianita y qué le impulsó a escribir un libro sobre ella?
—Fue a través de Rodrigo Cuevas, que a su vez se la había descubierto Luis Alberto Fernández, autor del blog nosoydignodetuamor. Empezamos a hablar de qué forma podíamos dar a conocer su persona, barajamos varias posibilidades y así surgió la novela. Su historia era tan poderosa como desconocida, lo que tendría explicación al ahondar en su figura, pues fue víctima de la represión franquista y, por tanto, condenada al anonimato después de muerta (o asesinada).
—¿Qué aspectos de su personalidad o de su trayectoria le conmovieron más al escribir sobre ella?
—Su resistencia a la adversidad y su personalidad poliédrica. Estaba condenada a morir en un asilo y sin embargo llegó a recorrer el mundo subida a los escenarios. Fue ejemplo para los mutilados, vecina ejemplar, filántropa… Una mujer de su tiempo, libre, emprendedora, divorciada… Montó su propia empresa, dio mítines… hasta que el levantamiento militar truncó todos sus sueños. Un psicólogo argentino en uno de sus viajes dijo que era superdotada, pero aún mayor que su cociente intelectual era su fuerza de voluntad.
—¿Qué sintió durante el proceso de escritura? ¿Hubo momentos especialmente duros o emocionalmente intensos?
—Sí, claro. Ponerse en su piel, sobre todo en la cárcel, es un ejercicio duro que los lectores comprenderán. Imagina compartir una celda minúscula con otras doce mujeres y un solo jergón, pensar cada noche que vas en esa saca al paredón, sin dinero para alimentos y la consiguiente anemia, sufriendo piojos y chinches, necesitada de morfina para los dolores, con una espantosa menorrea… y sin brazos.
—¿Por qué decidió contar su vida en forma de novela y no como una biografía o ensayo?
—Ya existen dos biografías bastante completas de Regina, no procedía hacer una tercera. Además, yo soy novelista, ficcionar la realidad es mi trabajo.
—¿Cómo fue el proceso de documentación para reconstruir la vida de Regina?
—Rodrigo y yo hablamos con varios miembros de su familia y vecinos, recuperamos sus cartas y contratos, sus fotografías, documentos, postales y volantes… y a partir de ahí y de la bibliografía existente armé un extenso puzzle en un Excel que me permitió reconstruir sus pasos por este mundo.
—¿Qué retos se encontró al escribir esta novela, teniendo en cuenta la necesidad de ser fiel a su historia, pero a la vez mantener el interés narrativo?
—Había varios flecos sueltos: un piso fantasma, la herencia de un jesuita, su encuentro con Roosevelt, la otra Regina García… Descubrir a esta última, ahondar en su figura y comprobar cómo sus vidas se iban entremezclando, fue realmente emocionante. La trama se fue tejiendo sola. El reto mayor fue estructural, como conseguir que las dos Reginas no se mezclaran en la lectura, que se distinguieran sin fallo. Por eso, a lo largo del texto, «la nuestra» es Regi y «la otra» Gina. La Asturianita cuenta sus memorias en primera persona, mientras que el resto de la narración va en tercera persona.
—La Asturianita es un ejemplo de superación personal, pero también de lucha colectiva. ¿Qué importancia tiene que su historia no caiga en el olvido?
—Es muy interesante lo que dices, en ella se conjugan ambas facetas. Podríamos destacar cómo una mujer sin brazos consigue escribir, pintar, disparar una escopeta o conducir un coche, en ese sentido es un ejemplo de superación, y así será reconocido. Pero estamos en el período de entreguerras, los mutilados están a la orden del día y ella saca tiempo también para reunirse con ellos y servirles de ejemplo. A la vez, es una vecina ejemplar: da clases a los niños y niñas de su pueblo, consigue que arreglen la carretera y pongan escuela en Valtravieso. De hecho, el propio alcalde republicano, Luis Ochoa de Albornoz, hermano del premio Nobel, la felicita por su tenacidad y le propone entrar en política. Y no solo eso, también funda una asociación para dar becas a los menores sin recursos y con capacidades. Es recogiendo dinero para su fundación cuando recala en Madrid el 17 de julio de 1936.
