La historia de Sonia Chachón y la endometriosis: «Me tuvieron que quitar las trompas, los ovarios y también el útero»

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

ASTURIAS

Sonia Chachón sufre endometriosis
Sonia Chachón sufre endometriosis

Esta asturiana de 50 años convive con esta enfermedad silenciosa y el «terrible» dolor que le provoca, que ha condicionado su vida personal y laboral

03 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Una de cada diez mujeres en edad fértil padece endometriosis. Se trata de una enfermedad crónica en la que el tejido similar al revestimiento del útero crece fuera de este órgano, generalmente en los ovarios y las trompas de Falopio, aunque también aparece en otras partes del cuerpo. Su principal síntoma es el dolor, pero «no es un dolor cualquiera». Así lo asegura Sonia Chacón, quien sabe muy bien de lo que habla. Esta asturiana de 50 años ha visto limitado «por completo» su día a día debido al «gran malestar» que le provoca esta patología sin cura. «Es como si estuviera dilatando continuamente para dar a luz», explica, tratando de describir una sensación difícil de imaginar para quienes no la padecen.

Para hacerse una idea de la magnitud de este sufrimiento, el dolor que provoca la endometriosis suele compararse con las contracciones del parto, con cólicos menstruales llevados al extremo o incluso con la sensación de recibir constantes puñaladas en el abdomen. «Es una sensación horrible», resume esta vecina de Lugo de Llanera, que nunca se imaginó que una enfermedad así acabaría condicionando de forma tan significativa su bienestar y su rutina diaria. «Toda la vida me cuidé mucho. Es más soy instructora deportiva y, por tanto, he practicado siempre deporte», dice, evidenciando la importancia que tiene el cuidado físico para mantener un buen estado de salud.

Sonia arrastra las consecuencias de la endometriosis desde la adolescencia. «Tuve siempre muchísimas molestias cada vez que menstruaba. De hecho, con 13 años el médico me recetó un antiinflamatorio para aliviar los cólicos y lo tomé durante años», recuerda. Al alcanzar la mayoría de edad comenzó a tomar la píldora anticonceptiva, que marcó un antes y un después. Las molestias desaparecieron y pudo hacer una vida normal. Sin embargo, hace cuatro años, al abandonar definitivamente el tratamiento hormonal, los síntomas regresaron y además lo hicieron con intensidad. «Volví a tener unos dolores terribles. Eran tan fuertes que sentía que me moría», cuenta.

A este sufrimiento se sumaron ciclos menstruales irregulares y hemorragias abundantes, unas señales de alarma que evidenciaban que algo no iba bien. Dado su delicado estado de salud, pidió cita con el médico de cabecera y también con su ginecólogo para determinar, «al menos», la causa de su dolor. En un primer momento, ninguno de los diversos facultativos que la atendieron logró identificar con certeza la causa de sus problemas. Sin embargo, las sospechas comenzaron a apuntar hacia una posible endometriosis. A partir de ahí le realizaron un «sinfín» de pruebas, desde una resonancia hasta una tomografía computarizada de la pelvis.

La primera operación

Tras analizar los resultados y valorar su cuadro clínico, el personal sanitario del HUCA llegó a la conclusión de que la solución estaba en intervenirla quirúrgicamente para quitarle las trompas, los ovarios y también el útero, puesto que en su interior había además ciertas células cancerígenas. «Al operarme comprobaron que tenía el ovario derecho pegado al sacro y que toda esa zona esta recubierta de tejido endometrial. De ahí, el dolor», detalle Sonia, quien estaba convencida de que una vez que pasase por quirófano su malestar iba a desaparecer. Pero, nada que ver con la realidad. «Me quedaron cicatrices y esas cicatrices son ahora las que me producen dolor», dice afligida.«Se equivocaron además a la hora de coserme. Me hicieron las suturas con material no reabsorbible y estuve un año entero con un montón de problemas ginecológicos», añade.

