Hito sanitario en Asturias: un equipo de médicos del HUCA salva la vida a un joven africano de 16 años
La Voz de Oviedo
Este pequeño grupo de profesionales, voluntarios de la ONG asturiana HASHTG, unió sus esfuerzos para hacer posible una intervención médica sin precedentes
20 Jan 2026. Actualizado a las 10:12 h.
El protagonista de esta historia se llama Princio, tiene 16 años y es originario de Madagascar. A pesar de su corta edad, este joven africano estuvo apunto de perder la oportunidad de escribir su futuro. Sufrió una grave lesión en su pierna izquierda y la única solución que se le ofreció en su país natal fue la amputación. Una intervención que, además de sus consecuencias, ponía en peligro su vida. Sin embargo, gracias a la buena voluntad de un grupo de médicos asturianos, su destino, que parecía sellado, cambió. Tras ser operado en el HUCA, sigue andando su camino.Todo gracias a la solidaridad y el esfuerzo de los profesionales que no dudaron en darle una segunda oportunidad.
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Detrás de este milagro se encuentra un grupo de voluntarios de la ONG asturiana HASHTG. Todos ellos, médicos de profesión, volcaron sus esfuerzos y trabajaron de manera activa para que el adolescente recibiera la atención que necesitaba. No les importa «en absoluto» todo el sacrificio que han hecho, desde el dinero que desembolsaron, las noches en vela que pasaron y el cansancio emocional que acumularon, hasta los planes personales que tuvieron que posponer y un largo etcétera, porque al final «valió la pena». «Salvar la vida a este joven ha sido, sin duda, una de las mejores cosas que nos ha pasado», asegura Beatriz Dupla, fundadora y presidenta de esta entidad benéfica con sede en Oviedo.
Esta asociación humanitaria está formada por médicos de distintas especialidades que llevan años donando su tiempo y sus conocimientos para cubrir las necesidades sanitarias de los países más pobres de África. Gracias a su dedicación y compromiso, la vida de decenas de personas ha cambiado. Numerosos pacientes han recibido cuidados que de otro modo no han tenido. A lo largo de su trayectoria como médicos voluntarios han sido testigos de muchas tragedias, pero ninguna les había conmovido tanto como la de Princio. Fue precisamente eso lo que les llevó a involucrarse a fondo. Cuando conocieron su caso, estos profesionales que prestan sus servicios en la sanidad pública asturiana no quisieron quedarse al margen e hicieron todo lo posible para salvarle la vida.
Tras regresar en mayo de 2025 a Madagascar, después de cinco años sin poder hacerlo debido a la pandemia de coronavirus, conocieron al joven africano y sus planes cambiaron por completo. «Nuestra idea era revisar el material sanitario que habíamos llevado y comprobar si podíamos retomar las campañas», asegura Beatriz, quien visitaba el país por novena vez para prestar de forma altruista sus servicios en la leprosería de Farafangana, una región de extrema pobreza. En este viaje la ginecóloga estaba acompañada de dos anestesistas, dos médicos de quirófano, un pediatra y una enfermera del HUCA, con el objetivo de brindar atención médica de calidad a quienes más la necesitaban.
Nada más poner un pie este hospital centenario, la monja responsable de la gestión del centro les pidió encarecidamente que se acercaran hasta la cabaña en la que permanecía ingresado Princio para que lo atendieran con carácter urgente, puesto que había sufrido un grave accidente de tráfico. «Al llegar a la habitación donde estaba, vimos que tenía una herida horrible en la pierna. La tenía abierta y se le veía el hueso», detalla. Ante esta situación, el equipo de voluntarios se reunió para ver qué podían hacer al respecto. «La única opción que teníamos era hacerle una amputación, que además no era segura porque tenía mucha infección y había, por tanto, mucho riesgo de que se muriera», precisa.
Al ver las dificultades que enfrentaba este joven, barajaron la posibilidad de traerlo a la península ibérica. «De inmediato nos pusimos en contacto con profesionales de aquí para ver si era posible operarlo en España. Por suerte, una de las médicas que viajaba con nosotros nos comentó que tenía un contacto en la gerencia del HUCA, así que le enviamos todos los informes y también fotografías. Nos dijeron que se podría intentar, por lo que comenzamos a realizar los trámites pertinentes», asegura. Entre tanto, durante las tres semanas siguientes, los voluntarios de HASHTG trabajaron mano a mano para brindar al joven todos los cuidados que necesitaba.
