Los vecinos de «la casa de los horrores» de Oviedo: «Nos da rabia no haberlo sabido antes»
La Voz de Oviedo
Residentes en esta parroquía de la capital asturiana estaban convencidos de que en la vivienda en la que encontraron encerrados a tres menores estaba deshabitada. «Nadie tenía sospecha de nada y eso es lo que nos extraña a todos», confiesan
01 May 2025. Actualizado a las 05:00 h.
Los vecinos de Fitoria todavía no son capaces de creer que en uno de los chalets de esta parroquia de Oviedo permanecieron encerrados, durante cuatro años, tres hermanos pequeños. Nunca habían visto actividad alguna en la vivienda, con lo cual pensaban que estaba deshabitada. Por eso, cuando este martes se enteraron de que un matrimonio formado por un alemán y una estadounidense había sido arrestado por un presunto delito de abandono y detención ilegal se quedaron «completamente alucinados».
Desde entonces, siguen intentando asimilar lo ocurrido, ya que les resulta «imposible» pensar que en ese domicilio hayan estado viviendo tres menores —dos gemelos de 8 años y otro niño de 10— completamente aislados del mundo exterior y en condiciones de extrema insalubridad. «Estamos completamente sorprendidos. Nadie tenía sospecha de nada y eso es lo que nos extraña a todos», asegura Joaquín Ruiz, alcalde de este barrio a las afueras de la capital asturiana
Cuando recibió la noticia, este vecino de Fitoria, no podía creer lo que estaba escuchando. «Me llamaron por teléfono y no tenía ni de lo que me estaban hablando. Es más, no sabía ni qué casa era», confiesa. Según fue conociendo más datos del caso se quedó perplejo porque estaba convencido de que en este chalet no vivía nadie. «Sí que es verdad que una hermana mía en alguna ocasión dijo que podía estar viviendo alguien pero como normalmente tenían todas las persianas para abajo, no sabíamos si era alguien que iba y venía», reconoce.
Pero, por supuesto, en ningún momento se le pasó por la cabeza que vivían encerrados y rodeados de basura tres niños pequeños. «De haberlo sabido hubiese denunciado», dice Joaquín, a quien le da «una rabia tremenda» no haberse percatado de que esté chalet en realidad era una «casa de los horrores». Siente cierta impotencia por haber detectado la situación «mucho primero» y que, en consecuencia, «haya pasado tanto tiempo».
Aun así, siente alivio al saber que finalmente se ha destapado la verdad y que los menores ya están bajo protección, en un entorno más seguro. «Es que para llamarla la casa de los horrores imagínate cómo estaría», dice. Da por tanto gracias que una vecina haya dado la voz de alarma porque sino el caso, posiblemente, hubiese tardado más tiempo en salir a la luz. «Fue la única que sospechó algo», asegura.
En la casa desde la que, se supone, se dio la voz de alarma llevan viviendo ya algunos años, aunque los vecinos reconocen no saber con certeza quiénes residían allí. «No sabemos quién ha sido la vecina que avisó. Pero bueno, afortunadamente fue la que sospechó algo y la que por suerte acabó con todo ese calvario», resalta. «Lo importante ahora es que los guajes salgan adelante y a ver cómo acaba la historia porque no se sabe si son hijos del matrimonio, o no», apunta Agustín González.
Este otro vecino de Fitoria, al igual que Joaquín y el resto de su entorno, jamás sospechó de lo que podía estar ocurriendo en el interior de esta vivienda. «Siempre estaban las persianas bajadas, no había ningún ruido … y eso que decían que compran a domicilio y venían cantidades muy grandes yo nunca vi nada», asegura. Tampoco sabe quién fue la mujer que destapó el caso. «Ni idea», confiesa.
«Aquí en Fitoria, una zona en la que, como sabes, en los últimos años se han construido muchos chalets, llega gente de todas partes, y también personas un tanto peculiares, como este matrimonio. De eso no hay ninguna duda, porque cuesta comprender cómo pudieron tener a los guajes en esas condiciones tan lamentables», dice Agustín, quien al igual que el resto de ovetenses sigue conmocionado por los hechos.
En el momento que esta vecina puso en conocimiento del Ayuntamiento esta situación, la Policía Local de Oviedo inició una «discreta» vigilancia y realizó una investigación hasta tener los indicios suficientes para pensar que había menores en esa vivienda y que no estaban escolarizados. Prepararon, por tanto, un operativo que dio comienzo a las 11.15 horas de este lunes, 28 de abril, y que finalizó con la detención del matrimonio como presuntos autores de un delito de abandono y detención ilegal.
Tras la investigación y detención por parte de la Policía Local de Oviedo, el matrimonio ha quedado a cargo de la Guardia Civil de Asturias. Una vez concluidas las diligencias policiales, la pareja ha pasado este miércoles a disposición judicial. La magistrada a cargo del caso ha decretado el ingreso en prisión provisional comunicada y sin fianza, de acuerdo con la petición del Ministerio Fiscal. La jueza ha acordado también la suspensión de la patria potestad y de la guarda y custodia, que pasa a atribuirse al Gobierno del Principado de Asturias.
Los niños se encuentran en régimen de acogimiento residencial en un centro dependiente de la Consejería de Derechos Sociales y Bienestar, donde, según la titular de este departamento, Marta del Arco, «se les está garantizando su mayor bienestar». La consejera ha subrayado que «es muy pronto» para valorar el alcance de las secuelas, ya que se encuentran en «un proceso de valoración inicial en los ámbitos físico, psicológico, social y relacional, para determinar las posibles consecuencias de la situación vivida».
La detección de este caso es, según Del Arco, de suma importancia porque «después de todos los esfuerzos realizados para visibilizar la violencia contra la infancia, tanto por acción como por omisión, ha sido posible identificar la situación de estos tres niños y ofrecerles las experiencias de vida que merecen, como el resto de menores de nuestro país». Ha añadido que los próximos pasos serán darles «un tiempo de adaptación en el centro» antes de realizar una valoración más exhaustiva sobre los posibles efectos de la situación de desprotección sufrida.