La historia de Jennifer Ceferino, camionera asturiana de 25 años: «Espero poder jubilarme detrás del volante»

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

ASTURIAS

Jennifer Ceferino, camionera asturiana de 25 años
Jennifer Ceferino, camionera asturiana de 25 años

Esta joven vecina de Pola de Laviana se adentró en el sector del transporte por «pura casualidad». Trata, desde entonces, de hacerse un hueco en un sector tradicionalmente masculino

08 mar 2026 . Actualizado a las 09:37 h.

El transporte es uno de los motores principales de la economía. Al desempeñar un papel estratégico en la industria, el comercio y la movilidad de las personas, contribuye directamente al crecimiento del PIB y a la creación de empleo. De hecho, es uno de los sectores que mayor riqueza y puestos de trabajo genera. Sin embargo, todavía enfrenta un reto muy importante en materia de igualdad de género, ya que la presencia femenina en determinadas áreas sigue siendo minoritaria. Aún así, hay mujeres como Jennifer Ceferino que se abren camino en esta profesión domina por hombres. Esta asturiana de 25 años recorre cada día cientos de kilómetros al volante de un tráiler y ahí donde va rompe estereotipos.

Como a muchas mujeres, al principio esta profesión no le llamaba especialmente la atención, hasta que trepó los altos escalones y se sentó en la cabina de un camión de enormes dimensiones. En el momento que arrancó el motor y pisó el acelerador, una oleada de emoción y adrenalina recorrió todo su cuerpo. En ese mismo instante supo que había encontrado su verdadera vocación. «Y fue de casualidad», apunta esta joven, que nunca antes se había planteado ser camionera. «No era algo que tuviese en mente. Es más, nadie de mi familia se dedicó al transporte», asegura, antes de confesar que su interés por conducir vehículos pesados surgió al preparar el examen de acceso a las Fuerzas Armadas de España.

En busca de un trabajo estable y condiciones más favorables, Jennifer, que por entonces trabajaba como camarera, quiso probar suerte en las oposiciones del Ejército. Como apenas contaba con méritos, ya que solo tenía los estudios obligatorios, decidió sacarse el carnet de camión y de tráiler para acumular los puntos necesarios y poder llegar «a donde quería». Tras obtener estas licencias de conducción y también el certificado de aptitud profesional buscó, con 21 años, la manera de adentrarse en el sector. Ya no quería seguir empleándose en la hostelería y, al vivir de manera independiente, necesitaba unos ingresos que le permitieran cubrir sus gastos. Dio, por tanto, un giro de 180 grados a su carrera profesional con el firme propósito de dedicarse al transporte.

Jennifer Ceferino, camionera asturiana de 25 años
Jennifer Ceferino, camionera asturiana de 25 años

«Me costó mucho encontrar trabajo, no por el hecho de ser mujer, sino porque un tráiler es un vehículo muy grande y, al final, no todo el mundo confía en ti para dejarte un camión sin tener experiencia», reconoce. Admite también que hubo personas que le dijeron que «no valía para esto», «que buscase otro empleo», «que trabajar en la ruta era muy difícil» y que «para camionero no valía cualquier». Sin embargo, esta joven de Pola de Laviana hizo caso omiso a los comentarios y siguió adelante, demostrando que tenía las capacidades necesarias para triunfar en un sector dominado por hombres. Aunque le cerraban cada puerta a la que picaban, en ningún momento tiró la toalla. «Seguí intentándolo porque es una profesión que me gusta y mucho», manifiesta.

Una de las empresas de transporte a la que mandó su currículum le ofreció un puesto de trabajo en la oficina. Como sabía que era una buena oportunidad para entrar en el sector y ganar la experiencia que necesitaba, aceptó la propuesta. «A los 15 días de empezar me preguntaron si quería manejar la carretilla en el almacén, porque ya contaba con el carnet, pero les dije que no. Le comenté a quien ahora es uno de mis jefes que solo cambiaría de trabajo si era para conducir el tráiler, si no, nada. Se lo trasladó a su socio, quien me permitió acompañarle un día en la ruta y cuando terminamos, me dijo: “Ahora empiezas cuando quieras”», detalla. Así fue como cumplió, por fin, su sueño de ser camionera.

La asturiana Jennifer Ceferino es de las pocas mujeres que se emplean en el sector del transporte
La asturiana Jennifer Ceferino es de las pocas mujeres que se emplean en el sector del transporte

La primera vez que se puso al frente de un camión como profesional tenía 23 años. El calendario marcaba un 11 de diciembre de 2023. «Recuerdo ese día como si fuera hoy. Fui con el encargado a buscar la cabeza de un Scania —un modelo de camión— y circulé por la carretera solo con eso», cuenta todavía emocionada por esa primera experiencia. A partir de esa jornada, comenzó a conducir con el remolque bajo la supervisión de su superior, a quien da gracias por enseñarle «todo» lo que sabe hoy. «Al principio se me hacía cuesta arriba. Me gustaba tanto que me lo tomé muy en serio. Llegué a pensar que no valía para ello, porque soy muy impaciente y ya desde el primer día quería hacerlo todo bien y, claro, eso lleva su tiempo y requiere aprendizaje», reconoce.