Parados en este punto, la ginecóloga explica que los hospitales en África carecen de recursos. «Apenas cuentan con material sanitario, y el cuidado de los enfermos corre a cargo de sus familias. En el caso de Princio fue su hermano quien lo cuidó: le hizo la cama, le dio de comer, le lavó la ropa y atendió todas sus necesidades. Dejó su propia vida de lado para estar a con él», detalla. Añade que visitan esta leprosería a menudo porque allí no se puede ofrecer una atención personalizada. «Tienen médicos, pero no especialistas. El mismo profesional puede realizar una cesárea y, a la vez, operar una apendicitis», explica, mostrando la necesidad de realizar campañas sanitarias en este poblado, situado a 100 kilómetros de la capital.
Una vez en España, el equipo de voluntarios centró todos sus esfuerzos en que Princio pudiera ser operado en el HUCA y así devolver la vida. «Nada más llegar, enviamos dinero para que le hicieran el pasaporte. Cuesta 100 euros, pero allí el sueldo de un médico es de apenas 25 euros al mes», explica. Añade además que el trámite tampoco es tan sencillo como en nuestro país. «Solo para llegar a la capital se tardan entre dos y tres días, porque como no hay carreteras, sino caminos con unos agujeros terribles, no pueden ir de noche», destaca. Asegura que desde Asturias se tarda casi cinco días en llegar al poblado, sumando los vuelos, las escalas y los desplazamientos por tierra.
El siguiente paso que dieron fue contactar con el personal del HUCA para planificar la operación de Princio. «El jefe de Cirugía Plástica nos había asegurado que podía operarlo, al igual que el traumatólogo David Alonso, ya que ambos tenían experiencia en este tipo de intervenciones. El problema estaba en que era verano y ambos iban a quedar de vacaciones, por lo que hubo que coordinar sus descansos para programar la operación en un día en que estuvieran disponibles los dos», precisa. Mientras buscaban una fecha adecuada, comenzaron los trámites burocráticos. Una tediosa labor que implicó reunir documentación, coordinar permisos y resolver obstáculos administrativos.
«Primero fuimos a Migraciones, donde nos comentaron que Princio podía venir a España con un visado turístico, pero la cónsul de Madagascar nos dijo que sería imposible que saliese del país con ese documento. Optamos, por tanto, por hacerle un visado sanitario, pero tenía que expedirnoslo Francia, así que imagínate», dice Beatriz, quien se tiró «15 días» pegada al teléfono para intentar solucionar cuanto antes el problema. Mientras tanto, con el amporo de los integrantes de esta ONG asturiana dedicada a la ayuda sanitaria, reunió todos los documentos necesarios para gestionar la salida del país. Una tarea nada sencilla. «Tuve que enviar hasta la escritura de mi casa», confiesa.
Para obtener el visado sanitario necesitaron un extracto de las cuentas bancarias, un justificante del seguro médico, el billete de avión y una carta del Ministerio de Sanidad de Madagascar, «que es muy difícil de conseguir». «El último documento que faltaba era uno del Servicio de Salud del Principado de Asturias (SESPA), que debía confirmar que aceptaban la operación, y lo firmaron apenas una hora antes de que venciera el plazo», relata. Gracias a «tirar de contactos», consiguieron que todo se gestionara en solo tres días, en lugar de los tres meses que normalmente habría llevado.
Tras todo este esfuerzo realizado, a finales de julio de 2025, Princio ya estaba subido a un avión rumbo a España. Aunque el alivio era enorme porque su calvario estaba a punto de terminar, la situación no estaba exenta de miedo. El joven viajaba por primera vez en 15 años fuera de casa y lo hacía solo, sin familiares que lo acompañaran, sin conocer el idioma y con una pierna que «prácticamente se movía para todos lados porque estaba suelta». Por eso, cuando Beatriz lo recogió en el aeropuerto de Bilbao, no pudo evitar contener las lágrimas, porque sabía que en pocos días el joven sería operado por el «magnífico» equipo del HUCA y su sufrimiento comenzaría a terminar.
Después de pasar el fin de semana con ella y su familia, el adolescente fue ingresado el domingo, 28 de julio en el HUCA para que le hicieran todas las pruebas necesarias para su operación, programada para el 5 de agosto. La intervención fue una cirugía maratoniana que se prolongó «desde las ocho de la mañana hasta casi las seis de la tarde». «Comenzó el equipo de Traumatología, luego continuó Cirugía Plástica y finalmente volvió Traumatología para completar el procedimiento», precisa. Durante la operación, ambos especialistas realizaron trabajos complejos. «Fue una virguería lo que hicieron», asegura orgullosa del trabajo realizado por sus compañeros.
«Primero, retiraron el hueso y la piel dañados, después aplicaron un cemento antibiótico, luego hicieron un colgajo y llevaron a cabo una microanastomosis —una técnica quirúrgica microscópica para unir estructuras tubulares muy pequeñas, realizada con microscopio en nervios y vasos sanguíneos—. A continuación, colocaron un antibiótico local y un sensor que permite monitorizar en tiempo real la perfusión y oxigenación de la zona. Al final de la cirugía, el traumatólogo fijó cuidadosamente el hueso de la tibia, asegurando la estabilidad de la extremidad», explica.
