La historia de superación de Alba Ciordia: «Jamás tuve un vínculo tan especial con un ser humano como con mi perra»
GIJÓN
Esta gijonesa de 38 años ha pasado por tres procesos de duelo. Logró superar estos momentos difíciles de su vida gracias al apoyo incondicional de sus animales de compañía
08 ene 2026 . Actualizado a las 12:28 h.La resiliencia es la capacidad de una persona para adaptarse y seguir adelante después de una situación adversa. Esta aptitud es la que ha permitido a Alba Ciordia continuar su camino pese a los duros golpes que le ha dado la vida. A lo largo de este trayecto lleno de obstáculos, la asturiana ha contado con el amor incondicional de sus perros. Su compañía le ha ayudado a convivir con la pérdida de seres queridos y a encontrar consuelo en los momentos más difíciles. «Me han ayudado a afrontar el duelo y a sobrellevar el día a día con alegría. Me han dado ese apoyo y acompañamiento que en otros momentos nunca había sentido», asegura.
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La historia de Alba es profundamente emotiva y, además, digna de admiración. Sin apenas tener uso de razón, esta gijonesa atravesó una de las experiencias más dolorosas que alguien puede vivir. Tenía solo siete años cuando perdió el pilar más importante de su vida: su madre. «Este hecho me condicionó completamente, tanto en mi manera de pensar y entender la vida como en la forma de relacionarme. Hizo además que madurase de manera acelerada, porque tuve que enfrentar una realidad muy distinta a las que viven la mayoría de los niños», reconoce.
La ausencia de quien era su referente le provocó un profundo vacío, difícil de llenar. Su mundo se tornó en blanco y negro, hasta que la llegada de Dori le hizo volver a ver la vida en color. Gracias a esta cocker spaniel color canela pudo además cumplir su sueño de contar con un compañero de cuatro patas. «Siempre estuve obsesionada con tener un perro. Sentía una verdadera fijación por estos animales, aunque en mi familia nunca habíamos tenido uno. Tras la muerte de mi madre seguí insistiendo hasta que finalmente lo conseguí, cuando mi padre pensó que me iba a venir bien», cuenta.
En cierta manera Alba volvió a percibir que la vida tenía sentido. Pero, por desgracia, esa sensación pronto se esfumó. Después de dos meses disfrutando de la compañía de Dori, su padre decidió que la pequeña peluda no podía seguir formando parte de la familia, ya que le resultaba imposible ocuparse de ella. «Aunque parece que no, tener un perro implica muchas cosas. Sobre todo, requiere muchísima responsabilidad y además te cambia la vida por completo», admite. Al no poder brindarle todos los cuidados que necesitaba, la cocker spaniel fue devuelta a su hogar de origen y la gijonesa volvió a experimentar la tristeza.
«Me embargó un sentimiento agridulce porque quería tener un perro pero sabía que no podía ser», confiesa. Dori estuvo poco tiempo a su lado, pero ese primer contacto con la especie canina le permitió descubrir que su vínculo con estos animales iba mucho más allá de la simple compañía. Aunque sabía lo mucho que los peludos de cuatro patas podían aportarle a nivel emocional, desistió, en cierta manera, de tener un perro y decidió concentrarse en sus estudios. Después de sacarse el Bachillerato, se matriculó en el grado de Bellas Artes. Tras obtener esta titulación universitaria, comenzó su carrera profesional.
Cuando se adentró en el mundo laboral, vio que era el momento adecuado para mudarse a casa de su abuela. Quería estar aún más cerca de la persona que, junto con su padre, se hizo cargo de ella tras la muerte de su madre, para así devolverle parte del amor y cuidado que siempre le había brindado. Justo cuando sentía un poco de calma, Alba volvió a enfrentarse al vacío y al dolor que deja la pérdida de un ser querido. Tras fallecer su abuela, tuvo que aprender a convivir con la ausencia de quienes ocupan un lugar importante en la vida.
Esta trágica experiencia le dio el empujón que necesitaba para dar el paso y tener un perro. Corría el año 2016 cuando, por fin, un peludo de cuatro patas apareció en su vida y le devolvió el sentido que había perdido. «Claire llegó en un momento en el que me sentía muy perdida. No sabía qué quería hacer, no tenía ninguna ilusión ni motivación. La mujer que se había convertido en mi referente ya no estaba, y sentía una profunda incertidumbre sobre lo que iba a ser de mí», cuenta. Gracias a esta golden retriever, la gijonesa, que por entonces tenía 29 años, volvió a encontrar la esperanza que necesitaba para seguir adelante.
«Me devolvió esa ilusión que ya no tenía. Recuerdo salir de la oficina e ir corriendo a casa para pasar el resto de la tarde con ella, jugar y enseñarle cosas», confiesa Alba, quien nada más ver a Claire cruzar el umbral de su piso supo que entre ellas existía una conexión única. Y así fue. «Jamás tuve un vínculo tan especial con un ser humano como con mi perra», reconoce. «Este vínculo fue muy fuerte y me animó, tanto a nivel emocional como psicológico, a darle un poco de sentido a mi día a día y a superar el vacío que había quedado tras la muerte de mi abuela», añade.
