Tamara Hermida, neumóloga: «Ninguna persona está libre de padecer asma»

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

ASTURIAS

La neumóloga Tamara Hermida forma parte de la Unidad del Asma del HUCA
La neumóloga Tamara Hermida forma parte de la Unidad del Asma del HUCA

La profesional del HUCA da las claves para entender esta enfermedad crónica y señala las pautas para tener un mejor control de esta patología sin cura

04 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El asma es una enfermedad del sistema respiratorio que no tiene cura. Se caracteriza por la inflamación y el estrechamiento de las vías aéreas que llevan el aire hacia y desde los pulmones. Esto provoca dificultades para la entrada del oxígeno y la salida del dióxido de carbono del cuerpo. Hace además que los pacientes sufran tos, opresión en el pecho y sensación de ahogo. Si no se controlan adecuadamente, estos síntomas pueden afectar de forma importante a la calidad de vida de los cerca de tres millones de españoles, de los cuales unos 60.000 son asturianos, que conviven con esta patología. La neumóloga de la Unidad de Asma del HUCA, Tamara Hermida, explica y aporta claves para su manejo.

—En los últimos años ha habido un aumento de la incidencia del asma. ¿A qué es debido? ¿Por qué cada vez es más frecuente esta enfermedad?

—La enfermedad tiene una carga genética y hereditaria, eso es indiscutible. Pero también es cierto que, con el aumento de la contaminación y la exposición a irritantes en los últimos años, está creciendo la prevalencia y, probablemente por ello, ahora es más visible. Además, la mayor carga de polen, influida por el cambio climático, también contribuye. L polinización de los árboles, las gramíneas y las flores está cambiando, lo que aumenta la presencia de polen en el aire y, por tanto, la irritación de los bronquios.

—¿Qué síntomas son los más comunes en esta enfermedad y cuáles deberían alertarnos?

—Son tres, fundamentalmente, los síntomas característicos del asma: la sensación de opresión torácica, la tos y la falta de aire, además de las sibilancias, que es cuando el paciente percibe como un pitido en el pecho al inspirar. Estos serían los más comunes. Aunque muchos pacientes debutan con tos y falta de aire, el resto de síntomas también se presenta en un porcentaje muy elevado.

—¿Cuándo suele debutar la enfermedad? ¿Puede que aparezca en la vida adulta?

—El asma puede aparecer a cualquier edad. Fundamentalmente, se asocia a dos tipos de respuesta inflamatoria: la T2 y la no T2. Dentro de la T2 se incluyen el asma alérgico y el asma eosinofílico, dos fenotipos distintos. En total, podríamos hablar de tres grandes tipos: el asma eosinofílico, el asma alérgico y el asma no T2, este último generalmente más complejo de tratar por no presentar este tipo de inflamación característica. Es cierto que el asma alérgico suele debutar sobre todo en la infancia, mientras que los otros dos tipos pueden aparecer a cualquier edad, incluso en adultos de mediana edad o mayores de 60 años.

—Digamos que nadie está libres de padecer asma...

—Nadie, no. Por eso es importante también que, cuando empecemos a percibir algún tipo de síntomas, lo consultemos para iniciar el tratamiento cuanto antes y evitar las consecuencias de no llevar un tratamiento adecuado.

—¿Cómo se diagnostica esta enfermedad? ¿Es fácil de detectar? Muchas veces se suele confundir con otras enfermedades respiratorias…

—El asma tiene una característica fundamental. Lo que ocurre en el bronquio es que el músculo liso se contrae en respuesta a la exposición a determinados estímulos, como contaminantes o alérgenos, entre otros. Lo característico, y la principal diferencia con la EPOC, es que esta contracción —esta disminución del calibre bronquial— es variable. Es decir, unas veces el bronquio está más abierto y otras más cerrado, en función de si hay una crisis o una exposición. Un paciente con asma puede tener momentos en los que el bronquio está cerrado y otros en los que está abierto. En cambio, en la EPOC, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, el bronquio permanece siempre más cerrado de forma fija. Por ello, lo que debemos demostrar en la consulta para diagnosticar el asma es esa variabilidad del flujo aéreo, algo que se realiza mediante una espirometría. Habitualmente, se hace primero una espirometría sin broncodilatador, después se administra un broncodilatador para intentar que el bronquio recupere su situación basal y, posteriormente, se repite la prueba. En función del grado de variación entre ambas espirometrías, se valora si la reversibilidad es suficiente para confirmar el diagnóstico. Existen además otras dos pruebas complementarias. Una es la determinación de la fracción exhalada de óxido nítrico, que permite detectar inflamación de tipo eosinofílico en la vía aérea; si está elevada, puede orientar hacia el diagnóstico de asma. La otra es el test de broncoprovocación específica, que suele realizarse con una sustancia llamada metacolina. En este caso ocurre lo contrario que con el broncodilatador. El paciente inhala la sustancia y, si tiene asma, el bronquio va cerrándose progresivamente.

