La Voz de Asturias

Alba Ciordia, con una familia multiespecie: «Hay quien se siente más comprendido por su perro que por su entorno humano»

Gijón

Esther Rodríguez Redacción
Alba Ciordia, junto con sus dos perras Claire y Briana

La asturiana publica «También son familia», un libro en el que reflexiona sobre el duelo, la maternidad y el papel que los animales de compañía desempeñan en la vida de miles de personas

12 Jul 2026. Actualizado a las 05:00 h.

Hay historias que son dignas de admiración. La de Alba Ciordia es una de ellas. Esta asturiana de 38 años ha tenido que enfrentarse a tres de los golpes más duros de su vida: la muerte de su madre cuando era una niña, varias pérdidas gestacionales y el fallecimiento de su abuela, su gran referente. En estos momentos tas difíciles encontró un apoyo incondicional en sus animales de compañía. Sus dos perras, Claire y Briana, se convirtieron en el refugio que necesitaba para seguir adelante. Ahora ha querido compartir esa experiencia en También son familia (Roca Editorial), un libro con el que reivindica que los vínculos más importantes no siempre responden a los modelos tradicionales. «A veces la familia es la que te mira a los ojos cada mañana, sin condiciones y sin preguntas, y te recuerda que sigues aquí», afirma la fundadora de la marca ecológica The Doog Life y divulgadora sobre bienestar animal con una comunidad de más de 900.000 seguidores

—¿Qué la llevó a escribir También son familia? ¿En qué momento sintió que la historia que estaba viviendo con Claire y Briana merecía convertirse en un libro?

—Nació como una necesidad de entender lo que estaba viviendo. Llevaba tiempo haciéndome la misma pregunta sin encontrar dónde encajaba: ¿por qué el modelo de familia que me habían enseñado no se parecía en nada al mío? Empecé a escribir para poner en orden mis reflexiones sobre mi generación, los modelos familiares y el lugar que ocupan los perros. A través de las entrevistas que hice a 55 mujeres entendí que lo que me pasaba a mí le estaba pasando a muchas más mujeres. Ahí me di cuenta de que era muy necesario dar voz a un escenario tan actual.

—¿Qué lugar ocupan Claire y Briana en su vida?

—Es el pilar más importante. Todas las decisiones pasan por ellas, una mudanza, un viaje, un cambio de horario, siempre pasan por la pregunta de cómo les puede afectar. Claire me ha cambiado la vida, hace casi 10 años que llegó y no solo me ha transformado a nivel personal sino también a nivel profesional.

—La llegada de estas dos perras a su vida tuvo lugar en momentos clave. ¿Hasta qué punto los animales pueden ayudarnos a atravesar los momentos difíciles?

—Hasta el punto de ser un sostén imprescindible. Lo veo también en las historias de tantas mujeres que aparecen en el libro. Un perro sostiene con su rutina: hay que sacarlo igual, alimentarlo cuidarlo, pase lo que pase por dentro de ti. Esa obligación diaria, que en otro momento podría sentirse como una carga, termina siendo un ancla y una motivación. Muchas mujeres reconocen que gracias a su perro consiguieron no caer en una depresión o atravesar situaciones personales complicadas.

Portada del nuevo libro de Alba Ciordia

—En el libro plantea que las miradas de Claire y Briana la llevaron a comprender que existe otra forma de vivir la maternidad.

— La maternidad no es solo un hecho biológico ni un rol reservado a quienes han tenido hijos humanos. Es, ante todo, una forma de estar, de cuidar y de hacerse responsable del bienestar de otro ser. Ese impulso de cuidar, de priorizar el bienestar de otro, existe con independencia de la especie de quien lo recibe.

—¿Qué le diría a quienes no entienden el vínculo tan profundo que puede llegar a existir entre una persona y un perro?

—El vínculo no necesita el permiso de nadie para ser real. He escuchado de todo: «que son solo perros»,« que cuando tenga un hijo de verdad se me pasará»… La mayoría de esas frases vienen de un modelo de familia tan rígido que no contempla otras formas de amor.

—Después de todos estos años junto a Claire y Briana, ¿cuál fue el mayor aprendizaje que le han regalado?

—La paciencia, sobre todo con Claire, por sus diferentes enfermedades y sus cuidados diarios. Aprendí que hay cosas que no dependen de ti por mucho que hagas. Durante la cascada de operaciones oculares que tuvo con apenas cuatro años, mi parte más controladora buscaba la solución definitiva, el tratamiento perfecto. Con el tiempo entendí que mi papel no era ganarle la partida a la enfermedad, sino acompañarla: hacer cada día lo mejor que pudiera y soltar el resto. Ese aprendizaje se ha extendido a toda mi vida. Me ha ayudado a rebajar expectativas imposibles, a frustrarme un poco menos, a aceptar que hay procesos que no se pueden acelerar por mucho que quieras. Y esa paciencia intentando entrenarla cada día.

