Sid Lowe y el centenario del Real Oviedo: «Todo lo que hemos hecho ha merecido la pena»
AZUL CARBAYÓN
El periodista británico reivindica el valor de la afición en el centenario del Real Oviedo y defiende que «estar» ya es una victoria tras décadas de lucha
01 abr 2026 . Actualizado a las 11:45 h.Fue en 2012 cuando Sid Lowe (Londres, 1976) llegó a la vida de muchos oviedistas a golpe de tuit. Hasta entonces, muchos no sabían de la existencia de este periodista inglés afincado en España y que escribía de fútbol español para The Guardian. Tampoco sabían, aunque no se lo crean, que era del Real Oviedo por un Erasmus que hizo en los años 90. Ahora, en 2026, son muy pocos los oviedistas que no conocen a Sid. Pieza clave de la ampliación de capital más global que se recuerda en el fútbol, su amor por este club centenario no ha dejado de crecer, se ha convertido en uno de los mejores embajadores que el Real Oviedo puede tener en el mundo y el legado ya está asegurado con Charlie Mateo, su hijo cuyo nombre ya lo dice todo.
—¿Qué supone para usted estar celebrando este centenario?
—Supone que la afición del Real Oviedo ha demostrado que nadie va a poder con ella. Y mira que lo han intentado. Estoy insistiendo mucho: la clave es que estamos. Estamos y no es poco. Hay que celebrar esto, más allá de que la situación deportiva no sea buena y que mucha gente esté enfadada y disgustada con la propiedad.
—El Real Oviedo consiguió sobrevivir, salir adelante y celebrar el cumpleaños más especial en Primera. ¿Todo lo que ha hecho Sid Lowe ha merecido la pena?
—Corro el riesgo de repetirme, pero lo voy a hacer. La chapa que he podido dar yo me parece muy poco comparado con lo que hicieron muchos. Te lo he dicho alguna vez, a mí me incomoda bastante ser un protagonista para el oviedismo. El hecho de que tu me llames ya me incomoda, porque no soy nadie para que me llames [risas]. ¿Sabes lo que te quiero decir, no? Este centenario demuestra que la afición de un club es todo lo que queda cuando no queda nada más. Eso lo ha demostrado el oviedismo mil veces y por eso estamos hablando de este centenario.
—¿Son compatibles la mala temporada con celebrar como se debe el centenario?
—A la gente le está costando celebrarlo, sí, lo noto. Pero hay que hacerlo, porque todo esto no se entiende sin la gente. Ha merecido la pena todo lo que hemos hecho todos, desde el 2003 en adelante y también lo que pasó antes, básicamente porque sin esos 75 años anteriores no se hubiese creado el sentimiento que se trató de defender después.
—Hay quien piensa que el oviedismo es más fuerte y está más vivo si está en plena lucha contra un enemigo.
—Entiendo lo que me dices y sí, puede ser. En 2003 todo salió tan bien porque lo que se hizo era lo único que había que hacer para sobrevivir. No se pudo hacer más, pero es que si se hubiese hecho menos habríamos muerto. La reacción fue tan fuerte porque un club histórico y que representaba tanto fue víctima de un complot de las élites políticas y de todo tipo. Esta temporada, por ejemplo, el bofetón de la ilusión desmedida tras el ascenso a la decepción de los últimos meses debido a todos los vaivenes que ha habido, el oviedismo también ha demostrado que con poco se viene arriba. Y ahí están las decenas de desplazamientos en los que la afición local flipaba con toda esa gente vestida de azul. Y ganas al Valencia y ves al Tartiere… Con poco que le den a esta gente, ellos devuelven muchísimo.
—¿Cómo explicaría el siglo XXI del Real Oviedo a alguien que no tenga ni idea de lo que ha sucedido?
—Se trata de la reafirmación de una identidad a través de la gente. Hablamos mucho del barro y de lo que se ha sufrido, pero también hemos disfrutado. Nos sentimos participes, nos sentimos importantes dentro de una comunidad. El Oviedo que bajó en 2001 es un equipo que puede bajar, un club importante pero igual a otros ocho, de los que estaban más en Primera que en Segunda pero que un descenso no era para nada un guion rarísimo. La historia vivida después y el haber conseguido regresar a Primera tras todo lo vivido sí es especial, nos ha dado diferente al resto. Flipo cada vez que camino por Oviedo un día de partido y veo a tantos niños y niñas con la camiseta del Real Oviedo. Eso no se ha visto antes aquí y no se ve tanto en otros sitios. Este siglo XXI le ha dado al oviedismo una causa por la que luchar. No idealizo lo que hemos pasado, ojo, pero sí le doy valor.
