La lucha de una madre de Gijón ante el cáncer infantil: «Mi hija sabe que está enferma y que tiene que afrontarlo»
Gijón
Cristina Fernández cuenta cómo ha cambiado la vida a su familia desde que a su pequeña de 9 años le detectaron una leucemia linfoblástica aguda
03 Nov 2025. Actualizado a las 05:00 h.
Como la mayoría de las niñas de su edad, Leire siempre transmitía buenas vibraciones a quienes la rodeaban por esa vitalidad arrolladora que presentaba. Esta pequeña de nueve años corría y saltaba sin descanso, no paraba de jugar y divertirse junto a sus amigos y como nada le hacía más feliz que bailar cada vez que podía se subía a una tarima para dejarse llevar al son de la música. Su energía parecía inagotable hasta que el cáncer infantil picó en la puerta de su casa y cambió su vida. Desde el pasado junio, la joven gijonesa centra sus esfuerzos en luchar contra una leucemia linfoblástica aguda, una enfermedad que pone a prueba su fuerza y valentía cada día.
Hasta la fecha, esta pequeña guerrera no había presentado ningún problema de salud. «Siempre fue una niña sana», asegura su madre. Sin embargo, de un día para otro debutó en ella este tipo de cáncer que se origina en la médula ósea, el tejido esponjoso dentro de los huesos donde se producen las células sanguíneas. Tras caer enferma, empezó a perder el apetito y en consecuencia dejó de comer. Como este tumor afecta a la capacidad de la sangre para transportar oxígeno y al tener además las defensas bajas, comenzó a mostrarse muy cansada. Aunque su familia estaba preocupada por su estado de bienestar, al principio no le dieron la gravedad que merecía.
«Pensábamos que era un tema de nervios porque en verdad es una niña muy nerviosa y cualquier cambio la altera», confiesa Cristina Fernández, su progenitora. Pero nada que ver con la realidad. Pasaban los días y Leire cada vez se encontraba peor. Llegó un momento que debido a los problemas en su flujo sanguíneo, comenzó a palidecer y de lo blanquecina que estaba los labios se le quedaron sin color. En ese momento fue cuando saltaron todas las alarmas en su casa pero nada hacía sospechar a sus padres que la causa de todo era un cáncer en la sangre. «Creíamos que era anemia o falta de hierro porque como comía tan mal», confiesa la mujer que la trajo al mundo hace nueve años.
Para descartar cualquier sospecha, la familia de Leire pidió cita con su pediatra para que le realizaran un análisis de sangre. Pasadas unas horas desde la extracción de la muestra, en la tarde del 3 de junio, su madre recibió una llamada del Hospital de Cabueñes: debía acudir de inmediato a Urgencias, ya que los resultados de la citada prueba médica habían mostrado alteraciones. «Inmediatamente pensé que tenía anemia y, por tanto, debía de ponerle sangre, ya poniéndome en algo grave», reconoce Cristina, quien evidentemente no se imaginaba que la anomalía era fruto de una leucemia linfoblástica aguda.
Una vez en las instalaciones del complejo sanitario de Gijón, el equipo médico informó a los padres de Leire que su caso sería derivado al Hospital Universitario Central de Asturias, donde le realizarían una serie de pruebas más específicas. Tras revisar los informes y realizar una breve exploración, el personal del HUCA comenzó a considerar la posibilidad de un cáncer infantil. «Nos dijeron que sospechaban que podía tratarse de leucemia, pero que no podían confirmarlo hasta que le realizaran un aspirado de médula», cuentan. Al día siguiente, después de analizar una muestra de este tejido esponjoso, corroboraron la hipótesis.
Enterarse de que su hija padecía leucemia linfoblástica aguda fue un golpe brutal para la familia de Leire. «Cuando me dieron el diagnóstico no me lo podía creer», asegura su madre, a quien el mundo se le vino en ese momento encima. Para ayudarla a manejar la situación y prevenir problemas emocionales, un psicólogo se reunió con ella para orientarla sobre cómo afrontar cada etapa y apoyarla en los momentos más difíciles. Tras este encuentro, Cristina sacó fuerza de donde no las tenía y se preparó para acompañar a su hija durante todo el proceso oncológico. Decidió incluso dejar su trabajo para volcarse de lleno en sus cuidados.
Comienza el tratamiento
Para destruir o frenar el crecimiento de las células cancerosas, Leire quedó ingresada en el hospital, enfrentando con valentía su primer ciclo de quimioterapia. A las dos semanas de su internamiento le realizaron una prueba para evaluar cómo estaba respondiendo al tratamiento. La respuesta, sin embargo, no fue la esperada: su cuerpo lo estaba rechazando. «Nos dijeron que, en algunos casos, hay niños que tardan un poco más en reaccionar, y eso fue justamente lo que ocurrió», relata su madre. Es por esta razón que la leucemia linfoblástica que padece es considerada de «alto riesgo».