«Lo más importante no es solo conocer la enfermedad, sino establecer un tratamiento adecuado»

—¿Qué tipos de tratamientos existen actualmente para controlar el asma?

—Hay varios tratamientos porque en el asma existe un abanico muy amplio de gravedad. Puede tratarse de un asma muy leve, en el que el paciente únicamente necesita un broncodilatador un par de veces al año, o incluso ninguna. A partir del momento en que se requiere un uso más frecuente, es necesario iniciar un tratamiento de base de forma continuada, es decir, diario, porque lo más importante no es solo conocer la enfermedad, sino establecer un tratamiento adecuado. El tratamiento de referencia, la piedra angular del manejo del asma, son los corticoides inhalados, ya que el objetivo principal es evitar las consecuencias a largo plazo de una inflamación bronquial mal controlada. Estos fármacos reducen la inflamación de la vía aérea y previenen que, con el tiempo, el bronquio se vuelva más rígido, más estrecho y más obstructivo. Por tanto, si no se trata adecuadamente, el asma puede evolucionar hacia un deterioro progresivo de la función pulmonar, con consecuencias graves para el paciente.

—¿Cuáles son los errores más comunes que cometen los pacientes a la hora de utilizar este tipo de tratamiento?

—Muchas veces el error parte de nosotros, del personal sanitario, porque no somos lo suficientemente exhaustivos a la hora de enseñar al paciente cómo debe utilizar el inhalador. No obstante, en general, lo más frecuente es que lo utilicen de forma inadecuada o se olviden de su uso y eso es grave. En cuanto a la técnica, por ejemplo con el Ventolin, es habitual que no coordinen bien la pulsación del cartucho presurizado con la inhalación profunda, o que no se enjuaguen la boca posteriormente, lo cual puede tener consecuencias como la aparición de hongos o caries. Es también frecuente que no mantengan la respiración durante los 10 segundos recomendados. La técnica adecuada consiste en realizar la inhalación (mediante el dispositivo correspondiente), inspirar profundamente, mantener la respiración unos 10 segundos y, después, espirar. Sin embargo, esto no suele hacerse correctamente. No aguantan el tiempo necesario, exhalan demasiado rápido o no inspiran de forma adecuada. Además, existen otros dispositivos en forma de cápsula que deben introducirse en un inhalador específico. En algunos casos, los pacientes han llegado incluso a ingerir la cápsula en lugar de inhalarla.

—De ahí la importancia de que el paciente siga correctamente el tratamiento

—Claro, lo que entendemos, sobre todo en los últimos años con la revolución de los tratamientos biológicos —fármacos que se reservan para los casos más graves— es que, desde la consulta, en el manejo del asma lo que buscamos es que el paciente no tenga síntomas. Es decir, que llegue a «olvidarse» de que tiene asma, siempre que el tratamiento se realice correctamente. Pero esto depende de ambas partes. Por un lado, del médico, que debe pautar el tratamiento adecuado; y por otro, del paciente, que debe responsabilizarse de seguirlo de forma rigurosa tal y como se le indica. Solo así se puede conseguir un control óptimo de la enfermedad

 «El objetivo es lograr un buen control de los síntomas, es decir, que el paciente se encuentre bien en su día a día»

—Con los tratamientos adecuados y cumpliendo las pautas, ¿los pacientes pueden llevar una vida completamente normal?

