La Voz de Asturias

Irene Masero, una camionera asturiana: «La ergonomía de los camiones sigue estando diseñada para el cuerpo de los hombres»

Asturias

María S. Condado
Irene Masero, camionera asturiana

Esta gijonesa comparte a través de las redes sociales sus experiencias al volante, mientras en la carretera trata de hacer un hueco en un sector tradicionalmente masculino

22 Apr 2026. Actualizado a las 15:23 h.

En un oficio ocupado mayoritariamente por hombres, Irene Masero se hace un hueco en la carretera a bordo de su camión. Hace seis meses que esta asturiana se subió al camión para hacer su primera ruta y, desde entonces, ha continuado enamorándose cada vez más de esta profesión, aunque confiesa que durante este tiempo ha tenido que hacer frente a algunas dificultades, la mayoría de ellas marcadas «por el machismo» que aún persiste en este tipo de trabajos. Además, la asturiana ha decidido compartir su día a día en la carretera a través de las redes sociales, donde visibiliza la realidad del sector.

Aunque nadie de su familia se dedica al mundo de la carretera, Irene Masero ha estado siempre rodeada de camioneros. Es precisamente gracias a su entorno que la asturiana comenzó a desarrollar su pasión por los vehículos, pero su miopía le impidió durante mucho tiempo cumplir su sueño. «Siempre me ha encantado conducir y soñaba con ser camionera, pero no daba la visión mínima para poder ser conductora».

La esperanza de Irene por recorrer las carreteras no decayó y, en 2025, la asturiana tomó la decisión de operarse la vista. Este fue el primer paso para comenzar la carrera profesional que tanto había ansiado. «Para mí esto era un reto personal; al final suponía entrar a formar parte de un mundo de hombres».

El primer paso para ser camionera era obtener los permisos de conducir pertinentes. Para su formación, Irene contó con la Beca Woman, una ayuda destinada a mujeres que quieren entrar a formar parte de sectores tradicionalmente masculinizados. Gracias a su esfuerzo y perseverancia, Masero logró aprobar a la primera los siete exámenes necesarios para comenzar a ejercer como camionera.

Con su formación ya terminada y sus permisos de conducir en regla, Irene se enfrentaba a un nuevo reto: conseguir un puesto de trabajo. «Envié más de 500 currículums; fue un proceso difícil, primero porque era novata y no tenía experiencia y, después, porque siempre están los típicos estereotipos de que las mujeres no sabemos conducir». Finalmente, fue una empresa cántabra la que le dio la primera oportunidad laboral como camionera a Irene. Desde entonces, la asturiana recorre las carreteras de todo el país a bordo de su tráiler, decorado, asegura, «de forma muy divertida, lo llevo lleno de unicornios».

Irene Masero, camionera asturiana

Aunque empezar a formar parte de este gremio ha sido complicado, Masero asegura que «una vez dentro, la respuesta de los compañeros y del público siempre ha sido positiva». «Cuando llego a destino a veces se quedan extrañados, pero normalmente recibo mensajes positivos; a muchos les encanta cómo llevo el camión e incluso hay quienes se hacen fotos con él».

La vida en la carretera «no es sencilla», asegura Irene. «Ser camionera no se trata solo de conducir durante horas —entre 9 y 10 horas diarias—; también se basa en planificar constantemente las rutas y calcular las horas de las que dispones para llegar a tiempo a los destinos. La cabeza está en funcionamiento constante y supone un gran agotamiento mental». Compaginar la vida profesional con la personal, «tampoco es sencillo», asegura Irene. Aunque en este caso la asturiana, cuenta con una gran ventaja: «Mi marido también es camionero y trabajamos en la misma empresa y, aunque hacemos rutas diferentes, siempre intentamos coincidir en algunas paradas para tomar el café juntos».

A las infinitas horas en la carretera se suman otros problemas que afectan a Irene y a sus compañeras de profesión «por el simple hecho ser mujeres». «La mayoría de veces tengo que ducharme en los baños de hombres, porque en los de mujeres no hay duchas; la ropa de trabajo está confeccionada para ellos y la ergonomía de los camiones sigue estando diseñada para el cuerpo de los hombres, que suelen ser más altos y más robustos, por lo que a nosotras no nos resultan tan cómodos», explica la asturiana.

De la música a la carretera

Ser camionera, oficio que comparte con su marido, no es la única pasión de esta asturiana. Irene Masero también forma parte del grupo musical Clave de Son, al que se dedicaba por completo antes de subirse al camión y al que, aún hoy, entrega sus fines de semana.

Irene comparte su experiencia en sus dos profesiones a través de las redes sociales. Aunque comenzó subiendo vídeos con la orquesta, ahora ha querido sumar también las vivencias que la carretera le aporta. «No quiero ni pretendo ser referente de nadie. Cuento mis anécdotas y los problemas que me van surgiendo en la carretera. Subo vídeos para mostrar aquello que la gente no suele contar: que es normal quedarse parado, que se te pinche una rueda o tener que pedir ayuda las primeras veces. Llevo muy poco tiempo en el sector y aún me queda mucho por aprender; soy de las que cree que solo terminas de formarte cuando te jubilas».

Su presencia en redes también se ha vuelto, en ocasiones, polémica: «Me dicen que me ponga a fregar o que soy una pisapedales —un término despectivo que se usa para denominar a los novatos dentro de la profesión—», explica Irene. Además, la asturiana asegura que la profesión de camionero está infravalorada: «Parece que no tenemos estudios o que, por ser camioneros, somos la última basura». Sin embargo, defiende que para ser camionera «hay que estudiar y tener una capacitación previa al examen; dedicarte al mundo de la carretera no significa ser menos». En su caso, Irene cuenta con formación en Administración de Empresas y, en la actualidad, ha decidido completar su preparación con estudios en Logística y Transporte.

La historia de Irene Masero refleja tanto los avances como las barreras que aún persisten en profesiones tradicionalmente masculinizadas. Su determinación, formación y capacidad de adaptación le han permitido abrirse camino en un sector exigente, demostrando que el esfuerzo no entiende de género. Al compartir su experiencia, no solo visibiliza las dificultades reales del oficio, sino que también contribuye a normalizar la presencia de mujeres en la carretera y a cuestionar estereotipos todavía vigentes.

 


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