Después de salir del quirófano, Princio pasó un par de días en la UCI. Fue llevado a planta, donde permaneció ingresado cinco semanas «porque tenían que ponerle antibióticos para curar la infección». Finalmente el 5 de septiembre recibió el alta hospitalaria. Pero, antes de que terminase el mes, tuvo que ser operado de nuevo para retirar el fijador externo y sustituirlo por un tornillo, completando así la reconstrucción de su pierna. «A partir de ahí ya no hizo falta más operaciones. En un primer momento, creíamos que iba necesitar unas cuantas pero, por suerte, salió todo fenomenal», destaca Concesa Rodríguez, una de las médicas autoras de este milagro.
De la misma manera que consiguieron hacer los trámites burocráticos en tiempo récord y acortaron los plazos para que el joven africano pudiese ser operado cuanto antes, el equipo sanitario demostró una gran eficacia durante todo su tratamiento. «Médicamente también tuvimos muchísima suerte. Pensábamos que iba a tener que estar aquí ocho meses, entre una operación y otra pero no hizo falta», dice orgullosa esta profesional del HUCA. En este punto, su compañera Beatriz asegura que el postoperatorio no pudo tampoco ir mejor. «La recuperación de Princio fue espectacular. En cuanto le permitieron apoyar la pierna, ya caminaba con el fijador externo», asegura y resalta el umbral del dolor del joven: «Después de las cirugías no tomó ni un calmante ni nada».
Cuando por fin parecía que la historia tenía un final feliz, los voluntarios de la ONG asturiana HASHTG, junto con el resto de médicos de la sanidad pública que hicieron posible este milagro, tuvieron que enfrentarse nuevamente a varios trámites para garantizar la continuidad de la recuperación de Princio en España. «Se le caducó el visado sanitario cuando ni siquiera le habían hecho la segunda operación. Conseguimos que se lo renovaran, pero nos dijeron que estaría vigente hasta el 23 de octubre, y el avión de vuelta no salía hasta el 26, así que tuvimos que arriesgarnos porque ya no quedaba otra opción», confiesa la ginecóloga asturiana. Aun así, este era un problema menor: el joven no solo había recuperado la movilidad, sino que también volvía a tener la oportunidad de escribir su futuro.
«Para mí fue una experiencia buenísima y, por supuesto, supuso un gran aprendizaje. Pero, sin duda, lo que más me gustó, aparte de conocer y convivir con Princio, fue ver como personas de ámbitos profesionales tan distintos e, incluso, nuestras familias aportaron lo que pudieron en cada momento y se esforzaron para que todo saliera perfecto», reconoce la ginecóloga Concesa Rodríguez, quien presta altruistamente sus servicios en esta ONG asturiana que trata de mejorar las condiciones sanitarias de los más desfavorecidos.
Haberle salvado la vida a Principio ha sido también para Beatriz Dupla «lo mejor» que le ha pasado. «Me marcó profundamente comprometerme con él y su familia, asegurándoles que lo íbamos a operar aquí y que no perdería la pierna. Si hubiésemos tenido que amputarla allí, quizá no habría sobrevivido por la falta de antibióticos para tratar la infección, y si lo hubiera hecho, ¿qué futuro le habría quedado con solo una pierna?», se pregunta la también ginecóloga, quien al igual que Concesa, es incapaz de mirar de lado a las injusticias y las dificultades que sufren los más vulnerables.
Por esta razón, junto con el pediatra Simón Lubián, los ginecólogos Blanca Ramos y José Adánez y el abogado Alberto Aldamunde, fundó en el año 2019 la asociación HASHTG —acrónimo en inglés de Asociación Humanitaria para la Formación Sanitaria—. Esta entidad sin ánimo de lucro lleva desde entonces provomiendo la formación sanitaria y favoreciendo el acceso a material y conocimientos especializados para profesionales en países en vías de desarrollo, así como trabajando para mejorar la salud materno-infantil y brindando cooperación y ayuda humanitaria en comunidades con menos recursos
La solidaridad de los integrantes de esta entidad benéfica y el compromiso de varios profesionales del sistema sanitario de la región permitió que Princio volviera a su vida anterior. «Sigue yendo al colegio, donde estará hasta los 19 o 20 años, porque allí la educación se toma con calma. Además, al terminar los estudios apenas hay oportunidades de trabajo, así que no tienen prisa», cuenta. Sin la ayuda altruista de gran parte del equipo médico del HUCA, este joven africano habría tenido un futuro mucho más incierto. Que su historia haya tenido un final feliz demuestra el enorme potencial de la sanidad pública asturiana para transformar vidas. Una sanidad pública que, por supuesto, debemos «potenciar y cuidar».