Tras un mes en el hospital, las visitas al área de Oncología del HUCA pasaron a ser periódicas. «Al principio Leire recibía un par de sesiones de quimioterapia por semana y ahora, cada cierto tiempo, ingresa durante una semana para que le administren el tratamiento a diario», detalla su madre, antes de señalar que durante dos años tendrá que continuar con revisiones periódicas y tratamientos complementarios para asegurar la efectividad de la terapia y vigilar cualquier efecto secundario. Todavía le queda un largo camino por recorrer, pero poco a poco esta pequeña guerrera doblega a la enfermedad que amenaza con arrebatarle la vitalidad
«No se queja de nada»
«La verdad es que lo lleva bien; sabe que está enferma y que tiene que afrontarlo. También se muestra contenta, salvo cuando tiene que ingresar, porque los tratamientos le provocan vómitos, dolor de barriga y la dejan sin fuerzas… pero aun así no se queja de nada», asegura Cristina, quien, al ver la fortaleza y valentía con las que su hija enfrenta este cáncer, encuentra los ánimos que necesita para salir del pozo en el que se ha visto sumida desde junio pasado. «Sí que cuando está un poco más decaída me da más tristeza, porque no me gusta verla pasar por esto, pero también pienso que para curarse tiene que pasar por ello», confiesa.
El día a día ya no ha vuelto a ser el mismo
La vida de esta familia de Gijón ha cambiado por completo desde que el cáncer infantil entró por las puertas de su casa el pasado mes de junio. El día a día ya no ha vuelto a ser el mismo. Como es evidente, Leire pasó de tener una agenda de lo más atareada, entre el colegio, las extraescolares y el parque, a estar rodeada de batas blancas y hospitales, con largas horas de tratamiento y revisiones médicas que marcan ahora su rutina. Debido a su delicado estado de salud dejó de ir a clase y de relacionarse con sus compañeros, ya que, al tener las defensas muy bajas, cualquier contagio podría poner en riesgo su recuperación.
«Tres días a la semana, durante dos horas cada día, viene un profesor a casa para impartirle las materias principales: lengua, matemáticas e inglés. Y cuando está ingresada, asiste al aula hospitalaria», detalla su madre, a quien, por supuesto, la enfermedad también trastocó sus planes de futuro. Ahora se dedica por completo a cuidar de su hija y a cubrir todas sus necesidades, adaptando su vida en torno a los tratamientos y cuidados diarios. Por si hubiese alguna duda, Cristina también saca tiempo para su hijo de 10 años, quien también lo está pasando mal por ver a su hermana enferma.
«Hace una vida normal, entre comillas. No le gusta que su hermana esté enferma y que tenga que pasar tantos días en el hospital. No lo lleva bien el hecho de no ir al colegio con ella ni poder ir al parque juntos; eso lo echa mucho de menos. Y cuando tienen que estar ingresada todavía lo pasa peor porque tiene que quedarse con los abuelos y, claro, nos echa de menos», asegura la matriarca de esta familia de Gijón, que espera con ilusión el día en que todo esto quede atrás y puedan volver a disfrutar juntos de una vida tranquila y sin hospitales.
Al igual que otras familias afectadas, la asturiana reclama una mayor inversión en investigación sobre el cáncer infantil, porque —como ella misma dice— eso se traduce en «más vida». «Leire tiene suerte de que existe un tratamiento para su enfermedad, pero hay muchos niños con otros tipos de cáncer cuyo tratamiento es muy obsoleto y, si no funciona, no hay alternativas», lamenta esta madre. En el caso de la pequeña gijonesa, también se contempla la opción de un trasplante de médula, pero como, afortunadamente, la medicación actual está dando buenos resultados permite mantener la esperanza.
Esa esperanza es la que mantiene fuerte a Cristina, que cada día lucha al lado de su hija sin perder la fe en su recuperación. «Muchas veces nos agobiamos por pequeñas cosas porque realmente no sabemos lo que es un problema. No nos damos cuenta ni valoramos lo que significa tener salud», asegura. Ella tiene claro que «aunque parezca que se te acaba el mundo, tienes que ir poco a poco y vivir el día a día. Aprovechar los momentos buenos que van llegando, centrarse en el presente y aceptar que lo que pase mañana, pasará mañana. «Lo importante es vivir lo que estás viviendo ahora», aconseja.