En un primer momento, comenzó a hacer viajes por Asturias, entregando mercancías en distintos puntos de la región y aprendiendo a gestionar tiempos y rutas de manera autónoma. Con más experiencia al volante, pasó a realizar trayectos nacionales. «Me dieron un camión con remolque y a partir de ahí empecé a hacer viajes por toda España y hasta hoy. Ahora lo mismo voy a Barcelona que a Madrid o bajo hasta Valencia y de ahí voy a Sevilla», dice la joven, que transporta todo tipo de mercancía, desde materiales metálicos hasta productos alimenticios. En cada viaje de regreso a su tierra natal, carga la caja con paquetes del comercio electrónico para sacar el máximo provecho a cada recorrido.

Son ya dos años de experiencia en el sector y este tiempo al frente del volante le ha servido para conocer en profundidad la profesión. «Es mucho más difícil y complicado de lo que la gente cree. Al fin y al cabo, quienes desconocen el mundo del transporte piensan que somos turistas pagados, que vamos sentados conociendo sitios y que encima nos pagan por ello. Pero detrás hay mucho trabajo. Son muchas horas de conducción, muchos días fuera y, además, estás solo, sin nadie al lado. Hay mucho cansancio, mucho sueño y también mucha responsabilidad y paciencia», dice Jennifer, a quien dormir cinco de los siete días de la semana en la cabina de su tráiler no le supone ningún inconveniente.

«A mí no me importa pasar casi toda la semana fuera de casa porque, al fin y al cabo, ahora mismo no tengo nada que me ate. No tengo ni pareja ni hijos. Entonces, considero que si no hago esto ahora, que tengo 25 años y ninguna otra responsabilidad, no lo voy a hacer cuando tenga otra vida», admite. En realidad, lo que menos le gusta de su trabajo son las horas de espera al cargar o descargar el camión en las fábricas a las que acude, además del sueño, el cansancio y las largas jornadas que conlleva el transporte. «Esos son para mí los únicos inconvenientes», señala, antes de resaltar que la gran ventaja de emplearse en este sector es la libertad que tiene. «Siempre que llegues a la hora para cargar o descargar el camión, el resto del tiempo puedes hacer lo que quieras», destaca de su oficio.

Uno de los camiones que conduce Jennifer Ceferino
Uno de los camiones que conduce Jennifer Ceferino

Con cada viaje que realiza, Jennifer Ceferino rompe las barreras de género impuestas por la sociedad y, subida en un tráiler que transporta toneladas de mercancías, se hace un hueco en un sector tradicionalmente masculino. En su caso, por suerte, en ningún momento se ha sentido discriminada por el simple hecho de ser mujer. «De hecho, parte de mis mejores amigos y de las personas que más quiero son hombres que conocí en este trabajo. Me ayudaron desde el principio, me apoyaron siempre y están ahí cuando los necesitas. Te echan una mano, sin ningún tipo de mala intención», asegura.

No obstante, como todo en esta vida, siempre hay excepciones y, alguna vez que otra, esta joven fue cuestionada como transportista. «En ciertas fábricas, cuando llegaba con el camión les chocaba. Me ha pasado de entrar y que me digan que solo se permiten transportistas hombres, pero cuando explico que yo conduzco el camión, todo se solucionaba», cuenta. Salvo estos pequeños contratiempo, «nunca» tuvo problemas mayores. «Por lo general, la mayoría de los compañeros me reciben bien y me tratan como a uno más porque al final hago el mismo trabajo que ellos», subraya.

A quienes quieran seguir sus pasos, Jennifer les recomienda hacerlo solo si realmente les apasiona. «Es un trabajo que exige mucha disciplina, entrega y sacrificio. Son muchas horas al volante y en carretera, y si no te gusta, se convierte en un auténtico castigo», explica. Para ella, el transporte es un oficio que «se ama o se odia», sin término medio. En su caso, le apasiona. «He trabajado en varios sectores y, sin duda, me quedo mil veces con este. Seguiría eligiendo el transporte como forma de vida y espero hacerlo durante muchos más años», confiesa la joven, quien sueña con tener su propio camión y ser su propia jefa. Aunque desconoce qué le deparará el futuro, quiere dedicar toda su vida profesional a conducir un tráiler. «Sin duda, espero jubilarme detrás del volante», asegura.