La cineasta Natalia Moreno llega a Asturias con su primera novela: «Mirar atrás no siempre sana, a veces solo duele»
Cultura
La creadora maña, ganadora de un Goya, presentará en Gijón y Oviedo la obra con la que se estrena en el mundo literario
07 Apr 2026. Actualizado a las 05:00 h.
Natalia Moreno (Zaragoza, 1978) es una mujer multifacética. Su especialidad es el mundo audiovisual y las artes escénicas, donde ha desarrollado distintos trabajos, desde la interpretación como actriz hasta la dirección, además de ejercer como guionista y productora. El talento que demuestra, tanto delante como detrás de las cámaras, ha sido reconocido en varias ocasiones. Entre sus logros destaca un Premio Goya por el documental sobre el violinista libanés Ara Malikian. Ahora, da un paso más en su carrera profesional al estrenarse en la narrativa con Madonna no nació en Wisconsin, una novela que presentará este martes, 7 de marzo, en Gijón. El acto, en el que conversará con Sofía Castañón, tendrá lugar a las 19.00 horas en Toma 3. También dará a conocer su obra en Oviedo. Mañana miércoles, día 8, a la misma hora, charlará con la poeta Patricia Suárez en Kafka & Co, la librería carbayona que desprende aroma a café.
—Acabas de dar el salto a la literatura. ¿Qué te llevó a hacerlo?
—Llevo toda la vida escribiendo, lo que pasa es que antes lo hacía con cámaras, actores, fotos, cartas de amor. La novela ha sido una forma de quedarme sola con la palabra. Supongo que necesitaba eso, un lugar más desnudo donde no pudiera esconderme y además recupera mi voz.
—El título de tu primera novela «Madonna no nació en Wisconsin» es muy sugerente. ¿Por qué elegiste este y no otro?
—Porque hay algo profundamente hermoso en inventarte a ti misma para poder existir. Madonna no es solo una persona, es una decisión, es una forma de estar en el mundo. Y mi protagonista también necesita darse ese impulso, ese pequeño salto hacia otra identidad para no quedarse atrapada en lo que le tocó.
—¿Cómo nace la idea de esta historia?
—Nace de una reflexión cuarentona; en qué momento dejamos de ser salvajes para convertirnos en personas correctas. Y de ahí empezó a aparecer una niña, un verano, una familia, una herida… y una necesidad muy fuerte de entender cómo sobrevivimos a lo que no elegimos.
—Si tuvieras que resumir la novela en una sola frase, ¿cuál sería?
—Es la historia de una niña que entiende demasiado pronto que, para vivir, a veces hay que inventarse. Y de una adulta que lo recuerda.
—La protagonista revisita su pasado para poder sostener su presente. ¿Crees que solo podemos entender quiénes somos cuando miramos hacia atrás?
—No sé si solo, pero sí creo que hay cosas que, si no las miras, te siguen viviendo por dentro. El pasado no desaparece, se transforma. Y a veces entenderlo no es tanto recordar como atreverse a nombrarlo y a atravesarlo.
—¿Mirar atrás ayuda realmente a sanar?
—Mirar atrás no siempre sana, a veces solo duele. Pero no mirar suele enquistar. Para mí la escritura no ha sido un bálsamo, ha sido más bien una forma de no mentirme.
—¿Hasta qué punto somos el resultado de lo que hemos vivido, incluso de lo que hemos perdido?
—Muchísimo. Pero también somos lo que hacemos con eso. Hay gente que se queda a vivir en la herida y gente que la convierte en lenguaje. A mí me interesa ese segundo movimiento, aunque sea más como asomarse a un barranco.
—¿Cuánto de ti hay en esta nueva obra?
—Todo y nada. No es mi historia, pero sí es mi mirada, mi forma de sentir, mis obsesiones. Supongo que uno no puede escribir sin dejar el cuerpo en lo que cuenta.
—¿Cuál fue el mayor desafío al que te enfrentaste al escribir esta novela?
—No suavizarla. No hacerla más cómoda de lo que es. Había una tentación constante de ordenar el dolor, de hacerlo más limpio, menos molesto y tuve que resistirme a eso.
—¿Qué aprendiste escribiendo este libro? ¿Cuál es la mayor lección que te llevas?
—Que escribir es de una belleza incomparable. Te obliga a mirar de frente. Y eso, aunque no cure, cambia algo. Y jugar con las palabras es un proceso increíble que no voy a dejar ya de hacer nunca.
—¿Qué te gustaría que quedara en el lector cuando cierre Madonna no nació en Wisconsin?
—Me gustaría que se quedara con una pequeña llama dentro, como cuando algo te toca y no sabes muy bien por qué pero te gusta que así sea. Y también con una sensación de belleza rara, de esas que no son perfectas pero sí verdaderas. De pueblo. De familia.
—¿Cómo te gustaría que se distinguiera tu escritura dentro del panorama actual?
—Me gustaría que fuera reconocible por la honestidad. Que no pida permiso, que no intente gustar a todo el mundo. Una escritura que incomode un poco, pero que también acompañe en un sitio que te reconcilie con la vida, con lo sencillo.
—Vienes a Gijón y Oviedo a presentar el libro. ¿Qué esperas de este encuentro con el público asturiano?
—Espero conversación. Me gusta cuando los libros empiezan a ser de quien los lee. Y Asturias tiene algo muy directo, muy honesto, así que me apetece mucho estos encuentros.
—Después de este debut, ¿ya estás pensando en un segundo libro?
—Sí, pero todavía estoy escuchándolo. Las historias, no se fuerzan. Aparecen cuando quieren y lo mejor que puedes hacer es estar atenta y pararlo todo cuando te llame.