—Su trabajo ahora se centra en recuperar la figura de mujeres olvidadas. ¿Qué papel juega la literatura en ese proceso de recuperación de la memoria femenina?
—No es de ahora, ya en el año 1984 hice la tesina sobre el papel de la mujer en la Edad Media; pertenezco a un movimiento historiográfico que puso sobre la mesa el borrado de las mujeres del relato de la Historia. De ahí vino el compromiso con las protagonistas de mis novelas. Somos más de la mitad de la población y el resto hijos nuestros, pero se ocultaban nuestros nombres y nuestros logros, que es tanto como no existir. El primer imperio fue de una reina, la de Saba; la primera persona reconocida por producir una obra literaria propia fue una mujer, Enheduanna; el primer oficio de la humanidad fue el de partera; la primera escultura es de una Venus esteatopigia; la primera novela moderna fue escrita en el año 1000 por Murasaki Shikibu, doscientos años antes que la Ilíada y la Odisea; se considera padre de la Novela Histórica a Walter Scott cuando, en realidad, se inspiró en Benedikte Naubert; ahora aparece Valencina, un gigantesco templo gobernado por mujeres hace 5.000 años… Solo había que levantar las alfombras y poner el foco en las esquinas donde nos arrinconaron.
—¿Qué cree que debe tener una mujer para que su historia merezca ser contada?
—¿Qué define una historia para que merezca ser contada? ¿Acaso la vida cotidiana, sobrevivir según qué circunstancias, época o país no es casi milagroso? ¿No tiene tanto mérito el soldado que va a la guerra como la mujer que queda con cinco hijos al cargo, padres y suegros, sin tierra ni dinero? Ella sí que va a tener que desplegar ingenio y esfuerzo para darles de comer. Y con una amenaza permanente añadida: en España se denuncian 14 violaciones y 55 agresiones al día, ahora, que presumimos de civilizados, imagina el pasado. Igual hay que cambiar los puntos de vista, no hay historias menores, lo que pasa es que escuchamos siempre la misma y pensamos que no hay más. Decía Virginia Woolf: «Detesto el punto de vista masculino. Me aburrí de su heroísmo, virtud y honor. Creo que lo mejor que pueden hacer los hombres es dejar de hablar de sí mismos». Yo lo quiero es que nos preguntemos cuántas mujeres más con vidas increíbles desconocemos. Y que hagamos un esfuerzo por recuperar sus voces.
—A nivel personal, ¿qué se lleva de haber escrito La Asturianita?
—Disfruté, aprendí y experimenté. Estoy contenta del resultado y creo que contribuye al objetivo inicial que nos propusimos de dar a conocer su figura.
—¿Y qué espera que se lleven los lectores al leer esta novela?
—Se van a llevar sorpresa y tristeza, y también un ejemplo que ayude a superar los momentos duros. Hay que ponerse en su piel y pensar: «Si ella pudo salir del pozo, yo también». Ese es el mensaje.
—La presentación oficial de la novela tiene lugar en La Benéfica. ¿Qué significa para usted dar a conocer su nueva obra en este espacio, especialmente teniendo en cuenta que Rodrigo Cuevas, autor del prólogo, está vinculado a este proyecto cultural?
—Cuando hicimos el primer viaje en pos de la Asturianita, me contó una idea loca que había tenido, de esto hace ya cuatro años, y en ese tiempo consiguió convertir su sueño en realidad y que fuera un éxito. Y en Piloña. Así que no podía menos que presentarla en su casa, ahora la casa de todas.
—¿Se imagina una posible adaptación audiovisual de esta historia?
—De hecho la primera idea era hacer una película; la novela quiere servir también de guion, pero tal como quedó, veo más una serie (risas). Lo que si va a tener es una adaptación teatral.
—¿Está trabajando ya en su próximo proyecto? ¿Puede adelantarnos algo?
—Siempre hay algo, pero, de momento, con la Valentona y La Asturianita tengo bastante lío. Date cuenta que acabo de recibir el Premio Narrativas Históricas 2025 y El cantar del Norte está en plena promoción. ¡No me da la vida! (risas).