La Voz de Asturias

Hostelería: Cuando el Problema No Es la Falta de Personal, Sino la Falta de un Nuevo Pacto Laboral

Opinión

José López Antuña
Imagen Hostelería

04 Jul 2026. Actualizado a las 05:00 h.

Asturias refleja un desafío que afecta a toda España: atraer profesionales exige mejorar salarios, conciliación, productividad y prestigio social del sector

Cada verano se repite el mismo debate. Empresarios de la hostelería denuncian dificultades para cubrir vacantes mientras numerosos trabajadores sostienen que las condiciones ofrecidas no compensan el esfuerzo exigido. El fenómeno no es exclusivo de Asturias; se reproduce en buena parte de España y afecta especialmente a actividades vinculadas al turismo, la restauración y los servicios.

Sin embargo, reducir el problema a la afirmación de que «nadie quiere trabajar» supone simplificar una realidad mucho más compleja. La cuestión exige un análisis sereno, técnico y orientado a las soluciones.

Un sector esencial para la economía española

La hostelería constituye uno de los principales motores económicos del país. Genera empleo, impulsa el turismo y contribuye al desarrollo de ciudades y regiones enteras. Asturias no es una excepción. La gastronomía, las sidrerías, el turismo rural, los restaurantes y los establecimientos hoteleros forman parte de una actividad esencial para la economía y el empleo, razón por la que sus problemas deben analizarse con rigor y sin simplificaciones.

Una realidad laboral que ha cambiado

Durante décadas, la hostelería pudo apoyarse en una amplia oferta de mano de obra. Hoy la situación es diferente. Las nuevas generaciones valoran no solo el salario, sino también la conciliación, la estabilidad, la salud laboral, la formación y la previsibilidad de los horarios.

Cuando otros sectores ofrecen condiciones similares o incluso mejores, resulta lógico que muchas personas opten por alternativas distintas. No se trata de una pérdida de cultura del esfuerzo. Se trata de una transformación profunda de las expectativas laborales y sociales.

Los problemas que siguen existiendo

Sería injusto afirmar que toda la hostelería funciona de manera irregular. Existen miles de empresarios que cumplen escrupulosamente la legislación laboral y realizan grandes esfuerzos para mantener sus negocios. Sin embargo, también es cierto que durante años han persistido prácticas que han deteriorado la imagen del sector: jornadas reales superiores a las contratadas, dificultades para registrar todas las horas trabajadas, convenios bloqueados durante largos periodos, salarios que han evolucionado por debajo del coste de la vida y problemas de conciliación.

A ello se suma el encarecimiento de la vivienda, de los suministros básicos y la pérdida de poder adquisitivo de numerosos hogares. Cuando trabajar deja de garantizar un proyecto de vida digno, cualquier sector pierde capacidad de atracción.

Un ejemplo que ayuda a entender el problema

Imaginemos una sidrería-restaurante del centro de Avilés que cada verano busca camareros y ayudantes de cocina. Los candidatos acuden inicialmente, pero muchos rechazan finalmente el puesto o abandonan a las pocas semanas. La causa no sería necesariamente la falta de ganas de trabajar, sino una combinación de jornadas partidas, horarios imprevisibles, escasa conciliación y una elevada carga de trabajo en fines de semana y festivos. Con una mejor planificación horaria, descansos efectivos, incentivos salariales en temporada alta y posibilidades reales de continuidad, ese mismo negocio podría fidelizar a buena parte de su plantilla y mejorar la calidad del servicio.

Muchas veces el problema no es encontrar trabajadores, sino conseguir que quieran quedarse.

La solución no pasa por buscar culpables

Empresarios y trabajadores suelen aparecer enfrentados en este debate cuando, en realidad, ambos sufren problemas estructurales.

Muchos pequeños empresarios soportan elevados costes energéticos, presión fiscal, dificultades burocráticas y márgenes de beneficio cada vez más ajustados. Por su parte, los trabajadores reclaman condiciones compatibles con una vida digna y con el respeto a los derechos laborales reconocidos en nuestro ordenamiento jurídico. La solución no consiste en culpabilizar a unos u otros, sino en construir un nuevo equilibrio que permita compatibilizar competitividad empresarial y empleo de calidad.

Cinco reformas para garantizar el futuro de la hostelería

La primera medida debe ser garantizar el estricto cumplimiento de la normativa laboral, especialmente en materia de jornada, descansos y registro horario. La segunda pasa por impulsar convenios colectivos capaces de actualizar salarios conforme a la evolución real del coste de la vida.

La tercera consiste en profesionalizar aún más el sector mediante formación continua, especialización y carreras profesionales atractivas. La cuarta exige mejorar la organización empresarial para reducir la dependencia de jornadas excesivas y favorecer una planificación más eficiente de los recursos humanos. La quinta requiere una implicación decidida de las administraciones públicas mediante políticas de vivienda asequible, transporte y apoyo a la actividad económica, especialmente en las zonas con mayor presión turística.

La inmigración también forma parte de la solución

Existe además una realidad que merece una reflexión serena. Buena parte de la hostelería española y asturiana funciona hoy gracias al trabajo de miles de personas inmigrantes. Basta recorrer restaurantes, cafeterías, hoteles o sidrerías para comprobarlo.

Incluso en actividades profundamente vinculadas a la identidad cultural asturiana encontramos ejemplos de integración y excelencia profesional. No deja de resultar significativo que algunos de los mejores escanciadores reconocidos en Asturias hayan nacido fuera de nuestras fronteras y contribuyan hoy a preservar y difundir una de nuestras tradiciones más emblemáticas.

Resulta difícil sostener discursos contrarios a la inmigración mientras numerosos sectores económicos dependen de ella para cubrir necesidades reales de mano de obra. Una política migratoria ordenada, legal e integradora no es únicamente una cuestión humanitaria; constituye también una necesidad económica y demográfica para el futuro de España.

El turismo del futuro dependerá de la calidad del empleo

España compite internacionalmente por atraer visitantes, pero también deberá competir por atraer y conservar talento profesional.

La calidad del servicio turístico está directamente relacionada con la calidad del empleo que reciben quienes lo prestan. Un trabajador motivado, formado y adecuadamente remunerado genera mejores experiencias para el cliente, mayor productividad para la empresa y más riqueza para el conjunto de la sociedad. Por ello, el verdadero debate no debería centrarse en si faltan trabajadores o empresarios. La cuestión fundamental es si somos capaces de construir un modelo de hostelería más moderno, productivo y socialmente sostenible.

Porque sin empresas viables no hay empleo. Pero sin empleo digno tampoco hay futuro para las empresas. Y quizá esa sea la lección que Asturias y España deberían aprender antes de que llegue el próximo verano y vuelva a sonar la misma canción.

 

 


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