La resurrección del Real Oviedo
Azul Carbayón
Tras los primeros años del siglo XXI, el club siguió imbuido en constantes problemas económicos y subibajas de categoría
06 Apr 2026. Actualizado a las 05:00 h.
El paso del tiempo aporta perspectiva en todos los ámbitos de la vida, y el Real Oviedo no es una excepción. Con los años, su historia reciente puede resumirse en dos palabras: confianza y casualidad.
Esta década arranca en Segunda «B», bajo la sombra de las deudas y la desaparición. Una sombra que, a cada paso, era más grande con la ayuda de los propios dirigentes del club. Ya habían pasado nueve años desde la primera «bola de partido» salvada por Manuel Lafuente en 2003 y siete desde su salida del club.
En 2011, Alberto González era el presidente, aunque solo estaría un año y medio, ya que el 12 de julio de 2012, en una junta de accionistas, sería apartado del club gracias al cambio de papel que el Ayuntamiento de Oviedo, como segundo máximo accionista, asumió en el Real Oviedo con la llegada a la alcaldía de Agustín Iglesias Caunedo. Esta posición del Ayuntamiento supuso un volantazo en las relaciones respecto a su predecesor, Gabino de Lorenzo.
Junto al Ayuntamiento, las peñas aglutinaron acciones minoritarias, superando así el porcentaje controlado por Alberto González, quien se encontraba en busca y captura desde el 5 de julio de ese mismo año.
La nueva junta de accionistas
El trabajo no hacía más que comenzar. Con el cambio de presidencia llegó Toni Fidalgo, un viejo conocido del club y del fútbol en general. Ya había presidido el club en el convulso 2007 durante unos meses, antes de presentar su dimisión, y en 2012 llegaba como un hombre de consenso. Junto a él completaban el consejo de administración Sabino Manuel López García, Juan Ramón González Pérez, Pedro Zuazua Gil, Pablo Álvarez de Linera, Jorge Sánchez Rodríguez y Hugo López González.
Hasta aquí, la parte de la confianza. Oviedistas que inspiraban confianza, algo que hacía tiempo que no se sentía en el Real Oviedo.
A partir de aquí se juntan la confianza y la casualidad. Dio la casualidad de que, a finales del siglo XX, un joven británico, de nombre Sid Lowe, estudió en la capital del Principado y se enamoró del Real Oviedo. Casualmente, ese joven estudió Periodismo y tenía una gran repercusión en las redes sociales emergentes en 2012, como lo era Twitter, ahora llamada X.
Sid, pese a la situación del club años después de su marcha, no se olvidó del Real Oviedo y, para cerrar este círculo de casualidades, tres grandes jugadores salidos de El Requexón empezaban a llamar la atención en toda una Premier League. Cazorla y Michu, recién llegados a Inglaterra, acumulaban miradas, mientras que Juan Mata, que había llegado una temporada antes, celebraba su recién conseguida Champions League.
Una broma telefónica
Todas las estrellas se alinearon junto al Real Oviedo para que no pasara desapercibida su lucha. Empezó en Oviedo, pero llegó a todas partes del mundo. El 15 de noviembre se anunció que la causa de disolución estaba salvada y, dos días después, se hizo oficial el desembarco del Grupo Carso en el Real Oviedo.
Recordemos siempre estar agradecidos a Arturo Elías y a Carlos Slim, pero existe un dato que se tiende a olvidar. Lo recojo en palabras de Toni Fidalgo: «Sin ellos hubiéramos podido sobrevivir, pero con muchas más dificultades económicas». Estas declaraciones las recoge el ya extinto medio deportivo Relevo en una entrevista con el propio Toni Fidalgo hace un año.
El oviedismo, Oviedo y los oviedistas volvieron a salvar el club. Le insuflaron vida a un paciente en la UCI y, gracias a la casualidad que hizo que una broma telefónica se convirtiera en una compra de acciones multimillonaria, el Real Oviedo llegó a cumplir 100 años.
¿Dónde estaría el Real Oviedo si Sid Lowe hubiera estudiado en Huesca? ¿Qué sería del club si Mata, Michu y Cazorla se hubieran dedicado al baloncesto, al golf o a la natación? ¿Y si el 12 de julio el consejo de administración hubiera estado formado de otra manera?
Nunca hubiéramos vivido la vuelta al fútbol profesional en Cádiz en 2015, con el gol de David Fernández. Ni tampoco, diez años después, la vuelta a la élite en el Carlos Tartiere.
Se hubiera perdido el Real Oviedo; habría desaparecido como otros tantos clubes en este fútbol actual, condenado a una refundación o, peor aún, a un «engendro». Juan Ramón González «Torla» explicó en nuestro podcast, El Rincón de Azul Carbayón, el verdadero éxito de ese consejo, de ese movimiento y de esa ampliación de capital. Y si yo tuviera que definirlo o darle un nombre, no sería otro que OVIEDISMO.