La llegada de Claire hizo que Alba se volcara por completo en su cuidado. Se formó en educación canina, leyendo libros y haciendo cursos, con el objetivo de ofrecerle la mejor calidad de vida posible. Se sentía tan realizada que decidió crear una cuenta en Instagram y después TikTok, para mostrar la alegría y el cariño que le daba esta peluda de cuatro patas. Como, por aquel entonces, «apenas existían recursos para familias con perro» comenzó a compartir sus experiencias y conocimientos sobre convivencia, educación y cuidados a través de las redes sociales. Un contenido que le ha permitido conectar con más de un millón de seguidores, entre sus redes.
Nunca antes se había sentido tan plena. Pero, cuando la vida parecía que le sonreía, la tragedia regresó a su casa. En esta ocasión, «la historia volvía a repetirse pero desde otro enfoque». De la noche a la mañana, Claire comenzó a presentar serios problemas de salud. «Sí que es cierto que es una perra que siempre ha estado enferma. De hecho, hubo un tiempo que parecía que vivíamos en el veterinario, porque cada semana tenía algo. Estuvimos así tres años hasta que consiguieron estabilizarla. Pero, de repente, comenzó a presentar sequedad en la superficie ocular», cuenta Alba, que nunca se imaginó que, de nuevo, se iba a torcer todo.
Aunque parecía un problema sencillo de solucionar, puesto que es algo «muy común y fácil de tratar en los perros», el tratamiento habitual para estimular la producción de lágrimas no funcionaba en Claire. Y, para colmo, los medicamentos le provocaban reacciones adversas, agravando aún más su situación. Ante esta situación, Alba recorrió casi toda España, consultando a numerosos veterinarios para encontrar un terapia que, al menos, pudiese aliviar sus síntomas. «Nunca me imaginé que se complicaría tanto la cosa», confiesa.
Debido a este problema ocular, la golden retriever tuvo que ser sometida a «siete operaciones». «No le paraban de salir úlceras en los ojos, al tener las córneas muy expuestas», cuenta la gijonesa. Como consecuencia, Claire se volvió completamente dependiente, ya que «necesita gotas cada 15 minutos». Para brindarle todos los cuidados que necesita, Alba dejó de trabajar y cambió «por completo» su vida para estar pendiente de su perra y garantizar su bienestar. «No me quedó de otra; no tenía alternativa», reconoce.
Como aprendió a ver el lado positivo de las situaciones complicadas y a vivir el día a día, la gijonesa aprovechó la ocasión para poner en marcha su primer proyecto empresarial. «Como los medicamentos convencionales le provocaban reacciones debido a todos los componentes sintéticos, tuve que empezar a preparar fórmulas magistrales lo más naturales posible. Fue entonces cuando comencé a plantearme la idea de crear una marca de productos ecológicos para perros», cuenta. Fue entonces cuando nació The Doog Life, la primera firma de cosmética natural para perros en España, cuyos productos se han convertido en todo un éxito.
De manera inesperada, la vida le regaló una sonrisa, aunque también le recordó que el camino no es color de rosas. «Siempre me dijeron que sería imposible quedarme embarazada. Contra todo pronóstico y sin buscarlo, lo conseguí. Fue toda una sorpresa, pero lo que menos me esperaba era que iba a sufrir un aborto», cuenta Alba, que una vez más tuvo qu enfrentarse al dolor que produce una pérdida. Volvió a vivir un proceso de duelo, y en medio de ese trayecto llegó Briana al calor de su hogar. «En ese momento, lo último que me apetecía era traer un perro a casa, y menos aún un cachorro, pero a nivel psicológico me ayudó mucho», reconoce.
Tanto Dori, en su día, como Claire y Briana, ahora, han conseguido que Alba encontrara consuelo en los momentos más difíciles. «Me han ayudado a afrontar el duelo de otra manera y a sobrellevar el día a día», asegura la gijonesa, antes de destacar el «verdadero» poder terapéutico y sanador de la especie canina. «Los perros son felices todos los días y te contagian esa alegría. Eso es lo que a mí me ha permitido darme cuenta de que la vida sigue, y que siempre hay momentos y razones para sonreír», confiesa.
Como no todo el que quiere puede tener un perro, ya que requiere compromiso de tiempo, dinero y energía para cubrir sus necesidades, Alba ha escrito Algo más que compañía: Hay amores incondicionales que nos salvan la vida, un libro autobiográfico con el que busca que las personas que atraviesan un momento complicado en su vida sientan compañía, consuelo y motivación a través de sus vivencias.
«Cuando no encontraba sentido a mi vida, me hubiese gustado leer la historia de alguien que hubiera pasado por algo similar, aunque las circunstancias hubieran sido distintas. Por eso escribí este libro, para que a alguien le pueda servir de inspiración, igual que yo encontré esta motivación en los perros», reconoce la gijonesa, quien ya no entiende su vida sin la compañía de un peludo de cuatro patas. Hoy sigue escribiendo su historia con la presencia de Claire y Briana, dos golden retriever. «Y seguro que en un futuro tengo alguno más», añade convencida de que los canes siempre aportan luz incluso en los momentos más difíciles.