Marina, la asturiana de 31 años que es piloto de Iberia: «Volar es muy agradable y más aún cuando tienes el control»

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

ASTURIAS

La asturiana Marina Suárez ejerce como piloto de avión y forma parte de la plantilla de Iberia
La asturiana Marina Suárez ejerce como piloto de avión y forma parte de la plantilla de Iberia

Esta ovetense afincada en Gijón es de las pocas mujeres en nuestro país que se dedican profesionalmente a pilotar aviones comerciales. Se ha convertido así en un referente para muchas niñas que miran al cielo imaginando su futuro entre nubes

08 mar 2026 . Actualizado a las 09:36 h.

Es cierto que se han producido importantes avances en materia de igualdad en los últimos años. Sin embargo, todavía queda mucho camino por recorrer para lograr la paridad de género. Es necesario seguir trabajando para garantizar que mujeres y hombres tengan las mismas oportunidades, derechos y reconocimientos en todos los ámbitos de la sociedad. Esto es especialmente importante en entornos laborales, donde ciertas profesiones tienen aún un fuerte predominio masculino. Un ejemplo de ello lo encontramos en la aviación. La representación femenina en las cabinas de mando es todavía mínima. Pero, aún así, hay quien rompe barreras en el sector como la piloto asturiana Marina Suárez.

Esta joven ovetense, afincada en Gijón, surca desde hace nueve años los cielos de nuestro planeta, demostrando en cada uno de sus viajes que las mujeres pueden conquistar cualquier altura que se propongan. Con su historia personal pone también de manifiesto que, con perseverancia y determinación, una puede abrirse camino incluso en los sectores más exigentes y tradicionalmente ocupados por hombres. En su caso, aunque no sabe exactamente cuándo ni cómo surgió esa vocación, siempre tuvo claro que quería ser piloto de avión. Por eso, desde que tiene uso de razón, ha hecho todo lo posible por ponerse a los mandos de una gran aeronave, incluso cuando no levantaba ni unos palmos del suelo.

«Mis padres me cuenta que, de niña, una vez cogí un libro de la biblioteca sobre planetas y, después de leerlo, les dije que quería ser astronauta. Como no sabía qué tenía que estudiar para conseguirlo, empecé a investigar y descubrí que podía ser piloto. Poco a poco me fui informado sobre esta profesión, les hacía preguntas cuando veía un avión y trataba de aprender todo lo que podía», asegura Marina, quien en ningún momento de su adolescencia tampoco se planteó dedicarse laboralmente a otra cosa que no fuera estar en una cabina de mandos de una aeronave. «De hecho, cuando hice la preinscripción universitaria, solo envié mi solicitud a Salamanca para estudiar el grado de piloto. No puse otras opciones porque no entraba en mi cabeza», confiesa.

A pesar de que sabía con certeza que quería formarse profesionalmente para guiar aeronaves, no sabía exactamente qué pasos debía seguir para llegar a ser piloto. «Me planteé hacerlo por la rama militar, porque además de aquella no había tantas becas y era muy costoso», asegura. Aunque llegó a preparar las pruebas para ingresar en las Fuerzas Armadas, nunca se presentó a los exámenes de acceso al Ejército del Aire, puesto que «tras mucho investigar» descubrió que en España había grandes escuelas de aviación. Luego de asistir a una feria universitaria, donde por casualidad había una escuela de aviación de Salamanca, la ciudad de origen de mi familia materna,lo que generó confianza en sus padres y la llevó a decantarse por este centro.

Los estudios que realizó para ser piloto

Sin pensárselo ni un segundo más, se matriculó en el Grado en Piloto de Aviación Comercial y Operaciones Aéreas de la Universidad de Salamanca (USAL). Después de cuatro «intensos» años, la ovetense obtuvo la ansiada titulación, pero no dejó de formarse. «Cuando acabé la carrera hice el curso para ser instructora de vuelo», detalla. Una vez que consiguió esta capacitación, comenzó a dar clases a futuros pilotos, mientras que terminaba de completar su preparación para volar profesionalmente. Cuando finalizó, «de casualidad», Iberia abrió una nueva convocatoria de reclutamiento para la contratación de pilotos de nuevo ingreso, así que decidió presentarse y aprovechar la oportunidad para incorporarse a la aerolínea.

«Fui muy tranquila a las pruebas porque pensaba que no me iban a coger. Sabía que era muy difícil entrar, pero aun así estudié mucho porque quería intentarlo, y, si no lo lograba, sería una lección de vida que me llevaba», admite. Para su sorpresa, puesto que su entorno estaba más que convencido de que cumplía con las condiciones que exigía la aerolínea, fue seleccionada por la compañía aérea española, dando así el primer paso hacia su carrera como piloto comercial y cumpliendo uno de sus mayores sueños. «Así como siempre quise ser piloto, siempre me imaginé siendo piloto de Iberia», confiesa, orgullosa de haber conseguido este importante logro profesional con apenas 22 años.