—Este club y esta afición lo ha vivido todo en estos 25 años. Haya descenso o no, y tras pasar el centenario, ¿la temporada que viene es como empezar de cero?
—Es una cuestión interesante y tiene muchas aristas. La voz del oviedismo ahora es más fuerte que antes y creo, aunque ascender y estar en Primera nos ha vuelto a poner en el sitio de cualquier club normal, mantenemos ese matiz especial. Creo que hemos conseguido mantenerlo y también lo tendremos en Segunda si volvemos a bajar. Hay que seguir ilusionándose con lo que venga. No sé si arrancar de cero, pero sí veo una línea clara tras esta 25/26.
—El fútbol español no ha entendido muchas de las cosas que han pasado en el Real Oviedo esta temporada. ¿Cómo lo ha explicado por Madrid?
—Fue complicado, sí. O lo está siendo, incluso. La frase recurrente es la de joder, 25 años para esto. Y puede ser así, aunque yo soy muy raro y lo estoy disfrutando a mi manera. Más allá de que todos sabemos que bajar era una opción, pero bajar como parece que vamos a hacerlo pues duele. Quiero vivir estas ocho semanas de Liga que nos quedan, quiero disfrutarlas y valorarlas. Vuelvo a lo de siempre, estamos y no es poco.
—¿Qué hueco o espacio tienen los accionistas extranjeros en este centenario y en el club en general?
—Hay un tema aquí, sí. En el ascenso mucha gente se volvió a reconciliar con nuestro sentimiento, porque hubo muchos oviedistas que se acordaron de esa gente que nos ayudó cuando casi no sabían ni quiénes éramos. Recibí una cantidad ingente de mensajes el 22 y el 23 de junio de gente que compró acciones 13 años antes. Pero sí, no sé muy bien cómo y no sé muy bien porqué no se hizo, pero tenemos un debe en ese tema. Tiene que haber alguna manera de reconocérselo, creo que en el centenario van a tener una pequeña mención y es lo mínimo. Hay que buscar una manera de potenciar todo esto, sí. Con el ascenso y con Cazorla hemos tenido otra oportunidad, aunque todo lo vivido estos meses ha sido bastante caótico y difícil de concretar.
—El ‘huracán Cazorla’ arrasó con todo, lógicamente, desde el verano de 2023. Dígame un ídolo de estos años más allá de Santi.
—Cervero, sin duda. Son muchos, ojo, pero Diego es especial. También es verdad que en muchos casos yo sigo con el chip de los años del barro, por así decirlo. Mi hijo me pregunta en muchos viajes cuál es mi mejor once de los últimos años y sigo poniendo en el centro del campo a Aitor Sanz y a Galder Cerrajería [risas]. Pocos delanteros mejores me vienen que Toché o Linares. A Diego Cervero lo tengo en un pedestal, es que me hice abonado del Fuenlabrada para verle jugar. Mi hijo y yo fuimos al último partido que disputó como profesional en Lleida, cuando se retiró con el Numancia. Es que para nosotros es el mejor futbolista de todos los tiempos.
—Su hijo, Charlie Mateo, le ha acompañado en todos estos años de Segunda B, Segunda y Primera División.
—Está a punto de llegarnos a casa un mapa que hemos comprado del fútbol español para ponerle chinchetas a todos los estadios en los que hemos estado. La verdad que nos quedan pocos por conocer y ya no solo por el Oviedo, también por otros campos a los que hemos ido a ver a jugadores que ya no estaban en el Oviedo, empezando por Cervero. Sigue siendo algo que disfruto muchísimo, viajar con Charlie para ver al Oviedo y conocer estadios que no conocíamos. Contra el Girona por fin pudo ver al Oviedo ganar en Primera, ya que ante Real Sociedad y Valencia no fue. El guaje, que no vio a su equipo en la vida en Primera, tardó 13 partidos en verlo ganar. Impresionante.
—Pocos niños habrá que sumen tantos desplazamientos a sus espaldas desde que tenía 7 años.
—Cuando acaba cada temporada hacemos un álbum de todos los desplazamientos que hemos realizado y ahí están, ya forman una montaña curiosa. Le he destrozado la vida, porque si le ofrecen un partido de Champions no le interesa y luego para un Elche-Oviedo ni se lo piensa [risas]. Este año me perdí la visita a San Mamés, tenía trabajo y entonces fueron mi mujer Claire y Charlie, y no me lo perdono. Pero bueno, habrá más oportunidades, seguro.