La Voz de Asturias

«No era capaz ni de toser»: así logró la asturiana Loli Prendes recuperar su vida tras años con crisis de asma

Asturias

Esther Rodríguez Redacción
Loli Prendes tiene 77 años y padece asma

Esta vecina de Siero padece desde hace más de una década y media esta enfermedad respiratoria sin cura

17 May 2026. Actualizado a las 05:00 h.

De todas las enfermedades crónicas existentes, el asma es una de las más prevalentes. Se calcula que más de 363 millones de personas conviven con esta afección pulmonar en todo el mundo. Aunque todavía no existe una cura definitiva, los avances médicos han permitido desarrollar tratamientos capaces de controlar los síntomas y reducir las crisis en gran parte de los casos. La respuesta, sin embargo, no es igual para todos los pacientes. Mientras algunos siguen sufriendo los efectos de esta patología respiratoria, otros, como Loli Prendes, han pasado de tener de ver prácticamente limitada su rutina a llevar, a sus 77 años, una vida plena y activa.

A esta vecina de la parroquia de Argüelles, en Siero, empezaron a inflamarse y estrecharse las vías áreas hace apenas una década y media. Todo ocurrió, podría decirse, de la noche a la mañana, ya que hasta entonces nunca había tenido problemas para inhalar oxígeno y exhalar dióxido de carbono. Al ver que respirar había dejado de ser una acción natural e involuntaria pidió cita con su médico de cabecera para saber la causa de este problema. Tras auscultarla y analizar su cuadro clínico, el profesional sanitario llegó a la conclusión de que era tema mental. «Me dijo que podía ser ansiedad o nervios, pero a mi me extrañó mucho porque soy la persona más tranquila del mundo», recuerda.

Pasaban las semanas y respirar se había convertido en un auténtico desafío, así que volvió al centro de salud. «Otra vez más me dijo que eran nervios. Pero, como estaba ahogadísima, me recetó Ventolín —medicamento que sirve para relajar los músculos de las vías aéreas, facilitando la entrada de aire a los pulmones—, aunque me insistió en que no lo iba a necesitar porque no tenía nada», cuenta Loli, que lamenta que en ese momento no la hubiera derivado al neumólogo para poder descartar un posible problema respiratorio. Lo cierto es que, pese a que el médico de cabecera no consideraba que el inhalador fuese a aliviar esa sensación de ahogo, Loli comenzó a utilizarlo y comprobó que le proporcionaba cierto bienestar.

El diagnóstico certero

Durante cuatro largos años este medicamento broncodilatador de acción rápida fue su mejor aliado. En todo este tiempo, no sabía que detrás de aquellos episodios de ahogo se encontraba un serio problema respiratorio, cuyo diagnóstico no se confirmó hasta su paso por el antiguo HUCA. «Un día me encontraba tan pero tan mal que aprovechando una consulta en el Hospital General me acerqué a la unidad de Silicosis, sin tener cita ni nada. Según me vio el médico que estaba allí, me dijo que tenía asma y que además era crónico y agresivo. Me comentó que tenía que tomar una serie de antibióticos y varios fármacos. Y que, por supuesto, debía continuar con el inhalador», detalla.

Una vez con el informe médico en mano, Loli pidió cita a su médico de cabecera para que le tramitara la receta que le permitiera recoger en la farmacia toda la medicación que necesitaba para paliar los síntomas del asma. Seguía estrictamente el tratamiento pautado y, de vez en cuando, acudía a revisiones en la unidad de Silicosis para comprobar que que la enfermedad se mantenía bajo control y que no había empeoramiento de su función respiratoria. «Me dieron incluso una tarjeta para que yo pudiese entrar y salir cuando quisiera porque una persona asmática sabe perfectamente cuando se encuentra muy mal», destaca esta vecina de Siero, que consiguió mantener la patología controlada durante los cuatro años siguientes.

 Una nueva recaída

Con la llegada de la pandemia del coronavirus, la pesadilla volvió a repetirse. Aunque no se contagió, comenzó a sufrir crisis asmáticas de manera mucho más recurrente y, además, de mayor gravedad. Llegó un momento en el que «no era ni siquiera capaz de respirar», por lo que fue directamente y corriendo al servicio de Urgencias del HUCA. Una vez en el hospital ovetense, el personal médico la atendió inmediatamente. Al ver su cuadro clínico y comprobar su historial como paciente, la aislaron en una pequeña estancia para evitar una posible infección y, de paso, atenderla con las máximas garantías de seguridad.

Durante su paso por el hospital, la neumóloga Tamara Hermida asumió su seguimiento y analizó su estado clínico para ajustar la medicación. «Nada más verme, me dijo que no me preocupara, que me iba a curar. Al principio no me lo creía, pero cuando me explicó que había muchos tratamientos para el asma, me puse muy contenta», relata. Tras escuchar estas palabras de la sanitaria, se sintió profundamente aliviada. «Es que el problema era que yo me ponía muy mala, iba al ambulatorio, me ponían el oxígeno y se me pasaba. Quedaba estupenda, pero al tiempo volvía a ocurrir lo mismo y, hasta que no regresaba, pues estaba fatal», reconoce.

A los tres meses de este ingreso, la médica especialista en las enfermedades del aparato respiratorio la recibió en su consulta. Como previamente había estudiado su caso, le pautó un tratamiento que, para sorpresa de Loli, funcionó desde el primer momento. Al pasar a usar el inhalador cinco veces al día, tomar antibiótico tres veces por semana, además de una serie de fármacos, las crisis de asma han desaparecido ya de su vida y atrás quedaron los episodios de ahogo, de opresión en el pecho y de sibilencias. «Si te digo que no volvió a darme el catarro, la gripe ni nada», dice, evidenciando su gran mejoría. «Para que te hagas una idea de lo mal que estaba, yo no podía ni toser, ni siquiera era capaz de expulsar las secreciones», apunta, recordando la gravedad de aquella etapa.

Que pueda llevar una vida «completamente» normal es también gracias, en parte, a la neumóloga Marta Clemente, quien ha sido una figura clave en su seguimiento, diagnóstico y ajuste del tratamiento. «Es ahora la médica que lleva mi caso. La verdad es que tuve mucha suerte con las dos, porque me atendieron desde el primer momento muy bien. Estoy encantadísima», dice orgullosa y agradecida, a partes iguales, antes de reconocer que le da miedo que dejen de llevar el control de su enfermedad. «Creo que, si me quedo sola, lo pasaría muy mal, ya que el asma es una enfermedad que te ahoga. Además, no puedes contar con ir a ningún sitio con tranquilidad, porque no sabes cuándo te puede dar una crisis. A mí el oxígeno me aliviaba, sí, pero eso no es vida», admite.

Con la esperanza puesta en que la medicación que toma le funcione muchos años más, Loli ve con muy buenos ojos que haya al fin en el Principado una asociación que busca acompañar a los cerca de 60.000 asturianos que conviven con esta afección respiratoria, puesto que, como bien dice, el resto de pacientes también se merecen tener una vida plena como ella. «Yo en su momento lo pasé muy mal, pero, por suerte, existen tratamientos que te permiten tener la enfermedad bajo control», señala, y confía en que su historia sirva de ejemplo para otras personas que atraviesan la misma situación.

 

 


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