Casi una década después de haber sido reclutada por la aerolínea, Marina aún recuerda ese momento como si fuese ayer. «Me acuerdo perfectamente. Era Semana Santa y estaba en el sofá de casa viendo una película con mi madre cuando, de repente, sonó el teléfono. En ese instante pensé: “¿Pero quién llama a la hora de la siesta?”. Mi madre contestó y me dijo: “Es para ti”. Me pregunté que quién sería, porque ya llevaba años viviendo en Salamanca. Cuando lo cogí, era el jefe de operaciones de Iberia para decirme que quería contar conmigo. Yo no lo me lo podía creer. Cuando colgué, me puse a llorar de la emoción y empecé a llamar a toda mi familia para darles la noticia», cuenta sobre el episodio que cambió para siempre su vida.

Sus primeros pasos en la compañía aérea

Tras incorporarse a la plantilla de Iberia, la joven ovetense tuvo que obtener una «habilitación de tipo», una certificación especializada que autoriza a los pilotos a volar determinados modelos de aeronaves. En su caso, se trataba del Airbus A320, un avión comercial diseñado para vuelos de corta y media distancia. «Durante un mes y medio recibí formación teórica sobre el avión, así como entrenamientos en simuladores, además de aprender aprendiendo los procedimientos de la compañía», precisa. Después de este corto periodo de tiempo, llegó el momento de poner en práctica todo lo aprendido. «Me fui a un aeropuerto poco transitado para ensayar los aterrizajes y los despegues», precisa Marina, quien en ese momento sintió una mezcla de adrenalina y satisfacción, porque sabía que «en unos días, en lugar de ir detrás de compañeros, irían pasajeros».

Una vez dominados los aterrizajes y despegues, Marina empezó a transportar pasajeros de rutas nacionales y continentales. Con el tiempo decidió dar un salto en su carrera y dar el paso a los vuelos de largo radio. Hoy en día cruza el Atlántico aproximadamente cuatro veces al mes. Son muchas las horas que pasa en la cabina del avión como copiloto y aunque, para muchos, puede resultar pesado, para ella es una de las mejores sensaciones que puede experimentar. «Cuando vuelo, siempre desconecto del mundo y de mi rutina. Eso es algo que me gusta mucho de mi trabajo, pero también es lo que menos me gusta, porque cuando quieres o necesitas estar en casa —ya sea por un familiar enfermo o por el cumpleaños de un ser querido—, te resulta imposible», asegura la joven.

A pesar de que pasa mucho tiempo fuera de su tierra natal y siempre cuenta las horas para volver a casa, Marina disfruta al máximo de cada vuelo que realiza. «La sensación en sí de volar es muy agradable y más aún cuando tienes el control. De hecho, cuando estoy en la cabina siento que hablo el mismo idioma que el avión», confiesa la gijonesa de adopción, a quien cada instante en el aire le hace sentirse completamente plena. Esa felicidad que le provoca estar en el cielo permanece en ella incluso cuando toca tierra. El saber que puede dedicarse profesionalmente a lo que realmente le apasiona hace que cada esfuerzo y cada día fuera de casa valgan completamente la pena.

Así es como esta asturiana ha hecho realidad su sueño de ser piloto. A sus 31 años se ha convertido además en un referente para muchas niñas y adolescentes que también miran al cielo imaginando su futuro entre nubes. Aunque cada vez hay más mujeres en la profesión —el número de pilotos femeninas en España se ha triplicado en la última década y ya representan el 6,7% del total—, siguen siendo una minoría en un sector históricamente dominado por hombres. Compañías como Iberia, con un 7% de mujeres piloto, muestran que poco a poco esa presencia va ganando terreno, y pilotos como Marina Suárez son ejemplo de que volar también puede ser cosa de chicas.

Más allá de su ejemplo, dirige un mensaje a aquellas mujeres que quieren abrirse camino en su misma profesión: «Que no tengan miedo. Si es algo que les gusta, que lo intenten. Mucha gente te va a decir que no lo vas a conseguir; yo recuerdo que a mí me dijeron muchas veces que no lo lograría. Mi consejo sería que no dejen que esa gente negativa dicte el ritmo de su vida. Si quieres, puedes conseguirlo, y si al final del camino decides que no es lo que quieres, que sea tu decisión cambiar, no porque otros te digan lo que tienes que hacer», manifiesta, antes de dejar claro que «en ningún momento» sintió o sufrió algún tipo de discriminación en el sector por el simple hecho de ser mujer.

Mientras sigue rompiendo barreras y haciéndose un hueco en un sector históricamente masculinizado, Marina mira al futuro con tranquilidad y pasión. Su objetivo es convertirse en comandante en unos años, cuando le toque, pero más allá de títulos o ambiciones, lo que realmente desea es seguir disfrutando de cada vuelo como hasta ahora. «Cada día que me subo a un avión disfruto un montón. Creo que es un regalo poder hacer lo que te gusta», asegura. Para ella, más que marcarse objetivos, su meta es mantener esa felicidad y seguir volando con la misma pasión que siente hoy.