Marta Fernández padece endometriosis: «Nunca oí hablar de esta grave enfermedad hasta que me la diagnosticaron»
Asturias
Esta asturiana de 45 años ha visto limitada su vida «por completo» debido a esta invisible patología
02 Jul 2026. Actualizado a las 05:00 h.
Cada vez que tenía la menstruación, Marta Fernández sufría fuertes dolores en el bajo vientre y sangrados muy abundantes. La pérdida de sangre era tal que, en más de una ocasión, llegó a padecer anemia. A estos síntomas se sumaban vómitos y nauseas. Un cuadro clínico que los médicos restaban importancia al considerar que era habitual durante el periodo. Esta vecina de Ciaño asumió durante años que lo que le ocurría era algo normal. Sin embargo, el origen de su malestar era la endometriosis, una enfermedad crónica y grave que, hace diez años, se agravó hasta el punto de limitar por completo su vida. «Es que no puedo hacer nada», asegura, poniendo así de manifiesto el impacto de esta patología, tan invisible como incapacitante.
Como la mayoría de pacientes, esta asturiana de 45 años desconocía «por completo» la existencia de la endometriosis. «Nunca había oído hablar de ella hasta que me la diagnosticaron», confiesa. La detección de esta patología, caracterizada por la presencia de tejido similar al revestimiento del útero que crece fuera de este, marcó un antes y un después en su caso. A partir de ese momento pudo comprender el origen de su malestar y que los problemas intestinales que padecía no se debían a un colon irritable, como se había pensado en un primer momento. No obstante, aunque poner nombre a su malestar le supuso un alivio, al conocer más detalles comenzaron los temores.
Conoce al fin la causa de su malestar
El diagnóstico de la endometriosis llegó tras acudir en numerosas ocasiones al servicio de Urgencias del Hospital Valle del Nalón por los fuertes dolores que presentaba en la zona baja del abdomen. Tras valorar su cuadro clínico, el equipo médico decidió realizarle una ecografía en la que se detectó un quiste ovárico lleno de sangre menstrual antigua y coagulada, lo que le confería una textura oscura y espesa, similar al chocolate. Ante este hallazgo, el personal sanitario optó por la intervención quirúrgica como tratamiento más adecuado, al considerar que era necesario extirpar la lesión para aliviar los síntomas y confirmar el diagnóstico.
Corría el mes de junio de 2024 cuando Marta fue intervenida quirúrgicamente. Durante la operación, los especialistas comprobaron que la endometriosis afectaba a otras zonas del aparato reproductor, por lo que fue derivada al Hospital Universitario Central de Asturais para continuar con el seguimiento y el tratamiento. «En el HUCA me hicieron un montón de pruebas, desde resonancias hasta colonoscopias, y ahí ya vieron que el tejido endometrial había crecido fuera del útero y estaba en la pelvis, en el intestino…», precisa. Al tener su cuerpo por dentro «lleno» de esta especie de tela debía volver a pasar otra vez por quirófano.
La segunda operación, mucho más compleja
Dos meses después fue intervenida en el hospital ovetense por un médico de Bilbao especializado en su caso. «Estuve algo más de ocho horas en quirófano porque me tuvieron que realizar una histerectomía total —extirpación quirúrgica del útero—, una resección del intestino y del recto, además de quitarme la válvula ileocecal», relata la langreana, quien tenía muchas probabilidades de que le colocaran una bolsa de colostomía, un dispositivo médico que se adhiere al abdomen para recolectar las heces, pero, por suerte, no fue necesario. «Eso era lo que más miedo me daba de toda la operación. De hecho, cuando me desperté de la anestesia, lo primero que hice fue comprobar si me la habían puesto», confiesa todavía aliviada.
Tras recuperarse de esta segunda operación, Marta tuvo la sensación de que volvía a gozar de un buen estado de salud. Sin embargo, la realidad fue otra. Con el paso de las semanas, el malestar volvió a aparecer y además lo hizo con gran intensidad. «La endometriosis hizo que tenga ahora fibromialgia, por eso, además de dolerme la pelvis, me duelen las manos, los brazos, las piernas, los pies… todo el cuerpo, vaya. Estoy además muy cansada. Me levanto por la mañana y a las 12 del mediodía ya no soy persona. No puedo hacer nada», asegura, antes de señalar, que hace escasos dos meses ha tenido que ser intervenida de una hernia por problemas en los huesos.
A estos síntomas se suman los propios de la menopausia, que se la han inducido para ver si solucionaban los problemas endometriales. «Lo que peor llevo son los sofocos. Por suerte, me han dado un tratamiento hormonal que me alivia los calores», destaca. Todos ellos hacen que su vida se haya visto «completamente» limitada. «Siento que tengo el cuerpo de una persona mayor. Para poder salir un rato, un par de horas, tengo que pasar el día en casa sin hacer nada, porque si no no lo aguanto. Hace poco fui a comer con la familia y, nada más terminar, tuve que volver a casa porque no me encontraba bien», relata.
Pese a su delicado estado de salud, el Instituto Nacional de la Seguridad Social la considera apta para trabajar, por lo que, tras 18 meses de baja, Marta no ha tenido más opción que reincorporarse a su puesto en la frutería en la que se emplea. «No me quedó otra. Y ahora mismo no sé si la habré fastidiado, porque estoy peor que antes de operarme», asegura. Se encuentra tan mal que, en la próxima revisión con la ginecóloga, pedirá que le realicen una resonancia, ya que está convencida de que el tejido endometrial ha vuelto a crecer y es el responsable de los fuertes dolores que sufre actualmente en la pelvis. «Este dolor ya me lo conozco», dice.
La enfermedad hace también mella en su salud mental
Consciente de que la endometriosis es una enfermedad que no tiene cura, esta vecina de Ciaño confía en que la investigación científica pueda ofrecer tratamientos que, al menos, alivien los síntomas y le devuelvan las ganas de vivir. Reconoce que, a nivel psicológico, la situación es abrumadora, ya que no puede hacer una vida normal y siente que nunca está del todo bien, algo especialmente duro para alguien que siempre ha sido muy activa. «Yo estaba siempre de un sitio para otro. O iba a la montaña o quedaba con mi familia o amigos para tomar algo, cenar o lo que fuese», asegura, mientras lamenta no poder hacer planes como antes.
Afortunadamente, su entorno más cercano sabe perfectamente que su estado de salud es delicado, por lo que no tiene que andar justificándose si no puede acudir a una cita o debe abandonar antes de tiempo la misma. No obstante, no todo el mundo, comprende que «aunque por fuera esté guapa, por dentro esté echa mierda». Esa incomprensión social aumenta el desgaste emocional que supone convivir con esta enfermedad crónica y grave, ya que muchas veces se ve obligada a explicar sus limitaciones.
Por la anterior razón, formar parte de la asociación EsEndo le genera cierto alivio, ya que al compartir su experiencia con otras mujeres que sufren endometriosis se siente comprendida. «Al principio piensas que te pasa solo a ti y luego te das cuenta de que no. Además, aunque a la gente cercana se lo expliques, no siempre lo entienden bien», confiesa Marta, quien comparte su historia públicamente para que otras personas que estén en la misma situación puedan sentirse identificadas o, al menos, para que entiendan, que el dolor durante la regla no siempre es normal.