—Deberíamos aspirar siempre a que el paciente tenga una vida normal, sin crisis y sin necesidad de recurrir a corticoides orales, que suelen pautarse en las crisis de asma. El objetivo es lograr un buen control de los síntomas, es decir, que el paciente se encuentre bien en su día a día. Y, desde el punto de vista más objetivo, que es el que valoramos mediante la espirometría —prueba que realizamos de forma habitual para el seguimiento—, lo ideal es que no se produzca un deterioro de la función pulmonar, de modo que la capacidad respiratoria se mantenga estable en el tiempo. Ese es el objetivo hacia el que tendemos. Porque hace unos 15 años apareció un fármaco revolucionario en aquel momento, el primer anticuerpo monoclonal para el asma, que permitió incorporar tratamientos biológicos en los casos más graves. A partir de ahí fueron surgiendo nuevas opciones terapéuticas que han supuesto un cambio muy importante en la evolución de muchos pacientes, mejorando de forma significativa el control de la enfermedad y sus síntomas.

—Hay pacientes que siguen sin responder a los tratamientos y en estos casos sí que la enfermedad se vuelve totalmente incapacitante…

—Por supuesto, hay un porcentaje de pacientes que no responde ni a los tratamientos biológicos ni a otras terapias. Por ello, es fundamental ser exhaustivos y comprobar siempre que el diagnóstico esté correctamente establecido y que no exista otra patología que esté condicionando una peor respuesta a los fármacos. No es raro encontrar pacientes con asma asociada a obesidad, lo que dificulta notablemente la respuesta al tratamiento. También pueden coexistir otras enfermedades como el reflujo gastroesofágico, la EPOC o las bronquiectasias, entre otras patologías respiratorias, que pueden empeorar el control del asma y la eficacia de los tratamientos. Sin embargo, existen otras enfermedades que se relacionan estrechamente con el asma debido a un mismo tipo de inflamación. De hecho, cada vez se habla más del concepto de «vía aérea única», una inflamación compartida entre nariz y bronquios. En este contexto, pacientes que además del asma presentan pólipos nasales suelen responder especialmente bien a los tratamientos biológicos, con una previsión de respuesta generalmente muy favorable cuando coexisten ambas patologías.

  «Es erróneo pensar que los pacientes con asma no pueden hacer deporte»

—¿Cómo se debe actuar ante una crisis de asma, sobre todo cuando se trata de los niños?

—Si disponen del inhalador de rescate, normalmente, en el caso de los niños suele ser salbutamol, administrarlo. Si no hay espuesta, deben acudir al servicio de urgencias, al centro de salud o al hospital. Por supuesto, no se debe esperar.

—¿Qué otros mitos en torno al asma le gustaría desmentir?

—Sobre todo en lo relativo al tratamiento. Los pacientes cuando se encuentran bien tienden a dejar de utilizar el inhalador. Esto, a largo plazo, tiene repercusiones negativas a nivel bronquial, ya que la vía aérea puede ir cerrándose progresivamente. Además, algunas personas creen erróneamente que con asma no se debe hacer deporte, cuando en realidad ocurre lo contrario: El ejercicio físico es fundamental para lograr un buen control de la enfermedad, siempre adaptado a las posibilidades de cada paciente. Es también muy importante tener una alimentación saludable, ya que una dieta rica en ultraprocesados o alimentos con alto contenido en grasas saturadas favorece la inflamación sistémica y puede empeorar el asma. Por tanto, es clave mantener una buena adherencia al tratamiento, ser constantes en la rutina diaria, cuidar la técnica de inhalación, y aprender a identificar los síntomas de exacerbación. Y, como ya se ha señalado, acudir a urgencias cuando sea necesario, sin esperar.

—¿Qué consejos daría a la población en general para mantener una buena salud respiratoria?

—Existen aplicaciones que permiten conocer los niveles de contaminación ambiental, por ejemplo. En pacientes con síntomas respiratorios, tanto asma como otras patologías, estas herramientas pueden ser útiles para decidir incluso cuándo es recomendable salir con mascarilla a la calle o cuándo evitar la exposición. Es importante también saber identificar los síntomas de alarma para acudir a los servicios de salud cuando sea necesario. Y, sobre todo, utilizar correctamente los inhaladores y mantener la disciplina en el tratamiento pautado.