Lidia Solís, una camionera asturiana: «Procuro aparcar en lugares vigilados para que no me roben»

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

ASTURIAS

Lidia Solís se dedica al sector del transporte
Lidia Solís se dedica al sector del transporte

Esta joven de 31 años heredó la pasión por este oficio de su padre. Se dedica a llevar mercancía de un punto a otro de nuestro país y en un futuro no descarta hacerlo por Europa

10 mar 2026 . Actualizado a las 12:18 h.

«Yo para ser feliz, quiero un camión», coreaban Loquillo y Los Trogloditas hace décadas. La canción se convirtió en un éxito y, con el tiempo, en un himno para varias generaciones. Sin embargo, la realidad de la vida de un transportista es mucho más exigente y sacrificada de lo que sugiere la letra del famoso tema. La profesión se caracteriza por largas jornadas laborales, con muchas horas al volante. A esto se suma la soledad que conlleva el trabajo y la gran responsabilidad que implica. Por estas razones, ser camionero exige verdadera vocación. En algunos casos, la pasión por este oficio se transmite de generación en generación. Un ejemplo es la asturiana Lidia Solís, que a sus 31 años continúa la tradición familiar al dedicarse al transporte por carretera.

Esta joven vecina de Cardo, localidad perteneciente al concejo de Gozón, creció y se crió rodeada de vehículos de grandes dimensiones diseñados para el transporte de mercancías. «Mi padre toda la vida tuvo camiones y yo ya, desde bien pequeña, conocí el oficio.Los fines de semana y los días que no tenía colegio lo acompañaba a recoger en la cuba la leche de las ganaderías de Cudillero y toda la zona del Occidente y las llevábamos hasta las instalaciones de la Central Lechera Asturiana. Y era algo que me gustaba mucho y que disfrutaba de verdad», asegura, destacando que esa experiencia fue clave para forjar su vocación y amor por la carretera.

Aunque el oficio de camionero le apasiona desde que tiene uso de razón, no comenzó su carrera laboral al frente de un gran camión. Su trayectoria profesional empezó como auxiliar administrativo en una empresa asturiana, donde durante varios años gestionó documentos, atendió al público, organizó agendas y realizó todo tipo de tareas de oficina. Con el tiempo optó por seguir los pasos de su padre. «Un día llegó mi hermano, que también es transportista, y me comentó que se vendía un tráiler, por si me podía interesar, ya que tengo el título de lo que hoy se llama competencia profesional. No dudé en aprovechar la oportunidad», relata.

Lidia Solís heredó la pasión por los camiones de su padre
Lidia Solís heredó la pasión por los camiones de su padre

Corría el mes de abril de 2023 cuando Lidia comenzó a realizar todas las gestiones necesarias para hacerse con el citado camión de enormes dimensiones. Mientras tramitaba los papeles, aprovechó para obtener las licencias de conducir que necesitaba para ponerse al volante. «Como ya tenía el carnet C, me preparé para sacar también el de tráiler y el de mercancías peligrosas (ADR) porque tiene mucha salida y nunca se sabe lo que puede deparar el futuro, además del Certificado de Aptitud Profesional (CAP)», detalla la joven. Una vez con todos los permisos en mano, se lanzó a la carretera, iniciando así su trayectoria profesional como transportista.

Como la mayoría de compañeros de profesión, los primeros viajes que hizo con el camión fue por Asturias. Recorrió toda la región, de costa a montaña, para conocer a fondo el vehículo, dominar su manejo, adaptarse al ritmo de trabajo y ganar experiencia antes de enfrentarse a trayectos más largos y exigentes. Después de nueve largos meses transportando mercancías dentro de la comunidad, y tras adquirir un tráiler y contratar a un profesional que la ayudara con las entregas, Lidia comenzó a realizar recorridos por distintas comunidades del país. «Las rutas nacionales siempre me gustaron mucho», asegura la joven, que se emplea por cuenta propia.

Bajo las indicaciones de las grandes compañías que contratan sus servicios, esta asturiana transporta principalmente material siderúrgico y productos alimenticios desde Asturias hacia distintas regiones del país. «Los tres recorridos que realizo con más frecuencia son hacia Barcelona, Valencia y Andalucía», explica. Se pasa, por tanto, la mayoría de los días en carretera, ya que debe recorrer largas distancias para entregar la mercancía a tiempo. Para que todo salga rodado, debe planificar cuidadosamente cada viaje, teniendo en cuenta las rutas, los tiempos de entrega, la carga y posibles imprevistos en carretera.

La exigencia de este oficio se nota en cada viaje que realiza. Pero, aunque pasa muchas horas al volante y duerme la mayoría de los días en la cabina de su camión, a esta asturiana le apasiona su trabajo y no cambiaría la vida en la carretera por nada. Pese a que es un trabajo además muy solitario, la compañía es lo que menos echa en falta Lidia. Lo que sí le preocupa es la seguridad. Quiere sentirse protegida y tener la certeza de que su carga y su trabajo están siempre a salvo, ya que, lamentablemente, uno de los mayores peligros para los camioneros son los robos de mercancía.

«Cuando paro a descansar por la noche, o cuando debo detenerme porque no me permiten superar las horas de conducción, procuro elegir lugares vigilados, como áreas de servicio con seguridad 24 horas, o sitios donde sé que no ha habido problemas de robos», asegura, antes de añadir que la ubicación del camión es un aspecto clave para cualquier eventualidad «Es lo primero que te preguntan las compañías de seguros: dónde estaba estacionado el camión», destaca. Por eso, siempre procura «buscar sitios seguros antes de seguir».

«Vale más perder una hora y quedar en un lugar protegido que agotar las horas y quedarte, de repente, en medio de la nada, en un área de descanso sin ni una triste farola, donde alguien podría abrir la lona, robar la mercancía o incluso vaciar el combustible», advierte esta camionera, que hasta la fecha no ha sufrido ningún robo ni intento de robo. Antes de arrancar, siempre revisa bien el tráiler para asegurarse de que todo esté en orden y que no haya sido víctima de ningún amante de lo ajeno.

Así como no ha sido víctima de ningún robo, Lidia tampoco ha sufrido discriminación alguna por dedicarse a un oficio tradicionalmente masculino. «Nunca recibí comentarios machista ni nada por el estilo. Al contrario. Si alguna vez llego alguna fábrica que no conozco o si tengo que hacer alguna maniobra complicada con el camión, siempre hay algún hombre dispuesto a ayudarme y a echarme una mano en lo que haga falta», asegura la asturiana, resaltando el buen compañerismo que reina dentro de la profesión.

Por su propia experiencia, anima a todas aquellas mujeres que quieren ponerse al frente de un camión a que lo hagan. «Que no tengan miedo a nada. Esto es como todo: es práctica y, cuando lo haces un día y otro y otro, al final todo va rodado. Y en el caso de que necesites ayuda, siempre habrá algún compañero dispuesto a echarte una mano», asegura la joven.

De cara al futuro, reconoce que le gustaría ampliar horizontes profesionales y empezar a realizar viajes fuera de España. «Quiero probar a hacer rutas internacional. Es algo que nunca hice y que me llama mucho», admite. Otra de sus metas es seguir creciendo dentro del sector. «También me gustaría aumentar la flota, aunque eso ya sería más bien a largo plazo», precisa, convencida de que el esfuerzo, la constancia y la pasión por la carretera acabarán abriéndole nuevas oportunidades.