Alba Ciordia, junto con sus dos perras Claire y Briana

—¿Convivir con un perro puede cambiar la personalidad o la manera de relacionarse de una persona? ¿De qué forma?

—Sí, y en mi caso ha sido muy evidente. Vivía en modo supervivencia, controlando cada detalle, incapaz de bajar el ritmo. Con Claire y Briana aprendí la presencia de otra manera. Ellas se paran a oler un arbusto, se tumban cuando están cansadas, no entienden de prisa ni expectativas. Verlas vivir así, sin esa voz interior que exige producir y justificar, me obligó a cuestionar cuántas de mis propias normas me las imponía sola. También cambió mi forma de vincularme. Tenía muchas corazas y con ellas fui poco a poco conectando con la manera más genuina de amar.

—¿Por qué cree que a veces nos resulta más fácil sentirnos comprendidos por un perro que por otras personas?

—Hay base científica detrás de esa sensación. El contacto con los perros libera oxitocina, la misma hormona que se activa en el vínculo entre una madre y su bebé, y varios estudios de psicología del apego muestran que con ellos desarrollamos mecanismos muy similares a los que se estudian en la infancia: búsqueda de proximidad, regulación emocional y la necesidad de una base segura. Con las personas ese proceso está mediado por el lenguaje, por las expectativas, por el miedo a ser juzgado. Con un perro la comunicación es puramente corporal e intuitiva y eso simplifica mucho las cosas. Vivimos rodeados de gente y de pantallas, pero cada vez compartimos menos la vida en lo cotidiano. En ese contexto, el vínculo con un perro se convierte en un ancla real para mucha gente. Oresencia constante, rutina y contacto físico. Por eso creo que no es casualidad que tantas personas digan sentirse más comprendidas por su perro que por parte de su entorno humano. No es que los perros sustituyan a las personas, es que ofrecen algo que hoy escasea.

La asturiana Alba Ciordia es divulgadora sobre bienestar animal con una comunidad de más de 900.000 seguidores

—Existe el riesgo de humanizar demasiado a los perros. ¿En qué punto está el equilibrio entre quererlos y respetar su naturaleza?

—El equilibrio está en no confundir amor con proyección. Cuando investigué sobre el dog parenting me quedé con una idea que me parece clave: la mayoría de quienes nos definimos como madres o padres perrunos no confundimos a nuestro perro con un hijo. Sabemos que es de otra especie, con necesidades propias, y precisamente por eso nos ocupamos de entenderlas: su alimentación, su descanso, su forma de comunicarse. «Humanizar» es olvidar su naturaleza. Quererlo bien es justo lo contrario: ampliar la idea de familia para incluirlo entendiendo sus necesidades biológicas, pasear, oler, socializar con otro perros, descansos…

—Además de sus vivencias, ¿hubo alguna historia concreta de un perro y su familia que le haya emocionado especialmente y le haya servido también como fuente de inspiración?

—Sí, y fue la que me dio el título del libro. Durante la escritura ocurrió el accidente de tren de Adamuz. Entre tanta información y tanto dolor, hubo una historia que se quedó grabada para mucha gente, la de Ana, buscando desesperadamente a Boro sin descanso. El vídeo se hizo viral, y lo que más me conmovió fue que nadie le preguntó si era «solo un perro». Nadie le pidió explicaciones. La sociedad, en medio de la tragedia, validó su dolor de forma instintiva. Ahí se vio claramente que algo está cambiando.

—¿Qué espera que sientan o reflexionen los lectores cuando cierren la última página del libro?

—Me gustaría que el libro les invitara a mirar su propia vida y a preguntarse, qué es realmente familia para ellos. Este libro habla de mi historia y de la de otras 55 mujeres, pero en el fondo retrata algo colectivo: una generación que ha ganado en eficacia y ha perdido en contacto real, que vive hiperconectada y, al mismo tiempo, más sola que nunca. Los perros no son la causa de eso. Son, muchas veces, la respuesta que hemos encontrado frente a esa soledad, y me gustaría que el lector dejara de verlos como un tema menor o anecdótico para entenderlos como parte de un cambio social real, con datos y con historia detrás. Y, sobre todo, que quien tenga un vínculo profundo con un animal deje de sentir que tiene que justificarlo.

 


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