A las continuas molestias se sumaban sangrados frecuentes, por lo que acudió en numerosas ocasiones al servicio de Urgencias del HUCA en busca de respuestas. «Tuvieron que hacerme varias pruebas para comprobar si el sangrado procedía de algún órgano interno», explica esta vecina de Lugo de Llanera, que pasó además por «casi todas las especialidades» del hospital de referencia en Asturias. «Hasta me derivaron al psicólogo y el psiquiatria porque pensaban que me estaba inventando el dolor», relata, criticando el largo periplo médico al que tuvo que enfrentarse antes de obtener una explicación para sus síntomas y cómo, durante ese proceso, su sufrimiento fue minimizado en más de una ocasión.

 Una segunda operación

 Ante la falta de un diagnóstico concluyente, decidió acudir a la medicina privada. Fue entonces cuando un especialista le explicó que su organismo había comenzado a reaccionar al material de sutura que permanecía en su interior. «Mi cuerpo estaba rechazando ese cuerpo extraño», asegura. Por esta razón tuvo que volver a pasar por quirófano. Pero, esta vez, a diferencia de su primera intervención, entró a la sala de operaciones con mucha más congoja. «Caí incluso en depresión porque sabía que iba a tener más cicatrices, que son las que a mi me producen muchísimo dolor», reconoce esta asturiana, que, además de padecer endometriosis, convive con otras patologías como la fibrosis y la fibromialgia desde hace años.

Una vez operada, como el dolor no remitía, el equipo de ginecología que lleva su caso determinó inducirle la menopausia como medida terapéutica, con el objetivo de frenar la evolución de la enfermedad y reducir los síntomas. Pero, para sorpresa de los especialistas, este tratamiento no le da resultado. «Sigo, por tanto, teniendo muchísimos dolores en el abdomen, como cuando tenía la regla, aunque no menstruo; en la zona lumbar y también en el sacro. Tengo además el suelo pélvico destrozado», detalla. Ante esta situación, el personal sanitario reclamó hacer una resonancia cerebral para descartar que el tejido endometrial haya llegado hasta el cerebro. «Espero que no», confía Sonia, que recientemente fue operada de las cervicales debido a los fuertes dolores que también tenía en esta parte del cuerpo.

«Tengo el dolor extendido por todo el cuerpo y no puedo hacer nada. Si me siento, a los cinco minutos tengo que tumbarme porque no soporto el dolor de espalda. Si camino un poco, me ocurre lo mismo», explica, describiendo cómo este síntoma ha condicionado por completo su vida hasta el punto de impedirle mantener una rutina normal. «Tuve que dejar de trabajar, cuando tenía un puesto indefinido en un gimnasio. Me reconocieron un 40 % de discapacidad, sí, pero no puedo trabajar porque me duele todo», señala esta asturiana, que acude periódicamente al hospital para recibir medicación intravenosa. «Y eso que estoy hormonada por arriba y por abajo», añade, mientras sigue yendo de especialista en especialista para solucionar sus problemas de salud.

Dado el elevado número de profesionales implicados en su caso, reclama la creación de una unidad multidisciplinar en el HUCA para el tratamiento de la endometriosis. «Esta enfermedad no se soluciona con quitar el útero o los ovarios y ya está. Puede afectar a muchos otros órganos», explica, al tiempo que apela a una mayor concienciación social. «La gente tiene que saber y ser consciente de que esta patología es muy dura, que quienes la sufrimos tenemos dolores muy intensos que casi no se alivian ni con morfina. A mí, de hecho, me inyectaron fentanilo y, aunque por un momento me sentí mejor, pronto volví a la realidad. Es horrible, porque así no se puede vivir ni hacer vida normal», lamenta esta asturiana.

Aunque a simple vista parece gozar de buena salud, asegura que la realidad es muy distinta. «Por fuera estoy normal. Siempre he sido deportista, tengo buen físico, aunque he subido de peso, y la gente piensa que estoy estupenda, pero no. Por dentro, me siento como si tuviera 80 años», sentencia. Una realidad silenciosa que, como la suya, comparten muchas mujeres que conviven a diario con esta enfermedad que no siempre se ve, pero se sufre cada día.